Proposiciones

Más allá de las fronteras… los valores (obra finalista)

14 dic 2018
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Es junio de 2018. El invierno se anuncia con la caída de las hojas sobre las calles de Pretoria. Los azares de la vida me han hecho llegar a esta puntica del planeta, donde mencionar a Cuba, a Fidel, es símbolo de agradecimiento y hermandad. A 12 180 kilómetros de la Isla, en la tierra de Nelson Mandela, la Revolución Cubana ha calado en muchos corazones. Cientos de sus hijos han cursado estudios en la Isla y miles han sido atendidos por médicos colaboradores cubanos. Aquí también he conocido a esta familia surgida gracias al amor, la Revolución y las relaciones históricas entre ambas naciones. Permítanme entonces contarles su historia, o mejor, que ellos mismos nos la cuenten.         

Hendrick Mashale Debeila, de 53 años, es graduado de Psicología, en 1996, en la Universidad de Oriente, Santiago de Cuba. Hoy se desempeña como Jefe de Servicios de Psicología en la provincia de Mpumalanga, y ha logrado tener en los 36 hospitales del territorio provincial un departamento de esta especialidad. Pero la verdad esta historia no comienza aquí y ahora, sino muchos años atrás…

I

Hábleme de dónde nació y cómo fueron sus años de infancia y juventud… 

Nací en Limpopo, una provincia de Sudáfrica que debe su nombre al río homónimo. Mi mamá tenía 4 hijos, yo soy el más pequeño. Estudié y terminé 12mo grado. En esos años fui dirigente estudiantil. El área donde nací tenía muchos colegios de educación. Casi todos los muchachos terminaban 12 grado y se iban a ser maestros. Era más fácil. Ibas a la escuela a pie, comías en casa. Pero yo no quería ser maestro y me vine a Gauteng.

Mi hermano vivía cerca del aeropuerto. Encontré trabajo temporal en una fábrica. En ese tiempo, la gente de NUMSA[1] estaba en huelga. Un amigo y yo también nos incorporamos. Cuando regresamos a la fábrica nos dijeron: “No, ustedes participaron en la huelga”, y nos botaron.

Como no tenía trabajo, me fui con unos primos que vivían en Witbank, en las Minas. En esa zona no había muchas personas con 12 grado. Un amigo me llevó a un laboratorio de la mina donde se analizaba el carbón mineral y fui contratado. Era un trabajo permanente. Yo tenía una familia que ayudar. Trabajé como un año y medio allí.

En aquellos tiempos, 1988, los trabajadores mineros eran los más marginados del país. Las condiciones humanas del lugar eran pésimas, el salario no era justo, y yo, obviamente, me incorporé a la lucha. Podía leer y escribir, los ayudaba a estar informados. La mina tenía más de 3000 trabajadores. Entonces me eligen como Jefe del Comité de Educación del sindicato. El objetivo fundamental era educar a los trabajadores sobre sus derechos, y su representación legal. Más tarde fui miembro del Comité de Educación en Mpumalanga. El secretario General de NUMSA entonces era Cyril Ramaphosa, actual Presidente de Sudáfrica, y el Presidente del Comité de Educación Nacional de NUMSA era el expresidente Kgalema Motlanthe.

Luego se comprendió que la situación de los mineros nunca mejoraría si el panorama político del país no cambiaba. Se adoptó la Resolución de apoyar al ANC[2], que estaba en el exilio y se decidió preparar a los jóvenes trabajadores para el futuro libre de Sudáfrica: formación de cuadros, como dicen ustedes, los cubanos. El país con el cual existían más relaciones en este sentido era Cuba. Entonces se hizo una selección nacional de 18 jóvenes, entre ellos yo. La idea era que estudiáramos en Cuba carreras afines a la industria minera. 

¿Cuál fue su primera impresión a la llegada a la Isla?

Era verano. Nada más saliendo del avión, el olor del mar, el calor… me acuerdo que estuvimos un tiempo largo en el aeropuerto hasta que llamaron al representante del ANC, en aquel tiempo no había Embajada en Cuba. Entonces llegaron los compañeros de Educación y nos llevaron en una guagüita Girón al Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí. Luego fuimos a dar un curso preparatorio en Matanzas.

