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Ni vencedores ni vencidos

12 jul 2019
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En dos semanas tendrá lugar la edición 25 del Foro de Sao Paulo. En torno a esta reunión se dará un enfrentamiento que, si bien es recurrente desde la creación misma de este mecanismo, hoy día es más descarnado que nunca por la actual correlación de fuerzas políticas y por la sede que acoge a la cita: la vilipendiada Venezuela de Nicolás Maduro. La pugna en cuestión parte de los detractores de este grupo que pretenden convencer a los dubitativos de que el Foro agoniza si es que no es ya cadáver; mientras, sus integrantes buscan demostrar que aún son el núcleo duro de la izquierda hemisférica y que reposicionarse es cuestión de plantearse nuevas estrategias.

Lo cierto es que, en la práctica, bien podrían cruzarse estas ideas porque esos que pregonan el fin del progresismo en realidad tienen un temor atroz de la capacidad subyacente de los movimientos y partidos que se agrupan desde 1990 en el llamado Foro de Sao Paulo, y piensan que con satanizarlo mediáticamente o simplemente silenciarlo, les ponen freno a sus ansias de alcanzar o retomar el poder político. Al tiempo que los foristas saben que la crisis de la izquierda no es una invención de los enemigos del socialismo; el o los modelos siguen acumulando reveses a partir de la guerra externa contra esa ideología pero también a partir de errores propios.

Hay un elemento que aventaja a la derecha y es su determinación a cerrar filas por el bien supremo de conservar la hegemonía. Es así que los gobiernos que defienden el capitalismo a ultranza se asemejan todos entre sí y sus modos de gestión parecen dictados y, en consecuencia, copiados al dedillo. No así la izquierda, por décadas fragmentada e incluso enemistada entre sí, con una variedad de creencias que ha puesto en peligro su supervivencia a lo largo de la historia. Que si lucha armada o democracia, hasta hoy uno de sus principales dilemas. Que si radicalismo o moderación a la hora de asumir posturas globales. Que si hermetismo o apertura en el enfoque económico. A ello sumar, una de sus más repetidas faltas: creer que sacando al pobre de pobre se asegura la fidelidad de esos que son mayoría. Nada más lejano. Una vez convertidos en clase media y a veces ni tanto, esa masa no vuelve a mirar atrás y las exigencias al que le tendió la mano se multiplican. De ahí que los sistemas socialistas deban aprender la lección. No se trata de recriminar esa supuesta falta de agradecimiento, el asunto es que hay que gobernar para todos y en constante estrategia evolutiva. Porque la memoria política es escasa o nula en los ciudadanos una vez que se convierten en votantes y porque sencillamente, no basta con salir de pobre; es absolutamente humano renovar intereses.

Sin embargo, no puede hablarse de vencedores y vencidos sino de retrocesos y conquistas puntuales. Mientras en algunos sitios se desplaza a la opción progresista en otros históricamente de derecha, la izquierda multiplica su poderío y queda a las puertas de hacer gobierno.

Apenas son estos algunos de los temas en agenda del FSP, pero casi siempre se han visto postergados por coyunturas más urgentes. La izquierda en América Latina ha vivido un jaque constante y ni siquiera en su época de gloria, una década atrás, pudo dedicar tiempo a debatir cómodamente su permanencia en el poder, siempre ha habido una amenaza inminente que sofocar.

Ahora no es distinto. La cita de Caracas tiene el propósito inaplazable de discutir la estabilidad del proyecto bolivariano. Venezuela no es el único gobierno atacado pero sí el que está en el ojo del huracán. Tan sofisticado y bien urdido ha sido el plan contra la administración de Maduro que ha llegado a provocar sentimientos encontrados incluso dentro los movimientos y partidos del Foro. Buscar consenso es entonces el primer objetivo del encuentro que tendrá lugar a fines de julio. Para ello habrá que definir dónde y cuándo acaban las mentiras que sobre la realidad venezolana se construyen a diario y dónde y cuándo comienzan las verdades truncadas del chavismo. Tendrá que repetirse la estrategia con Nicaragua otro de los que compone el eje del mal para Estados Unidos y contra quien la táctica de asfixia ha sido similar a la venezolana. Cuba vendría a completar la troika definida por el Asesor de Seguridad Nacional de Donald Trump, John Bolton, pero sucede que los niveles de aprobación dentro del Foro hacia la isla caribeña han sido invariablemente elevados, al ser Fidel Castro uno de sus fundadores y quien más empeño puso en el convencimiento de la legitimidad de la Revolución Cubana, así como en la vitalidad del mecanismo.

El hecho de que Fidel ya no esté físicamente y que el otro fundador, Luis Ignacio Lula Da Silva, haya sido encarcelado, es otro de los elementos disonantes, sabiamente aprovechado por los enemigos de la izquierda. El FSP tiene que reinventarse sin traicionar sus orígenes, sus símbolos y su causa. Es una fuerza considerable a nivel regional que debería sacar provecho de su diversidad en lugar de que la heterogeneidad de su composición represente un impedimento para sus propósitos. Esla vieja retórica de la unidad que no acaba de prender.

Más allá de la polarización ideológica, hay que tener en cuenta el contexto actual en el que ha emergido la creencia de que lo y los antisistema son el remedio a todos los males, otro mito a derribar no sin analizar el por qué han tenido cabida figuras oportunistas sobre la base del escepticismo popular.

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