Contrapunteo

La Revolución de Octubre en el proceso revolucionario cubano hasta 1925 (II)

3 nov 2017
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El Primer Congreso Nacional de Estudiantes, del 15 al 25 de octubre de 1923, estuvo presidido por Julio Antonio Mella. Sus participantes, junto al debate de las inquietudes y problemas propios del estudiantado, expresaron el respaldo del sector a la Revolución de Octubre, y analizaron la necesidad de la preparación cultural y política de los desposeídos para favorecer la eficacia de sus luchas, haciéndose presente la necesidad de la alianza entre los trabajadores, los estudiantes y los campesinos.

Sus asistentes acordaron declararse contrarios a todos los imperialismos, especialmente el yanqui, y pedir al gobierno cubano el reconocimiento de la URSS. A ello se sumó el histórico acuerdo de fundación de la Universidad Popular José Martí, que sirvió al interés de promover la alianza obrero estudiantil y de dotar a los trabajadores y sus familiares de los conocimientos necesarios para entender el mundo en que vivían y la necesidad de la realización de una lucha verdaderamente emancipadora.

Un momento importante en la solidaridad del pueblo cubano hacia el pueblo soviético y su revolución, visto como paradigma de continuidad para las luchas propias, tuvo lugar en el municipio habanero de Regla. Como parte de las actividades Antonio Bosch, alcalde de esa localidad, en gesto memorable, resolvió que se paralizaran todas las actividades a la misma hora de la sepultura de Lenin, y se plantara un olivo como homenaje permanente a su memoria.

Esta decisión fue acogida por los reglanos que, en multitudinario acto, sembraron el olivo en una colina cercana al centro, que desde entonces lleva su nombre.

Posteriormente se realizó un acto en el parque frente al Ayuntamiento, convocado por las agrupaciones comunistas de La Habana y Guanabacoa. Obreros, intelectuales, estudiantes, y otros sectores, manifestaron su adhesión combativa al pueblo soviético y al jefe de su revolución victoriosa y esperanzadora.

Las muestras de respaldo popular a la Revolución de Octubre ganaban por día mayores adeptos. Existen numerosas informaciones y testimonios de los actos realizados en distintas localidades del país, en honor a Lenin.

Especialmente valioso resultó el realizado en el Centro Obrero de La Habana, 4 de febrero de 1924, organizado por la Agrupación Comunista, entre cuyos oradores se destacó Julio Antonio Mella.

Las páginas del periódico Lucha de clases, órgano de la Agrupación Comunista de La Habana, cuyo primer número salió el 18 de marzo de 1924, bajo la dirección de Carlos Baliño, fue otra fuente para el enriquecimiento cultural e ideológico de la población con respecto a la situación socio política del país, al quehacer de las organizaciones representativas de los intereses populares y al conocimiento de las razones y avances de la epopeya rusa.

Ese accionar, al que mucho contribuyeron también los intelectuales cubanos, encabezados por Rubén Martínez Villena, estuvo en el centro de las luchas que antecedieron a la fundación del primer Partido Comunista de Cuba en 1925.

Resultan notables al respecto, las actividades desarrolladas con motivo del 1º de Mayo de 1925, en varios puntos del país. En las calles más céntricas de La Habana se realizó el primer desfile obrero en la República, con más de 40 mil asistentes, y en horas de la tarde, los trabajadores y el pueblo de Regla realizaron una peregrinación desde el Ayuntamiento hasta la recién inaugurada Colina Lenin con participación del alcalde Antonio Bosch, apreciándose numerosas banderas rojas portadas por los militantes comunistas.

Otro momento que se hizo muy célebre ocurrió con el arribo del barco soviético Vatslav Vorovski, al puerto de la ciudad de Cárdenas.

 El 13 de julio la prensa oficial publicó la noticia de la visita, y el 19 del propio mes, la dirección ampliada de la Agrupación Comunista de La Habana, organizó un recibimiento, creándose para ello una comisión presidida por Mella que contó con el respaldo de los sindicatos. Un Comité de Festejos aprobó el programa de actividades, que se iniciarían con el recibimiento popular en el muelle, bajo la responsabilidad especial de un Comité de Recepción.

Divulgadas las actividades a través del periódico Lucha de Clases y otros medios, la prensa y las instituciones burguesas exigieron a Machado que se impidiera todo contacto de los marinos soviéticos con los trabajadores cubanos. El 3 de agosto Machado ordenó la prohibición de que el carguero entrara al muelle. Finalmente arribó al puerto de Cárdenas, el 4 de agosto, prohibiéndose cualquier agasajo.

