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Vilma Espín en la Colección Vanguardia

7 mar 2019
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Mujer íntegra, revolucionaria, sensible, inteligente, con una firmeza de carácter admirable… estos y muchos otros elogios podríamos decir de Vilma Espín Guillois pero no nos alcanzarían las páginas de esta pequeña introducción y no es tampoco el objetivo de este libro que nos propone la editorial Ocean Sur como parte de la Colección Vanguardia.
Una colección pensada sobre todo para un público joven, aunque de ninguna manera es excluyente, que propone abarcar de modo sintético la obra intelectual de figuras relevantes en la historia de Cuba, con motivo del 60 aniversario del triunfo de la Revolución. Sobran los elogios cuando la obra de la vida habla por sí misma. Estos textos recogen, en apretada síntesis, el pensamiento y la obra de quien fuera inspiración y ejemplo para el resto de las mujeres cubanas. Son ensayos, entrevistas, informes que nos revelan no solo una vida extraordinaria, sino la historia de una revolución que desde sus propios inicios hizo suyo el concepto «Con todos y para el bien de todos» de nuestro apóstol José Martí, lo que indudablemente incluía a las mujeres.
¿Quién podría haber vaticinado que aquella jovencita, nacida en el seno de una familia acomodada habría de convertirse en una de las figuras claves para el triunfo revolucionario? No importa si respondía al nombre de Alicia, Mónica, Mariela o Déborah (seudónimos utilizados por Vilma en la clandestinidad), lo importante era que la personalidad que daba vida a cualquiera de estos nombres decidió poner su vida al servicio de una de las causas más nobles por las que se puede luchar: la libertad de su Patria. En la primera parte de este libro podremos apreciar cómo la educación familiar, las horas de estudio, las lecturas de la historia de Cuba ayudaron a la formación de su personalidad dotada de una profunda sensibilidad ante lo mal hecho y un gran sentido de la justicia, cualidades que la definieron para toda su vida y determinaron cada una de las responsabilidades que tuvo antes y después del triunfo de la Revolución en 1959. Si bien en un principio la llama de la rebeldía era apenas una chispa en su interior, ya luego del golpe de Estado del 10 de marzo esa llama comenzó a arder con toda intensidad para no apagarse nunca más, como ella misma reconociera en una entrevista:
En cuanto al 10 de marzo, yo creo que puedo agradecerle a Batista que ese día resultara para mí explosivo. Sin tener mucha conciencia de qué estaba pasando en el mundo, adquirí la decisión de acabar con eso que estaba pasando. Me parecía prácticamente una ofensa personal aquello de violar incluso hasta las vías legales de la «democracia representativa», eso me pareció ya el colmo. Esa fue la gota que, colmando la copa, posiblemente me creó, ya de verdad, un espíritu de rebeldía.
Luego del triunfo de la Revolución, casi inmediatamente después, queda constituida la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) bajo la dirección de Vilma, y con ello comienzan a darse respuesta a muchas de las inquietudes de la población femenina. En la medida en que las demandas aumentaban, las respuestas a estas demandas se hacían más creativas; se comenzó a percibir una participación de la mujer en la sociedad como nunca antes se había visto y con ello el prestigio de nuestro proceso revolucionario alcanzó límites insospechados. Las referencias al papel de la FMC y su contribución al desarrollo del socialismo cubano podremos encontrarlas en la segunda parte del libro, tomando como base los informes al V y al VII Congreso de la FMC, así como en algunas entrevistas realizadas a Vilma que muestran no solo la fortaleza de la organización dentro de nuestras fronteras sino cómo sobrepasa los límites nacionales para convertirse en referente mundial.
Por último, en la tercera parte, contamos con ensayos, entrevistas, discursos, que ubican a la mujer cubana en el centro de atención. La preocupación y ocupación constante de Vilma por el crecimiento de la mujer, sus desvelos por ayudar a construir una sociedad más justa en donde la igualdad de deberes y derechos fuera un principio inviolable, su lucha constante por deshacer prejuicios demasiados arraigados en la población, la comprensión de la grandeza de la obra revolucionaria y el saber apreciar que no hay mejor espacio para desatar las alas a la mujer que en una sociedad socialista como la nuestra, son de las principales enseñanzas de su legado.
En cada una de las obras que promovió e impulsó desde la constitución misma de la FMC, la creación de los círculos infantiles, los hogares para los niños sin amparo filial, la creación de escuelas para las mujeres, el Grupo Nacional de Educación Sexual (GNTES), hoy Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), entre otros… está el sello de la Vilma sensible, justa. Una mujer como pocas, con una capacidad increíble de trabajo que supo balancear armónicamente vida familiar y vida laboral cuando las dos exigían de ella el máximo de atención posible.
Sus aportes teóricos no se ajustaron solo a la realidad nacional, fueron más allá, trascendieron nuestras fronteras para consolidar la integración del movimiento latinoamericano y caribeño de mujeres y mostró que la unidad es el único camino posible y necesario para la emancipación total del género humano, y en especial, de las mujeres.
En cada mujer que hoy puede sentirse orgullosa de sí misma, que ha logrado desarrollar al máximo sus potencialidades, que se siente útil y que contribuye al desarrollo de su sociedad, en cada una de las que son libres de tomar sus propias decisiones, de las que trabajan incansablemente por ser mejores, de las que no se dejan amedrentar por trabajo alguno, por desafiante que sea, en cada cubana del siglo xxi está y estará su obra.
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