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Política y mediación de conflictos: el arte del encuentro

20 sep 2017
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Existen muchas formas de contribuir desde el aporte personal y sobre todo colectivo a la construcción de una sociedad justa basada en la cultura de paz, sobre el tema nos comenta Marta Gonzalo Quiroga, quien es directora del Experto en Mediación de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) de Madrid.[1]

¿Qué es la mediación?

La mediación es un método de gestión de conflictos, alternativo al sistema tradicional de jueces y tribunales, que lleva a las partes implicadas a ser ellas mismas las que tomen el control para gestionar su conflicto, a través del mediador que les facilita la comunicación, de la manera más adecuada a sus verdaderos intereses sin que la solución sea impuesta por un tercero. En la mediación, las partes son las protagonistas por tanto el mediador no decide, únicamente facilita la comunicación para que estas lleguen a un acuerdo. Los procedimientos de mediación son voluntarios, flexibles y conformes a la autonomía de la voluntad de los implicados en todo en el procedimiento, incluso para levantarse y abandonarlo cuando quieran.

Este mecanismo de solución de conflictos tiene características que lo hacen muy atractivo: es confidencial, nadie sabe que tienes un problema, que estás resolviendo un conflicto ya sea (divorcio, separación, problemas en la casa, con tus vecinos, familiares, herencias, compañeros, etc.); es muy rápida y depende de la rapidez con que las propias partes consigan un acuerdo. En la práctica, suele ser mucho más rápida que un proceso judicial; es muy flexible, no tienes que estar sujeto a los plazos de convocatoria que el juez te dicte sino que las propias partes deciden cuándo son las sesiones de mediación.

Es un método que, a diferencia de la tensión que ocasiona ir a un juicio, no erosiona ni desgasta a las partes, si vas a un juicio sabes que te has ganado un enemigo de por vida; el que pierde odia de por vida al que gana con lo cual el conflicto no se resuelve sino se incrementa. La mediación te proporciona un método que es el ganar-ganar, las dos partes van a ganar algo y van a salir mejor, aunque inicialmente crean que es imposible, pero no cediendo, sino intercambiando sus verdaderos intereses. De ahí que los acuerdos en mediación se cumplen más que las sentencias judiciales porque son las propias partes las que están conformes y salen contentas de ese acuerdo. Y, además, en el mejor de los casos se consigue el cierre emocional que es el más difícil de cerrar en un conflicto. Cierre que escasamente se logra por la vía judicial.

Las características son muchas pero básicamente para mí eso sería la definición de mediación. Me gusta completarlo diciendo que la mediación es un arte. Es el arte del encuentro. El mediador tiene que saber dónde encontrar esa magia para que las propias partes que un día eran amigas, familia, marido y mujer, encuentren sin gritarse, sin insultarse, sin llegar al odio, la resolución a un conflicto de la manera más pacífica posible y más conveniente realmente para ellas. Por lo tanto para mí la mediación es la negociación hecha arte. El arte del diálogo, de la comunicación. La mediación es el arte del encuentro.   

Desde su perspectiva europea, ¿qué opinión le merece el desarrollo de la mediación en Cuba?

La mediación se ha abierto camino en Cuba con una fuerza particularmente destacada dentro de los países de América Latina. Si bien, todavía queda mucho por hacer, los cimientos empleados para una buena implantación de la mediación en Cuba son los adecuados. Con la entrada en vigor del Decreto Ley 250 del 30 de Julio de 2007 de la Corte Cubana de Arbitraje Comercial Internacional (CCACI) se abrieron las puertas a la Mediación en la Isla y, gracias al esfuerzo, en especial, de muchos mediadores/as cubanos/as, se está haciendo un gran trabajo. Ocho años después, en el 2015, fue dictada por la Cámara de Comercio la Resolución 21 Reglamento de Mediación de la CCACI, que actualizó la normativa anterior, logrando con ello un mejor desenvolvimiento del proceso de mediación y asegurando, en Cuba, de manera efectiva el cumplimiento de los Acuerdos de Mediación alcanzado por las partes.

Estas primeras bases han sido necesarias y fundamentales para la implantación y el desarrollo de la mediación en Cuba pero no son suficientes. Queda bastante camino por recorrer. En los escasos diez años de vida que tiene la mediación en Cuba de forma reconocida, regulada e institucional, habéis dado los pasos necesarios para adoptar la mediación como método alternativo al poder judicial de gestión de conflictos y estáis en el camino adecuado para su desarrollo y contribución a la sociedad pero aún queda por hacer para poder hablar de una mediación generalizada, eficiente y eficaz y, sobre todo, que sea conocida y, por lo tanto, utilizada por la sociedad cubana en su conjunto.