¿Cómo recuerda aquellos días iniciales entre los cubanos?

Te podrás imaginar la casi frustración, porque el lenguaje, las costumbres, la comida, todo era diferente, estuve casi dos semanas sin comer en el comedor… por lo menos el pan era el mismo… el pan es… pan. Echaba mucho de menos a mi mamá, mi casa. Llegué a escribirle una carta a Ramaphosa: por favor mande a comprar mi pasaje que me voy a regresar. Hasta que dije: no, hay que empezar la vida aquí y ahora.

Luego conocí a un muchacho de Yemen, Ali, que estaba en segundo año de Psicología en la Universidad de Las Villas. Yo veía que tenía algo diferente de los demás, más inteligente. Entonces decidí que quería estudiar Psicología. Consulté al Comité en Sudáfrica y se me autorizó. Así llegué a la Universidad de Oriente, casi un mes después de empezadas las clases.

Y comenzaron los estudios en Santiago, la heroica Santiago…  

Así mismo, con más calor, pero como dicen, Santiago es la ciudad hospitalaria, y uno sentía eso llegando. Y la universidad está más en la ciudad, era otra cosa, motivaba a uno, veías las cosas diferentes… Y en el aula, el grupo, todos te ayudaban para mantener el mismo nivel, uno tenía muchos amigos. Me acuerdo de una guantanamera, Adela Cervantes, ella desempeñó un papel muy importante, sobre todo con el idioma, nuestro español no era tan bueno, y necesitabas ese compañero que te ayudara, te explicara las cosas de manera que pudieras entender. Luego me encontré a Kenia, y ella también me ayudó mucho. Hasta el final.

Los profesores también, no sé cómo explicar eso, siento que todavía les debo. Había hasta clases extra para nosotros, éramos solo 3 extranjeros, y sucedía con casi todas las asignaturas, me faltan palabras para narrar lo que hicieron. La profesora María Pilar, Ángela Caballero, Rosendo, Madelaine…

Hoy día todavía son partes de la familia de uno. Cuando voy a Cuba lo primero que hago es buscarlos, visitarlos, recordar las cosas buenas y los sofoques que te daban: «Dale, tú no te puedes quedar en el camino»… Eso te ayudaba. Yo no podía regresar a África sin mi carrera. Fue una gran lucha y ellos fueron un enorme apoyo.

Y estando en la universidad participaban en actividades de la Federación Estudiantil Universitaria…

Sí, éramos parte de la FEU, y fuimos a muchas actividades: trabajos voluntarios, Marcha de las Antorchas, recogida de naranjas en Contramaestre, donaciones de sangre… Siempre hubo consideración con nosotros, pero participábamos en todo. Incluso uno hasta fue del Secretariado Nacional de la organización. De todo lo que se hacía en la universidad, éramos parte. La vida de nosotros siempre fue con los cubanos.  

¿Cuándo pudieron venir de nuevo a Sudáfrica?

Estuvimos casi cinco años en Cuba sin poder viajar a casa, casi sin comunicarnos. Era como un exilio. Incluso cuando escribíamos alguna carta, teníamos que mandarla a una oficina, donde le cambiaban el sello, para que pareciera que se escribía desde Inglaterra, para proteger a la familia aquí en Sudáfrica.

Vinimos en 1995, por tres semanas. Me sentía muy extraño. Como mismo me pasó cuando llegué a Cuba, pero al revés. Miraba a la gente y veía como que no eran tan amables. Cuando uno trataba de hablar con ellos por la nostalgia de oír el lenguaje de Sudáfrica, sentías como ese rechazo a conversar, esas tres semanas fueron… Ya yo quería volver a Cuba otra vez, al ambiente, la gente.

Cuando regresamos era ya casi el último año. Yo sentía como miedo de regresar aquí por siempre, porque parte de mi vida, la juventud, la pareja, la había hecho allá, en Cuba. Me acuerdo que en 1996, cuando nos graduamos, hasta llegué a pensar en vender mi pasaje y quedarme al menos en Jamaica, para estar más cerca.

Todavía recuerdo cuando iba a montar el avión, tengo esa foto, casi todo el mundo montado, y yo mirando… Cómo sería allá, cómo vas a encontrar trabajo, cómo volver a buscar a tu mujer, pero tuve que montar ese avión que nos llevaría hasta Venezuela, de ahí fuimos hasta Inglaterra, hasta que llegamos aquí.

