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Sobre ¡Papá, son los muchachos!,

24 dic 2020
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¡Papá, son los muchachos!, bajo la autoría de los comandantes del Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia (Nicolás Rodrígez Bautista y Antonio García) en coordinación con la editorial Ocean Sur, es un libro que funge como testimonio de las luchas de liberación nacional de ese país latinoamericano.

Somos conscientes que Colombia ha vivido décadas de violencia y guerra interna que ha dejado huellas imborrables en la memoria, no solo del país sino también, del propio continente; por tanto, es lícito asumir que la crónica de guerra suma un gran pocentaje de la literatura que se comercializa en y sobre esa nación.

En palabras de Churchill: “la historia la escriben los vencedores”. Por tanto, es lógico que quienes posean el mayor poder editorial y mediático hagan de la crónica de guerra un instrumento ideológico de promoción de opciones políticas y del modelo vigente de sociedad ya que dicha literatura no es neutral.

Sin embargo, las perspectivas de una solución política a la guerra interna han comenzado a hacer accesible las crónicas de guerra de los “pequeños”, de los estigmatizados por la institucionalidad. Tal es el caso del ELN, con una obra literaria que nos permite indagar en campos plagados de dogmas políticos y prejucios, así como entrar en contacto con otra realidad, muchas veces insospechada, pero evidente. La crónica que aparece en los relatos del libro es sumamente espontánea y muestra la cotidianidad de la vida campesina, con foco permanente en la cultura de la pobreza; donde se encarnan los valores de la solidaridad, la resistencia a la opresión y la búsqueda de la utopía social y política en la sencillez más desgarradora de las familias rurales en las que la pobreza, el hambre y las tragedias de la guerra se alternan con un ejército militarmente precario.

El libro está escrito en distintos momentos, recogidos en XIII capítulos, en un escenario de luchas, clandestinidades y batallas que se dan en condiciones tan dispares que solo pueden ganarse —inexplicablemente— por los más débiles en armas. Se recogen voces, personajes e historias que van dejando huellas inolvidables y también sentidas pérdidas. Lo más interesante del libro es que nos ofrece una escritura natural y sencilla que nos hace comprender las razones de la inevitable lucha para los condenados al olvido. Solo ellos podían abrirse camino para acabar con las injusticias que vivían, de la simplicidad de los pueblos donde todos se conocen, donde se llora y ríe de forma colectiva, surgirán los más grandes combates.

Esta es la historia contada por los que la hicieron a partir de una decisión de dignidad: el nacimiento de un grupo guerrillero, una columna, que será el corazón del Ejército de Liberación Nacional. No quiero hacer una síntesis política, porque eso está bien narrado en este libro, cuya mayor belleza es la sencillez de la palabra justa, medida o embellecida por lo que la propia naturaleza despierta en cada uno.[1]

La historia de Colombia ha sido ocultada a los pueblos de América por ser la historia de una eterna rebelión. Ya nadie recuerda que Bogotá era considerada la Atenas de América en los primeros años del siglo XX por los intelectuales del momento, entre ellos, Gabriela Mistral. Este es el país del que se habla en el libro, el relato casi diario de la vida con ojos de adolescente y contado por todos los que iban a la lucha. Lejos de las legendarias historias heróicas de hombres casi sobrenaturales, se presentan muchachos simples, humanos, con miedos, dudas y errores. Pocas veces podremos leer relatos como estos; escenas de luchas con lógicos tropiezos donde nos son ocultados los momentos de debilidad que son tan comunes.

La pureza, sencillez y transparencia con la que los relatores/combatientes/autores del libro narran los preparativos de las batallas y los contratiempos sucedidos en esta; no es nada parecido a otros fríos relatos históricos que muchas veces pueden llegar a aburrir. La lucha en sí misma, la arraigada desigualdad entre las fuerzas se refleja en cada párrafo, se vive en cada voz y se siente a cada paso.

Es un libro único en su esilo de transmitir los hechos con tanta lealtad, que hasta duelen. Voces recogidas con amor, porque solo así pueden darse las palabras con tanta sinceridad, tan humanísimas aun en los momentos más crudos. A través del relato en primera persona, la palabra está como tallada en un recuerdo fiel, una memoria que deslumbra con dolores, con alegrías, con críticas también. Hasta la profundidad del heroísmo se cuenta como algo que transcurre tan sencillamente como la vida en esos pueblitos perdidos, porque tienen que haber sido heroicos para sobrevivir a una guerra de terrorismo de Estado contra el pueblo, como ha sucedido durante tantos años bajo disfraces de gobiernos democráticos, mientras el paramilitarismo y el ejército sembraban miles de tumbas colectivas que convirtieron el territorio de Colombia en un enorme cementerio.[2]

¡Es la hora de la paz para el pueblo colombiano!



[1] Rodríguez, Nicolás y Antonio García, 2017: ¡Papá son los muchachos! Colombia, Editorial Ocean Sur. p. 10. 

[2] Ibídem, p. 17.

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