Cultura

La inquieta colina

12 mar 2018
Wilmer Rodríguez Fernández
Entrevista a Juan Nuiry Sánchez, combatiente e intelectual cubano. Tomado del libro Tiempo de definiciones de la editorial Ocean Sur.*

En su despacho, donde se respira historia viva ante tantos documentos y fotografías de los años cincuenta del siglo pasado, nació esta entrevista. En dos ocasiones subimos al octavo piso del edifico de Línea y N, en el Vedado, para ir a su encuentro.

Siempre, Juan Nuiry Sánchez sonrió ante preguntas provocadoras, que prefirió evadir, porque, según él, relatar hechos y mencionar nombres «era ir contra el sentido unitario de Fidel». A pesar de ello, narró sucesos inéditos y mostró fotos, desconocidas evidencias gráficas de una época.

Es un hombre consecuente no solo en el actuar revolucionario, sino en la forma de relatar los hechos. Asegura que tal y como lo contó en 1959, lo hace medio siglo después. Posee una memoria a la que no hay dato o fecha histórica que se le extravíe.

Este hijo de Santiago de Cuba en 1944, junto a su hermana Nuria, viajó a La Habana, donde matriculó Ciencias Sociales y Derecho Público en la Universidad de La Habana. En el Alma Mater conoció al líder juvenil José Antonio Echeverría y se inició en las luchas estudiantiles. Asumió indistintamente varias responsabilidades en la FEU: secretario general, vicepresidente y presidente.

Fue uno de los jóvenes que acompañó a Echeverría al segundo encuentro de la Carta de México, en 1956, y a su regreso a Cuba se vio obligado a permanecer en la clandestinidad. Junto a José Antonio participó en la toma de la emisora Radio Reloj, el 13 de marzo de 1957. Posteriormente, solicitó asilo político en la embajada mexicana en La Habana, lo que él llama «un repliegue estratégico». En tierra azteca fue invitado a la Conferencia Internacional de Estudiantes que se celebró en la provincia nigeriana de Ibadán entre el 11 y el 21 de septiembre de 1957.

De África viajó a México, después a Nueva York y de ahí a la ciudad de Miami, donde organizó una expedición aérea que arribó a la Sierra Maestra en octubre de 1958. En las elevaciones orientales se incorporó como presidente de la FEU a la columna no. 1, comandada por Fidel Castro, a quien ha acompañado desde entonces.

Al triunfo de la Revolución, con los grados de capitán rebelde, y después de conversaciones con el Comandante en Jefe, el joven barbudo fue nombrado auditor general del Ejército Rebelde y, por lo tanto, no aspiró a la presidencia de la FEU de la Universidad de La Habana en octubre de 1959, aunque era uno de los candidatos más prestigiados para liderar a los estudiantes universitarios cubanos.

El profesor Nuiry también fue representante permanente de Cuba ante la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación entre 1988 y 2002. En la actualidad, es profesor titular y subdirector de la Casa de Altos Estudios Fernando Ortiz, preside la cátedra José Antonio Echeverría de la Universidad de La Habana y, en el año 2007, se le otorgó el título de Profesor de Mérito de la centenaria institución académica.

¿Pudiera hablarnos de la creación del Directorio Revolucionario?
«No es hasta el 24 de febrero de 1956, aniversario del Grito de Baire, que se puede hacer pública la creación del Directorio Revolucionario y programar sus objetivos y fines. José Antonio, como presidente de la FEU, leyó ese día en un acto realizado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, la proclama constitutiva».

¿Cómo surgió la idea de un pacto de acción conjunta entre el Movimiento 26 de Julio y la FEU? 
«Recuerdo que estaba ingresado bajo custodia en el hospital de Emergencias, por los sucesos del Estadio del Cerro el 4 de diciembre de 1955, cuando fue a verme María Laborde, representante del Frente Cívico de Mujeres Martianas, una compañera vinculada a Fidel. Ella había llegado de México con el siguiente mensaje: “Dice Fidel que si ustedes piensan tumbar a Batista antes que él llegue a Cuba”.
 
«Me explicó que Fidel necesitaba entrevistarse con José Antonio, a quien le hice llegar la noticia. El presidente de la FEU me respondió que también había pensado en eso, que estaba invitado a varios congresos estudiantiles y, al regreso, iría a ver a Fidel. José Antonio viajó a Chile a un Congreso Latinoamericano de Estudiantes, de ahí viajó a Costa Rica y después a México, donde se produjo el encuentro con Fidel.