Cuando llegan, ¿cómo continúa la vida de Hendrick?

Empecé a trabajar en Recursos Humanos en las minas, por dos años. Me gradué en el 96 y pude registrarme como adiestrado en el 99, después de una lucha grande. Psicología es una carrera de elite aquí en Sudáfrica. Imagínate que solo estamos registrados como sicólogos clínicos un poco mas de 5000, para una población de más de 60 millones. Y varios no están en el país, trabajan en otras naciones. Cuando logré registrarme, fui a hacer mi adiestramiento en un hospital en Polokwane, la capital de Limpopo. Allí había médicos cubanos miembros de la brigada de colaboración; eran bien respetados, y se aprendía mucho de ellos.

La medicina revolucionaria cubana como maestra…

Sí, y mucho. Especialmente el doctor Monzón, el doctor Ángel Fernández... Angel era un cirujano de primera clase, tanto en lo profesional como en lo humano. Recuerdo una anécdota al respecto. Primero debes saber que los pacientes críticos de ese hospital, debían ser transportados a Gauteng. A muchos se les decía “ese no va a llegar, mejor que se muera aquí”. Pero cuando arribaron los médicos cubanos, la cosa cambió. Ellos lograban milagros.

Una vez llegó un paciente bien crítico, y Fernández lo atendió y lo preparó para ser transportado de una manera tal que cuando el paciente se recuperó, y quiso agradecerle a los doctores, estos le dijeron que ellos no habían hecho nada, que quien lo había salvado era el médico cubano. Entonces esta persona llegó al hospital con un chivo, pues era alguien pobre. Quería conocer al médico que lo había salvado y regalarle el chivo en agradecimiento. ¡Imagínate, un chivo en un hospital! Los custodios no lo dejaban pasar, y cuando él narró su historia, los custodios llamaron al doctor Fernández y le explicaron, porque el paciente no hablaba inglés pero le pedía llorando que no lo rechazara. Entonces Fernandez le dijo: «Pero yo no hice nada, ese es mi trabajo; para mí lo más importante es que estás vivo. Aprecio tu gesto y acepto el chivo, pero como no puedo entrarlo al hospital se lo vamos a dejar a los custodios, que también lo necesitan mucho». Y el paciente y el médico se abrazaron agradecidos ambos.

Todas estas son historias que no se decían, sobre todo porque cuando llegaron los galenos de la Isla, en el 96, hubo mucha resistencia, particularmente de los blancos. Luego, con el tiempo, se fue demostrando la capacidad y valía de ellos.

Ha regresado varias veces a Cuba, aparte de visitar a la familia de su esposa, seguro hay muchas motivaciones…

Llevo 22 años de graduado y he ido en este tiempo más de cinco veces a la Isla: en 2004, 2009, 2010, 2013 y 2017. La primera vez que retorné, busqué los lugares que recorrí cuando era muchacho: Villa Clara, la universidad, los Camilitos, y luego fui a Santiago, a las calles que caminé con venti y pico de años. Mis mejores vacaciones son ir a Cuba. Porque me conecta conmigo mismo, con mi alma, y me siento que estoy renaciendo. Soy una persona nueva, que va a empezar a luchar de nuevo.

Los cubanos siempre han sido parte mía. Me siento mejor cuando estoy en el grupo de ustedes. O de los cubanos-sudafricanos; o sea, los que hemos estudiado en Cuba, también tenemos parte de nuestra vida allá.

Obviamente, uno guarda la imagen de la fiesta, la comida, la familia cubana. Y se echa de menos esa costumbre de salir y sentarse a conversar con cualquiera, aunque no lo conozcas. El nivel cultural del cubano, con el que puedes intercambiar de cualquier cosa. Aquí no puedes ir a un bar y sentarte y conversar. En Cuba ibas a cualquier lugar y estaban hablando de pelota, y hablábamos todos... Yo soy del equipo Santiago, era muy buen equipo, casi completo de la selección nacional, liderado por Pacheco… Eso no lo puedes hacer aquí.

¿Siente que hay alguna diferencia o contradicción entre el pueblo cubano y la Revolución?

