Contrapunteo

La corrupción en América Latina: patrimonialización de lo común para la acumulación por despojo

5 mar 2018
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Si uno pregunta a cualquier persona por las calles de Santiago de Chile, La Paz, Lima, Caracas o Ciudad de México sobre los principales problemas de su país es muy probable que la corrupción sea una de los primeros que nombren. Podremos encontrar también esta idea revisando portales, canales y periódicos, con referencias recientes en toda la región. Una muestra extraordinariamente significativa es Brasil donde se destituyó a la Presidenta de la República en 2016 (i) bajo señalamientos de mal manejo de fondos públicos, por un senado cuyo presidente fue encarcelado pocos meses después por cargos de corrupción comprobada; en ese momento se designó un vicepresidente que hoy día enfrenta cargos por la misma razón, sin mencionar que se intenta llevar adelante una causa similar contra el ahora candidato y expresidente Lula da Silva (ii). Situaciones aparentemente similares de destitución o procesos de enjuiciamiento ocurren en Ecuador, en Perú y en todo el continente. En República Dominicana la llamada “Marcha Verde” reúne a sectores de izquierda, centro y derecha que movilizan cientos de miles contra la corrupción del Estado, caso similar viene ocurriendo en Haití.
¿Qué pasa con la corrupción en nuestro continente? ¿Es un mal de izquierdas, es un mal de derechas, de gobiernos populistas o sencillamente de bárbaros latinos? Opiniones nacidas de estas premisas abundan en la región: en medios trasnacionales de difusión, en las instituciones multilaterales, en los partidos emergentes y en las calles.
El riesgo que avizoramos está en que este debate cada vez se reduce más, se va quedando en aparatos políticos tradicionales, mientras la mayoría de la gente asume que “está todo podrido”. Se reposiciona la tesis de la política como un problema de los políticos, como una pugna de poder entre poderosos, un campo corrompido y negativo con el cual nadie quiere tener que ver. En consecuencia nos replegamos a nuestro campo individual, a nuestra casa, a nuestro trabajo, a nuestra vida. Esto último pudiera no sonar tan mal, si la realidad no fuese que en este Planeta cada día vale menos nuestro trabajo, menos familias tienen casa, cada día a más personas se nos hace difícil/imposible lograr que la vida ocurra, hasta la Madre Tierra pareciera tener amenaza de desalojo.
En honor a la situación expuesta, a las luchas de estas tierras históricamente colonizadas, por todas nuestras muertas y nuestros muertos, no podemos dejar que la política sea un campo de elites que deciden nuestros futuros, nuestras vidas. Por lo tanto no podemos permitir que la corrupción sea una forma de saqueo de nuestras tierras y al mismo tiempo la excusa para la despolitización y la desmovilización de nuestros pueblos. Particularmente quienes nos identificamos con el ciclo que abrió la derrota del ALCA y empujo procesos de transformación con banderas de luchas populares de integración para la soberanía y la liberación, debemos asumir la enorme deuda que tenemos en avanzar contra la corrupción, como una de las características centrales del sistema contra el que insurgimos.
No significa esto que las fuerzas políticas de izquierda o progresistas que asumieron el ejercicio de lo público se volvieron corruptas, sin embargo habría que admitir que desde las fuerzas populares de izquierda subestimamos el alcance de la corrupción, asumimos que era un problema manejable y la realidad demuestra que es un asunto álgido que está poniendo en riesgo la posibilidad de construir proyectos soberanos y sobre todo la posibilidad de que sean alternativos al orden hegemónico de sociedad capitalista, colonial, patriarcal, depredador de la naturaleza.
Ahora bien, ¿cómo orientar un análisis a partir de dicha carga y dicha apuesta? Partiendo de un mínimo concepto básico de la corrupción nos planteamos exponer las principales lecturas que existen sobre el carácter del problema: es un problema ético y moral; es un problema de modernización del estado; es un problema de disputa de poder entre elites; es un problema del estado como patrimonio de las elites. Nuestra tesis central es que todos estos argumentos tienen algo de cierto pero lo determinante de la corrupción es que se trata de una forma política fundamental dentro del modelo de acumulación por despojo de los comunes -en términos de David Harvey- de nuestra región (Harvey: 2012).

