Contrapunteo

Un retrato de la lucha social en Brasil

19 mar 2019
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Advertencia: Para escribir sobre fotografía y movimientos sociales, primeramente quiero distanciarme de la visión fotográfica antropológica, costumbrista o romántica que banaliza de forma exótica al individuo, al campesino sin tierra, al sin techo, a la lucha organizada de los movimientos sociales. Me gustaría, de forma humilde y poco pretenciosa, comenzar a describir y contextualizar el surgimiento histórico de las problemáticas sociales en Brasil, donde surgen y coexisten las diversas luchas de los movimientos sociales, tanto en el campo como en la ciudad. Para esto se hace necesario evidenciar la complejidad del tema, principalmente por la diversidad étnica de la construcción social de Brasil y las profundas emergencias sociales que constituyen este país, de dimensiones continentales. El texto va acompañado de fotografías que pretenden mostrar elementos de identidad visual, trazos y memoria colectiva para aproximar a los lectores de forma extremadamente resumida —y algunas veces acelerada— al análisis de evaluaciones que a partir del estudio dentro de la militancia orgánica en el MST, en su praxis, he podido de cierta forma ir reflexionando hasta el día de hoy.

Movimientos sociales

La lucha social por lo tanto es amplia. Podemos mencionar dentro de las más relevantes la lucha por la Tierra de: Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (MST); Federação de Trabalhadores da Agricultura (FETAG); Confederação dos Trabalhadores da Agricultura (CONTAG); Movimento dos Pequenos Agricultores (MPA) y Movimento das Mulheres Camponesas (MMC). En la ciudad también actúan por el derecho al trabajo, a la vivienda: Movimento dos Trabalhadores Sem Teto (MTST), Frente de Luta pela Moradia (FLM), Movimento Nacional pela Luta a Moradia (MNLM), União Nacional pela Moradia Popular (UNMP), Central de Movimentos Populares (CMP) y Movimento de luta por vilas Barrios e Favelas (MLB). Mientras que en el interior también tenemos afectados por represas como el Movimento dos Atingidos pela Barragens (MAB) y otros afectados por la extracción minera como el Movimento dos Atingidos pela Mineração (MAM).

En otra arista existen las luchas indígenas, conflictos territoriales que comenzaron en los tiempos de la colonia con un genocidio forzado, y que hoy permanece. Se mantiene además la resistencia del pueblo negro que habita principalmente en las favelas centrales y periféricas, junto a la lucha por la demarcación Quilombola —Coordenação Nacional das Comunidades Quilombolas (CONAQ)— que es equivalente a los cimarrones o palenques.

Estas luchas tienen en común la resistencia y en varios casos se cruzan y constituyen, groso modo, la clase excluida brasilera, la cara oculta de Brasil, de los quinientos años de lucha y explotación del hombre por el hombre.

Hoy, los escenarios son diversos pero hacemos énfasis en las luchas por la reforma agraria, demanda histórica que se mantiene como elemento fundamental de la lucha de clases en Brasil. Actualmente, durante el gobierno golpista, se verifica un aumento exponencial en la lucha por la vivienda digna, en las grandes ciudades, ocupaciones de terrenos y edificios públicos —hablamos de ocupaciones de 2.500 a 5.000 familias.

También tenemos movimientos de corte rural que revindican principalmente el acceso a tierra, recordemos que Brasil es uno de los países más desiguales del mundo sobre la distribución y concentración de tierras: «el 1% poseen el 46% de las tierras cultivables, quiere decir que casi la mitad de las tierras cultivables están en manos de apenas 1% de propietarios, por otro lado, son más de 5 millones de familias sin tierra en todo el país».[1]

Antecedentes históricos

La conquista de Brasil fue a través de uno de los mayores genocidios indígenas de la historia. El territorio pasó a integrar parte del dominio de la corona portuguesa y las tierras usurpadas fueron traspasadas en forma de concesiones. Las tierras concesionadas fueron llamadas de «sesmarias»,[2] una extensión de la corona en tierras latinas, tras la concesión, los colonos fueron estructurando una matriz productora  de carácter esclavista y principalmente tenían el deber de demarcar, administrar y explotar las tierras. Las tierras que no fueron concesionadas se conocen como tierras «devolutas»,[3] tierras que una vez constituida la república federativa tuvieron destino a los cofres públicos de la receta federal, mayoritariamente de carácter improductivo e indómito, actualmente están en el escenario de disputa. 

