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Llegaron las presidenciales

26 ene 2018
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¿Quién será el próximo presidente de Venezuela? Una interrogante que responderán los votantes venezolanos en el primer cuatrimestre de este año, tras el anuncio de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) de adelantar los comicios presidenciales para una fecha aun por determinar —corresponde al Consejo Nacional Electoral (CNE) definir el cronograma electoral— anterior al venidero 30 de abril.

2018 es un año electoral tal y como estipula la Carta Magna —los mandatos presidenciales son de 6 años y el último período, tras las elecciones de 2012 en las que resultó presidente el fallecido Hugo Chávez, correspondía a 2013-2019— y Venezuela, a diferencia de algunos países de la región, no tiene un día prefijado; las últimas consultas se han realizado a fines de año y en esta ocasión también se había manejado como opción el segundo semestre.

La noticia del adelanto coincidió con la imposición de nuevas sanciones de la Unión Europea a altos funcionarios del gobierno chavista. Se conoció luego por voz del Ministro de Comunicación e Información, Jorge Rodríguez, que fue la respuesta democrática de los poderes bolivarianos a las medidas de presión provenientes del llamado viejo continente, tras la visita a España del Subsecretario norteamericano de Estado para Asuntos Políticos, Thomas Shannon. Si la ANC fue la solución a la escalada de violencia opositora para devolver la paz a la nación, el anticipo de las presidenciales hace frente a la coerción de la oposición externa, en referencia a las posturas injerencistas de Estados Unidos y Europa.

La mayor contradicción radica en la reacción adversa de la derecha venezolana ante la decisión de la Asamblea Constituyente. Las principales figuras de la oposición han mostrado su rechazo al adelanto de las presidenciales, justamente cuando la condición primera y la exigencia permanente a Nicolás Maduro ha sido celebrar elecciones generales «libres y transparentes», definidas en otras palabras como «la única salida». De hecho, durante todo 2017 pidieron de la manera más violenta posible alterar el calendario y realizar los ansiados comicios, y se negaron a cualquier otra votación que no fuera para elegir un nuevo Jefe de Estado. Diría el Vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Diosdado Cabello: «Se necesita urgentemente un manual para entender a la dirigencia opositora y a sus jefes imperiales, pasaron años pidiendo elecciones presidenciales adelantadas y ahora la verdad se les paró de frente, elecciones antes del 30 de abril, ¡a correr piojos que llegó un peine!»

Sucede que el proceso le llega a la oposición en un momento de profunda fractura e incertidumbre a lo interno de sus filas. La crisis se originó tras el reconocimiento de algunos partidos como Acción Democrática al suprapoder constituyente en Venezuela. Los cuatro gobernadores electos en las regionales de octubre de 2017 de esta fuerza política que dirige el veterano Herry Ramos Allup juramentaron sus cargos ante la presidenta la de la ANC, Delcy Rodríguez. Ello hizo que otros líderes de la coalición Mesa de la Unidad Democrática (MUD) dieran por dividida esta alianza y comenzara a actuar en solitario, como fue  el caso del dos veces excandidato presidencial Henrique Capriles Radonsky. «La Unidad hay que reorganizarla y refundarla. No estoy dispuesto a continuar y no tiene que ver con mi partido. Mientras esté Ramos Allup en la Unidad yo no voy a ser parte de esa Mesa. No voy a ser parte de esa oposición», afirmaba Carpiles al salirse de la MUD.

No son para nada nuevas estas fisuras dentro de la oposición venezolana. Ha sido precisamente su falta de cohesión a la hora de hacerle frente al chavismo la que los ha debilitado en buena medida, pues anteponen intereses personales a los de partido, en una carrera desenfrenada, individualista y errática por posicionarse en el Palacio de Miraflores.

A esta altura del partido, no tienen identificado un único presidenciable, requieren de organizar a toda velocidad un proceso de primarias para el que ya se han autoproclamado precandidatos personajes como el adeco Ramos Allup y Hery Falcón, presidente de Avanza Progresista, quien considera que no deben realizarse primarias, ya que no están dadas las condiciones de tiempo y recursos, sino optar por colegiar una candidatura única de la MUD, pero ello demandaría algo bastante difícil de conquistar para este grupo: consenso.

La dicotomía para esta fuerza reaccionaria radica en que participar en los comicios convocados por la ANC y organizados por el CNE sería reconocer de facto organismos que llaman «ilegítimos» pero retirarse de la contienda, como hicieron el pasado año cuando la Asamblea Constituyente, significaría dejarle el camino libre al chavismo con su propuesta: Nicolás Maduro. Aun y cuando Maduro no ha formalizado su inscripción y ha puesto su candidatura «a la orden del pueblo», ha dejado claros su conformidad y deseo de reelegirse para un segundo período, en el que ya no será solamente el designado por Chávez, sino que medirá en las urnas la gestión de su primer lustro frente a los destinos del país.

Hasta los mayores detractores del actual mandatario reconocen que la coyuntura es favorable a Maduro. Carga consigo tres victorias consecutivas en menos de 5 meses: constituyente, regionales y municipales. La cifra de más de 8 millones de votantes en julio pasado respaldando al chavismo superó todo pronóstico y evidenció la correlación de fuerzas en una eventual disputa con la oposición. Ha logrado sacar del juego a varios contendientes por la vía jurídica: Capriles, Leopoldo López, Freddy Guevara y Antonio Ledezma, cuyas aspiraciones de poder los han llevado a cometer actos delictivos probados por todas las instancias de la justicia. Ha devuelto la estabilidad a las calles e ido sorteando la situación económica que en este minuto es la problemática fundamental del ejecutivo.

Que Washington, Bruselas, el grupo de Lima y los países acompañantes al diálogo político en Santo Domingo entre gobierno y oposición venezolanos repudiaran esta nueva decisión de Caracas, era previsible. Surgirán más críticas, vendrán más sanciones y lloverán los chantajes en todos los escenarios con vistas a sabotear el proceso electoral. Pero ya lo ha dicho enfático Maduro: «habrá elecciones con ustedes —la oposición— o sin ustedes (..) porque Venezuela le dice al mundo, ante más sanciones, más elecciones (...) más democracia, más pueblo. En Venezuela no decide Donald Trump, en Venezuela decide el pueblo».

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