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Ilusiones y realidades en el devenir de América Latina (segunda parte)

25 ago 2017
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Un nuevo contexto[i]

Sin cambios determinantes en la estructura económica; sin un vuelco en el papel de las burocracias nacionales; sin transformaciones en las relaciones de propiedad; sin una nueva arquitectura financiera regional o sin un nuevo modelo de integración regional, la pregunta que debimos formularnos no era si los avances de las fuerzas progresistas en el continente serían embestidos por la derecha aupada por el imperialismo, sino cuándo, y cuáles serían los alcances de esa arremetida.

El saldo hasta el momento es lacerante. Gobierna Mauricio Macri en Argentina tratando de borrar la herencia de los gobiernos kirchneristas y tomando medidas en contra de la clase trabajadora. Michel Temer fue hecho presidente de Brasil como resultado de un golpe de estado parlamentario contra Dilma Rouseff, y aprovecha la crisis en ese país para imponer el ajuste y favorecer los intereses foráneos. En Venezuela, la derecha alcanzó el control del parlamento, y trata de desestabilizar el país afectado por una profunda crisis económica derivada de los bajos precios del crudo. El presidente peruano, Pedro Pablo Kuczynski, se reúne con Donald Trump y busca posicionarse como punta de lanza contra los gobiernos progresistas de la región. Evo Morales, no logró que se aprobara el referendo donde se le permitiría reelegirse junto a su vicepresidente Álvaro García Linera, con lo cual se mantiene en suspenso el futuro de dos de los líderes políticos más respetados del área. Ya antes Fernando Lugo en Paraguay y Manuel Zelaya en Honduras habían sido sacados del gobierno, con golpes de estado de diferente tipo.

La integración está herida y las contradicciones son evidentes. Venezuela fue suspendida del Mercosur y se trata de privarla del derecho a tener voz en los asuntos de ese esquema regional. La Comunidad Andina de Naciones, se ha quedado dormitando frente a los desafíos del momento. La CARICOM, encuentra muy difícil profundizar los nexos entre economías pequeñas, donde es dominante el sector terciario. En UNASUR aún no se nombra al próximo Secretario General. La última cumbre de CELAC, hasta la fecha un foro de concertación política, tuvo una baja participación de jefes de estado o de gobierno. Más allá de los marcos regionales, quienes apostaron por alianzas extra regionales han quedado huérfanos: el tratado con Asia-Pacífico perdió a su más importante socio, Estados Unidos, y México se enfrenta a la posible renegociación del TLCAN.

Para atizar aún más la coyuntura, el desempeño macroeconómico en los años recientes no ha sido bueno. La caída en los precios de los productos básicos tuvo una incidencia directa sobre el crecimiento económico latinoamericano, el cual empezó a disminuir desde 2013 y según la CEPAL, llevó a la contracción del 1,1% del PIB en 2016 (?2,2% en términos de PIB per cápita). Los términos de intercambio comenzaron a deteriorarse a partir de 2012, lo cual implica la necesidad de exportar más para mantener el mismo nivel de importaciones, y en el último año registrado fueron el 86% de lo que se alcanzó en 2010.

Los cambios en la política monetaria de Estados Unidos, modificaron el comportamiento de los flujos internacionales de capital y el dólar se fortaleció, provocando una significativa pérdida en la capacidad adquisitiva de varias monedas latinoamericanas, lo cual agrega presiones inflacionarias al panorama y mayor presión sobre el manejo fiscal.

La deuda externa bruta no ha cesado de crecer y las cifras preliminares de 2016 la colocaban en 1,5 millones de millones de dólares, o sea, el 36% del PIB regional. Esta cifra poco dice per se ?y menos si se compara con algún país altamente endeudado, como Japón?, pero colocándola en contexto abre grandes interrogantes de cara al futuro. En primer lugar, porque la relación deuda/exportaciones viene aumentando desde 2011, y si bien ese año fue del 89,2% al cierre del año pasado fue del 150%, disminuyendo de forma creciente las capacidades de pago. En segundo lugar, por las expectativas de incremento en las tasas de interés, las cuales se mantuvieron extraordinariamente bajas gracias a la gran crisis de 2008, pero que paulatinamente irán subiendo, provocando un aumento en el servicio de la deuda. En tercer lugar, porque el financiamiento del déficit en el presupuesto implica la necesidad de continuar pidiendo prestado, y los créditos obtenidos de esta forma pueden ir incorporando crecientes condicionales que empujen a la aplicación del recetario neoliberal, como solía hacer el dúo FMI/Banco Mundial.

La inversión extranjera directa, que lleva varios años disminuyendo, en 2015 se redujo un 9,1% en comparación con el año anterior. Este comportamiento, implicó además la caída tanto del atractivo de América Latina como receptor internacional de IED (Inversión Extranjera Directa) y de la tasa de reinversión. En ese contexto, se amplió el peso de las inversiones en servicios, reduciendo aún más las oportunidades de expandir la producción material en la región.[ii]

El desempleo urbano abierto se incrementó un 2% entre 2014 y 2016, y allí no se consideran ni los desalentados, los subempleados, los empleos precarios o la situación del campo. Los efectos de la crisis sobre los que menos tienen se hacen sentir con fuerza, y según las proyecciones del último Panorama Social de América Latina publicado por CEPAL, la cantidad de pobres se elevó en 2015 a 175 millones, mientras que 75 millones de seres humanos se consideraron como indigentes.[iii]

Por su parte, la FAO señala que, a pesar de la reducción de las necesidades alimentarias insatisfechas en términos globales, aún 34,3 millones de latinoamericanos y latinoamericanas pasan hambre (lo cual equivale al 5,5% de la población), justo en la región que tiene la mayor disponibilidad de tierra cultivable del mundo.[iv]

A nivel de países, los efectos más negativos de la recesión hasta 2016 se experimentaron en Venezuela, donde ese año el PIB se contrajo un 9,7%; en Brasil, donde la reducción fue de ?3,6% y en Argentina y Ecuador, donde la economía cayó un 2%. En estos casos, y otros, la derecha apuesta al desgaste y el desencanto popular para recomponer el poder perdido, con la esperanza de asegurarse en lo adelante un control político que les permita continuar la lógica de saqueo y explotación que durante siglos caracterizó a una región catalogada como la más desigual del planeta.

