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Las campesinas y mujeres rurales se piensan el mundo*

2 mar 2020
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Dentro de la lucha del reconocimiento del campesinado como sujeto político de derechos, se encuentra la lucha de las campesinas que, por su condición de género, han sido explotadas e invisibilizadas en Colombia y el mundo. A pesar de ser sostén de la comunidad y familias en la mayoría de los casos registrados por los sondeos de población rural, no se tiene en cuenta esta realidad para la reorientación de políticas públicas estatales que mejoren sus condiciones de vida. Así que, por la ausencia de estas normativas, el movimiento campesino mundial si pone en marcha procesos donde la campesina es su protagonista y coautora.

Según La Vía Campesina, el 70% de la producción alimenticia mundial es aportada por las mujeres, quienes solo son propietarias y tenedoras del 1% de la tierra donde trabajan y viven. Para el caso colombiano, las cifras arrojadas por el último Censo Nacional Agropecuario del 2016 apoyan lo expuesto por nuestra organización campesina mundial ya que la pobreza en los hogares rurales apuntó a más del 40%. En el 78% de las Unidades de Producción Agropecuaria (UPA) son las mujeres las que producen, pero tienen menos de 5 hectáreas. Esta pequeña radiografía de las campesinas es una muestra de la realidad que sufren las mujeres rurales en el mundo.

Debido a lo anterior, las campesinas han planteado el Feminismo Campesino y Popular para sumarse a la lucha histórica de las mujeres por una sociedad antipatriarcal, anticolonial y anticapitalista. En los siguientes puntos se expondrán los principales componentes de esta propuesta política:

·         Parte de la necesidad de liberación de todas las mujeres como sujeto colectivo.

·      Esta necesidad responde al enemigo de clase, el capitalismo en su fase imperialista y neoliberal que impone una sociedad capitalista, racista y patriarcal. Es decir, la pelea es por transformar las relaciones de poder y explotación que impactan a las mujeres empobrecidas, quienes sufren el peso múltiple de la subordinación, la discriminación de género, la explotación de clase, el racismo y sexismo.

·      Por ende, la sociedad socialista se propone como la estructura social, económica, política y cultural donde se logrará materializar esta apuesta estratégica. Comprendiendo que las mujeres del campo son sujetos revolucionarios que asumen la creación de nuevas relaciones sociales de producción y justas e igualitarias entre los sexos, desde la perspectiva campesina, indígena y negra.

·         A lo anterior se suma el carácter plural y diverso de esta lucha, que no niega la heterogeneidad de formas de pensar, de organizarse, de producir y de vivir de las mujeres del campo. Las mujeres del campo tienen en común la relación con la tierra, con el territorio y la producción de alimentos, junto al proyecto de sociedad que reúne esta gama de colores rebeldes.

·      Vale mencionar aquí el piso ideológico de donde se paran las mujeres rurales; toman así la enseñanza de pensadores y pensadoras marxistas clásicos, aquellos pensadores y pensadoras marxistas que impulsaron procesos revolucionarios en Nuestra América, como aquellas pensadoras feministas que crearon el feminismo revolucionario.

A pesar de tener este recorrido durante las luchas, los espacios de reflexión y experiencias en los territorios, el Feminismo Campesino y Popular sigue estando en construcción, transformación y revisión constante por parte de las mujeres y organizaciones que confluyen en la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo - La Vía Campesina.

El reto, entre muchos, que se presenta alrededor de esta propuesta política es el continuar apropiando las experiencias de lucha y organizativas de campesinas y mujeres rurales del continente y el mundo que sigan fortaleciendo este feminismo hecho a lo popular. Como lograr escarbar entre aquellos casos donde el feminismo se está haciendo posible y como puede ser el insumo pedagógico y político para el resto del movimiento agrario.


*Este artículo se elabora a partir del documento de estudio utilizado en la preparación de la VI Asamblea de mujeres de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC), articulada a La Vía Campesina.

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