«El dirigente estudiantil y combatiente revolucionario René Anillo fue el único que participó junto a José Antonio en aquella conversación. En sus valiosos documentos dejó escritas estas anotaciones que ahora te leeré: Fidel y José Antonio se encuentran a las 9:00 p.m. del 28?—?agosto de 1956?—?, en la calle Pachuca, esquina a Márquez.

Trabajan toda la noche. A las 10:00 a.m. del día 29 nos trasladamos a la casa situada en Sierra Nevada, donde luego de una lectura del documento, se requirió de añadidos y de una última versión. Luego de mecanografiada y firmada nos fuimos a almorzar. El día 29 conseguí no sin esfuerzos pasaje para un vuelo a La Habana. En la madrugada del día siguiente llegué a Cuba. Traslado inmediatamente la Declaración, que fue discutida en el seno de la FEU.

«René Anillo trajo el documento para Cuba dentro de sus zapatos y fue publicado en la prensa nacional el 2 de septiembre de ese año».

¿Por qué, al igual que en Santiago de Cuba, ustedes no hicieron un alzamiento en La Habana para apoyar el desembarco del Granma? 
«La situación en La Habana no era nada fácil, porque ya se había publicado en la prensa la Carta de México, el 2 de septiembre de 1956. De México regresamos para Miami, donde José Antonio nos dijo que la situación en Cuba para nosotros iba a ser difícil. No obstante, el 20 de septiembre, regresé a La Habana junto a Fructuoso. Aquí se celebraba un Congreso de la Sociedad Interamericana de Prensa.

Echeverría nos aseguró que en Cuba se sabía de nuestra llegada y que él pensaba que, como estaban en La Habana, periodistas de América Latina, Batista no se iba a atrever a cogernos presos.

«Nos orientó que viniéramos para Cuba y así podíamos organizar su llegada en los próximos días. Arribamos a La Habana el 20 de octubre de 1956 y, efectivamente, la Policía no se atrevió a hacernos nada y comenzamos a preparar el recibimiento del presidente de la FEU, quien llegó por el aeropuerto de Rancho Boyeros, el 24 de octubre. Nada más y nada menos que tres días después, el 27, en el cabaret Montmartre, en 23 y O, en el Vedado, se produjo el ajusticiamiento del coronel Antonio Blanco Rico, jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) de Batista, acción de la cual resulté sospechoso. Me refugié en una casa en Línea y L, en el Vedado. Allí me llevaron unos periódicos, un radio y una pistola.

«Batista no ordenó el entierro de Blanco Rico en el cementerio de Colón, porque pensó que le querían hacer un atentado durante el sepelio; entonces lo velaron en el Campamento Militar de Columbia y lo sepultaron en el de La Lisa. Puse la radio y escuché al presidente de la República diciendo que estaba en el velorio del coronel asesinado y que no lo podía asegurar, pero que en ese crimen estaban las manos de José Antonio Echeverría, Fructuoso Rodríguez y Juan Nuiry. Cuando oí aquello me preocupé, porque Nuiry muy pocas personas lo dicen bien y él lo dijo perfectamente.
 
«Dos días después del ajusticiamiento del coronel Blanco Rico le informaron al jefe de la Policía Nacional Rafael Salas Cañizares que Juan Pedro Carbó se había asilado en la embajada de Haití. Llegó con un despliegue de fuerzas y se internó en la sede diplomática, disparando. Había personas dentro de la embajada y otros en el jardín esperando para legalizar su asilo. Salas Cañizares entró disparando y un guajiro de Pinar del Río, Salgado de apellido, ya herido de muerte, en el suelo, le disparó con un revólver y la bala le entró entre el chaleco y el estómago. Lo mataron igual que a Somoza. Lo cierto es que ya no solo habían ajusticiado al jefe del SIM, sino también al de la Policía.

«La Habana era una ciudad muy compleja. No podíamos salir a la calle a inmolarnos. El 27 de noviembre, José Antonio ordenó la tradicional manifestación en homenaje a los ocho estudiantes de Medicina, la cual fue brutalmente disuelta, hecho que condujo al cierre definitivo de la Universidad. El 30 de ese mes se produjo el alzamiento en Santiago de Cuba y dos días después, en Oriente, ocurrió el desembarco del Granma. Cuba ya estaba en pie de guerra.