La corrupción política

La corrupción es en el campo de lo político la apropiación ilegal del patrimonio público para beneficio de individuos y/o grupos de poder. Enrique Dussel dice que la corrupción ocurre cuando una comunidad política delega poder en individuos y/o grupos para que estos respondan a un mandato colectivo y dichos grupos se apropian del poder delegado para responder a otros beneficios que no son los de la comunidad (Dussel; 2004). Es decir que el poder que fue delegado con la finalidad de garantizar la reproducción efectiva de la vida de esa comunidad pierde su sentido original, ya no cumple su propósito originario, por lo tanto es un poder fetichizado, es decir: así como en nuestra sociedad se apropia el trabajo fetichizándolo en forma de mercancía para reproducir y acumular capital (Marx dixit), se apropia del poder delegado por la comunidad para garantizar la reproducción de un orden civilizatorio que no es el de la comunidad.

La corrupción como problema ético, cultural

Una de las visiones más comunes con la que la gente explica el origen de la corrupción está en la ética de los funcionarios del Estado, aquellos que administran lo público y se corrompen por la tentación del manejo de poder y los recursos materiales. Se define como una cultura del beneficio donde los políticos son gente que administra lo público para poder enriquecerse, generalmente ellos, sus amigos y grupos políticos u organizaciones a las que
pertenecen. Los sentidos comunes en torno a este origen de la corrupción son variados y complejos, se entrelazan con tramas de opresión como el racismo, el patriarcado, el colonialismo y el capitalismo apuntando a discursos reaccionarios como que la corrupción es consecuencia de que hayan negros, indios, mujeres, pobres administrando el Estado, y en contraparte plantean la necesidad de reestablecer el orden con hombres blancos ricos de ascendencia europea o gringa al frente del Estado. Otra idea muy común asocia el problema con capacidades académicas, técnicas e incluso político ideológicas, que traducen el asunto en precarios métodos de selección, de capacitación y de formación de cuadros.

La corrupción como atraso institucional
Esta mirada es más propia de las instituciones multilaterales que plantean la necesidad de modernizar el Estado Latinoamericano, identificando el origen del problema en la falta de mecanismos, estructuras y herramientas para garantizar una gestión limpia y transparente. En los últimos veinte años hemos visto reformas de distinto orden, algunas como los presupuestos participativos (iii) o la rendición pública de cuentas, otros como los que se plantean por la OEA para la próxima Cumbre de las Américas que está centrada en Gobernabilidad Democrática y Corrupción cuyas tesis centrales elaboradas por funcionarios de ONG´s, de bancos multilaterales y universidades apuntan a medidas en el marco de una democracia representativa para garantizar transparencia —como la separación de poderes, acceso a información, reducción de la burocracia, mecanismos de denuncia—, desarrollo sostenible y cooperación interinstitucional internacional y alianzas público privadas (iv). El imaginario institucional en torno a este origen se centra en la premisa colonial de estados sub-desarrollados, se plantea la corrupción como un problema de los llamados países periféricos que necesitan “actualizar” sus aparatos estatales a imagen y semejanza de aquellos en los países centrales.

La corrupción como disputa entre proyectos políticos
Esta suele ser una mirada entre organizaciones políticas o partidos, donde suele asociarse la corrupción con sostenimiento de estructuras operativas de los grupos aliados a las tendencias políticas en conflicto. En esta lectura la denuncia de los hechos de corrupción está orientada a debilitar o eliminar al adversario político. Para el Departamento de Estado de los EEUU la corrupción es un problema urgente solamente en Venezuela, Bolivia y otros países no alineados; para las derechas locales de Argentina y Brasil la prioridad ha sido la neutralización política de Cristina Fernández (v) y de Lula como posibles contendientes en próximas elecciones. La respectiva respuesta desde los sectores progresistas a este ataque es desestimar estas acusaciones de corrupción señalándolas como retaliaciones, suelen ser posiciones defensivas que desvían la atención de la corrupción en sí y generan diatribas polarizadas. En esta clase de escenario se hace sentir la asimetría en el manejo de las corporaciones transnacionales mediáticas actuando en función de los intereses del imperialismo norteamericano en la visibilización de las acusaciones. Un ejemplo reciente: el juicio a Dilma fue noticia central durante meses, el juicio de Pedro Pablo Kucinsky (vi) no fue noticia ni de un día.

