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Un cubano en Nicaragua. Recuerdos de una Revolución

19 nov 2019
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Hablar de Nicaragua sin mencionar su eterna e incansable revolución contra la dictadura somocista es pasar por la historia de Latinoamérica como la ojeada de un libro.
A 40 años de conmemorar la victoriosa revolución sandinista, recordar esos momentos desde las voces de protagonistas cubanos e internacionalistas constituye un gran homenaje a esa página gloriosa del pueblo nicaragüense.
«El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) llevaba en sí mismo la esencia del mártir Augusto César Sandino, el pensamiento profundo y antiimperialista, y el claro objetivo de solo anhelar la victoria con la acción directa y las ideas críticas», así nos dice Juan González Ferrer, coronel retirado del Ministerio del Interior, conocido por Justo entre las fuerzas de la Seguridad del Estado.
Este cubano fue uno de los tantos héroes anónimos que colaboraron activamente en las contiendas del FSLN para derrocar a la tiranía sangrienta de Anastasio Somoza Debayle, autotitulado paladín del anticomunismo del continente y América Latina.
Por aquellos años de lucha internacionalista, uno de los nicaragüenses que con más admiración recuerda Justo es al revolucionario Carlos Fonseca Amador.
«Desde septiembre del mismo 1959, el líder nicaragüense conoció y sintió el calor de los cubanos. Lo recibimos herido debido a un enfrentamiento que tuvo con la Guardia Nacional somocista y fuerzas hondureñas, durante el ataque a un campamento guerrillero en la zona del Chaparral donde el ejército enemigo dejó muchos heridos y logró capturar a más de 30 combatientes», explica Justo.
Los compañeros que lo atendieron estaban muy pendientes de él. Fonseca había solicitado un curso militar; tenía muchas expectativas en torno a la Revolución Cubana y se asumía seguidor de las ideas marxistas, guevarianas y fidelistas.
Testigos de aquellos entrenamientos fue el escritor cubano Eduardo Heras León, quien en la escuela de artillería Comandante Manuel Fajardo, ofreció un curso de morteros a quienes formarían parte poco después del primer núcleo guerrillero del FSLN.
Como testigo de estos encuentros en Cuba, estuvo el escritor Eduardo Heras León: «Un día se apareció el director de la escuela, el capitán Octavio Toranzo, y nos dijo a todos que íbamos a darle un curso de morteros 120mm y morteros 82mm a un grupo de compañeros a los cuales no se les debía preguntar absolutamente nada, sencillamente había que cumplir con la tarea y así lo hicimos».
Según Heras; eran hombres jóvenes y de pequeña estatura. «A mí me parecía que eran nicaragüenses; sin embargo, no llegué a saber exactamente».
Después de su recuperación y del entrenamiento, al salir de Cuba en julio de 1961, Carlos Fonseca se convierte en artífice, junto a otros guerrilleros, del movimiento que tiempo después lograría derrocar tantos años de tiranía y servilismo a Estados Unidos: el Frente de Liberación Nacional.
«Dos años después pasaría a llamarse Frente Sandinista de Liberación Nacional, órgano político guerrillero que los acompañó en todo el proceso de la guerra hasta el triunfo de julio de 1979», precisó Justo.
Junto al comandante Carlos Fonseca Amador, participaron, desde los primeros momentos de la rebelión nicaragüense los dirigentes: Francisco Buitrago, Silvio Mayorga, Tomás Borges, José Benito Escobar, Oscar Tulcio, Juan José Quezada, Germán Pomares y Jorge Navarro.
Muchas fueron las acciones que llevaron a este grupo de guerrilleros a fundar un frente que acabara con la tiranía de los Somoza y diera al pueblo nicaragüense un estado verdaderamente revolucionario.
Narra Justo que las acciones políticas y revolucionarias no cesaban en la Nicaragua de aquellos años. «La toma de la Radio Mundial y del Banco América, los enfrentamientos con la Guardia Nacional en Bocay, el repudio de la farsa electoral, constituyeron actividades revolucionarias de mucha importancia».
