Contrapunteo

La «fabricación» de un mercenario

25 feb 2019
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Los «laboratorios estadounidenses» especializados en construir supuestos líderes políticos están sometiendo a prueba a una de sus últimas creaciones: el autoproclamado presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó. Esta «criatura» es el resultado de un plan diseñado e implementado por el gobierno estadounidense desde hace más de 10 años. El objetivo era derrocar al entonces presidente Hugo Chávez, empleando el sector estudiantil venezolano de clase media al que pertenecía Guaidó.

La reconocida publicación estadounidense The Nation reveló el pasado 8 de febrero —en un artículo titulado: «Cómo Washington financió la contrarrevolución en Venezuela»— elementos que demuestran la participación del gobierno de Estados Unidos en el financiamiento, organización y entrenamiento del movimiento estudiantil venezolano que no simpatizaba con el chavismo. La investigación es realizada por dos profesores estadounidenses especializados en sociología y política, quienes entrevistaron a organizadores y ejecutores directos de este plan que comenzó en el 2005.

La estructura dentro de la Administración que coordinó esta estrategia fue la denominada Oficina para las Iniciativas de Transición (OTI, por sus siglas en inglés) de la USAID, especializada en los programas de «cambio de régimen», es decir, en el lucrativo negocio de derrocar gobiernos para después apropiarse de sus riquezas y «reconstruirlos» a partir de los estándares de la democracia americana. Esta es la fórmula exacta que están aplicando en Venezuela.

Según revelaciones de Wikileaks, el embajador de Washington en Caracas en el 2006 envió un cable secreto enumerando los objetivos de la OTI en el país suramericano: fortalecer las instituciones democráticas; penetrar la base política de Chávez; dividir al chavismo; proteger los intereses vitales de los negocios de Estados Unidos y aislar a Chávez internacionalmente. Dentro de este enfoque, se les asignaba un rol fundamental a los estudiantes venezolanos, quienes cumplirían tareas de desestabilización interna a través de manifestaciones violentas en las calles. 

Durante la investigación realizada por los profesores estadounidenses, un contratista de la USAID que participó directamente en este plan reveló que «el objetivo era contar con miles de jóvenes que estudiaban en las universidades, que eran idealistas y no querían un presidente con apariencia de indio. Queríamos construir una organización cívica que tuviera capacidad movilizativa, lo que es diferente a protestar».

Otra persona entrevistada confirmó que cuando comenzaron a financiar las acciones «Guaidó pertenecía a estos grupos» y «el movimiento estudiantil creció a partir de nuestro dinero. Eran los líderes potenciales si ocurría un cambio de gobierno y nosotros les enseñamos los primeros pasos».

Por su parte, empleados consultados de la USAID señalaron que realizaban cursos y seminarios enfocados en enseñarles a los estudiantes qué es la democracia, cuáles son sus pilares y qué lenguaje emplear.

Esta capacitación creó las condiciones para que en el 2007, lo que coincide con el año de graduación de Juan Guaidó en la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas, comenzaran con determinado nivel de organización e intensidad manifestaciones encabezadas por los estudiantes reclutados y entrenados por el gobierno estadounidense que protagonizaron varios eventos provocativos a partir de la decisión soberana del gobierno venezolano de no renovar la licencia de Radio Caracas Televisión. Con posterioridad a estos acontecimientos, se autoproclamaron la Generación 2007.

Guaidó después de graduado realizó «estudios de postgrado» en el programa de gobernabilidad y gestión política de la Universidad George Washington, lo que constituye un momento importante dentro de su preparación como instrumento para el cumplimiento de los objetivos de Estados Unidos en Venezuela. Después de una intensa preparación en los «laboratorios estadounidenses», apostó por incrementar su activismo y agresividad al participar en protestas durante los próximos años siguiendo las orientaciones impartidas en Washington.   

En el 2014, se destacó en las llamadas «guarimbas» que formaban parte de los planes para sembrar el caos, la inseguridad y la desestabilización en Venezuela. Durante una de estas acciones provocativas, Guaidó subió un video a las redes sociales donde aparecía con un casco y una máscara de gas durante un enfrentamiento violento con las autoridades policiales.

En las elecciones parlamentarias del 2015, Guaidó fue «elegido» como diputado a la Asamblea Nacional con solo el 26% de los votos y posteriormente se convirtió en el presidente de esa instancia siendo una figura desconocida a nivel nacional. ¿Qué explica su acelerado ascenso en comparación con otros miembros de la oposición? El analista venezolano Diego Sequera ha planteado: «Guaidó tiene características mestizas comunes como la mayoría de los venezolanos y parece más un hombre de pueblo. Además, no había estado sobreexpuesto en los medios de comunicación, por lo que podía convertirse en casi cualquier cosa».

Realmente, Estados Unidos lo convirtió en apenas semanas en un presidente autoproclamado que ha solicitado explícitamente la intervención en su país disfrazándola de «ayuda humanitaria». Guaidó solo es un peón del gobierno estadounidense en ese gran tablero geopolítico de alcance estratégico que se llama Venezuela. El papel que está representando al servicio de una potencia extranjera con claras pretensiones de apoderarse de su nación es el resultado de los productos que crean los «laboratorios estadounidenses»: mercenarios dispuestos a sacrificar a su propio pueblo.

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