«José Antonio y yo estábamos en la clandestinidad cuando el Granma llegó a Cuba. El presidente de la FEU estaba incómodo, molesto, porque no existían las condiciones mínimas en La Habana para realizar una acción de apoyo al desembarco. Fidel, un 13 de marzo, dijo que José Antonio había cumplido con él; quien diga lo ­contrario miente. Cuando la Caravana de la Libertad marchaba hacia La Habana, Fidel se desvió y se dirigió a Cárdenas para rendirle honores a José Antonio frente a su tumba. Si hay dos personas que se respetaron y admiraron mutuamente fueron Fidel y José Antonio».

Ahora quisiera que usted nos hablara de lo que, a su juicio, sucedió el 13 de marzo de 1957 durante la toma de Radio Reloj y el asalto al Palacio Presidencial.

«Hemos llegado a un punto trascendental en esta entrevista. Fidel Castro, el 13 de marzo de 1961 dijo que: “Esta acción es una de esas fechas símbolos”; y el que fuera historiador de la Ciudad de La Habana, Emilio Roig, la calificó como: “La hazaña más fieramente audaz de nuestras luchas por la libertad”. Las acciones del 13 de marzo de 1957 sacudieron La Habana. Los capitalinos vivieron por vez primera el impacto de la guerra. Los disparos no fueron noticia a través de la prensa, pues se sintió el tableteo de los rifles y ametralladoras en pleno día, en lugares muy céntricos de la capital.

«Ante el compromiso que conlleva ser participante de aquella acción, te confieso que aún falta mucho por conocer y que solo puede comprenderse por medio de la más profunda investigación, teniendo en cuenta sus antecedentes, la acción en sí y también su proyección.
 
«Al terminar el mes de febrero de 1957, la situación era diferente a la de los primeros días de diciembre de 1956. Un grupo de combatientes hacíamos vida clandestina en casas y apartamentos alquilados para ese fin. Desde enero se gestaba la acción en el más estricto silencio, pues el factor sorpresa era muy importante.

«En la operación denominada Casa de los Tres Kilos participaron 50 compañeros que estaban acuartelados y distribuidos en la barriada del Vedado. Al comando de la segunda operación de apoyo no fue posible acuartelarlo. Estos hombres eran necesarios para el abastecimiento del parque y debían ocupar las azoteas altas que rodeaban la mansión ejecutiva para neutralizar la ametralladora que sabíamos que estaba instalada en los altos del Palacio Presidencial. Inexplicablemente este contingente no acudió a la cita con la historia, lo que motivó un desenlace fatal en la acción.

«Los que participamos en la toma de la emisora Radio Reloj nos distribuimos en el sótano de una casa en la calle 19 entre C y D, donde se encontraba José Antonio, y un apartamento situado en la calle 6 entre 19 y 21, donde estábamos Fructuoso Rodríguez y yo. El propósito era atacar antes del 10 de marzo. El 12 de marzo de 1957 se dio la orden de movilización. Sin embargo, se decidió no ejecutarla porque la acción debía realizarse durante el día, pues si se producía un apagón en la noche sería muy difícil para los combatientes que no conocían detalles del Palacio Presidencial. También, el hecho de efectuar la acción durante el día aseguraba una mayor presencia del pueblo.

«Entre los atacantes a Radio Reloj se destacaban jóvenes estudiantes y profesionales, en su mayoría muy perseguidos por la dictadura. En aquel momento no cabía la indecisión, aunque sí conocíamos los riesgos y la responsabilidad ante los hechos. De este modo llegó la orden aquel miércoles 13 de marzo de 1957. Era necesario pensar y actuar con serenidad y rapidez.

«De inmediato emprendimos la tarea de llevar el material bélico desde el apartamento de la calle 6, número 555 entre 19 y 21, en el Vedado, hasta el auto a plena luz del día. Recuerdo que tomé una pistola Browning de ráfagas y dos granadas, y Fructuoso, una Maúser. Cargados de bultos atravesamos un pasillo y llegamos al auto. Salimos, y a las 3:05 p.m. llegamos a la calle 19 entre B y C. Allí esperaban otros dos autos. El primero era un Oldsmobile negro de 1953, conducido por Humberto Castelló. El segundo un Ford crema, motor V-8, de ese año, guiado por Carlos Figueredo, y el tercero, un Chevrolet gris claro, de 1952, manejado por mí. Un cuarto carro lo llevaría Armando Hernández, directamente hacia la Universidad de La Habana con el grueso de las armas. El traslado del armamento a los vehículos se hacía más complicado en la calle 19, pues esta era de mayor tráfico.
 
