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Golpe de Estado en Brasil: habla su gente

5 abr 2017
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Messilene Gorete da Silva es una amiga brasileña. La conocí un año atrás, mientras ella recordaba con vehemencia al Comandante Hugo Chávez en aniversario de su deceso.

Messi, como la llaman sus amistades, es parte de los 2,5 millones de personas que conforman el Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil. Pertenece al Sector de Relaciones Internacionales del Movimiento y se desempeña como responsable política en Cuba.

Conversar con ella, nos permitió profundizar en el proceso de destitución de la presidenta Rousseff. Son un punto crucial para el entendimiento de los antecedentes del llamado impeachment, el tratamiento que recibió por parte de los grandes medios de comunicación nacionales y los efectos que está teniendo en la actualidad para las clases populares.

Para entender el carácter profundamente antidemocrático del golpe es necesario remontarse a dos mandatos antes, cuando el Partido de los Trabajadores (PT) asumió el gobierno. Se impone entonces una caracterización de las políticas seguidas por el PT, con Lula y Dilma como máximos representantes, en pos de alcanzar reivindicaciones sociales.

¿Cuál era la situación económico-social de Brasil antes de que Luiz Inácio Lula da Silva asumiera la presidencia en representación del Partido de los Trabajadores (PT)? ¿Qué tipo de medidas asumió durante su mandato? ¿Cómo Dilma Rousseff fue continuadora?

Brasil pasaba por una crisis profunda del modelo neoliberal, liderado por el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, del PSDB. Contaba con tasas elevadas de desigualdad social, más de 22 millones de brasileños en pobreza extrema, una tasa de desempleo de 12.2%, el salario mínimo equivalía a 82 dólares y existía un déficit habitacional incalculado. Datos del propio FMI apuntaban que, en 2002, desde el punto de vista económico Brasil ocupaba la décimotercera posición en ranking global.

Con el gobierno del Partido de Los Trabajadores (PT), entre el año 2011 y 2014, Brasil pasa a tener la séptima posición. Esto sucede gracias a las medidas positivas de la administración de Lula y Dilma, sobre todo en el desarrollo de la industria, de grandes obras de infraestructura, el mercado interno de la construcción civil y en la agricultura; a pesar de diversas contracciones con respecto al modelo de desarrollo. Además, según datos de la ONU, el Índice de Desarrollo Humano, que era de 0.649 en el año 2000; en el 2015 llegó a alcanzar 0.755, lo cual indica una relevancia positiva.

Es importante resaltar que uno de los programas sociales más exitosos que contribuyó a la erradicación de la pobreza, es el programa Bolsa Familia. Desde su inicio en el año 2003, 5 millones de brasileños salieron de la pobreza extrema. De forma general el modelo económico y social desarrollado por el gobierno del PT durante estos años quitó de las líneas de pobreza a una media de 50.42 millones de brasileños.

Entre los diversos avances sociales ocurridos en los trece años de gobierno, también es importante resaltar el acceso a la educación. Fueron creadas más de 18 Universidades Federales, mientras que en el gobierno de Fernando Henrique Cardoso ninguna; se inauguraron 214 escuelas técnicas (apenas 11 en años anteriores) que posibilitaron el acceso de las clases menos favorecidas a la educación. Para resolver el tema del déficit habitacional se creó el programa Mi casa, Mi vida con 1.5 millones de familias beneficiadas. El Programa Más Médicos, para personas de las zonas más pobres y marginadas del país sin posibilidades de atención médica, tuvo más de 50 millones de beneficiarios. Frente a este mapa, tales ejemplos son la mejor fotografía de Brasil antes y después del gobierno del PT, desde una mirada económica y social.

Por otro lado también es importante reconocer algunas de las contradicciones principales de este gobierno. Unas de ellas fue la conciliación de clases: al tiempo que impulsaba políticas sociales a favor de los históricamente menos favorecidos, también desarrollaba políticas que favorecieron a la clase dominante y a la burguesía nacional. Ello imposibilitó al gobierno hacer reformas estructurantes para el país, todas fueron políticas paliativas.