La corrupción como patrimonialización (vii) de lo común
Queremos formular la siguiente tesis final para alimentar los debates por venir, haciendo síntesis de las miradas anteriores en una sola: todas son parcialmente ciertas pero están subordinadas a una realidad central y es que a partir de la conquista de Europa sobre América nos convertimos en el motor de la acumulación originaria de capital de Occidente. Aun hoy día la acumulación de capital se basa en el despojo del patrimonio común, es una acumulación asimétrica, porque ocurre en los países centrales a costas de nuestros pueblos, es una relación que se mantiene a través de distintas reconfiguraciones que instrumentan la lógica de saqueo en nuestras sociedades institucionalizándolas e incorporándolas a las relaciones económicas, políticas y culturales. En ese sentido la corrupción es la forma estelar de despojo de lo que nos pertenece a todas y todos.
En 1958 finalizó la dictadura en Venezuela con un pacto entre las principales elites políticas nacionales y el gobierno de los EEUU que ratificaba el rol de surtidor seguro de materia prima para el consumo energético interno de ese y otros países, así como para el procesamiento y comercialización de las principales trasnacionales petroleras del Mundo que garantizan insumos para los consorcios de alimentos, automotores, infraestructura y otros. En otras palabras, se renovó el pacto entre países centrales y burguesía local para instrumentar el saqueo de nuestro patrimonio común: el petróleo, nuestro trabajo, nuestras aguas, los recursos del Estado que garantizaban toda la operatividad de los procesos de exploración de yacimientos y producción de pozos sin nunca avanzar en refinamiento, en petroquímica, ni desarrollo de producción de derivados en las distintas áreas mencionadas, pues esa eran las tareas de los consorcios, mientras que nuestro rol era —y sigue siendo— importar las mercancías derivadas, distribuirlas y comercializarlas. Se configuro así el Estado moderno en Venezuela a partir de la disputa entre proyectos políticos donde sin duda los partidos social-demócrata y demócrata-cristiano aplastaron a las fuerzas revolucionarias que lucharon contra la dictadura, donde todo el acuerdo descrito se instrumentó en leyes y estructura institucional, modernizando el Estado, y por supuesto se consolidó una clase política que operaba como administrador de la renta petrolera en función de ese esquema, instalando la cultura de la corrupción del primer orden garantizar la apropiación del crudo como materia prima de la acumulación global junto con la transferencia a los circuitos de concentración de capital interno: la importación para comercialización, la construcción para la especulación inmobiliaria y la estructuración de la banca como operador del sistema financiero, conformando así la burguesía nacional. Esta clase política operó entonces de manera consecuente la redistribución básica para la reproducción social de la fuerza de trabajo necesaria para sostener estos circuitos, desarrollando por supuesto formas de gestión clientelares que le permitieran lubricar la gobernabilidad.
Este recorrido no es más que un ejemplo, que nos sirve como ilustración extrapolable a distintos momentos y territorios para interpretar cómo opera la corrupción en nuestro Continente. La corrupción es en primer orden: la forma primordial de instrumentación de la relación de despojo originada en la colonia -y que es renovada de manera permanente y cíclica- donde nuestro patrimonio es transferido, por vías legales e ilegales, al patrimonio de los países centrales, a las empresas transnacionales y a las burguesías nacionales. Luego esta forma se permea culturalmente en el ejercicio de la política generando expresiones de segundo orden que reproducen esta misma lógica de patrimonialización de lo público a lo interno de los países, distribuyéndolo: entre grupos de poder en disputa, entre clases e incluso entre clanes familiares.

