Contrapunteo

Reposicionamiento anticubano en el gobierno de Trump

24 mar 2020
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El 17 de marzo, el presidente estadounidense Donald Trump anunció su intención de nominar y designar a un grupo de funcionarios para ocupar altos cargos en su gobierno. Dentro de las personas mencionadas, figuran dos cubanoamericanos que forman parte del sector que defiende las posiciones más hostiles y confrontacionales contra Cuba en el Sur de la Florida. Ambos han ocupado distintas responsabilidades en la actual administración y se han empeñado en promover la agenda anticubana empleando la influencia de sus cargos.

Carlos Trujillo, actual embajador de Estados Unidos ante la OEA y John Barsa, administrador asistente de la USAID para América Latina y el Caribe, fueron seleccionados por el mandatario estadounidense para convertirse en Secretario Asistente de Estado para el Hemisferio Occidental y Administrador en funciones de la USAID, respectivamente. Esta decisión abre el camino para un fortalecimiento de las posiciones anticubanas en el proceso de conformación de la política contra Cuba y Venezuela. Las funciones que desempeñarán estos funcionarios le permitirán incrementar su capacidad de influencia en cada decisión vinculada a La Habana y Caracas, así como estarán en mejores condiciones para presionar a la burocracia gubernamental para que implementen medidas coercitivas unilaterales de mayor alcance.

El momento político de esta decisión está condicionado por el contexto electoral y la necesidad de avanzar en el cumplimiento de los objetivos trazados contra Cuba y Venezuela, lo que en la lógica del equipo de campaña de Trump le garantizaría la mayoría del voto de origen venezolano y cubano en la Florida. La estrategia desplegada contra ambos países ha fallado y aunque las medidas adoptadas dañan permanentemente a los pueblos de esas naciones, la realidad política ha evidenciado la incapacidad de Washington para lograr el pretendido «cambio de régimen».

Tanto Trujillo como Barsa tendrán como misión principal darle un vuelco a esta situación e impregnarle una nueva dinámica en la que puedan presentarse resultados concretos. Como parte fundamental de este proceso y como actor principal en los pasos a adoptar estará Marco Rubio, quien sin lugar a dudas ejerció su influencia para este nuevo reposicionamiento anticubano en el gobierno de Donald Trump. En este sentido, reviste especial interés conocer quiénes son estos funcionarios que desempeñarán estas responsabilidad de alto impacto para las proyecciones políticas contra Cuba y Venezuela.

Carlos Trujillo tiene 37 años y nació en Long Island, Nueva York. Sus padres nacieron en Cuba. Cuando tenía 5 años, su familia se mudó al Estado de la Florida donde realizó sus estudios y en el 2007 se graduó de derecho en la Universidad Estatal. Se desempeñó como asistente del Fiscal estatal en el Condado Miami Dade. A partir de noviembre del 2010, comienza su carrera política como republicano al ser elegido como uno de los miembros a la Cámara de Representantes de la Florida por el distrito 116.

Durante la campaña presidencial de Donald Trump en el 2016, Trujillo participó activamente en la Florida en actos políticos y actividades de recaudación de fondos a favor del magnate inmobiliario. En una de las ocasiones en que Trump viajó a Miami para un mitin, Trujillo fue el que lo presentó, lo que indica el nivel de visibilidad que fue alcanzando ante el futuro presidente de Estados Unidos y sus posibilidades para ocupar cargos políticos de alto perfil en el nuevo gobierno republicano.

La primera responsabilidad de Trujillo en la administración Trump fue como Asesor Especial de la Misión de Estados Unidos ante la ONU, lo que constituyó el primer paso para posteriormente posicionarse en uno de los puestos más influyentes en la política hemisférica de Washington: embajador ante la OEA. Trujillo comenzó a desempeñarse en esta actividad a partir de marzo del 2018 y se convirtió en uno de los principales promotores de las sanciones contra Venezuela en este mecanismo regional. Desde esta posición, también tuvo como una de las prioridades de su agenda, de conjunto con Luis Almagro, desplegar una intensa ofensiva contra Cuba y Nicaragua. No obstante, Trujillo siempre tuvo la ambición de convertirse en Secretario Asistente de Estado para el Hemisferio Occidental, lo que constituye una responsabilidad muy atractiva para la derecha cubanoamericana debido a las posibilidades que brinda ese cargo para satisfacer sus intereses.

En este sentido, uno de los más preocupados por posicionar a Trujillo fue Marco Rubio, quien el propio 17 de marzo divulgó una nota de prensa afirmando: «El embajador Trujillo representa esmeradamente los intereses de los Estados Unidos en la OEA y aboga por la defensa de los derechos humanos, la democracia y la estabilidad regional. He trabajado estrechamente con el embajador Trujillo durante varios años y no tengo duda que seguirá representando fielmente a los Estados Unidos como Subsecretario para Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado. Espero con interés la audiencia de nominación del embajador Trujillo para poder continuar el importante trabajo en representación del pueblo estadounidense». Estos pronunciamientos están muy claros y es evidente que esta nominación de Trump es un proceso intencionado y conducido por el senador Marco Rubio.

Por su parte, John Barsa tiene 52 años. Creció en Miami y estudió relaciones internacionales en la Universidad Internacional de la Florida. Se desempeñó como director legislativo en la oficina del ex congresista Lincoln Díaz Balart atendiendo los temas de defensa y seguridad nacional. Perteneció al Ejército de Estados Unidos y tuvo una amplia experiencia en el sector privado en empresas de alta tecnología. Después que Trump resultara presidente electo, Barsa formó parte del equipo de transición del Departamento de Seguridad Interna.

A partir de enero del 2017, se desempeñó como asistente especial del Secretario de Seguridad Interna y posteriormente fue Secretario asistente principal de la Oficina de Compromiso de ese propio Departamento. En junio del 2019, tomó posesión de su cargo como Administrador asistente de la USAID para América Latina y el Caribe involucrándose directamente en la implementación de la política subversiva contra Cuba, Venezuela y Nicaragua.

El posicionamiento de estos dos funcionarios anticubanos en el contexto de las elecciones presidenciales, la necesidad de acelerar y lograr resultados en la estrategia de Estados Unidos contra Cuba y Venezuela, así  la concertación de acciones entre los sectores de línea dura encabezados por Marco Rubio indican que se incrementarán los retos y desafíos para ambas naciones. No obstante, la capacidad de resistencia y la habilidad de los pueblos para conjurar estos embates seguirá siendo el principal obstáculo que enfrentarán estos grupos que pretenden imponer sus intereses desconociendo las tradiciones históricas de luchas y victorias.     

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