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Último día de campaña electoral. El 3 de noviembre y los posibles desenlaces

2 nov 2020
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A solo unas horas del 3 de noviembre, el ambiente electoral en Estados Unidos se caracteriza por su alto nivel de complejidad e incertidumbre. Las protestas y disturbios en Filadelfia, el incremento de la compra de armas de fuego por los estadounidenses, las amenazas a votantes pertenecientes a las minorías, la intención de Trump de proclamarse ganador sin esperar el conteo final de los votos, los preparativos de las milicias de extrema derecha para promover la violencia y el crecimiento diario de los casos de coronavirus constituyen los rasgos más visibles y peligrosos que están marcando las últimas horas de la contienda presidencial.

El pasado sábado durante un mítin con sus seguidores en Pensilvania, Trump afirmó que es altamente probable que la noche de las elecciones no haya un resultado definitivo. El candidato republicano dirigiéndose a los participantes en el evento anticipó que ese día: “ustedes van a tener un caos en nuestro país”. Precisamente ese es el escenario ideal para que los republicanos desplieguen con intensidad la estrategia que han elaborado como única opción para permanecer en la Casa Blanca.

La mayoría de los expertos estadounidenses atendiendo a las leyes electorales de los estados decisivos y al comportamiento del voto por correo, estiman que es muy difícil que el 3 de noviembre se conozca el ganador de los comicios. No obstante, no podría descartarse una eventual “avalancha demócrata” que modifique sustancialmente este estimado.

Según el sitio especializado US Elections Projects, hasta el día de ayer ya habían ejercido el voto más de 92 millones de estadounidenses. Teniendo en cuenta las cifras divulgadas por los 20 estados que brindan esta información, aproximadamente el 47% de los votantes fueron demócratas, el 30% republicanos y el 23% independientes. A partir de estos datos, es evidente que existe una clara ventaja para Biden, pero hay que tener en cuenta que una parte importante de los republicanos votan el propio 3 de noviembre. Por esta razón, esta brecha tiende a reducirse en lo que también influye una parte de los votantes independientes que simpatizan con Trump.

De acuerdo a la cantidad de votos emitidos hasta el momento, podría afirmarse que estas elecciones posiblemente marquen un récord de participación política en Estados Unidos. Teniendo en cuenta este elemento, es evidente que la situación sin precedentes que vive esa nación y, en especial, la figura de Donald Trump constituyen fuertes motivaciones para que ciudadanos estadounidenses que usualmente han decidido quedarse en sus casas salgan a votar.

En las últimas elecciones presidenciales fueron alrededor de 100 millones los que estuvieron en esta situación al considerar, por diferentes razones, que no valía la pena involucrarse en ese proceso político. Siguiendo esta lógica, es probable que la mayoría hayan concluido que estos comicios constituyen un referéndum contra Donald Trump, lo que posiciona al candidato demócrata en una mejor posición para obtener más votos que su rival en este segmento calificado como los “no votantes crónicos”. Esta categoría de electores podría ser decisiva al representar aproximadamente el 43% de las personas con capacidad electoral y el 40% tiene entre 25 y 39 años. Un estudio realizado hace unos meses por la Knight Foundation y la firma consultora especializada Bendixen & Amandi International, determinó que el 71% afirmó que votaría el próximo 3 de noviembre.     

Sin embargo, como el sistema electoral estadounidense no está diseñado para declarar como ganador al que obtenga la mayoría  del voto popular, entonces la única manera posible de que una eventual avalancha de votantes culmine con una victoria de Biden es si tiene un reflejo en los siguientes estados decisivos: Florida, Pensilvania, Wisconsin, Michigan, Carolina del Norte y Arizona. No importa la segura y arrolladora ventaja que tendrá Biden en California y Nueva York debido a que son bastiones demócratas tradicionales y la campaña republicana siempre los da por perdidos.

Dada la importancia estratégica de los estados mencionados, los asesores de campaña de Trump anunciaron el pasado viernes que el aspirante republicano realizaría 14 mítines en los últimos tres días. Los estados seleccionados son: Pensilvania, Michigan, Wisconsin, Carolina del Norte, Iowa y Georgia. Evidentemente la Florida no se encuentra porque ha concentrado los principales esfuerzos de los republicanos en las últimas semanas. Biden en esta recta final se concentrará principalmente en el estado de Pensilvania.

La mayoría de los expertos que están basando sus pronósticos en el resultado de las encuestas, estiman que la mayor probabilidad de triunfo es para Biden. El sitio especializado en datos y modelación electoral Five Thirty Eight considera que el candidato demócrata tiene un 89% de probabilidad de imponerse. No obstante, se advierte que aunque Trump exhiba solamente un 11% todavía no puede descartarse totalmente.

Debe recordarse que en las elecciones del 2016, la mayoría de las instituciones en Estados Unidos que se dedican a los pronósticos electorales estimaron que Hillary tenía más del 70% de probabilidades para imponerse. De hecho, The New York Times el propio día de los comicios anticipaba un 75% para la aspirante demócrata. Esta es una de las razones por las que muchos especialistas y analistas todavía tienen reservas y se muestran cautelosos en dar un criterio categórico sobre el desenlace final de esta contienda presidencial.

Una encuesta divulgada el sábado por CNN determinó que Biden aventaja a Trump en Michigan por 12 puntos, Wisconsin por 8 puntos, Carolina del Norte por 6 puntos y Arizona por 4 puntos. En el caso de la Florida, un sondeo reciente de  New York Times/Siena College arrojó que Biden va delante por 3% y una encuesta de ABC/Washington Post determinó que Trump tiene la delantera por 2%, lo que indica que es un estado extremadamente reñido y hasta que no se conozcan los resultados no es posible determinar quién lo ganará. 

