Contrapunteo

Lecturas digitales

18 abr 2019
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Dos adjetivos que rápidamente caracterizarían al recién estrenado milenio son convulso y complejo. Esto se podría materializar y ejemplificar con múltiples fenómenos, muchos de los cuales están relacionados con el empleo de las tecnologías de la información y las comunicaciones, y su vertiginoso desarrollo. Sin dudas uno de los elementos más interesantes relacionados con este consumo tecnológico es el nacimiento de una cultura otra en la que se desenvuelven los individuos que posee sus propios códigos, normas y mecanismos; la cibercultura.

El término por sí solo ha generado fuertes polémicas y análisis en el ámbito académico a escala global, debido a que muchos se niegan a aceptar su existencia y validez. Los investigadores más conservadores sostienen que la llamada Cibercultura no constituye una real manifestación de idearios, prácticas e identidades de los sujetos, sino que por el contrario es el espacio virtual para la reproducción de maneras de pensar y vivir ya existentes.

Sin embargo, el argumento anterior pierde validez a diario ante el empuje incalculable y la gran influencia que esas nuevas tecnologías ejercen en la vida cotidiana de millones y millones de personas, mediante sus formas de aprehender, sentir y expresar sus realidades.

¿Qué ocurre entonces con la literatura? 

A mediados de la década del ochenta surge un movimiento literario que influenciaría radicalmente no solo las artes sino también las comunicaciones y las nuevas tecnologías. El cyberpunk o ciberpunk, integraría la alta tecnología y la cultura popular subterránea o underground, en un compendio narrativo que aún hoy en día mantiene una condición revolucionaria, por la verosimilitud con que trataba temas relacionados con las tecnologías. Hasta su surgimiento la ciencia ficción se había preocupado por lo marginal, lo bizarro (en el sentido de lo extravagante) y lo increíble, prácticamente sin vínculos con las culturas populares.

El cyberpunk, toma elementos de las contraculturas punk y glam de fines de los setenta, las cuales luchaban contra la estética y la sociedad de la época. También en este género hay influencias de la novela negra y el pulp fiction (o literatura barata) de los cincuenta. En sus obras es muy común encontrar implantes, clones, manipulación genética, drogas sintéticas, etc.

Este es sólo un ejemplo de cómo la literatura se ha ido modificando con el desarrollo tecnológico. Básicamente se habla de dos vertientes, la literatura no digital que es difundida por la web y la literatura propiamente digital. Las nuevas tecnologías no solamente ayudan a nuevas formas de creación literaria, sino que también contribuyen a la comunicación de la literatura existente al margen de dichas tecnologías.

En las últimas décadas la tecnología ha hecho posible que las obras literarias lleguen a miles de receptores, superando los límites espaciales y temporales y eliminando barreras en la difusión y el acceso a las obras literarias. Incluso, muchas joyas de la literatura universal son leídas gracias a que se encuentran en bibliotecas o en repertorios virtuales. Hoy en día las librerías electrónicas permiten obtener en plazos de tiempo relativamente breves, obras literarias difíciles de encontrar en soporte impreso.

Si analizamos bien, la literatura en la web es sólo otra forma de entender el arte de escribir. ¿Acaso los hipertextos no son la versión moderna de las tradicionales notas a pie de página? La diferencia está en que navegar mediante hipertextos ofrece una búsqueda mucho más amplia que la que puedes encontrar en un libro. También vale destacar que en la actualidad muchos de nosotros accedemos a literatura bajada de internet  sin tener que pagar un centavo. Esto hace posible que sean leídos muchos libros de difícil adquisición ya sea por su valor monetario o por su escasa impresión.

Pero es tan rápido este desarrollo que el mundo literario se ha modificado de un modo inimaginable hace algunos años. Cómo no sorprendernos de que ya en el año 2007, entre las novelas mejor vendidas en Japón, figuraron cinco escritas desde teléfonos celulares. Las escritoras son tan expertas con sus dedos que no sólo envían mensajes, sino que escriben novelas completas. Y este nuevo género mediado por las tecnologías tiene sus propias características que lo distinguen de otros géneros: las frases son cortas, las descripciones escasas, los personajes no evolucionan a la manera tradicional y existe proliferación de los diálogos.

Resulta así que tanto las comunidades virtuales como el ciberlenguaje, el arte digital, las nuevas prácticas de interacción y participación y los estilos que se han insertado en la literatura hecha en y para la web, son muestra fehaciente de una nueva cultura que desde el ciberespacio, materializado fundamentalmente en Internet y otras redes, prácticamente nos obliga a sumarnos. De cualquier manera la cibercultura no suplanta a las culturas tradicionales. Mi recomendación es que no cometamos el error de echar a un lado los libros impresos; ese olor a imprenta, esa sensación de hojear un libro, siguen siendo inigualables.

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