Obviamente no puedo decir cómo era Cuba antes de la Revolución, y puede ser que el cubano siempre haya tenido las características que conocí, pero creo que la Revolución ha jugado un papel muy importante. El mismo sistema social, el socialismo, más humano, las relaciones entre las personas… Pienso que la Revolución Cubana ha tocado aspectos importantes dela vida social. Por ejemplo, el racismo. El país donde yo me sentí humano, persona, no como un blanco o un negro, era en Cuba. Imagínate, salí de aquí, donde había un racismo puro, y en la Isla las relaciones humanas son muy distintas, de acuerdo con el proyecto fundamental de la Revolución. Además de eso, la educación gratuita, la salud gratuita, todos esos proyectos del socialismo fueron fundamentales, cambiaron al cubano. Y hoy es un sistema social que funciona adecuadamente.

Aunque todavía hay quien critica al proceso revolucionario cubano, incluso aquí...

Yo tengo varios amigos cubanos aquí. Muchos son médicos colaboradores. Y una vez discutí con alguno de ellos sobre Cuba. Sabes que hay quien critica, pero lo hace como ciego. Cuando uno critica tiene que reconocer las realidades, ser objetivo. Tú puedes criticar, pero primero admite que gracias a la Revolución y su proyecto social eres médico y que estás trabajando en este país por un proyecto solidario de la Revolución que la misma Sudáfrica no ha logrado hacer con su propia gente: llevar médicos a zonas alejadas. Mientras se hable bien, reconociendo lo que ha hecho la Revolución, es justo reconocer las dificultades. Sin embargo, con todas esas dificultades la Revolución se preocupa por su pueblo y es capaz de hacer. Eso es lo importante para mí, y lo defiendo dondequiera.

¿Qué le gustaría que sus niños aprendan y aprehendan de Cuba?

Los valores, los valores que tiene hoy el pueblo gracias a la Revolución. Les hablo mucho a mis niños sobre Cuba. Fíjate que a veces los amigos cubanos me dicen: «Hendrick es más cubano que Kenia». «Sí, siempre lo dicen», lo interrumpe su esposa, «Él tiene hasta una bandera cubana guardada y todo»…

Quiero que mis hijos crezcan con eso, con todos los valores de la Revolución. Les cuento mucho de la Historia de Cuba, y en español, porque ellos hablan español. Les he leído mucho sobre la Isla y sus luchas, sobre todo la ertapa de la Revolución, porque es como una historia viva, y todavía la gente como Raúl Castro están ahí.

Sudáfrica ahora está como en una crisis de identidad, de construir una nacionalidad. No tenemos una nacionalidad totalmente formada. Y el cubano tiene un sentimiento de nacionalidad grande. Tú vez a un boxeador cubano en una competencia, cuando pasea su bandera y ves que lo vive, lo siente, el respeto hacia su bandera, hacia su himno nacional. Mucha gente de aquí canta el himno solo como una canción más. Puede que algún cubano se vaya del país, pero permanece el sentimiento, la cubanía, de la cual la Revolución formó una parte importante. Quiero que mis hijos aprendan y conserven eso.

II

Kenia Lu Cobas, hoy Kenia Debeila, ingeniera mecánica, es una cubana que vive con su familia aquí en Pretoria. Conserva y comparte con sus hijos la raíz cultural de su patria y cree que en ser más humano radica la esencia de lo revolucionario… 

¿Cómo era su vida antes de conocer a Hendrick?  

Yo vivía en Santiago de Cuba. Mi mamá era una simple trabajadora de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Divorciada desde mis 12 años, nos siguió criando sola. Ella nació en el 49 y no pudo estudiar, por lo que nos encaminó a esforzarnos y estudiar. Terminé el preuniversitario en el instituto vocacional y luego me hice ingeniera mecánica. 

Entonces encontró a Hendrick en la universidad…

Sí, más o menos, no en la misma universidad, pero en aquellos tiempos y entornos universitarios. Yo vivía en Santiago, pero estudiaba en Moa, Holguín, y él tenía algunos amigos por allá. Intercambiamos miradas, conversamos, y me siguió hasta que me encontró… Ya sabes cómo son los hombres… Aunque yo siempre lo vi «de verdad»… Eran otros tiempos… Y él era extranjero, lo cual, en aquella etapa, podía traer complicaciones a causa de los prejuicios. Encima de eso, mi mamá pertenecía a las FAR, y era delicado para ella y su trabajo, pero yo sentía que Hendrick iba en serio, era un hombre seguro de sí mismo. En aquel tiempo no conocíamos mucho en la Isla del Congreso Nacional Africano, ni de sus proyectos y programas; pero bueno, era un joven universitario, estudioso… y así empezamos.