Es necesario decir que Dilma Rousseff fue continuadora de todas las políticas y del mismo modelo de gobierno iniciado por Lula. Todo ello a pesar de que, en enero de 2011, cuando asume la presidencia, se debate en el dilema de seguir estrictamente lo que hizo su antecesor o imprimir un nuevo estilo.

Por no ser tan carismática como Lula, y por ser la primera mujer en asumir la presidencia del gigante latinoamericano, ella consolidó un estilo propio de gobierno. Mujer de carácter fuerte, demostró ser una gran gobernante, con capacidad de enfrentar las crisis con cabeza erguida. Mas no tuvo la misma suerte de Lula. Asumió la presidencia en el contexto de una fuerte crisis económica, política y social en el país, además de la crisis del capital internacional, que generó muchas contradicciones a lo interno del modelo de gobierno y del sistema político brasileño. La burguesía corrupta y conservadora, articulada con los medios de comunicación hegemónicos y el imperialismo, aprovechó tal situación y construyó las condiciones para un Golpe de Estado Parlamentario que se consumó en el mes de agosto de 2016.

Medios de comunicación como TeleSur y movimientos sociales han calificado el reciente proceso de destitución al que fue sometida la antigua presidenta Dilma Rousseff como Golpe de Estado. ¿Por qué es acertada dicha calificación?

En palabras de Dilma Rousseff: «Cuando una presidenta electa es juzgada bajo la acusación de un crimen que no cometió, el nombre que se le da a eso en el mundo democrático no es impeachment, es Golpe».

El golpe de Estado en Brasil es parte de la ofensiva del gran capital, articulado con las oligarquías nacionales y el imperialismo estadounidense, para retomar el control de estados y gobiernos latinoamericanos. Todo ello responde de forma directa a la intención de apropiarse de los recursos naturales y retomar su proyecto neoliberal en América Latina.

Lo que pasó en Brasil es la réplica, con los mismos métodos adoptados en Honduras y Paraguay, de un golpe a la democracia enmascarado por el Derecho. En Brasil tenemos, en estos momentos, un estado de excepción debidamente cobijado y consensuado por el «Derecho» y por las instituciones jurídicas. Fue este un proceso conducido por el entonces presidente de la Cámara de Diputados Eduardo Cunha, investigado y condenado por crímenes de corrupción y evasión de divisas, articulado con el entonces vicepresidente Michel Temer, hoy presidente inconstitucional. El Supremo Tribunal de Justicia, institución que debería cuidar y vigilar la democracia y el derecho no movió un dedo para impedir que derrocaran a la presidenta electa con 54 millones de votos.

O sea, lo que hubo fue un golpe de Estado a la democracia en el país.

¿Cuáles fueron las supuestas causas para la aprobación de un juicio político contra la dignataria? ¿Cuáles fueron los antecedentes del golpe suave en Brasil? ¿Qué relación tiene el famoso caso Lava Jato con el golpe de Estado?

La acusación principal es que la presidenta Dilma había cometido crímenes fiscales. O sea, que hubo mala administración de recursos públicos, que violó normas fiscales, y que maquilló el déficit presupuestal, lo que fue calificado de pedaladas fiscales.

El Golpe fue, ante todo, un golpe político, porque el mecanismo de las llamadas «pedaladas fiscales» también fue utilizado por presidentes anteriores y no hubo ningún cuestionamiento.

Las pedaladas consisten en un mecanismo contable, en el cual el dinero no sale de los cofres públicos, por lo tanto no se define como desvío de fondos públicos como decía la acusación. En realidad, estas fueron una excusa que utilizó la oposición articulada con su mayoría en el Parlamento, en el Congreso, en el Ministerio y en los medios de comunicación hegemónica para destituirla y de una vez por todas sacar al PT del gobierno.

Por otro lado, 25 de los senadores que votaron a favor del golpe de Estado están siendo inquiridos por la Operación Lavo Jato y fueron acusados de financiamiento ilícito de campañas electorales.

Lava Jato es uno de los procesos más grandes de corrupción que involucra a políticos, a empresarios y a la gran petrolera Petrobras, investigación iniciada por el gobierno de la presidenta Dilma, siendo una de sus banderas principales la lucha contra la corrupción en Brasil. Según analistas, este es uno de los factores principales para el Golpe, derrocar a Dilma Rousseff con el objetivo de detener las investigaciones.