La Cumbre de las Américas como instrumento de renovación cíclica de las formas de saqueo
Veamos cómo opera la renovación cíclica de este esquema de saqueo: en los 90 los EEUU crearon la Cumbre de las Américas con el fin de posicionar su estrategia de reconfiguración para la nueva etapa: el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) fue la consigna para la globalización neoliberal, en ese entonces fue parcialmente derrotada (viii), la hegemonía imperial se perdió coyunturalmente. Hoy, 20 años después se convoca la Cumbre de las Américas con una nueva consigna: la corrupción como eje de ataque para renovar el esquema de despojo y al mismo tiempo recomponer la hegemonía regional imperial, atacando a las fuerzas que la disputan, es decir, Venezuela en primera línea y luego algunos aliados de iniciativas de integración, no alineada, como la CELAC, UNASUR, PetroCaribe y por supuesto el ALBA-TCP.
Entonces miremos el panorama completo, la estrategia en este momento no es solo para derrotar a los enemigos concretos sino para derrotar la alternativa, que ha estado representada en lo que podríamos denominar de manera difusa la alternativa bolivariana ante el neoliberalismo, esa fuerza de integración no alineada. Se trata de reducir los Estados en favor del Mercado Global y para ello la estrategia es señalar a los Estados latinoamericanos como fallidos, como Estados en crisis, entre otras razones porque son “corruptos”.
El imperio contraataca y su objetivo es aplastar la resistencia y la alternativa que representa. Allí reiteramos el planteo anterior, esta estrategia de ataque es contra los no alineados —con claro orden de prioridad en Venezuela, Brasil y Bolivia—(ix) pero al mismo tiempo es contra el Estado como forma, que debe reducirse frente al Mercado, por eso la corrupción de derecha y de izquierda es en este momento una de las más crueles ironías, ya que representa la forma estelar de despojo para la acumulación global pero al mismo tiempo es el flanco de ataque para renovar dicho esquema de saqueo.
¿Frente a esta ofensiva cuál será la estrategia de las fuerzas antiimperialistas? Cuál será nuestra tesis de defensa y contraataque. Cómo abordaremos el problema, cómo un asunto ético, cómo un asunto de modernización, cómo un asunto de disputas de poder o cómo un asunto de patrimonialización de lo público. ¿Defenderemos el viejo Estado-nación burgués que heredamos y cederemos frente a la tesis neoliberal o avanzaremos con una tesis superadora tanto del viejo estado burgués como de la tesis neoliberal? Quienes volvemos a Chávez y Fidel como estrategas, nos paramos sobre los avances de este ciclo para consolidarlos e ir por más, nuestra propuesta es la tesis del Estado democrático de derecho y justicia (x) que debe abrir paso a las nuevas formas políticas de gestión asociadas a la democracia directa, a la autogestión general y al control social (xi); como únicas vías para superar la corrupción como forma política que garantiza la patrimonialización de lo común por parte de las clases dominantes.


NOTAS

i Dilma Rousseff, sucesora de Lula fue destituida por el senado de Brasil en lo que desde la izquierda entendemos como parte de una era de “golpes de estado judiciales-institucionalizados”.
ii Luiz Inacio Lula Da Silva expresidente del Brasil líder del periodo político del gobierno del Partido de los Trabajadores en Brasil. Hoy día protagonista del conflicto entre bases populares que lo apoyan y elites políticas que quieren impedir su candidatura presidencial vía inhabilitación política.
iii El referente del presupuesto participativo de Porto Alegre, Brasil se ha incorporado a las formas de gobernanza en todo el Continente.
iv En la página web de la cumbre se encuentran disponibles los documentos base preparados por los mencionados especialistas
v Expresidenta de Argentina, junto con Néstor Kirchner empujaron una corriente progresista en el país que fue aliada del proyecto de integración del Comandante Chávez
vi Empresario que actualmente preside la República del Perú
vii Tomamos este termino de Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, que refiere al neoliberalismo como la patrimonialización de lo público por parte de las elites globales
viii Precisamente en su segunda convocatoria en Mar del Plata, Argentina, en el 2004 gracias a la alianza entre Fidel, Chávez, Néstor Kirchner, Evo Morales y Lula lejos de sellar el acuerdo ALCA se disolvió la posibilidad, generando un revés histórico para la política imperial, este es un hito fundante del llamado ciclo progresista.
ix Es un dato fundamental el ciclo electoral que se abre en América Latina, este 2018 en Brasil y Venezuela y en el 2019 en Bolivia, los resultados de estos procesos electorales son básicos para la reconfiguración de fuerzas en la región, específicamente para la recomposición de la hegemonía imperial parcialmente perdida en 2004 en Mar del Plata.
x El Estado social de justicia y de derecho es la forma resultante del proceso constituyente en Venezuela, que encuentra un paralelo en la constituyente de Bolivia y de Ecuador, son los aportes refundacionales de este ciclo.
xi La democracia directa, la autogestión general y el control social son las bases de una sociedad socialista según rescató Hugo Chávez de Istvan Meszaros en el famoso discurso del Golpe de Timón. Son nociones que atraviesan nuestros procesos populares latinoamericanos, indios, campesinos, afro, cimarrones, originarios, feministas.
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