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Entregan hoy Premio a la Dignidad a Graziella Pogolotti

24 ene 2020
Patricia Maria Guerra Soriano
La Unión de Periodistas de Cuba (Upec) tiene entre sus estímulos el Premio a la Dignidad para reconocer a quienes se destacan por méritos excepcionales.

Este año se otorga a la columnista regular de los principales medios del país, crítica de arte, Premio Nacional de Literatura, Presidenta del Consejo Asesor del Ministro de Cultura, Miembro de la Academia Cubana de la Lengua y Presidenta de la Fundación Alejo Carpentier, Dra. Graziella Pogolotti Jacobson, por sus méritos como periodista durante más de seis décadas de colaboración con la prensa nacional y por ser paradigma ético y profesional del periodismo cubano.

Graziella Pogolotti no acostumbra regodearse de las cicatrices mutilantes. Ella, en cambio, preserva las cicatrices hermosas porque cree que en toda batalla de la vida hay pérdidas, ganancias, conquistas, acercamientos y nuevas formas de ver.

Quizás esas cicatrices hermosas constituyen la figurable amalgama de experiencias a lo largo de una vida que comenzó en el París de 1932 o cuando su infancia transcurría de Francia a Italia, durante los años de escasez económica de los padres.

En casa no hablaban un solo idioma. Sin embargo, su “cubanía absoluta”, como escribió Mario Cremata Ferrán, no sería puesta en duda, ni siquiera a sabiendas de que por el cuerpo fluye sangre rusa e italiana.

Llegó a Cuba con siete años, y en aquel entonces ya amaba saber. Del barro y las voces, la autobiografía del notable pintor y escritor Marcelo Pogolotti, el padre, recoge la anécdota que cuenta cómo su hija de seis años besó la puerta de la escuela que abandonaba en Francia para trasladarse hacia Italia.

Ese mismo saber, del que la profesora y ensayista Margarita Mateo Palmer, destaca la cualidad de perfilar sus coordenadas con el paso del tiempo y sus experiencias de vida, hasta concretarse en una sólida concepción de la cultura, de amplio espectro, que la entronca con los valores esenciales de todo ser humano y con su capacidad de resistencia.

A Francia regresó en 1952 para estudiar Literatura Francesa Contemporánea en La Sorbona, después de haber culminado su preparación universitaria en Filosofía y Letras.

Allí, la Biblioteca Santa Genoveva, y también los museos, las exposiciones y las representaciones teatrales fueron testigos de su interés por entender el debate de ideas que tenía lugar en el proceso de la posguerra.

“Creo haber cumplido mi tarea” dijo en una entrevista y bien lo sabía. Al frente de la Facultad de Artes Escénicas del Instituto Superior de Arte, como asesora de la Biblioteca Nacional, como vicepresidenta de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, entre otras muchas instituciones y responsabilidades, tuvo una intensa participación en la cultura cubana de la segunda mitad del siglo XX.

Dispersa, recogida fragmentariamente y siempre por presiones ajenas, a instancias de otros, diseminada en prólogos, catálogos, periódicos, revistas, así aparece su obra, en palabras de Mateo Palmer, una impronta que constituye “valiosísima expresión de un proyecto intelectual sumamente extenso que trasciende la palabra para entroncarse con la vida a través de una conducta, una ética y una clara proyección ideológica”.

Graziella tiene una especie de hábito, ella dice que es “prácticamente de segunda naturaleza incorporada a lo largo de toda su vida: el examen de conciencia al final de cada jornada y, a veces, el retrospectivo”.

Esas introspecciones son visibles en Dinosauria soy, sus memorias, las que fueron escritas por incitación y de las que afirmara, en una entrevista concedida a Mario Cremata Ferrán: “En vista de que no fue un proyecto que surgió de manera espontánea, cuando creí haber concluido entregué el manuscrito a la Uneac”.

En cuanto a dinosauria, el calificativo se instala por sus años de vida, por ser sus rasgos y su comportamiento, creados y sedimentados en épocas diferentes: “Por tanto, soy-y como tal me reconozco- una especie de observadora, una testigo de un ya largo periodo de tiempo”.

Tendría una obra más extensa de haber seguido el consejo de Fernando Ortiz y José Lezama Lima, quienes le recomendaron concentrarse en un área delimitada de estudios, pero Graziella reconoce que le aterra la especialización excesiva. Ella asumió, en buen grado, las tareas sucesivas impuestas por las circunstancias, quizás porque disfruta caminar sin rumbo fijo, “flâner dirían los franceses”.

Tomado de Cubaperiodistas
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