Los latifundios de grandes familias poderosas que se establecieron a lo largo del territorio constituyeron verdaderos estados autónomos, estados paralelos donde actuó el «coronelismo»[4] estableciendo influencias y el orden público a través de sus «capangas».[5] Los latifundios, se expandieron por territorio brasilero y se apoderaron de tierras públicas, tierras «grilhadas»[6] donde los latifundiarios se apropiaron falsificando documentos de dominio.

Estas relaciones, que hasta el día de hoy prevalecen en el campo, se fortalecieron y se consolidaron con el carácter político partidario a través de bancadas ruralistas en el parlamento, diputados y gobernadores. Su propósito consiste en establecer las relaciones de poder pertenecientes a familias de la aristocracia ruralista, determinando desde las decisiones políticas territoriales hasta las relaciones de trabajo del campo brasilero.

Durante largos años así fue la construcción de la vida social del campo: una realidad de servidumbre subalterna con innumerables casos de trabajo compulsorio o esclavo, principalmente en la extracción de caña de azúcar, producción de carbón y otros afines.  A esto le antecedió otro factor relevante que aun afecta a la sociedad brasilera: la tardía abolición de la esclavitud, 1888 con la ley Aurea,[7] un antecedente que determina las relaciones sociales en el campo brasilero. Este es un tema importante para entender la construcción social del campo brasilero, su fisionomía, su forma de cultivar, trabajar la tierra y las diferencias sociales.

Luego de la abolición, el periodo que continúa se denominó Café com leite[8] (café con leche): administración político y social de las grandes influencias aristocráticas brasileras de la producción de Café en São Paulo y Leche en Minas Gerais, que dominaron y enfocaron la producción social del campo a partir de grandes extensiones de latifundios, en los cuales emergió con fuerza una elite brasilera ruralista.

Es en este periodo, que se extiende durante los inicios del siglo XX y se prolonga hasta hoy, donde se genera una ruptura histórica con la otra parte del territorio, dando énfasis al crecimiento de la región sureste brasilera, principalmente el puerto de Rio de Janeiro, las plantaciones de caña de azúcar y café, los primeros polos industriales de São Paulo junto a la producción agropecuaria de Minas Gerais. Al mismo tiempo fueron recibidos contingentes de inmigrantes europeos, principalmente refugiados italianos y alemanes.

Los primeros se establecieron en la región de São Paulo, engrosando las primeras fábricas y polos industriales emergentes y conformando parte del incipiente proletariado brasilero; los segundos, en la región sur del país, que comprende los Estados de Santa Catarina, Paraná y Río Grande do Sul, cumpliendo el rol de productores agrícolas y agropecuarios. Este es un tema importante para entender la construcción social del campo brasilero, su fisonomía, origen étnico, su forma de cultivar la tierra y las diferencias sociales. Es válido mencionar que existió una migración holandesa que desembarcó en el nordeste brasilero a finales del siglo XIX e inicio del XX.

Contra las dictaduras y a favor de la tierra

De la mano, el surgimiento de las primeras grandes ciudades trae consigo las grandes migraciones y por lo tanto las desestructuraciones de las matrices familiares, principalmente nordestinas. Lo que podemos destacar es la gran desigualdad social que existe entre las macro-regiones brasileras, norte (Estado de Amazonas), nordeste, las regiones más pobres de Brasil, sureste, centro oeste y regiones poderosas, y sur. Para comprender la realidad del campo brasilero debemos primero comprender que es un país de dimensiones continentales.