¿Cómo reaccionaron las organizaciones sociales ante las primeras manifestaciones del Golpe? ¿Qué acciones se llevaron a cabo para apoyar a la presidenta electa?

Los movimientos venían denunciando las tentativas de Golpe mucho antes de ser consumado en el mes de agosto. Se organizaron grandes movilizaciones a nivel nacional, de denuncia y rechazo al comportamiento de la derecha en la Cámara de los Diputados, en el Senado Federal y en el poder judicial. Fueron realizadas grandes movilizaciones en las más grandes ciudades del país (en el caso de Sao Paulo con la participación de más de 200 mil personas), marchas, campamentos y actos de desagravios públicos.

También en medio de esa coyuntura adversa ha sido generado un espacio de articulaciones y unidades de las fuerzas populares de izquierda. Ejemplo es el Frente Brasil Popular, un frente de articulación de proyectos y de las principales luchas contra el Golpe y contra las actuales medidas neoliberales del gobierno de Temer. En este frente actualmente se articulan movimientos campesinos, como el MST; partidos, como el proprio PT; la Central Única de los Trabajadores; movimientos de jóvenes; estudiantiles; movimientos culturales, intelectuales y artistas. Ha sido un gran espacio nacional de lucha y unidad.

¿Qué tipo de tratamiento mediático tuvo el proceso de impeachment en Brasil?

Los medios de comunicación de masas cumplen funciones políticas y económicas fundamentales en cualquier sociedad, sea ella capitalista o socialista. Tienen la tarea de difundir y legitimar la ideología que sostiene el modelo económico y político.

En el caso de Brasil, pues hemos dicho que los medios de comunicación hegemónicos han sido el principal partido de la derecha en Brasil. Han hecho por medio de la televisión, la radio y los periódicos el papel de manipulación y transmisión de valores ultraconservadores en la sociedad de forma general.

Han hecho el trabajo ideológico de la derecha, sobre todo en la clase media (pequeña burguesía), que en su mayoría llegó ser clase por medio de las políticas sociales del propio gobierno del PT; pero que con la crisis económica vio afectado el patrón de vida y de consumo adquirido en los últimos trece años. También han influido en las clases más pobres y vulnerables, con manipulación de la información, sobre todo con el tema de la corrupción. Han creado una matriz de opinión de que toda la izquierda es corrupta e ineficiente.

El gobierno y el PT tienen una gran parcela de culpa, porque crearon políticas sociales para mejorar las condiciones económicas del pueblo; pero no trataron de organizar las bases populares, ni apoyaron a los movimientos y organizaciones que sí lo hacían, y tampoco valorizaron a los medios de comunicación que apoyaban al propio gobierno, ni tomaron medidas eficaces para democratizar los medios. Muy por el contrario, fortalecieron a los medios hegemónicos, financiando y renovando sus concesiones, como es el caso de la Red Globo, Red Record, etc.

La población, en su mayoría, está muy mal informada porque depende de los contenidos transmitidos por los medios de comunicación tradicionales. Por lo tanto, esa información hoy en Brasil lleva al pueblo a entender que los problemas nacionales derivan de la gestión de gobierno del PT. De esta forma la población no entiende que el Golpe fue contra la propia población. Entonces en la coyuntura del Golpe los medios de comunicación han cumplido el papel de legitimarlo en todas sus dimensiones.

¿Cuáles fueron las primeras medidas de Michel Temer una vez que asumió la presidencia? ¿Qué esperar para los próximos dos años de mandato de Michel Temer en Brasil?