Fíjate que eso fue en 1991, nos casamos en 1996, y hoy todavía estamos juntos. Pero no fue fácil…. Yo vine en el 1998. Cuesta trabajo adaptarte, y tenías que esperar cinco años para poder obtener los documentos y poder empezar a trabajar y viajar a Cuba nuevamente. Pude resistir, mas fueron cinco 5 años bien difíciles. Sabes que en Cuba tú te gradúas y trabajas, es totalmente garantizado. Pero aquí es diferente: tienes que esperar y luchar por encontrar trabajo. Luego llegaron los niños, primero Karelia, la alegría de la casa y después Tito, nuestro pequeñito. 

¿Y a ellos cómo los han educado? Porque los he oído y hablan perfecto español, Karelia se conoce muchas de las canciones cubanas actuales y baila muy bien…

Sí, la niña empezó a hablar español desde los dos años. Yo hablo mucho con ella en nuestro idioma y así aprendió a hablar las dos lenguas perfectamente. Tito también sabe. Aquí en la casa se habla español. Incluso ya ella es la que me traduce y rectifica a mí. Y oímos mucha música cubana.

Yo tengo un La Edad de Oro y la hemos leído, y sabe quién es José Martí. Y no sé cómo es que ella ama tanto a Cuba. Se muere por ir a Cuba. Y en el poco tiempo que ha ido, lo disfruta enormemente: recorrer Santiago, salir a pasear con la familia... Parece que es cierto que la sangre llama y que la sangre está. Karelia sabe definir lo que le gusta, y le gusta Cuba; le gusta tanto que parece cubana. Ella me está ayudando a tener vivo eso.  

¿Qué quiere que conserven de la Antilla Mayor?

El idioma, la identidad de saber que son 50 por ciento cubanos. Los valores del nuestros compatriotas. La forma de tratar a los demás; y, por supuesto, la cultura.

¿Y qué conserva usted con más fuerza? 

La música, el congrí, la alegría, la familia. Yo no soy cafetera, pero brindo café, porque eso es parte de nosotros. El hombre sudafricano es distinto, no te saluda con un beso o un abrazo, es frío. Nosotros no somos así, nos preocupamos e interactuamos con los demás.  

Tras haber vivido dentro y fuera del proceso revolucionario, ¿cómo ve que este ha influido en el pueblo cubano?

En el permanente aprendizaje. Hemos aprendido tanto. Hemos tomado tanta conciencia. La Revolución nos ha enseñado a cuidar lo que es de todos, lo que es social. No es tuyo, pero es de todos y hay que cuidarlo, porque vendrán otros a utilizarlo. Eso mismo les enseño a mis niños. Es algo muy lindo que nos ha inculcado la Revolución. El Socialismo, el ser más social, más humano, más amable. Son lecciones de nuestro proceso revolucionario. También de mi profesión, que fue, igualmente, gracias a la Revolución. O sea: cuidar y compartir lo que tenemos; eso no se irá de mí nunca, y se los transmito a mis hijos todos los días. 

 

Y escuchando a Kenia, uno piensa que en cualquier rinconcito de este mundo, como en este extremo africano, hay una historia de vida perteneciente a la Revolución cubana, un sentir que va más allá de conceptos o teorías sociopolíticas. Un accionar, un ejemplo, una historia que traspasa mares y fronteras, desafía el tiempo y sorprende a generaciones, con el firme propósito de sembrar valores, de formar seres humanos más humanos.  



[1] Unión Nacional de Trabajadores Metalúrgicos de Sudáfrica. Es el segundo sindicato más grande de Sudáfrica, sobrepasando los 300 000 miembros. Formado en 1987, es hoy de los sindicatos más influyentes en todos los foros de negociación nacional.

[2] Congreso Nacional Africano, por sus siglas en inglés.

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