Contrapunteo

Triste riqueza en subsuelo peruano

14 ago 2019
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Hace mucho tiempo atrás, allá por 1492, esta tierra que habitamos era diferente. Las riquezas naturales y la tranquilidad de inquilinos que se servían de ella solo para consumir lo necesario, eran el equilibrio perfecto.

Sus formas de vida y de producción han sido catalogadas por los historiadores occidentales de primitiva y atrasada, de ahí que muchos consideren que la llegada de los españoles al nuevo mundo fuese un descubrimiento. Sin embargo, lo cierto es que la barbarie y la calamidad surgieron del arribo de los «más avanzados», quienes comenzaron un proceso de explotación que convive hoy día con los habitantes de América Latina.

Haciendo un gran avance en el tiempo y dejando atrás a Isabela I de Castilla para llegar al siglo XX, encontramos como  Latinoamérica volvió a ser percibida como un receptáculo abundante de bienes naturales, trayendo consigo el asentamiento de empresas foráneas —norteamericanas y europeas— del «sector extractivo», sobre todo en la rama petrolera.

Y es que en ese entonces se comenzaban a consolidar los grandes monopolios económicos, los cuales creaban las condiciones propicias para que el neoliberalismo llegara para siempre a nuestra región.

Este fenómeno ha marcado la suerte, entre otras, de una nación en particular dentro de la zona geográfica que se analiza. Perú, país ubicado en las alturas de los Andes, ha sido ejemplo de los intentos de empresas extranjeras por apoderarse de las reservas metalúrgicas ante las continuas demandas de las sociedades súper industrializadas a las que se supeditan.

En el año 2007, las municipalidades de Ayabaca, Pacaipampa y Carmen de la Frontera en la parte norte de este país, analizaban, según el artículo Minería transnacional, comunidades y las luchas por el territorio en el Perú: el caso de Conacami, las consecuencias medioambientales del trabajo de la compañía Majaz, la cual necesitaba la aprobación de la ciudad para poder lograr sus objetivos.

Pero, a las nefastas consecuencias que sufre el planeta por los métodos utilizados para la extracción de recursos como oro, cobre o petróleo, se suma que los mismos son exportados a las naciones a las cuales responden las grandes compañías, con poco o ningún valor agregado. De esta manera, los verdaderos dueños de esas riquezas siguen dependientes de las grandes potencias.

De igual forma, muchos gobiernos han optado por apoyar a esas compañías en detrimento de sus pueblos, alegando en ocasiones que lo hacen en nombre del progreso.

Un artículo de Prensa Latina titulado Trasnacionales mineras sobre pueblos de América Latina, publicaba que disímiles litigios tenían lugar en toda Latinoamérica entre las transnacionales y los ciudadanos.

En Perú, fue muy relevante en el año 2009 el caso de la compañía minera y metalúrgica Doe Run Perú y el proyecto Conga. Lo sucedido fue, según plantea el material citado con anterioridad, que la ciudad de Junín, donde radica la sede de Doe Run Perú, es una de las 10 más contaminadas del mundo a causa de los métodos utilizados por esta empresa para la extracción de minerales.

Los análisis realizados a habitantes de ese lugar determinaron que luego de la paralización de sus operaciones la reducción de la presencia de plomo en los pulmones de los niños fue significativa.

Por otro lado, también es de relevancia en este país latino el proyecto conformado por la compañía estadounidense Newmont Mining Corporation (uno de los explotadores más grandes de oro en el mundo) y la peruana Buenaventura.

Ambas compañías han explotado desde 1993 el yacimiento más grande de oro de Sudamérica emplazado en el departamento de Cajamarca, en la sierra norte del país.

Pero las protestas de los moradores de este lugar han sido, con toda razón, de denuncias por la contaminación de las aguas. Como bien planteaba en el año 2018 la publicación Comunicaciones aliadas, la llegada de estas empresas trajo consigo impactos significativos en los suministros de agua.

A pesar de que los proyectos de Newmont Mining Corporation  y Buenaventura se encuentran suspendidos indefinidamente por falta de licencia social, los dueños siguen intentando lograr la aprobación del pueblo.

Sin embargo, estos casos ocurridos en Perú —y que también suceden en otras naciones de América Latina— traen a la palestra pública la necesidad de concientizar sobre los daños irreparables que le causan al medio ambiente las ansias vacías de sustentar modelos económicos insostenibles.

Además, pone en evidencia la desventaja con la que ha tenido que lidiar esta zona geográficamente rica en recursos naturales pero saqueada continuamente por potencias extranjeras ajenas a las necesidades de pueblos en vías de desarrollo.

La alternativa a estos problemas debe llegar ahora, antes de que sea demasiado tarde y no queden tierras de donde extraer «lo necesario». Quizás los más astutos eran aquellos, los que en 1492 eran tildados de «atrasados». Al menos tenían un hogar más seguro.

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