Contrapunteo

Más trumpista que Trump

9 abr 2019
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Ya desde el 14 de noviembre del 2018, el entonces presidente electo Jair Bolsonaro había anunciado que Ernesto Araújo sería el próximo Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil. El mandatario electo destacó en rueda de prensa que la designación de este funcionario se debía a cuatro razones fundamentales: amplia experiencia como diplomático en el servicio exterior brasileño durante 29 años; ser un «intelectual brillante»; su perfil político y sus propuestas. Bolsonaro destacó que el objetivo de la cancillería durante su gobierno estaría dirigido a incrementar los negocios y retomar la iniciativa para que Brasilia «vuelva a brillar» en el escenario internacional.

En este anuncio del futuro canciller brasileño, se omitieron los tres argumentos sustantivos que realmente determinaron la designación de Araújo. En primer lugar, el diplomático mantuvo un apoyo incondicional y sistemático a Bolsonaro durante la campaña presidencial y era considerado uno de los más fuertes críticos al Partido de los Trabajadores. En segundo lugar, su concepción del mundo coincidía plenamente con las ideas de extrema derecha promovidas por el mandatario electo y simpatizaba con las propuestas del nacionalismo a ultranza preconizado por Steve Bannon. En tercer lugar, y quizás la razón de mayor peso, era un ferviente seguidor de Donald Trump, al que consideraba una especie de «Mesías o Salvador de la civilización occidental», lo que explicó con vehemencia en un ensayo publicado en el 2017 titulado: «Trump y el Occidente».

Atendiendo a la importancia e impacto de la cancillería brasileña en el papel de Brasil en la comunidad internacional y, en especial, en América Latina y el Caribe se impone responder quién es Ernesto Araújo, cuáles son sus principales concepciones y qué papel le asigna a Trump en el sistema internacional.

Araújo nació en 1967 en Porto Alegre y se graduó de lingüística en la Universidad de Brasilia. A partir de su ingreso en la cancillería, desarrolló una carrera diplomática durante 29 años y nunca fue designado como embajador. Cumplió misión en Bélgica, Alemania, Canadá y en la sede de Brasil en Washington. En el momento de su nombramiento, se desempeñaba como director del Departamento para los Estados Unidos, Canadá y Asuntos Interamericanos. Araújo fue más bien un funcionario gris, de bajo perfil y sin resultados relevantes, lo que pone en duda la primera razón que esgrimió Bolsonaro para esta nueva responsabilidad.

En la formación ideológica de Araújo tuvo una influencia significativa el escritor y filósofo brasileño Olavo de Carvalho, quien vive en Estados Unidos desde 2005 y es considerado uno de los ideólogos fundamentales del actual gobierno brasileño. Es un teórico de la conspiración con un discurso profundamente extremista y anticomunista sin sustento intelectual, por lo que ha sido rechazado y marginado históricamente por la intelectualidad brasileña. Desde la victoria en las urnas de Bolsonaro, sus ideas —que han sido promocionadas fundamentalmente con el empleo de las plataformas digitales— están teniendo mayor espacio y receptividad en los sectores de derecha. En una de sus tantas excentricidades, llegó a plantear que existía un complot comunista para destruir los valores de la familia y la civilización judeocristiana. Araújo que se considera su discípulo, comparte esta filosofía y se convirtió en su promotor a través de su blog en las redes sociales.   

Esta influencia también ha llegado al propio Bolsonaro, quien después de conocer que había triunfado en los comicios presidenciales, realizó una alocución vía internet en el que apareció acompañado de cuatro libros considerados por él como de cabecera: la Biblia, la Constitución brasileña, las memorias de la Segunda Guerra Mundial de Winston Churchill y un texto titulado: «Lo mínimo que usted precisa saber para no ser un idiota». El autor de la obra era precisamente Carvalho.

Araújo a mediados del 2017, publicó un ensayo de 36 páginas con el título: «Trump y el Occidente». El texto constituye una muestra clara no solo de su simpatía por el mandatario estadounidense sino que se declara un ferviente trumpista. El artículo divulgado en el Cuaderno de Política Exterior, revista semestral del Instituto de Relaciones Internacionales de la cancillería brasileña, es una apología desmesurada al mandatario estadounidense que ni siquiera se les ha ocurrido a los más acérrimos partidarios de Trump en Estados Unidos:

El presidente Donald Trump propone una visión del Occidente que no está basada en el capitalismo ni en la democracia liberal sino que quiere recuperar un pasado simbólico, es decir, la historia y la cultura de las naciones occidentales.[1]

En esta visión apocalíptica y nacionalista, típica de las tendencias neofascistas que están emergiendo en la actualidad, Araújo se muestra preocupado por lo que considera el debilitamiento del «espíritu occidental» e identifica como el principal peligro para la humanidad la desaparición de esa «identidad». Su lenguaje cargado de misticismo, filosofía y teoría fatalista que persigue supuestos enemigos, y que suena absurdo, irracional e insostenible, en la actualidad es replicado por personas que ostentan responsabilidades políticas de envergadura, lo que constituye un factor de riesgo al tener la capacidad de introducir estas concepciones en la agenda política gubernamental. 

