Proposiciones

Kennedy y Cuba (segunda parte)

18 may 2020
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Al día siguiente, Atwood se reunió de nue­vo con Harriman en New York y le entregó el memorándum. El subsecretario de Estado, después de leer el documento, le sugirió a Attwood que lo discutiera también con el Fis­cal General, Robert F. Kennedy. Mas ya al día siguiente de este encuentro, Stevenson había obtenido la aprobación del Presidente para que Attwood sostuviera un discreto contacto con el embajador cubano en Naciones Unidas, Carlos Lechuga. Inmediatamente, Attwood habló con Lisa Howard para que le preparara el contacto con Lechuga. En medio del salón de delegados de las Naciones Unidas, Howard se acercó a Lechuga el 23 de septiembre y, según recuerda el propio Lechuga, le dijo que Atwood deseaba hablar con él y que era algo urgente pues al próximo día debía salir para Washington.[25] El encuentro se produjo en la casa de la periodista en la noche del propio 23 de sep­tiembre, de manera bastante informal y sin que pareciese un acercamiento oficial de los Estados Unidos–como lo había pedido el pro­pio Atwood-, aprovechando una fiesta que la misma preparó y a la cual invitó a Lechuga.[26] De inmediato, el embajador cubano informó a La Habana:

Tuve la entrevista con William Atwood. Me dijo que había sido autorizado por Stevenson. Se va hoy para Washington a hablar con Kennedy y pedirle autorización para ir a Cuba a hablar con Fidel y explorar las posibilidades de nego­ciaciones si aceptan en Cuba que él dé el viaje. Quedamos en que yo no planteaba el asunto formalmente a ustedes hasta que él no tuviera la autorización de Washington pero es obvio que él sabe que yo lo comunicaría inmediatamente. Ese fue mi planteamiento para que en todo mo­mento la iniciativa partiera de ellos, como es en realidad, pero en este negocio diplomático una aprende mucho. Su viaje sería de incógnito. Al igual que yo, en todo momento aclaramos que estábamos hablando de modo personal, pen­diente de las instrucciones de ambos gobier­nos. Su idea es que la situación entre los dos países es anormal y que alguien en un momento dado, tenía que romper el hielo.

[…]

Dice que Kennedy, en muchas ocasiones y en conversaciones privadas, ha dicho que no sabe cómo cambiar la política hacia Cuba. Reconoce que ni ellos ni nosotros podemos cambiar de política de la noche a la mañana porque es una cuestión de prestigio y que es difícil, pero algo hay que hacer que por algo hay que empezar. Reconoce que la cuestión política interna es difícil para ellos porque los republi­canos los tienen siempre a la defensiva en la cuestión cubana.

[…]

Atwood hablando de Bob Kennedy dice que es un individuo de posturas duras pero que es un político y ve las cosas objetivamente. Dice que lo que quiere es ganar siempre. Esto lo dijo en el sentido de que si considera que la prolongación de la política hacia Cuba le va a dar un resultado negativo a la larga, cambia de posición.

[…]

Atwood me preguntó sobre la posibilidad de que el Gobierno cubano permitiera ir a Cuba a explorar posibilidades. Le dije que yo creía que sí, aunque no podía darle ninguna opinión ro­tunda. Me preguntó que si yo creía que había un 50 por ciento de probabilidad de que sí y un 50 que no. Respondí que esa era la fórmula perfecta de mi respuesta. A preguntas suyas sobre condiciones para negociar manifesté que en ese terreno nada podía adelantarle aunque sí podía exponerle mi criterio muy personal y era que resultaba difícil negociar nada con la situa­ción de presión sobre Cuba; con el embargo, las infiltraciones, los vuelos ilegales, etc, etc, me dijo que la situación era muy compleja y lo entendía, pero que alguien algún día, algu­na vez, tenía que iniciar algo y que él creía que aún para escuchar lo que yo acababa de decirle en el orden personal sería fructífero intentar un acercamiento a Cuba.[27]

Años después, el 10 de julio de 1975, ante la Comisión Church del Senado de los Estados Unidos, Atwood recordó su contacto con Le­chuga de la siguiente manera:

 

