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Las gallinas que perseguían a los zorros

17 jul 2020
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La crisis económica de 1929, los rumores de golpe de estado y las constantes confabulaciones contra el gobierno de Juan Esteban Montero, llevaron a la efímera República Socialista chilena de 1932,  la cual constituyó un hito dentro de la historia de esta nación.

El 4 de junio de 1932, tuvo lugar en Chile un golpe de estado contra el gobierno del presidente Juan Esteban Montero.¹ Este hecho dio lugar a la efímera República Socialista de Chile, la cual para muchos, constituyó un hito dentro de la historia social y política de esta nación.

Para comprender cualquier hecho histórico es necesario ir a sus raíces, buscar su origen y con todos los elementos en las manos, analizarlo, logrando así, no condenarnos a cometer los mismos errores del pasado. 

La crisis económica iniciada en el 1929, conocida como la Gran Depresión, tuvo una gran repercusión en la vida social y política de muchos países. Chile fue en ese aspecto uno de los más afectados, sobre todo gracias al gran endeudamiento generado por la expansión del gasto público, bajo el gobierno del Gral. Carlos Ibáñez del Campo.² 

A raíz de este suceso el 4 de octubre de 1931, Juan Esteban Montero es electo presidente de la República, con la esperanza de que bajo su mandato el país pudiera salir de la crisis en la que se encontraba. Sin embargo, Montero resultó ineficaz y generó una gran oposición en diferentes frentes.

En el ámbito político podemos ver que uno de sus desaciertos fue, según plantea el historiador Luis Cruz Salas, en un artículo titulado La República Socialista Chilena de 1932, el siguiente:

En 1930, cuando debía renovarse el Parlamento, el gobierno de Ibáñez “sugiere” a los partidos ponerse de acuerdo en la presentación de una lista única de candidatos en igual número al de los puestos a ocupar, con lo que, de acuerdo a la ley electoral dictada el año anterior, no era necesario celebrar elecciones. Aceptado esto, nace el Congreso Termal —llamado así por haberse logrado el acuerdo en las Termas de Chillán—, puntal legislativo del ibañismo con el que intenta enfrentar la crisis. Derrocada la dictadura, toda la oposición anti-ibañista exige la disolución del Congreso Termal restando así legitimidad a este aparato de Estado, base de una República Parlamentaria. Esta reivindicación, al no ser acogida por el Gobierno de Montero, agudiza las contradicciones del bloque en el poder. (Salas, s?f: 1).

Por otra parte las disputas entre las diferentes facciones arremeten contra la solidificación del gobierno de Montero:

(…) El alessandrismo controla la policía política, lo que le permite complotar impunemente, a la vez que vigilar a ibañistas y a socialistas. El ibañismo, en cambio, controla el Cuerpo de Carabineros, creado bajo la Administración del General Ibáñez (Salas, s?f: 1,2).

Ahora, cuando nos remitimos a los efectos de la crisis del 29 en las “clases dominadas”, como acuñaría Salas a la clase trabajadora y a la pequeña y mediana burguesía, vemos que la pérdida de empleos con el cierre de las fábricas, lleva a la dispersión de los trabajadores e influye además la creación de la Unión Soviética y del Partido Comunista. El proletariado no es capaz de buscar una solución a su situación actual y además no encuentra respuesta en el actuar de los soviets.

En este escenario en que ningún sector social ni político está en condiciones de imponer su hegemonía sobre el resto del país, se advierten por doquier todo tipo de conspiraciones, especialmente de aquellas elites tributarias de los principales caudillos rivales de la época: Arturo Alessandri Palma³ y Carlos Ibáñez del Campo, quienes buscan desesperadamente las alianzas sociales y políticas que les permitan reinstalar su liderazgo. La salida, finalmente, se produce en otro núcleo conformado por intelectuales pequeñoburgueses que, articulados con un sector de las Fuerzas Armadas, logran el apoyo de amplios sectores populares, incluyendo ex ibañistas, para el único proyecto que emerge como alternativo al capitalismo: la República Socialista. (Salas,  s?f: 5)

A raíz de todas las causas expuestas con anterioridad, algunas tan complejas que llevarían un análisis mucho más profundo y de un agravamiento de las condiciones de vida del pueblo chileno, se efectúa el golpe de Estado.

Manuel Aránguiz Latorre, secretario de Juan Esteban Montero durante su etapa como presidente, narra los acontecimientos del 4 de junio de 1932 desde su posición como mano derecha del alto mandatario.

“Son las seis de la mañana. Benjamín Montero Fehrman entra a mi cuarto y lacónicamente me dice: Ha estallado un complot en contra del Gobierno y ningún cuerpo de Ejército está con mi padre. Vístete y anda inmediatamente a la Secretaria”. (Latorre, 1933:9).

Por su parte, al buscar en los archivos digitales de la Biblioteca Nacional de Chile, encontramos otra versión menos emotiva pero que al mismo tiempo rememora de manera directa y eficaz los acontecimientos de aquella jornada.  

“El 4 de junio de 1932 un movimiento cívico militar donde convergían jóvenes socialistas liderados por el abogado masón Eugenio Matte Hurtado?, militares adeptos al coronel Marmaduke Grove? y partidarios del ex presidente Carlos Ibáñez del Campo, aglutinados en torno de la figura de Carlos Dávila,? se atrincheraron en la base de la Fuerza Área de El Bosque y exigieron con éxito la renuncia del presidente Juan Esteban Montero”.

