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Trump vs Biden: El primer debate presidencial

28 sep 2020
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El martes 29 de septiembre se realizará el primer debate presidencial entre Donald Trump y Joseph Biden en la Universidad Western Reserve en Cleveland. Aunque la evidencia histórica es abrumadora al demostrar que este tipo de eventos no son determinantes en los resultados de las elecciones, millones de personas en Estados Unidos y en el mundo seguirán de cerca este espectáculo político. La mayoría de los espectadores se harán una pregunta clave: ¿quién ganó el debate?

Se trata esencialmente de un show que está diseñado para enfocarse más en la forma y las apariencias que en el contenido. La opinión pública estadounidense se concentra más en el comportamiento de los contendientes que en sus posiciones políticas. De hecho, si alguno se percibe como débil o poco enérgico, si muestra nerviosismo, si manifiesta inseguridad o si comete errores mentales evidentes, puede ser suficiente para que la gran prensa lo declaren el perdedor de la noche. En la práctica, son los medios de comunicación los que actúan como los jueces de esta disputa, lo que incide en la percepción del público.

El ambiente político en que se inserta este debate, y en especial, la agresiva campaña de descrédito protagonizada por Trump contra Biden encontrará en este evento su punto culminante de realización. El mandatario estadounidense ha esperado con ansiedad este momento al considerar que es su mayor oportunidad para demostrar que el aspirante demócrata no está mentalmente capacitado para ser presidente, carece de energía para ese cargo y no cuenta con el temperamento apropiado.

Por lo tanto, será un debate sin precedentes debido a que uno de los participantes se centrará en adoptar un comportamiento abiertamente confrontacional, agresivo, temerario y grosero. En esencia, Trump se mostrará tal y como es. Hace unos meses, Hillary Clinton sintetizó cómo sería ese estilo: “Él irá preparado para insultar, burlarse y amenazar con su presencia”. A partir de la conducta previsible del aspirante republicano, las miradas estarán enfocadas en cómo Biden manejará esta situación.

En esencia, la estrategia republicana será provocar a Biden y convertir el debate en un ejercicio de demostración de quién se ve más fuerte y seguro. No obstante, la ofensiva para proyectar a un rival demócrata incapaz, frágil e inferior también es un arma de doble filo y podría ser un error de alcance estratégico que solo se sabrá la noche del próximo martes. Si Biden se presenta sin cometer errores graves y se maneja adecuadamente, entonces se derrumbará el estereotipo que ha tratado de imponer Trump para desviar la atención y evitar una discusión sobre los graves problemas que están golpeando al pueblo estadounidense.

En este sentido, el debate se organizará en 6 segmentos de 15 minutos cada uno. Los temas que se abordarán serán los siguientes: historia de vida de Trump y Biden; la Corte Suprema; la COVID – 19; la economía; raza y violencia en las ciudades y la integridad de las elecciones. El moderador será Chris Wallace, quien es uno de los presentadores de Fox News. La primera pregunta será dirigida a Donald Trump, quien tendrá aproximadamente dos minutos para responder.  

A partir de los temas previstos y atendiendo a las circunstancias que vive Estados Unidos, es obvio que en principio Trump se encuentra en una posición a la defensiva si el debate se enfoca en el desastroso manejo de las múltiples crisis por las que transita su país. Por esta razón, sus esfuerzos estarán encaminados en tomar la iniciativa y personalizar el intercambio convirtiéndolo en un verdadero caos. En este sentido, el rol del moderador puede marcar la diferencia debido a que tiene el gran desafío que el debate no se le vaya de las manos y se imponga el ritmo del aspirante republicano.  

Biden no solo tendrá que lidiar con el reto de conducirse sin cometer desatinos que puedan ser explotados por Trump sino que deberá convencer y persuadir a un electorado demócrata muy diverso y heterogéneo que va desde posiciones moderadas hasta los denominados progresistas. En este último grupo, precisamente se encuentran votantes que todavía no están convencidos con el candidato demócrata y, en última instancia, si se sienten decepcionados podrían abstenerse de votar.  

El primer debate transcurrirá en un momento en que cerca del 90% de los electores ya tomaron una decisión sobre por quién votarán. Según una encuesta reciente de NBC/Wall Street Journal, el 11% está todavía indeciso. Aunque los debates presidenciales no son suficientes para determinar por sí solos el resultado de las elecciones, en una contienda como esta muy reñida que la diferencia en determinados estados decisivos podría ser de 20 mil o 30 mil votos reviste especial interés aquellos votantes que esperan a este tipo de eventos para tomar una decisión definitiva.

Según ese propio sondeo, el 18% de los indecisos plantearon que los debates eran muy importantes para decidir su voto. En unas elecciones que se espera ocurra un incremento sustancial de la participación en los comicios estaríamos hablando de un potencial de cientos de miles de votantes en esta situación, lo que constituye una cifra no despreciable. A partir de estos elementos y teniendo en cuenta las particularidades de esta campaña presidencial y las circunstancias sin precedentes que vive Estados Unidos, tal vez los debates tengan un impacto mayor en determinar quién asumirá la Casa Blanca en enero del 2021.

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