[…] la señorita Howard organizó la recepción para el día 23. Conocí a Lechuga. Dijo que Fidel Castro había tenido la esperanza de haber podi­do sostener un contacto con el presidente Ken­nedy en el 61, pero entonces había sucedido lo de Bahía de Cochinos y ya no se pudo. Pero que le había impresionado mucho el discurso pro­nunciado por el Presidente en junio del 63, en el que se refirió a la diversidad en el mundo. Fue entonces que le dije que ya no era un particular sino un funcionario del gobierno y coincidimos en que la situación era diferente, aunque las circunstancias también eran un poco anómalas. Me dijo que los cubanos estaban muy molestos con la posición del exilio, la posición de la CIA respecto a Cuba, así como la congelación de los activos cubanos.[28]

El próximo paso fue una visita de Atwood a Washington en el mismo mes de septiembre, para reunirse con Robert Kennedy. Atwood puso al tanto al Fiscal General de la iniciativa y éste dejó sentada su posición de que «un viaje de Atwood a Cuba, como había suge­rido Lechuga, sería un poco riesgoso, pues de seguro se filtraría y podría parar en una investi­gación en el Congreso, o algo parecido […] pero consideraba que valía la pena continuar con el asunto por la vía de la ONU e indicó que habla­ría con Averell Hariman y Bundy sobre el tema».[29]

De esta manera, al primer contacto de Atwood y Lechuga siguieron otros en el salón de dele­gados de las Naciones Unidas. En uno de ellos, Atwood le trasmitió a Lechuga que el gobierno de los Estados Unidos, después de evaluar la propuesta, había decidido que no era conve­niente que él viajara a Cuba en esas circuns­tancias debido al peligro de filtración dada su «condición oficial»,[30] pero que su gobierno estaba en la mejor disposición de reunirse con Fidel o algún emisario suyo en Naciones Uni­das. El 28 de octubre, Lechuga le comunicó a Attwood que La Habana no pensaba que enviar a alguien a las Naciones Unidas fuera de utilidad en ese momento, pero que espe­raba que pudieran seguir los contactos entre ellos.[31] Desde la Casa Blanca, Gordon Chase, designado por Bundy, se encargaba de darle seguimiento a los contactos de Atwood con los cubanos. Posteriormente, Lisa Howard ofreció su casa para que Atwood conversara directa­mente con Fidel Castro por intermedio de su ayudante René Vallejo. También para que a través de ella, Vallejo le trasladara mensajes a Atwood.[32]

El 31 de octubre, en una llamada que Va­llejo realizó a Lisa Howard, este trasladó el mensaje de que Fidel estaba dispuesto a en­viar un avión a México a recoger a un enviado de Washington y conducirlo a un aeropuerto secreto cerca de Varadero, donde tendría una reunión a solas con el líder de la Revolución Cubana. Lisa Howard respondió que dudaba que eso fuera posible y que quizás lo mejor era que él (Vallejo), como vocero personal de Fidel, viajara a Naciones Unidas o a México a reunirse con un representante del gobierno de los Estados Unidos.

Atwood relató en 1975 como la atención que las máximas autoridades del gobierno es­tadounidense prestaban a sus contactos con Cuba crecía aceleradamente. El 5 de noviem­bre fue llamado a la Casa Blanca para hablar con Bundy, quien le dijo que «el Presidente estaba más a favor de ejercer presión para una apertura con Cuba que el Departamento de Estado, con la idea de sa­carla del redil soviético, borrar quizás lo suce­dido en Bahía de Cochinos, y tal vez volver a la normalidad».[33]

Bundy quiso un memorándum cronológico de toda la iniciativa. El 11 de noviembre, Vallejo se comunicó te­lefónicamente con Lisa Howard y le reiteró el interés de Fidel de reunirse con algún emisario de los Estados Unidos y que, en ese caso, un avión cubano podía recoger a la persona desig­nada por el gobierno de los Estados Unidos en Key West y trasladarlo a uno de los aeropuertos cercanos a La Habana donde participaría en una reunión con Fidel. Cuando Atwood comu­nicó esto a Bundy, se le indicó que, por instruc­ciones del Presidente, primero debía realizarse un contacto de él (Atwood) con Vallejo en Na­ciones Unidas para saber que tenía en mente Fidel, particularmente si estaba interesado en conversar sobre los puntos señalados por Ste­venson en su discurso en Naciones Unidas el día 7 de octubre, considerados inaceptables por los Estados Unidos:[34] la «sumisión de Cuba a la influencia comunista externa», «la campaña cubana dirigida a subvertir al resto del hemisfe­rio» y «el no cumplimiento de las promesas de la Revolución respecto a los derechos constitu­cionales». Así lo expresó también Bundy en un memorando para dejar constancia: «sin tener indicios de la disposición de ir en esa dirección, es difícil ver qué podríamos lograr con una visi­ta a Cuba».[35]

