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Ya van dos sin completar mandato

14 dic 2018
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Dos veces en apenas un año y medio Ecuador se ha quedado sin vicepresidente. En las dos ocasiones la vacancia ha estado asociada al fenómeno más extendido en la cúpula política de América Latina, particularmente después del destape de los Papeles de Panamá y del escándalo de sobornos de la multinacional Odebrecht, la corrupción. Solo que el tratamiento recibido en estos dos escenarios ha sido distinto y el asunto no terminó con la elección, en el seno de la Asamblea Nacional, de la tercera persona en asumir el puesto de número dos de Lenín Moreno, actual jefe de estado desde el 24 de mayo de 2017.

Parto de un elemento central, en el país andino que alberga la mitad del mundo, el cargo de vice es de elección popular, no de designación. Es decir, los ecuatorianos deciden, en comicios que, por demás, son de carácter obligatorio, la fórmula presidencial que los gobernará por cuatro años. Ello indica que para cesar de funciones al segundo hombre al mando, deberá presentar este su renuncia o, si estuviera ausente de su labor por tres meses, sería inhabilitado por el Congreso, según establece la Constitución. Pero sucede, que Jorge Glas, el primero de los vicemandatarios de Moreno —con experiencia por dos mandatos anteriores como binomio de Rafael Correa— fue destituido mediante decreto presidencial por el mismísimo Lenín, quien enfilara sus cañones hacia él, convirtiéndole en el chivo expiatorio de la cruzada que emprendió contra su otrora aliado y correligionario Correa. Glas fue prácticamente etiquetado como el rostro visible de la corrupción que el hoy presidente le achacase a su predecesor, marcando una ruptura con el legado de la Revolución Ciudadana, distanciándose del proyecto de país y creando dos corrientes a lo interno del partido en el poder. 

Glas no fue salvado de acusaciones que, como en casos similares en Latinoamérica, no han sido debidamente probadas y donde ha primado el uso de la justicia como arma política. Hoy día guarda prisión —con una condena de 6 años en las espaldas— a pesar de no haber tenido un juico conclusivo, y como señal de protesta a su condición y tratamiento —fue trasladado a una cárcel de máxima seguridad como si se tratase de un preso común con delitos de asesinato— ha emprendido una huelga de hambre que ha quebrado en extremo su salud. Ya lleva casi 60 días sin ingerir alimento y ha comenzado a presentar, lógicamente, signos peligrosos de debilitamiento que no han servido de advertencia para sus carceleros o decisores.

Pero volviendo a la crisis de poder, poco después de la salida forzada de Jorge Glas, se hizo con el cargo María Alejandra Vicuña, quien hasta ese momento se desempeñaba como Ministra de Desarrollo Urbano y Vivienda. Como establece la Carta Magna ecuatoriana, fue seleccionada por el legislativo de una terna —tres candidatos— que propone el presidente, pero iba con ventaja al haber fungido como vicepresidenta encargada, también por decreto presidencial, en el corto período que Moreno cesó a Glas.

Vicuña ni siquiera pudo cumplir su primer año en funciones. El mes pasado fue señalada por recibir cobros ilegales, poco después renunció, y en estos días se ha publicado en medios locales cifras exactas y bienes relacionados con el presunto patrimonio no declarado por la exvicemandataria. Sin embargo, los pronunciamientos de Moreno sobre el tema han sido moderados, si se comparan con los esgrimidos durante el caso Glas. Se ha limitado a expresar que liberaba del cargo a la señora María Alejandra para que «pudiera ejercer in interferencias su derecho a la legítima defensa». No sucedió así con el antecesor de Vicuña, a quien Lenín no dudó en imputar mucho antes de una sentencia en firme.

Recientemente, para solucionar el vacío legal, se pusieron otros tres nombres sobre la mesa a disposición de la votación parlamentaria: Otto Sonnenholzer, Nancy Vasco y Agustín Albán. Cual de los todos levantó más polémica porque muchos los consideraron tres perfectos desconocidos en el ámbito político, pues no pertenecen a ningún partido nacional, y sus raíces están en el sector empresarial. De hecho, ya comienzan a saltar las alarmas pues los conglomerados de al menos dos de estas personas,  Sonnenholzer y Vasco, han tenido contratos con el Estado, que ahora salen a la luz pública en busca de verificar su completa legalidad,  y el tercero, Albán, reside en el extranjero y no tributa fiscalmente en Ecuador. Sin embargo, Lenín Moreno asegura que todos tienen un pasado transparente.

Aun en medio de la resistencia y de las numerosas críticas a los postulados, salió victorioso el favorito, el economista devenido periodista Otto Ramón Sonnenholzer Sper. Con 35 años, de ascendencia alemana y director de una emisora radiofónica en Guayaquil, asume desde el 11 de diciembre la vicepresidencia de la República tras obtener el voto de 94 miembros, de un parlamento unicameral de 137 curules, para completar el presente cuatrienio de gobierno. Hubo 27 votos en contra y 7 abstenciones en una sesión en la que estuvieron presentes solo 128 asambleístas.

Veremos si el elegido, llega a fin de mandato, sin deberla ni temerla, y Ecuador calma sus aguas en materia de estabilidad política, pues desde la asunción de Moreno, el país permanece bastante dividido, sobre todo dentro del oficialismo.

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