Se observa todavía un desconocimiento de la sociedad sobre la mediación. ¿Qué es? ¿Para qué sirve? ¿En qué me puede beneficiar? ¿Cómo y dónde la puedo utilizar? Hoy por hoy, la mayoría de los cubanos/as cuando tienen un conflicto de cualquier tipo, ya sea de índole comercial, personal o familiar: separaciones, crisis matrimoniales, problemas en la casa, entre vecinos, compañeros, en la familia, divorcios, etc., todavía no contemplan, por lo general, acudir a mediación o a otros métodos alternativos de gestión de conflictos alejados de los clásicos asociados a los jueces y tribunales de justicia. En ello, Cuba se parece a otros países de América Latina y europeos, como es el caso de España, en el que una de las dificultades mayores a las que nos enfrentamos en materias de mediación es a la de difundir, informar y dar a conocer la mediación y sus ventajas a todos los ciudadanos.

Venimos de sociedades resistentes al cambio y esto se refleja también en el mundo de la justicia. Aunque sea para mejor, por desconocimiento o por resistencia a la variación, parece que nos anclamos en el modo tradicional de resolver todos nuestros conflictos a través de terceros, los jueces o tribunales judiciales, en lugar de empoderarnos e intentar resolverlos nosotros mismos a través de la mediación y otros métodos alternativos de gestión de conflictos. Pero, ¿quién va a saber mejor lo que nos conviene y es mejor para nuestros intereses, un tercero o cada uno de nosotros?

De ahí que quede mucho por hacer, no sólo en Cuba, sino en toda la región Caribe, América Latina y en el ámbito internacional, en general, para una adecuada implantación, desarrollo y difusión de la mediación y otros métodos alternativos de gestión de conflictos que sea eficiente y eficaz. Lo bueno es que estamos en el camino. Como decía Eduardo Galeano: La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar. Sólo que la mediación no es una utopía, es una realidad, es una forma alternativa de justicia, de gestión de conflictos que funciona, es útil y práctica.

¿Qué cree sobre el avance alcanzado por la mediación hoy en América Latina y el Caribe?

Tras haber trabajado en mediación en varios países de América Latina y el Caribe considero que es más adecuado hablar en ellos de mediación en particular, y no en general. Cada país tiene su propia idiosincrasia y en mediación su desarrollo ha sido bastante desigual. Si bien, podríamos afirmar que el impulso de la mediación comenzó con bastante fortaleza en toda América Latina y el Caribe, su desarrollo, en lugar de mantenerse, ha ido cediendo a lo largo de los años. Lo que para algunos países ha supuesto un desarrollo y fortalecimiento en mediación (Argentina, México); para otros ha significado un estancamiento (Perú); o fracaso (Bolivia). Además, ni siquiera existe una denominación común de la mediación en estos países. Algunos la denominan “Conciliación”, (Ecuador, Costa Rica y Bolivia) mientras para otros, la mayoría, es exclusivamente “Mediación” (Cuba, Panamá, Colombia, México, Chile, Argentina…). Encontrar, pues, una generalidad en ellos que permita hablar de la mediación en bloque y su desarrollo en América Latina y el Caribe no sería, en mi opinión, el mejor punto de partida.

También hay que partir de que en América Latina y el Caribe, la mediación/conciliación tuvo una excelente acogida, junto al resto de métodos alternativos de gestión de conflictos, pero ésta, nos pese admitirlo o no, inicialmente se debió, en gran medida, a que muchos países Iberoamericanos plantearon a los métodos alternativos como mecanismos «descongestionadores» de los asuntos que llegaban a los tribunales, dada la fuerte crisis judicial existente en la mayoría de estos países, principalmente durante las dos últimas décadas. Se tomaron así a los métodos alternativos (negociación, mediación/conciliación, arbitraje, etc.) como descongestionadores del poder judicial, en lugar de como lo que realmente son: «mecanismos de gestión de conflictos», totalmente autónomos e independientes, que no sólo, en numerosas ocasiones, resuelven los conflictos de forma más duradera y eficaz que el poder judicial tradicional, sino que además contribuyen a desarrollar la justicia del país y a sentar las bases y evolucionar hacia una cultura de paz. Si bien la tutela judicial efectiva debe recaer siempre en los Jueces y Tribunales por mandato constitucional, el Derecho a la Justicia requiere igual defensa y garantía jurídica, tanto si se accede a ella por vía judicial como extrajudicial, y los dos son formas de justicia con total independencia y autonomía una de la otra.