“Al caer la noche, una Junta de Gobierno formada por el general Arturo Puga?, Eugenio Matte Hurtado y Carlos Dávila ingresó a La Moneda y proclamó la "República Socialista de Chile". Por su parte el coronel Marmaduke Grove asumió el estratégico cargo de Ministro de Defensa”.

Por su parte,  Salas en su artículo, muestra el papel del pueblo en el alzamiento.

(…) el 4 de Junio el pueblo de Santiago se lanza a las calles céntricas a exigir la salida de Montero. Los sindicatos realizan asambleas extraordinarias, en tanto que todos los partidos llaman a sus miembros a movilizarse frente a la nueva situación creada. A mediodía del sábado 4 de Junio, la policía reprime a los trabajadores concentrados en la Alameda, resultando dos muertos y varios heridos. (Salas,  s?f: 6)

En el periódico de la época El Nuevo, Sucesos, con fecha del 7 de junio de 1932, encontramos una nota oficial de prensa que narra los acontecimientos del día 4.  

En su decreto de constitución, la nueva Junta dice: “Los suscritos nos constituimos en una Junta de Gobierno que tendrá a su cargo la dirección de los negocios públicos. Esta Junta, en el ejercicio de su misión, mantendrá el poder judicial y respetará la Constitución y las Leyes de la República en cuanto sean compatibles con el nuevo orden de cosas”. Así, el 4 de Junio de 1932, queda instaurado en Chile un régimen revolucionario antiimperialista y antioligárquico que gobernará fundamentalmente a través de decretos leyes (Salas,  s?f: 6).

El 5 de junio de 1932 se reunió  el Consejo de Estado, integrado por los miembros de la Junta de Gobierno y del Gabinete, más algunos de sus ayudantes de confianza y los Subsecretarios de las carteras para adoptar las nuevas medidas que debían encausar la economía y mejorar la sociedad chilena. Además se creó un manifiesto con  el Programa de los 30 Puntos, los cuales tomarían vigencia inmediatamente.

Otras de las medidas fueron suspender los lanzamientos de los arrendatarios deudores que vivan en habitaciones por las que se cobre un arriendo inferior a doscientos pesos y cuya orden judicial se encuentra ya lista para ser cumplida por las Intendencias. Se acuerda estudiar un plan de emergencia para solucionar el agudo problema habitacional que aqueja al país.

En el número 1565, de la revista El Nuevo, Sucesos, correspondiente al 10 de junio de 1932 se publicó un artículo sobre la devolución de prendas en la caja de crédito popular.

El apoyo popular a las medidas de la República Socialista crece vertiginosamente. Las asambleas y concentraciones públicas se suceden a lo largo y ancho del país, en las grandes ciudades y en los principales centros de trabajo, incrementando la actividad política de los trabajadores y amplios sectores populares que hasta entonces acusaban el negativo impacto generado por la represión ibañista. Dentro de la situación general de reflujo en que se halla el movimiento obrero en todo el mundo, el movimiento obrero chileno levantará, por unos días, su frente en alto desplegando una actividad vertiginosa que le permitió acrecentar su conciencia y unidad como nunca antes se había visto en la historia de Chile. (Salas,  s?f: 9)

Sin embargo, y a pesar de que las decisiones adoptadas por el nuevo gobierno tenían un marcado propósito social, no todos apoyaron el nuevo régimen. En cuanto a los sectores populares, hayamos una parte en favor y otra en contra. Por ejemplo, a favor de los golpistas estuvieron los sectores democráticos, socialistas y federaciones de empleados. En contra: sectores comunistas y federaciones obreras, estas consideraban el golpe como militarista, estudiantes de la Universidad Católica, los gremios profesionales y empresariales.

Además de esto la burguesía empezó a tomar en cuenta la amenaza que suponía para sus intereses este nuevo gobierno tomando como arma principal la desinformación y la creación de rumores desestabilizadores.

Sin embargo, el mayor enemigo de la efímera República Socialista de Chile, se encontraba en sus propias filas. Los sectores ibañistas liderados por Carlos Dávila rechazaron la radicalización del movimiento socialista que impulsaban Grove y Matte, procediendo a expulsarlos del gobierno y exiliarlos a Isla de Pascua el 16 de junio de 1932.

En este punto es necesario una aclaración. Para algunos autores el golpe de estado terminó solo 12 días después, con el exilio de Grove y Matte, ejemplo de esto es el historiador Luis Cruz Salas, y otros plantean sin embargo que concluyó con la renuncia de Carlos Dávila, 100 días después.

Con el apoyo del Ejército, Carlos Dávila, se autoproclamó Presidente Provisional de la “República Socialista de Chile”, declaró el estado de sitio, introdujo la censura a la prensa y con fuertes medidas económicas estatistas buscó revertir la crisis económica y social imperante. Sin embargo, ante la falta de apoyo civil y militar se produjo su caída el 13 de septiembre de 1932. De inmediato asumió el mando del país el general Bartolomé Blanche quien llamó a elecciones presidenciales y parlamentarias. Era el fin de la utópica “República Socialista de Chile”.

 

Bibliografía

1)    Luis Cruz Salas. La República Socialista Chilena de 1932.

2)    La República Socialista en Chile (1932) Artículo tomado de la página digital de la Biblioteca Nacional de Chile. Disponible en: www.memoriachilena.cl/602/w3?3538.html  

3)    Manuel Aránguiz Latorre. El 4 de junio.

4)    Revista El Nuevo, Sucesos, 7 de junio de 1932, número 1564.

5)    Revista El Nuevo, Sucesos, 10 de junio de 1932, número 1565.

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