En este contexto, resulta de interés los resultados de un sondeo realizado por la prestigiosa encuestadora Gallup divulgados el pasado viernes sobre el entusiasmo para participar en las elecciones. Según el estudio, el 69% de los votantes registrados afirmaron que estaban más entusiasmados por votar en estos comicios que en elecciones precedentes. Esta cifra representa casi un 20% de crecimiento con relación a este mismo indicador en las elecciones del 2016, lo que tiene una expresión a nivel de los partidos tradicionales. Entre los demócratas el incremento del entusiasmo fue del 27% y en los republicanos del 15%.

Por su parte, una encuesta de YouGov determinó que solo el 48% de los que apoyan a Biden están entusiasmados con él y en el caso de Trump constituyen el 77% de sus seguidores. Estas cifras evidencian la debilidad del candidato demócrata para erigirse como una figura sólida dentro de las bases tradicionales de ese partido y explica las dificultades que ha presentado en segmentos de ese electorado compuesto por afroamericanos y jóvenes. No obstante, Biden logra balancear esta limitación con el hecho que el 52% que lo apoya argumenta que ejercerán su voto contra Trump.

Por lo tanto, la mayoría ha entendido que lo más importante es impedir la reelección del mandatario estadounidense y esa posición se está manifestando en el voto anticipado ya sea en persona o por correo. Este es otro elemento que apunta a la movilización masiva de votantes que consideran están participando en un referéndum contra Donald Trump y constituye una muestra de la posibilidad real que se concrete una “oleada azul”.   

Según el sitio web Five Thirty Eight, es muy probable que en la noche del 3 de noviembre no se declare oficialmente un ganador. El creciente número de electores que enviaron sus boletas por correo como resultado de la pandemia, implicará demora en la certificación, procesamiento y conteo de ese tipo de voto. Como cada estado tiene sus propias leyes y normas electorales, ese día algunos podrán dar sus resultados pero a otros les tomará mucho más tiempo.

Se estima que en la Florida es posible que se sepa quién ganó esa misma noche debido a que su legislación permite comenzar con suficiente antelación con el conteo de las boletas por correo. No obstante, dada la naturaleza competitiva de ese territorio si la contienda está muy reñida podrían producirse reconteo de votos y presentación de litigios que retardarían cualquier resultado. Debe tenerse en cuenta que en ese estado en las elecciones del 2000, la diferencia fue de 537 votos y la decisión final la adoptó la Corte Suprema.    

En el caso de Arizona y Carolina del Norte podrían tener la mayoría de los votos escrutados al final de ese día, pero un resultado definitivo dependería que el margen de victoria sea contundente sin espacios para cuestionar el escrutinio. Se anticipa que en Wisconsin es probable que el miércoles en la mañana estén disponibles los datos. Con respecto a Michigan y Pensilvania, podrían declarar un ganador a partir del jueves. Por lo tanto, debe ser una “larga semana” electoral que mantendrá a Estados Unidos y al mundo en permanente expectativa por las implicaciones estratégicas de sus resultados.  

Varios expertos han alertado sobre la posibilidad que durante el 3 de noviembre ocurra lo que han llamado como el “espejismo rojo” que se expresaría en que el conteo parcial de los votos en varios estados simultáneamente arrojaría una ventaja para Donald Trump. Esta situación podría producirse debido a que primero se conocen los resultados del voto presencial en las urnas que tradicionalmente ha sido mayoritariamente republicano y después, de manera gradual, comienza a divulgarse el conteo de las boletas por correo que toman mucho más tiempo y que son predominantemente demócratas.

No se descarta un escenario en que el candidato republicano culmine esa noche con ventaja y a medida que se vaya divulgando el conteo en los estados se comience a manifestar una tendencia sostenida y favorable al aspirante demócrata. En cualquier caso, si estas condiciones de incertidumbre se concretan es muy peligroso debido a que constituye el caldo de cultivo ideal para que Trump y sus seguidores redoblen la violencia, la intimidación, el fraude y en definitiva a lo que está apostando: el caos electoral.

Según el sitio Axios, integrantes del equipo de campaña del mandatario están manejando la posibilidad que ante una eventual ventaja en el Colegio Electoral y sin que varios estados hayan divulgado los resultados finales de la votación, se produzca la autoproclamación de Donald Trump como vencedor. De acuerdo a la página web Politico, también algunos asesores del candidato republicano ya están sugiriendo que si no se conocen los resultados de las elecciones en la noche del 3 de noviembre, entonces a partir del día 4 Trump comenzaría a realizar mítines con sus seguidores como si todavía estuviera en campaña electoral.

Las acciones que podrían desencadenar cualquiera de estos dos escenarios son impredecibles atendiendo a su alto potencial desestabilizador. Lo único que podría impedir que se desarrollen estos cursos de acción es una participación de votantes contra Trump que sea abrumadora y determinante en los estados decisivos. Por lo tanto, hay que tener mucha paciencia y guardar reservas de energías debido a que existe la posibilidad real que no solo sea una larga noche electoral, sino varios días de incertidumbre. La única certeza es que este 3 de noviembre marcará un punto de inflexión en la historia de Estados Unidos. 
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Comentarios

1 realizados
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2 nov 2020 a la(s) 7:01 p.m.
Alfonso dijo:
Brillante y certero análisis de la realidad electoral de Estados Unidos. Gracias por su aporte y claridad.