«Al llegar frente al sótano de la calle 19, permanecí al timón sin apagar el motor y observé como José Antonio entraba en el automóvil ubicado frente al nuestro. Nos saludó con una amplia sonrisa. Se veía eufórico y seguro. Esa fue la última vez que lo vi.

«Cronometrados con la acción de Palacio, a las 3:10 p.m. partieron los tres carros de la calle 19, doblaron a la derecha por B hasta 17, y continuaron por esta hasta M, rumbo a Radio Reloj.

«Hay que analizar cómo se desarrollaron estos acontecimientos. Todos éramos perseguidos por la Policía, nuestra movilidad era mínima y si íbamos a hacer algo, debía ser con mucho cuidado. Para atacar Palacio había que lograr dos cuestiones fundamentales: primero, que Batista estuviera allí?—?había un compañero que tenía tomada la planta de la Policía y a través de él sabíamos todos los movimientos del Presidente?—?; y segundo, tenía que ser de día. Se sabía cómo se iba a hacer, pero no cuándo. Ese día hubo mucha conmoción. Si le preguntas a cualquiera de La Habana qué estaba haciendo el 13 de marzo, se acuerda perfectamente. Los tiros se oyeron en toda la capital».

Profesor, ¿qué fue lo que en realidad sucedió durante la toma de la emisora?
«Radio Reloj era tan importante como el Palacio Presidencial. Era la parte política de la acción. En su alocución, José Antonio convocaría al pueblo para la Universidad; pero ese párrafo no salió al aire. Nunca planificamos la retirada porque al llegar a la Universidad comenzaría la acción con el apoyo popular. La lección aprendida es que en todo plan hay que tener en cuenta hasta lo imprevisto. En estos días fui a Radio Reloj y, luego de cincuenta años, conocí un dato importante: en Televilla, un lugar lejano a la emisora estaba el control de trasmisiones. Allí un trabajador, que era batistiano, sacó del aire la voz de José Antonio. Este hecho fue un factor importante en el fracaso de las acciones. El que no saliera al aire la convocatoria al pueblo, fue un aspecto negativo para nuestros propósitos».

¿Cómo lograron penetrar en la cabina de radio? 
Yo no entré, sino que me quedé custodiando las calles 21 y M, donde atravesé el auto en que me desplazaba para impedir el tránsito. José Antonio, quien iba en la segunda máquina, se bajó frente a la puerta principal del edificio Radiocentro, actual sede del Instituto Cubano de Radio y Televisión y le quitó un arma a un guardia que había allí. Aquello fue pistola en mano, disparando tiros y para adentro».

¿Por qué Radio Reloj y no otra emisora? 
«Porque informaba todos los acontecimientos que iban ocurriendo en Cuba. Era una época de sucesos críticos a cada instante y Radio Reloj los informaba minuto a minuto. Además, estaba próxima a la Universidad de La Habana».

Después del 13 de marzo de 1957, ¿hubo división entre el Directorio y la Feu? 
«El 13 de marzo de 1957 murió en combate José Antonio y lo sustituyó en el cargo, en su doble condición de presidente de la Feu y secretario general del Directorio Revolucionario, Fructuoso Rodríguez, quien el 20 de abril de ese mismo año cayó asesinado a causa de una vil delación en la calle Humboldt-7.

«A partir de entonces, no es que haya existido una división, sino que, lógicamente, para encabezar la Feu había que ser dirigente estudiantil. En ese momento, el Directorio se convirtió en una organización revolucionaria, que había surgido en la Colina Universitaria, mientras que la Feu siguió siendo como dijo José Antonio un “organismo representante de la clase universitaria”.

«Aquella dirección de la Feu elegida por última vez en 1956 estaba integrada por compañeros del M-26 de Julio como Marcelo Fernández, Omar Fernández Cañizares, Amparo Chaple; del Partido Socialista Popular e, incluso, otros que no pertenecían al Directorio. Ambas organizaciones se caracterizaron por mantener en alto el pensamiento de José Antonio Echeverría y Fructuoso Rodríguez».

Nota:
El combatiente revolucionario y prestigioso profesor Juan Ramón Nuiry Sánchez, falleció en La Habana, el sábado 19 de octubre de 2013 a la edad de ochenta y un años. Sus cenizas fueron honradas por estudiantes y compañeros de lucha en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. Al homenaje llegaron ofrendas florales del Comandante en Jefe Fidel Castro y del General de Ejército Raúl Castro, presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, así como de otras personalidades cubanas, entre ellas, Alicia Alonso.

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