Por último, aunque no menos importante, en medio de los aires recesivos, la incertidumbre generada por el comportamiento de Donald Trump al frente de la Casa Blanca ?quien no ha dudado en amenazar a varios países latinoamericanos? hace aún más complejo el panorama, e incita a una unidad de las fuerzas de izquierda para hacer frente a la posible ofensiva imperialista, que ya ha mostrado su vocación agresiva en Oriente Medio.

Prepararse para una nueva época

Se requiere pensar entonces en una nueva estrategia para avanzar a una nueva época, donde se superen los retrocesos que han ocurrido en los últimos años. El punto de partida para ello serían las enseñanzas que fueron quedando. En este sentido, sin pretensiones de exhaustividad, se pudiera señalar que:

  • La llegada al gobierno de actores políticos con orientación popular, caracterizados por su voluntad de promover los intereses de las mayorías, no implica automáticamente el respaldo absoluto ?o mayoritario? de estas, como tampoco la posibilidad de disponer de todos los mecanismos del poder propios del Estado capitalista. Los gobiernos de izquierda se ven sometidos a las mismas presiones y desgastes que contribuyeron a llevarlos a la victoria. Esto implica, además de la validación en las urnas cada cierto tiempo, la necesidad de obtener resultados concretos, principalmente en la economía.
  • Las derrotas o retrocesos en la esfera política, aunque no nos gusten, forman parte de una realidad que no se puede negar. Estos deben ser analizados con detenimiento, para que no vuelvan a cometerse los mismos errores del pasado.
  • No se puede contar con el beneplácito de los grandes medios de comunicación, los cuales, salvo excepciones, se encuentran en manos de actores privados con intereses contrarios a la transformación social. Es necesario entonces desarrollar un doble proceso, de generación de normativas que garanticen el apego a la verdad por parte de estas gigantescas maquinarias propagandísticas al servicio del capitalismo y por el otro la construcción de espacios alternativos de comunicación con los pueblos.
  • Redistribuir recursos a la población, sin generar espacios productivos que fomenten nuevas relaciones de producción, contribuye a fortalecer el capitalismo en la región. Las alternativas existen ?por ejemplo, a través de la economía social y solidaria? y deben ser aplicadas en cada lugar que se pueda. Este proceso, no obstante, tiene que estar acompañado por un acompañamiento del Estado y la creación de una nueva cultura de producción.
  • Se requiere un esfuerzo sostenido, coordinado y de largo alcance para desarrollar nuevos sectores y actividades productivas que se basen en el conocimiento, como una vía para superar la dependencia de las actividades extractivas. En este ámbito, hay un espacio enorme para aprovechar las complementariedades entre los diferentes países latinoamericanos. Iniciativas para la formación de recursos humanos, para la investigación conjunta y el desarrollo de nuevas tecnologías se vuelven imprescindibles para avanzar.
  • La concertación política, aunque necesaria, no es suficiente. Los discursos tienen que estar acompañados por acciones que aseguren relaciones crecientes de interdependencia entre los países del área. No basta solo con acciones a nivel gubernamental, sino que se requiere generar los incentivos necesarios para que los diferentes actores económicos latinoamericanos se vinculen entre sí, potenciando el surgimiento de verdaderas cadenas productivas regionales o subregionales. Solo de ahí surgirá y se consolidará una integración profunda entre los países latinoamericanos.
  • En la esfera internacional se requiere impulsar un amplio conjunto de alianzas, que sirvan de contrapeso a la tradicional injerencia de las potencias occidentales. El ascenso de nuevos grandes actores en Asia, como China e India, facilita las oportunidades de asociación estratégica de largo plazo. Tampoco se pueden desestimar las relaciones con otras «potencias medias» capaces de ofrecer nuevas alternativas en ese balance.

Finalmente, para las fuerzas progresistas, lo más importante en este minuto es no desalentarse, ni perder la perspectiva de sus objetivos de largo plazo. La derecha, ahora con el control de los gobiernos de las economías más grandes del continente, no podrá mantener ilimitadamente los emplazamientos que han alcanzado. Las bases económicas del neoliberalismo en América Latina son insostenibles, porque se sustenta en la precarización de las condiciones de las amplias mayorías, la subordinación frente al imperialismo y la perpetuación de una estructura productiva disfuncional en términos del desarrollo. El programa económico del capital es irreconciliable con el programa económico de los pueblos.

El tiempo dirá la última palabra. Esperemos que la historia de esta región en pro del bienestar de sus hijas e hijos tenga un final feliz.



[i] Salvo que se indique otra cosa, la información estadística sobre el desempeño económico de la región que se utilizó en esta sección fue tomada de CEPAL (2016): Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe.

[ii] Datos de CEPAL (2016). La Inversión Extranjera Directa en América Latina y el Caribe.

[iii] Datos de CEPAL. (2016). Panorama social de América Latina 2015.

[iv] Datos de la FAO (2017). América Latina. Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional 2016. Sistemas Alimentarios sostenibles para poner fin al hambre y la malnutrición.

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