El Ministro de Gobernación negó a Mella el permiso de visita y cualquier otro homenaje, argumentando que “…la campaña bolchevique se ha extendido tanto en Cuba que el gobierno está dispuesto a expulsar a todo extranjero que se dedique a esa propaganda y a encarcelar al nativo que la secunde”. [1]

Ante esa respuesta, los dirigentes obreros y su comisión, en reunión secreta, acordaron que Mella visitara el buque, responsabilizándolo con la acción. El líder viajó por tren a Cárdenas, reuniéndose de inmediato con los dirigentes obreros matanceros en el Centro Obrero de esa localidad, donde organizaron la visita al buque, anclado algo lejos del muelle. Mella y sus compañeros llegaron al Vorovski en la lancha DON, confraternizaron durante toda una tarde con los marinos soviéticos gracias al dominio del inglés de Mella, quien les transmitió los saludos y la admiración de la clase obrera cubana.

El 10 de agosto Mella pronunció una conferencia en la Sociedad de Torcedores, titulada Una tarde bajo la bandera Roja, donde narró sus experiencias de aquella visita y explicó a la nutrida asistencia el real significado del ideal comunista. También escribió una bella crónica de su viaje al Vorovski, que se publicó en Lucha de Clases del día 15 de ese mes.

Estos y otros actos hicieron de agosto de 1925 una suerte de colofón del accionar revolucionario que se venía radicalizando entre los distintos sectores sociales del país desde principios de la década.

Del 2 y el 7 de agosto se efectuó el III Congreso Nacional Obrero que dio origen a la Confederación Nacional de Obreros de Cuba, cuyo valor esencial fue la concertación de la unidad de los trabajadores cubanos y su agrupación en una sola organización nacional, punto de partida para la concertación de la verdadera unidad de los trabajadores.

Pocos días después, el 16 de agosto, quedó fundado el primer Partido Comunista de Cuba. Con su creación se abrió una nueva etapa en la lucha política y clasista de los trabajadores y el resto de los sectores populares. El eco del octubre ruso alcanzaba a todos, acelerando el difícil camino hacia la derrota del imperio.

La declaración aparecida en el periódico Lucha de Clases el mismo día de la fundación del Partido, refleja la repercusión de la Revolución de Octubre y su artífice, Vladimir Ilich Lenin en el partido de los comunistas cubanos, sintetizados en los dos objetivos expresos de su labor. En ellos aparecen imbricados el ideario comunista y las tradiciones de luchas cubanas, en especial el preclaro pensamiento y la acción heroica de José Martí:

«Con la enseñanza de Lenin, haremos una realidad el postulado ideológico de Martí adaptado al momento histórico: CON TODOS Y PARA EL BIEN DE TODOS».

El nacimiento del PCC como fuerza nueva y de representación popular enfrentó numerosos obstáculos en momentos cuando comenzaba a conocerse la teoría, y cuando el naciente estado soviético estaba muy lejos geográficamente, con muchas diferencias socioeconómicas, políticas y de desarrollo, inexperto y sumido en sus contradicciones; cuando la presión del imperio y los gobernantes nativos era absolutamente agresiva contra quienes amagaban en su contra o sencillamente buscaban los medios para mejorar sus condiciones de vida, y en sentido general, carecían de la preparación teórica suficiente para  la organización de sus luchas.

Una sociedad donde mayoreaban partidos de orientación burguesa y no pocas veces pro imperialistas, donde el entreguismo político de la burguesía nativa dependiente les hacía volverse contra los suyos a favor de los intereses del imperio, no podía menos que generar una oposición capaz de enfrentarse a aquel mundo agresivo que buscaba aplastarlos para erigirse sobre su sangre.

En el transcurso de las luchas de los trabajadores y el resto de los sectores populares desposeídos para obtener todo a lo que tenían derecho como seres humanos, en materia de condiciones de trabajo y de vida, en una coyuntura en la cual la Primera Guerra Mundial había demostrado hasta dónde podían llegar quienes buscaban apropiarse del mundo, y simultáneamente, hasta dónde podía llegar la fuerza de los trabajadores, la Revolución de Octubre se erigió como constatación de un camino.

