Contrapunteo

¿Quién «gana» en El Salvador?

31 ene. 2019
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El Salvador es la nación que lidera la arrancada de la carrera electoral presidencial de América Latina en este 2019. Cuatro candidatos se disputan el más alto puesto de gobierno en el quinto proceso comicial en tiempos de paz, tras 12 años de guerra. Además de los desafíos socioeconómicos, está en juego la supervivencia de la izquierda que ha estado en el poder en la última década. Todo apunta a un cambio político que destrone al Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, en consonancia con el reposicionamiento que a nivel regional han tenido las fuerzas de derecha. Sin embargo, de acuerdo con los sondeos, no sería la conservadora Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) la que volvería al poder —este partido de gran fuerza y alcance dominó El Salvador entre 1989 y 2009— sino que también se ha dado el auge de figuras alejadas de la política tradicional que se proponen como alternativa y cambio.

En este caso, dicho personaje lo encarna el candidato por la Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA) Nayib Bukele. Cumple con algunas de las características típicas de los políticos emergentes y aparentemente antisistema que comienzan a hacerse populares en el mundo: joven empresario de apenas 37 años de edad, carismático y dispuesto, con un pasado como militante del izquierdista FMLN —partido que lo llevó a desempeñarse en dos ocasiones como alcalde— y ahora, tras divorciarse con la exguerrilla, se construye un perfil de aspirante ideal para romper con el bipartidismo histórico y traer soluciones «mágicas» a las grandes problemáticas del pequeño país centroamericano. Como sus vecinos del área: acabar con la corrupción en las estructuras de gobierno, la inseguridad, la migración irregular, la gran deuda pública, y acortar las brechas bastante visibles en lo social son los compromisos incumplidos administración tras administración.

Pero Bukele tiene clarísimo desde hace unos años que quiere sentarse en la silla presidencial y le ha apostado todo. Desfiló por varias fuerzas partidistas hasta dar con GANA e inscribirse en boleta. Aunque en el pasado decía creer que no había vida política fuera del FMLN o ARENA, la realidad regional de cuasi desconocidos, apostándole a un discurso de ruptura de moldes le inspiró a escribir el propio con el que hoy es el favorito de todas las encuestadoras en cuanto estudio de intención de voto se plantea.

Sus primeras contradicciones comienzan cuando está compitiendo por un partido de derecha —de hecho, GANA es una escisión de ARENA— pero sigue vendiéndose como hombre de izquierda. Habla de acabar con el robo, condena la actuación de los expresidentes involucrados hoy día en delitos de apropiación indebida, cohecho, soborno y resulta que el fundador de GANA, Guillermo Gallegos, está implicado en un caso de enriquecimiento ilícito y que Antonio Saca, uno de los expresidentes que después se afilió a ese grupo, está tras las rejas por malversación de las arcas del Estado. Sus críticas a la gestión presente y a sus antecesoras son aplaudidas por sus votantes en potencia pero el crítico no propone cómo revertir el estado actual de las cosas, se limita a articular una oratoria con la cual pregona rectitud en el carácter y la conducta. 

Hay otra similitud en su campaña con la de otro personaje que ya hoy día es presidente. Tal y como hizo Jair Bolsonaro en Brasil, a Bukele le ha dado por las redes sociales y, por tanto, se ha negado a participar en debates televisivos con el resto de los contendientes y tampoco es amante de hablarle a los medios tradicionales. Si en el gigante sudamericano WhatsApp fue la aplicación líder para convertir en Jefe de Estado a un expolicía amante de la dictadura, en el llamado pulgarcito de Centroamérica, Twitter es la protagonista de una operación de seducción a favor del nuevo rostro salvadoreño que se hace cada vez más sonado y seguido en Internet. Sin embargo, ya hay al menos dos investigaciones que documentan sobre la manipulación, tal y como sucedió con la campaña que convirtió en presidente de Estados Unidos a Donald Trump. Al parecer, otra vez el papel de los «trolls», es decir, los mensajes amañados, así como las cuentas y usuarios falsos, serán la clave de la eventual victoria de Nayib Bukele.

Hasta este minuto, la imagen de sujeto diferente, el hombre del cambio, la novel promesa, el ser impecable y decidido a refundar un país mejor no ha funcionado en ninguno de los lugares donde se ha ensayado, ni dentro ni fuera de América Latina. Recuerden a Mauricio Macri en Argentina, al propio Bolsonaro, o a Enmanuel Macron, en la lejana Francia, por no ir más allá en ejemplos.

Pero definitivamente las fórmulas que estas personas han ensayado y acuñado, respaldadas por el descrédito creciente de la gente en lo ya conocido de un lado y de otro —tanto en el FMLN como en ARENA hay expresidentes investigados, perseguidos o enjuiciados por corrupción— por el hastío de su cotidianidad y las ansias de cambio real, terminan impactando en los números que al fin y al cabo le dan el margen para la victoria.

Si nos guiamos por los sondeos, no hay señales de balotaje en El Salvador, país latinoamericano de los que tiene estipulado el sistema electoral de origen francés que contempla una segunda vuelta si no se gana por mayoría absoluta, o sea, con el 50% más uno de los votos. No obstante, el Tribunal Supremo Electoral se ha mostrado convencido de que habrá otra ronda determinante el 10 de marzo tras las votaciones del próximo 3 de febrero; no solo lo cree sino que lo considera «necesario, conveniente y deseable».

De haber balotaje, los pronósticos proyectan un duelo de derecha entre GANA y la coalición liderada por ARENA. El oficialista FMLN ha quedado relegado a un lejano tercer puesto por los errores individuales y colectivos, sobredimensionados a través de campañas de deslegitimación que siempre son más feroces contra los proyectos progresistas con el fin de debilitar sus fuerzas.

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