Attwood trasmitió el 18 de noviembre por vía telefónica el mensaje a Vallejo, quien le contestó que no era posible que él viajara en ese momento a New York, pero que en cam­bio, se enviarían instrucciones a Lechuga para discutir con él (Attwood) una agenda con vis­tas a una posterior reunión con Fidel. Al día siguiente, Atwood reportó telefónicamente su conversación a Gordon Chase.[36] El asistente de Bundy le dijo entonces a Atwood que, lue­go de recibir la llamada de Lechuga para fijar una cita en la que se analizaría la agenda, se pusiera rápidamente en contacto con él, pues el Presidente quería conocer de inmediato el resultado de la conversación para considerar el próximo paso que debía dar la administra­ción.

Chase, convertido en uno de los mayores defensores del acercamiento diplomático a Cuba, expuso el 12 de noviembre en memo­rándum altamente confidencial -solo para ser leído por Bundy- sus refutaciones frente a va­rios argumentos contrarios a «la conciliación con Castro» como: «Castro nunca satisfará nuestros requisitos mínimos»; «la conciliación con Castro implica que Estados Unidos con­verse con él, y el hecho de que Estados Uni­dos quiera conversar con Castro lo liberará de las serias preocupaciones que actúan a nues­tro favor»; «la opinión pública estadounidense no apoyará la conciliación con Castro»; «en caso de que nos reconciliásemos con Castro y este nos traicionara, nos veríamos en un la­mentable aprieto (especialmente en términos públicos)» y «aun cuando la conciliación con Castro es una alternativa real, ahora no es el momento adecuado».[37]

Este documento es muy importante, pues en él se refleja de manera muy clara, las ideas que se estaban moviendo en el estrecho cír­culo de colaboradores de Kennedy donde se conocía la iniciativa de aproximación a Cuba. En este memorándum Chase planteaba:

Nues­tra postura, por no decir nuestras palabras, debería trasladar lo siguiente: Fidel, estamos dispuestos a dejar que los eventos sigan su curso actual. Pretendemos mantener, y cuan­do sea posible, aumentar nuestra presión en su contra para derrocarlo y estamos más que seguros de que triunfaremos. Además, puede irse olvidando de conseguir «otra Cuba» en el hemisferio. Hemos aprendido nuestra lección y no permitiremos «otra Cuba». Sin embargo, como personas razonables que somos, no va­mos por su cabeza ni tampoco disfrutamos con el sufrimiento del pueblo cubano. Usted sabe cuáles son nuestras principales preocupacio­nes: el vínculo con los soviéticos y la subver­sión. Si usted cree que está en condiciones de disipar tales preocupaciones, probablemente podamos encontrar una manera de coexistir amigablemente y construir una Cuba próspera. Si cree que no puede hacer frente a nuestras preocupaciones, entonces olvídese del asun­to; nosotros no tenemos inconveniente en mantener la situación actual. Al mismo tiempo, puede que le convenga tener en cuenta que si bien siempre nos interesará su parecer sobre el vínculo con los soviéticos y la subversión cubana, obviamente no podemos decirle en estos momentos que siempre estaremos dispuestos a negociar con usted en los mismos términos.[38] ­

Como conclusión, Chase destacó que «un acercamiento discreto con Castro re­porta numerosas ventajas. En primer lugar, un acercamiento mostraría claramente a Castro que tiene una alternativa que tal vez no esté seguro existe, es decir, convivir con Estados Unidos según los términos de Estados Uni­dos. En segundo lugar, aun cuando rechazase nuestra oferta, aprenderíamos mucho».[39]