Durante las décadas del treinta al cincuenta, gobierno dictatorial del presidente populista Getulio Vargas,[9] se destacó el crecimiento exponencial de las grandes ciudades que trajo consigo las grandes migraciones campo-ciudad y, por lo tanto, las ruptura de las matrices familiares, principalmente nordestinas. Esta desestructuración y migración familiar corresponde a uno de los temas centrales, cuando nos referimos a la composición familiar del campesinado brasilero y en consecuencia a las familias de sin tierra, sin techo o los sin derechos.

Es en este contexto histórico y social donde emergieron diversos movimientos sociales que revindicaron la lucha por el acceso a tierra. Uno de los más grandes fue el surgimiento de Las Ligas Camponesas —década del cincuenta, en victoria de Santo Antão, Pernambuco—, conformadas por exmilitantes del Partido Comunista Brasilero y bajo el alero del abogado socialista Francisco Julião, quien visitó Cuba en 1960, donde conoció la reforma agraria realizada en la isla.

Julião pasaría a defender un proyecto nacional de reforma agraria radical conocido como «Na Lei ou na Marra» (por la ley o la fuerza) y se colocaría en oposición a la izquierda del gobierno de João Goulart, criticando el carácter moderador de sus reformas de base.

En 1964 llegó nuevamente la dictadura militar y con ella el exilio de Francisco Juliao; también la persecución y criminalización de dirigentes, militantes, así como la ejecución y tortura de líderes campesinos, indígenas y quilombolas. 

Los gobiernos militares de facto implementaron las políticas influenciadas e introducidas por Estados Unidos. Así llegó al campo brasilero la «revolución verde», en 1970, que vino a transformar la realidad social inyectando inversiones y tecnología para «modernizar los viejos y atrasados latifundios», aplicando el uso indiscriminado de venenos, agro-tóxicos y semillas transgénicas.

Esto no resolvió el problema social de la tierra, al contrario. Envenenó la tierra, los alimentos y contaminó el medio ambiente. Además, durante la dictadura militar fueron asesinados 1.196 campesinos. Tras el golpe de Estado hubo un proceso de represión muy fuerte, torturas y desapariciones.

El MST y su lucha contra el neodesarrollismo

El Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST)[10] es un movimiento social que tiene por esencia tres objetivos: luchar por la tierra, por la Reforma Agraria y por transformaciones sociales. 

Las principales formas de lucha del MST son a través de las ocupaciones de tierras improductivas; también marchas por las ciudades hasta las capitales, ocupaciones de edificios públicos y vigilias, enfrente de las haciendas, bancos o edificios públicos como forma de denunciar la improductividad de las tierras que son invadidas por latifundistas, para generar una demanda al poder público y forzar al gobierno a tomar una posición en relación a la concentración de tierras en el país. Abriendo la posibilidad de negociar entre los trabajadores organizados en la lucha por el derecho a tierra para trabajar y producir alimentos para toda la populación.

Los últimos años han sido de lucha en la nación suramericana. Por solo citar un ejemplo, el año 2016 dejó una marca de retrocesos. En el campo el número de asesinatos causados en los conflictos por la tierra retrocedió trece años. Con sesenta muertes (un 20% más que el año anterior), se convirtió en el año más violento en el campo desde 2003, cuando 71 personas fueron asesinadas por luchar por la reforma agraria y por sus territorios tradicionales, según el informe Conflictos en el Campo de Brasil, realizado por la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT). Entre 1985 y 2009 ya habían sido asesinados 1.469 trabajadores rurales en todo el país.

El agronegocio ganó el impulso de los grandes consorcios, de oligopolios mundiales y del capital financiero mundial. Las cosechas fueron por lo general monocultivos de soja, caña y eucalipto que se comercializan a través de commodities[11] en bolsas de valores, las referencias del capital,  Monsanto y Bayer S.A, como las dos mayores empresas que producen y comercializan la cadena perfecta del capital. El primero comercializa la semilla transgénica y, el segundo, los pesticidas, venenos e insumos. Es un círculo vicioso mortal que destruye los campos y mata a los campesinos.