La muerte de Luis Somoza Debayle, en 1967, y el ascenso al poder de Anastasio Somoza Debayle —ejecutor de las estrategias de Estados Unidos y portador de una línea dura caracterizada por asesinatos cometidos por la Guardia Nacional nicaragüense— fueron hechos que marcaron el curso de las luchas por una revolución.
El año 1969 fue muy convulso para el FSLN. El 23 de diciembre fue detenido Fonseca Amador, liberado en octubre de 1970 por las fuerzas del Frente y trasladado a Cuba en unión de su esposa María Haydeé Terán y sus hijos Carlos y Tania.
«El hecho de que muchos nuevos combatientes se sumaran al Frente y que se ampliara el apoyo internacionalista, permitieron que el comandante nicaragüense se dedicara a la atención de los combatientes que recibían instrucción en Cuba, los enfermos y heridos de la guerra, las relaciones oficiales con el gobierno revolucionario cubano y su vínculo con Casa de las Américas. Cuando sale definitivamente de Cuba, en 1975, penetra en Nicaragua con un buen enmascaramiento físico y desde allí se enrumba hacia las montañas y visita los campamentos guerrilleros», refirió Justo.
El 7 de noviembre de 1976, cuando Fonseca se encontraba en la zona de Varillal-Matagalpa, su grupo se cruzó con la Guardia Nacional en medio de un aguacero. En el enfrentamiento, cerca del río Zínica, es herido gravemente; muere al día siguiente.
«Aquel fue un duro golpe para el movimiento; pero no significó la rendición; otros combatientes como Jonathan González, Casimiro Sotelo, Henry Ruiz, Daniel Ortega y Eduardo Contreras, entre otros, demostraron la fidelidad al proceso revolucionario y junto con las mujeres, participantes activas del movimiento antisomocista lograron el triunfo. En octubre de 1977 se produjeron muchos combates en la frontera con Costa Rica, en Masaya y el Barrio 14 de septiembre de Managua.
Ese mismo año, el asesinato de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, dueño del periódico antisomocista La Prensa, hizo que la juventud nicaragüense se opusiera aún más al régimen y se desplegaran huelgas por todo el país. Entre 1977 y 1979 las acciones de los revolucionarios sandinistas se incrementaron y el gobierno de Estados Unidos pretendió un golpe intervencionista, aun sin Anastasio Somoza en el poder.
Desde junio de 1979 el FSLN anunció la constitución de un Gobierno de Reconstrucción Nacional nicaragüense. El 16 de julio el tirano Somoza Debayle, renunció ante el Congreso Nacional y abandonó el país con destino a Estados Unidos. Todos los que seguían al tirano renunciaron y centenares de somocistas y militares abandonaron el país por vía aérea o marítima.
«La situación en Nicaragua era un caos y hasta el embajador norteamericano y sus subalternos partieron a su país. Finalmente, la Guardia Nacional de Nicaragua aceptó la rendición el 18 de julio de 1979», explicó Justo.
El Gobierno de Reconstrucción Nacional llegó a Managua y junto a Tomás Borges, Daniel Ortega y otros revolucionarios, en la Plaza de la República de esa ciudad, aprobaron los estatutos de esa nueva República y derogaron todos los documentos de la dictadura.
«Aquel 19 de julio yo regresaba de las fronteras de Panamá-Costa Rica-Nicaragua (el frente sur guerrillero), pues tres días antes había infiltrado a más de 20 combatientes para el apoyo a los revolucionarios sandinistas, una tarea que realizábamos desde mediados de los setenta en otras zonas. Cuando verifiqué que el grupo guerrillero ya partía para Nicaragua, me dirigí a un apartamento que tenía en Panamá. Al llegar, sonó el teléfono y escuché una voz gritando emocionada: ¡Felicidades Justo! ¡Ya el tirano se fue!».
La llamada la realizó el jefe superior de Juan González en las tropas especiales cubanas. Al escuchar la noticia, Justo quiso viajar de inmediato a Nicaragua; sin embargo, tuvo que partir hacia otro lugar de la geografía latinoamericana donde también se necesitaban sus servicios.
La victoria del pueblo de Nicaragua fue un gran acontecimiento en América Latina, representó el fin de una tiranía que desde 1933 oprimía al país; un éxito contundente del Frente Sandinista de Liberación Nacional.
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