El sólo hecho de ofrecer una opción de cambio revolucionario a las grandes mayorías para liberarse de la opresión imperial feudal y capitalista, y triunfar en el empeño, por su significación y alcance, es suficiente para validar el legado revolucionario y transformador de la Revolución de Octubre y su máximo dirigente, Vladimir I. Lenin, uno de los más trascendentes de la historia contemporánea

El acontecer económico y sociopolítico de las últimas décadas en la arena internacional, para algunos es indicativo de un posible retroceso en el proceso hacia la construcción del socialismo. Al respecto, coincido con quienes piensan que dichos cambios pueden considerarse como fases de la evolución de la sociedad hacia el socialismo, en oposición a quienes contribuyen a la distorsión y hasta a la falsificación de la experiencia revolucionaria que significó dicha Revolución, y tratan de negar su influencia global, aún en tiempos tan duros y gloriosos como la Segunda Guerra Mundial.

Esas nuevas corrientes hoy se emplean sin descanso para tratar de invisibilizar los enormes logros de la Revolución Socialista de Octubre en lo sociopolítico, económico y cultural, tanto a lo interno como a escala internacional, en esfuerzo desesperado por impedir el avance de los procesos democráticos que emergen en no pocos países del mundo.

A pesar de ello,  cualquier acercamiento a la historia de las luchas políticas a lo largo del siglo XX y primeras décadas del XXI, especialmente en América Latina, evidencia con claridad y prontitud la influencia de la Revolución de Octubre, presente en la Revolución Mexicana y sus secuelas; en las manifestaciones obreras anarquistas de Brasil en 1917, la llamada Revolución del 30 en Cuba, las décadas que van desde el Frente Popular (1936-1941) hasta la Unidad Popular (1970-1973) en Chile; pasando por las revoluciones antiimperialistas en Bolivia (1952), Cuba (1959-), Nicaragua (1979-1990) y Granada (1983); las resistencias armadas de Nicaragua, El Salvador, Colombia, Venezuela, Uruguay, Argentina, y Brasil; la revolución bolivariana de Hugo Chávez, que sigue librando encarnizadas batallas contra el capitalismo salvaje, el Movimiento sin Terra en Brasil; los movimientos estudiantiles a partir de la reforma universitaria en Córdoba, Argentina (1918) hasta su generalización en nuestros días por numerosos países, incluyendo hasta a los docentes; el quehacer de los partidos comunistas, socialistas y revolucionarios de la América Latina; los movimientos feministas, LGBTI y otras muchas expresiones, aún cuando sería erróneo afirmar que no existieron otras influencias y sobre todo, sin tener en cuenta el papel destructor del imperialismo y sus aliados neocoloniales, junto a la constante experiencia de estas fuerzas para su reconstrucción y avance, en franco y continuado desafío y  enfrentamiento a los hacedores del mal.

En la actualidad, cuando proliferan; libros, artículos, ensayos y otras muchas formas de abordaje de aquellos acontecimientos que descalifican a la Revolución de Octubre a partir del derrumbe del socialismo en la URSS y en los países del este de Europa, se hace imprescindible insistir, a mi modo de ver, en  lo erróneo de hablar de ciclos y de cierre del ciclos, considerando que tal enfoque es una manera de no entender lo que está pasando, y evidencia  mucha debilidad frente a la comprensión de los procesos de flujo y reflujo de las luchas revolucionarias, la manera en la cual unos se mantienen con más fuerza que otros; los nuevos métodos para poner fin al sistema democrático en el mundo, y los métodos actuales de fuerza para intentar acallar a una humanidad que sigue elevando su voz contra una represión salvaje y aniquiladora  que hace peligrar la existencia misma del género humano.

En el mundo de hoy, la experiencia de la Revolución de Octubre, sus teorías, sus resultados, sus dirigentes y sus paradigmas, debe ser estudiada como nunca antes, toda vez que no ha cambiado la esencia opresora que la justificó entonces y la sigue exigiendo ahora.



[1] Heraldo de Cuba, La Habana, 6 de agosto de 1925 p. 1.

 

 

Principales fuentes consultadas

 

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FUENTES DOCUMENTALES

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PUBLICACIONES PERIÓDICAS

El Día.

El Heraldo

Heraldo de Cuba.

El Mundo.

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TESTIMONIOS

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Juan Taquechel López.

Plácido Somoano.

 

OTROS

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Panel Centenario de la Revolución de Octubre, Universidad de La Habana, marzo de 2017.

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