En primer lugar, estuvo la renovación de un programa neoliberal totalmente subordinado a las políticas y a la hegemonía del capital financiero y de las empresas transnacionales con el objetivo de aumentar la tasa de ganancia y su proceso de acumulación. Esto solo puede tener como consecuencia explotación de los trabajadores —mediante la cancelación de derechos históricos—, rompimiento de la CLT (Consolidación de las Leyes del Trabajo, Decreto Ley 5.452/43, aprobado el 1 de mayo de 1943) y de la constituyente de 1988; que significa más control sobre los gastos sociales, congelamiento de los recursos públicos, y disminución de gastos antes utilizados para educación, salud y vivienda para las clases populares. La Iniciativa de la Propuesta de Enmienda Constitucional (PEC) 241 ha sido una de las primeras acciones del gobierno de Temer que ha generado muchas movilizaciones de los movimientos populares, campesinos, indígenas, jóvenes, parlamentarios de izquierda, artistas e intelectuales.

Otra de las medidas del gobierno de Temer es la privatización de las empresas estatales lucrativas por medio de la Medida Provisoria (MP 727), que ya está en votación en el Senado, para la privatización de Petrobras, Eletrobras (empresa de comunicación), bancos públicos, puertos y el seguro social. Por otra parte, se consiente la apropiación privada de los recursos naturales, que les permite un ingreso futuro extraordinario muy superior a cualquier tasa de explotación del trabajo.

Ellos quieren apropiarse del petróleo, minerales, energía eléctrica, agua y biodiversidad. Promulgan la apertura del mercado en el sector de servicios controlado por el estado. En tal sentido se propone liberar el uso de pesticidas, romper con la legislación que regula la Internet y recortar los presupuestos de salud y hospitales, etc.

Se prevé una subordinación total a las empresas transnacionales, al capital estadunidense en el mercado petrolero y la tecnología. Sobre todo, se espera la reconfiguración de la estructura del Estado para aumentar el control de la burguesía, la criminalización de los sectores progresistas y la ofensiva contra los movimientos populares, vía represión de la policía, criminalización, por parte del Poder Judicial y mediante campañas de desmoralización en los medios burgueses.

¿Cuáles son las alternativas de lucha, durante el próximo bienio, para evitar retrocesos en las políticas progresistas impulsadas por ambos representantes del PT?

Las alternativas son mantener la lucha permanente contra el Golpe, defender la democracia, denunciar la corrupción de los miembros del gobierno golpista, utilizar nuevas formas y métodos pedagógicos y culturales con la clase trabajadora, luchar en contra de la ofensiva neoliberal y defender los derechos conquistados con la consigna ningún derecho menos.

El principal llamado hoy es a intensificar las luchas de masas, que empiezan por categorías (bancarios, correos, trabajadores del campo, etc.). Los frentes nacionales de articulación y unidades han llamado a seguir construyendo en las calles y en los sitios de trabajo la necesidad de un paro general, de defender la soberanía sobre el Pre-Sal y los recursos naturales y denunciar la venta de las tierras al capital extranjero.

Ha sido un desafío para la izquierda dialogar y movilizar las bases populares más afectadas por las medidas neoliberales, en este sentido la tarea ha sido retomar el trabajo de base con la clase trabajadora, con la juventud y con las mujeres, para elevar el nivel de conciencia política y ampliar las movilizaciones anti-Golpe.

También es necesario rescatar los valores éticos y denunciar la corrupción endémica de la burguesía, estimular la desobediencia civil frente al gobierno ilegítimo y luchar por los derechos históricamente conquistados.

A medio y largo plazo se debe construir el Frente Brasil Popular, promoviendo el enraizamiento en las bases y sitios por comités populares. Las banderas mayoritarias, en las calles hoy, son: Fuera Temer, Directas ya, y Ningún derecho menos.

Tenemos que erigir una nueva estrategia de acumulación de fuerzas de la clase trabajadora y de disputa del poder político que camine más allá de la disputa electoral de 2018. Y uno de los grandes desafíos es rearticular las fuerzas populares de izquierda, con nuevos métodos, nuevos valores, estimulando los espacios unitarios y de lucha conjunta; y defender con fuerza unitaria la necesidad de una reforma política de fondo, que solamente vendrá con una asamblea constituyente soberana.

Como pauta concreta debemos convocar al pueblo para luchar por las reformas estructurales, como la tributaria, urbana, agraria, el no pago de los intereses de la deuda interna y la reforma de los medios de comunicación. Es imprescindible articular todos los esfuerzos para la construcción de un nuevo proyecto de desarrollo para el país.

 

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