En el ensayo, se hace referencia al discurso de Trump en Varsovia el 6 de julio del 2017 en el que destacó como tema central su enfoque sobre la sociedad occidental, las amenazas y la manera de lidiar con los desafíos. Araújo explica que ningún otro líder en la actualidad tiene «el coraje y la habilidad» de realizar un pronunciamiento de esa naturaleza y señala que tal vez la elección de Trump «ha sido el hecho más extraordinario en la historia de Estados Unidos».[2] Como evidencia de su trumpismo sin límites, en el último párrafo del texto plantea:

Solo un Dios podría aún salvar a Occidente, un Dios operando a través de la nación, inclusive y quizás especialmente, de la nación americana. Heidegger nunca creyó en Estados Unidos como un modelo para el Occidente, él consideraba a los Estados Unidos tan materialista como a la Unión Soviética (…) Heidegger podría haber cambiado su criterio después de escuchar el discurso de Trump en Varsovia y hubiera proclamado: Solo Trump puede cambiar a Occidente.[3]

Araújo con estas reflexiones sobre el papel del mandatario estadounidense en la historia y, en particular, su pretendido mesianismo al compararlo con Dios superó los límites de lo imaginable al atribuirle cualidades más allá de cualquier lógica que podrían parecer risibles. Por lo tanto, el futuro canciller daba muestras de una ridícula representación al proyectarse como más trumpista que Trump a quien le atribuye «poderes divinos».

El 5 de diciembre de 2018, una semana después del pintoresco encuentro entre Jair Bolsonaro y John Bolton, se divulgaron declaraciones de Araújo en las que afirmaba: «el cielo es el límite para las relaciones bilaterales entre Brasil y Estados Unidos».[4] Con posterioridad a la asunción de Araújo al frente de la cancillería, siguió dando muestras de su alineamiento con las posiciones de extrema derecha y su fuerte subordinación a los intereses de Estados Unidos, lo que se reflejó en su discurso de investidura el 2 de febrero y durante la actividad de recibimiento al Secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo.

En su primera intervención pública como canciller, resaltó que como mismo Bolsonaro está liberando a Brasil, él se plantearía la «liberación de las ideologías perversas» dentro del Ministerio de Asuntos Exteriores brasileño. Al realizar esta mención se refería a que comenzaría una suerte de cacería contra los diplomáticos que no estuvieran alineados con las concepciones, objetivos y prioridades de la agenda del gobierno de Bolsonaro.

En la alocución, se pronunció contra el multilateralismo y enfatizó que su misión no estaría enfocada en trabajar por el orden global sino que trabajaría por Brasil, lo que constituye una expresión del nacionalismo radical que defiende. Manifestó abiertamente su admiración, en primera instancia, por Estados Unidos e Israel, así como proyectó sus simpatías por los gobiernos de Italia, Hungría y Polonia que están siendo dirigidos por representantes de la derecha populista. También realizó críticas al gobierno legítimo de Nicolás Maduro, lo que constituía un compromiso público con Washington y denotaba el rol de instrumento que tendría Brasilia en la ofensiva contra Venezuela.  

El 2 de enero, Araújo durante la conferencia de prensa conjunta con Mike Pompeo, dio muestras claras del nivel de subordinación a Washington cuando en sus palabras de bienvenida dijo: es un placer recibir a «nuestro Secretario de Estado».[5] Posiblemente en toda la historia de la diplomacia brasileña, no se habían escuchado de manera abierta y desenfadada pronunciamientos tan serviles que lamentablemente encierran la verdadera esencia de la política exterior del gobierno de Bolsonaro, quien tendrá en Araújo a su principal defensor.   


[1] Ernesto Araújo: Trump e o Ocidente, p. 323.

[2] Ibídem, p. 323.

[3] Ibídem, p. 356.

[4] Patricia Campos: Sky is the limit for Brazil/US relations, says Brazil´s future Minister of Foreign Affairs.

[5] US Department of State: Remarks by Secretary Pompeo and Brazilian Foreign Minister Araujo at press availability.

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