En definitiva, no hay una uniformidad que nos permita responder de forma general. Los niveles de desarrollo y de experiencias en mediación/conciliación de los países latinoamericanos son distintos. Se está haciendo un trabajo serio en dos frentes indispensables: su difusión, que las sociedades latinoamericanas y caribeñas la conozcan e interioricen cómo en muchos casos y para muchos tipos de conflictos es mejor acudir a ella; y la
capacitación. La formación de mediadores/as de calidad es esencial para que gracias a su profesionalidad la sociedad confíe en ellos. Ahora queda seguir alimentando estas bases para que su desarrollo sea el deseable y redunde en mayores y mejores beneficios para una cultura de paz en el Caribe y América Latina.

¿Qué relación ve entre la mediación y los conflictos políticos que se viven hoy en América Latina?

La relación entre la mediación y los conflictos políticos que se viven, no sólo en América Latina sino en todo el mundo, es una relación necesaria y fundamental. Imprescindible si queremos construir una auténtica cultura de Paz. En época de la Guerra fría, Naciones Unidas empezó a hablar por primera vez de mediación en lo que fue una resolución que después se llamó Resolución hacía una Cultura de Paz. En ella vienen a decir que, después de estar muchos años estudiando cómo deberían relacionarse los Estados para evitar situaciones de riesgo de conflicto bélico, llegaron a una solución muy simple: y es que para modificar la forma que tienen los Estados de relacionarse deberíamos cambiar la forma que sus propios ciudadanos tienen al hacerlo.

Para mi esa es la clave de la mediación y el porqué de su relación necesaria con la política. Cambiar la manera de relacionarse los ciudadanos, gestionando las causas reales de sus problemas y deponiendo las actitudes violentas, para cambiar la manera democrática y política en la que aborda los conflictos una sociedad, fue el ejemplo de Sudáfrica y todos conocemos lo bien que acabó, aunque indudablemente costó. Nelson Mandela partió de ser un negociador de una de las partes en el apartheid a ser el mediador que logró ayudar a las partes a llegar el acuerdo que mejor venía a todos, en un país entero, y acabar con el apartheid y al mismo tiempo consiguió lo más difícil a lo que se puede llegar en cualquier conflicto, al cierre emocional, para que a partir del acuerdo el país no quedara emocionalmente tan dividido y exhausto y se pudiera desarrollar. Ojalá ocurra algo similar en la paz alcanzada por Colombia, conseguida también a través de una mediación internacional que se llevó a cabo precisamente aquí en Cuba.

Y es que el impacto psicológico del conflicto es extraordinario. Muchas veces, en lugar de centrarnos en la parte esencial, en cerrar el conflicto, nos centramos más en el dolor, en el daño psicológico. No sabemos debatir, llegar a acuerdos, no sabemos encontrar los elementos de consenso y acudimos a lo más rápido, primitivo y fácil: apelar al orgullo, la fuerza y las actitudes de poder y aquellas más violentas. Al final, el diálogo o la mediación que facilita precisamente la comunicación, es imprescindible políticamente por ser una herramienta que articula las razones de la paz. Así, la gestión de conflictos debería ser parte de la educación básica de todas las sociedades, no sólo en América Latina y el Caribe, y así podríamos garantizar que algún día y de alguna manera aprendiéramos a solucionar de forma inteligente y creativa los conflictos entre nosotros y con los otros.

Suelo aquí apelar al filósofo Rousseau que ya explicaba en el contrato social que el hombre hace un contrato para vivir mejor en sociedad. En nuestra sociedad son los políticos los que hacen ese contrato, los ciudadanos tendríamos que exigir que nuestros líderes políticos fueran los primeros capaces de negociar y resolver pacíficamente los conflictos. Trabajar en otra manera de hacer política, de hacer que la sociedad esté mejor, que no se centre en la confrontación, en el conflicto permanente, es lo que podríamos hacer para alcanzar una mejor sociedad y, con ello, una auténtica cultura de paz. De hecho, ya hay proyectos para ello en muchos países (Canadá, Francia, Italia, Argentina), donde a los políticos se les incentiva becándoles para formarse en mediación para que el día de mañana esto sea una realidad. Los políticos y la política en general tienen en ello una enorme responsabilidad. Estoy convencida que si los políticos pudieran tener acceso o formarse en este tipo de métodos, llegarían a acuerdos que serían mucho más beneficiosos para sus sociedades en particular y para las relaciones con otros países en general. 

Indudablemente la mediación lleva aparejado un cambio socio cultural y político pero este es tan ventajoso y productivo que es necesario y esencial en toda sociedad que quiera avanzar en una cultura de progreso y de paz.



[1] Mediadora, árbitro internacional, Profesora Titular de Derecho Internacional Privado URJC, especialista en Métodos Alternativos de Gestión de Conflictos ADR/MAGC. Formadora, ponente e investigadora internacional en mediación y gestión de conflictos en España y diversos países europeos e Iberoamericanos.

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