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Capitalismo vs Universidad

24 may 2017
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«La universidad mercantil no es otra cosa que la universidad de la ignorancia (…) en la que predomina la razón instrumental de la productividad cuantitativa, que todo lo mide y lo reduce a cifras. Los estudiantes (…) han asimilado ‘la competencia’ de darles importancia a sus profesores y cursos, de acuerdo con la rentabilidad mercantil que esto les proporcione (…)», así afirma Renán Vega Cantor, quien hace un profundo análisis de cómo la universidad refleja los intereses económicos de unos pocos, enfocándose en el proceso educativo como un medio para obtener beneficios y no como generador de conocimiento o de progreso científico.

Esta es la temática central de su libro La universidad de la ignorancia. Capitalismo académico y mercantilización de la educación superior, editado por la editorial Ocean Sur. El texto muestra una realidad innegable por la que protestan diariamente miles de estudiantes y profesores que, en varios países de nuestro continente como Chile, Colombia, México y Puerto Rico, luchan cotidianamente contra esa mercantilización.

«En la universidad de la ignorancia se generaliza la segmentación de clase en la educación y aparece en forma paralela una universidad para las clases dominantes y otra, cada vez más abandonada, para algunos sectores de la clase media», comenta Renán.

Desde los orígenes de la humanidad el conocimiento ha sido utilizado como instrumento de dominación y de explotación del hombre por el hombre. Durante siglos, las clases dominantes han privado del derecho de saber a miles de personas, aprovechándose de estas para afianzar su poder. Los templos, iglesias y, más recientemente, las universidades, han constituido espacios para élites sociales y políticas. Dichas élites han sido las únicas ostentadoras del privilegio de acceder al conocimiento que nos legaran nuestros antepasados.

El siglo XX pareció traer consigo la solución a este problema. A mediados de esa centuria, muchos países garantizaban el acceso gratuito a las universidades, se habían logrado importantes reformas para reconocer los derechos de los estudiantes y el conocimiento se expandía hasta grupos de hombres y mujeres que en otros tiempos no tuvieron esa oportunidad.

El auge del neoliberalismo provocó nuevas barreras para el acceso al conocimiento. Los estados comenzaron a desligarse de su responsabilidad de garantizar los derechos básicos de las personas, se globalizó un modelo de consumo que no prioriza para nada el cultivo de la cultura y el conocimiento, al tiempo que ocurrió un nuevo proceso de mercantilización de toda la sociedad. Como resultado, entre otras nefastas consecuencias, la educación se convirtió en una mercancía.

«En efecto, la educación que se transforma en una mercancía se materializa en la venta de títulos universitarios, de cursos, de textos, de programas informáticos, de capacitación a distancia, de módulos… Es una mercancía singular, que se produce en esa ‘fábrica de conocimiento’ que es la universidad, flexible y subordinada al mandato de los mercados y de los bancos», sentencia.

En nueve acápites Renán explica, desde sus experiencias como profesor universitario en Colombia y a partir de estudios documentales realizados en diversos países, la involución experimentada por la universidad durante las últimas décadas, hasta convertirse en lo que es hoy.

Vega vincula las transformaciones ocurridas en el ámbito universitario con las modificaciones del capitalismo, como única manera para entender el fenómeno universitario en el siglo XXI. En un primer momento de su libro expone las razones e intereses que explican el salto atrás dado por la universidad, que ha dejado de ser un bien común y público para convertirse en algo mercantil.

Como parte de ese proceso, se intenta hacer creer a las personas que conocimiento e información son la misma cosa, y las universidades se convierten en vendedoras de información, venta que se realiza cada vez con mayor facilidad, dados los innumerables adelantos tecnológicos de la modernidad.

El volumen hace alusión a numerosos procesos que tienen lugar en los centros universitarios de hoy, como son: su fusión y subordinación a los intereses de las empresas; la falacia de que los conocimientos tienen que necesariamente generar rentabilidad al mercado; los mecanismos de control y fiscalización que fungen como métodos evaluativos; la corrupción interna y la simulación que invaden los centros universitarios con el objetivo de lograr los estándares internacionales; y las supuestas ‘reformas’ que sirven para intentar justificar la privatización, el aumento de los costos de las matrículas, el cobro de los servicios, entre otros fenómenos.

El reto está entonces en rescatar lo mejor que ha tenido la universidad a lo largo de su historia y mezclarlo con nuevas fórmulas que garanticen un futuro sostenible, en el que no tenga cabida «la instrucción de clase, competitiva e individualista, que se ha impuesto en la Universidad».

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