El neodesarrollismo propuso mayor intervención estatal, retomar la industrialización y reducir la brecha tecnológica. A diferencia del desarrollismo clásico, promovió alianzas con el agronegocio y relativizó el deterioro de los términos de intercambio.

Por su parte, y en oposición, el MST viene pautando una nueva forma de construcción social que se sujeta en su programa agrario, la Reforma Agraria Popular, que tiene sus bases en la matriz de producción agroecológica, sostenida a través de la agricultura familiar. Propone una diversidad en la producción y comprende que el acto alimentar es un acto político así como el acto de producir alimentos saludables, sin agrotóxicos, ni venenos. Se comercializan los productos en ferias, poblados, universidades y ciudades para mantener el contacto directo con los trabajadores urbanos, además de traer parte de la cultura del campo, su música y realidad, comidas típicas y particularidades. 



[1] Entrevista con Marina dos Santos, Coordenadora Nacional del Movimiento de los Trabajadores rurales Sin Tierra y Via Campesina continental. Entrevista sobre el MST.

[2] De sesma, derivada del latín sex?ma, o sea, «sexta parte»: instituto jurídico portugués que normalizaba la distribución de tierras destinadas a la producción agrícola.

[3] Aquellas tierras que en la franja de la frontera, en los Territorios Federales y en el Distrito Federal, no siendo propias ni aplicadas a algún uso público federal, estatal territorial o municipal, no se incorporaron al dominio privado.

[4] Definición del portugués que se utiliza para describir esta práctica de poder oligarca que establece un poder político-administrativa y territorial de un terrateniente en una región determinada.

[5] Pistoleros asalariados que protegen los intereses del coronel.

[6] Tierras públicas invadidas por latifundistas.

[7] Ley que abolió la esclavitud. El imperio portugués fue el que más tráfico personas en situación de esclavitud en sus colonias, alrededor de 4 millones, y donde no hubo una reposición efectiva a las familias secuestradas desde África.

[8] La política del café con leche se derivó de la «Política de los Gobernadores» y visaba la predominancia del poder nacional por parte de las oligarquías paulista y minera, ejecutada en la República Vieja, a partir de la Presidencia de Campos Sales (1898-1902) por presidentes civiles fuertemente influenciados por el sector agrario de los estados de São Paulo —con gran producción de café— y Minas Gerais —mayor polo electoral del país de la época y productor de leche.

[9] Fue presidente de Brasil en dos períodos, el primero de 15 años ininterrumpidos entre 1930 y 1945 —se dividió en tres fases: de 1930 a 1934 como jefe del «Gobierno Provisional»; de 1934 hasta 1937 como Presidente de la República del Gobierno Constitucional, elegido por la Asamblea Nacional Constituyente de 1934; y de 1937 a 1945, como Presidente-dictador durante el «Estado Nuevo», implantado tras un golpe de Estado.

[10] Nace en los años setenta, en pleno régimen de la dictadura militar, con ocupaciones de tierras improductivas que no cumplían su función social, de acuerdo con la Constitución Federal Brasilera. Se constituye en un Movimiento Nacional a mediados de los años ochenta, con la realización de su primer Congreso Nacional, en Curitiba, Paraná. Hoy el MST está organizado en los 24 estados de Brasil y tiene una base de dos millones de personas en todo el país, en campamentos (Áreas en proceso de conquista por la tierra) y asentamientos (Áreas que ya conquistaron la tierra), con un contingente de 150 mil famílias acampadas y 400 mil familias asentadas.

[11] Término proveniente del inglés que originalmente se utilizaba en las transacciones comerciales de productos de origen primario en la bolsa de valores, para referirse a productos de calidad y características uniformes, que no se diferencian de acuerdo con quien los produjo o de su origen, siendo su precio uniformemente determinado por la oferta y la demanda internacional.

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