El magnicidio en Dallas y el fin de la iniciativa de acercamiento

El 22 de noviembre, se produjo el asesinato de Kennedy en Dallas, coincidentemente el mismo día que el periodista francés, Jean Daniel, bajo el encargo personal de Kennedy, conversaba con Fidel Castro y le trasladaba un mensaje conciliador. Aspecto más conocido de toda esta historia, debido a los testimonios de los propios participantes. Lyndon Baines Johnson, puesto al tanto de los contactos y comunicaciones secretas que se habían estado sosteniendo con Cuba al asumir la presidencia de los Estados Unidos, no mostró interés algu­no en continuar esta iniciativa. Varios autores consideran que el hecho de que Kennedy estuviera secretamente ex­plorando un «arreglo con Castro», tuvo algo que ver con la conspiración para asesinarlo. Y realmente es muy curioso que, en 1963, mien­tras Donovan negociaba con las autoridades cubanas la liberación de varios agentes esta­dounidenses presos en Cuba, en el exterior circulaba una denuncia del agente de la CIA Felipe Vidal Santiago, sobre una supuesta ne­gociación entre los Kennedy y el gobierno cu­bano. Al respecto, escribió Fabián Escalante en su libro La guerra secreta. 1963: El complot: «[…] según Vidal, encontrándose en Washing­ton, conoció por medio de Marshall Digss, un abogado conocido y dueño de un prominente bufete, que el Departamento de Estado se encontraba preparando una reunión con Blas Roca, dirigente cubano, en Berlín Oriental, don­de se analizarían alternativas de negociación entre los dos gobiernos».

En la propia obra señala también Escalante que por ese tiempo: «[…] el conocido terrorista Orlando Bosch Ávila publicó en Nueva Orleáns un panfleto denominado La tragedia de Cuba, donde acusaba a Kennedy de haber traicionado al exilio y tratar de hacer un pacto con Fidel Castro».[40]

El historiador y antiguo asesor de Kennedy, Arthur Schlessinger, se encuentra entre los que defienden la hipótesis de que el acercamiento a Cuba en 1963 tuvo algo que ver en la sentencia de muerte del joven presidente. Al respecto dijo:

Aunque el plan de Atwood se mantuvo en co­nocimiento de muy pocas personas, parece inconcebible que la CIA no conociera nada de ello. La inteligencia americana tenía a los diplomáticos cubanos de la ONU bajo una in­cesante vigilancia. Seguía sus movimientos, leía sus cartas, interceptaba sus cables, grababa sus llamadas telefónicas. Se sospechaba que Atwood y Lechuga estaban haciendo algo más que cambiándose recetas de «daiquiri».[41]

Por su parte, William Atwood, en las memorias que publicó en 1987, también se refirió a que la CIA seguramente averiguó las gestiones que él estaba haciendo y que después esa in­formación llegó a los frustrados veteranos de la invasión de Bahía de Cochinos, que no per­dían las esperanza de volver a Cuba apoyados por el ejército de los Estados Unidos y la CIA, por lo que cualquier exploración de Kennedy de un entendimiento con Castro destruía esas aspiraciones.[42] Si bien es cierto que Kennedy no soslayó la posibilidad de explorar un acomodo con Cuba, no renunció en ningún instante a la polí­tica agresiva contra la Isla. Realmente la inva­sión militar directa de tropas estadounidenses era poco recomendable en esos momentos, dado el posible costo de vidas estadouniden­ses, la repercusión negativa sobre los aliados y la opinión pública mundial –incluyendo la estadounidense-, además de que la Isla ha­bía incrementado su capacidad defensiva y el frente interno contrarrevolucionario había sido considerablemente debilitado, pero no era una opción desechada a más largo alcance o como respuesta a algún acontecimiento ines­perado que la legitimara tanto a lo interno de la Isla como en el escenario internacional.[43] La estrategia de Kennedy en relación con Cuba se centró entonces en jugar todas las cartas posibles que pudieran satisfacer los intereses estadounidenses. De esta manera, se com­binaban las acciones terroristas, las tácticas diplomáticas y la formación de un ejército mercenario, para conformar un programa de múltiple vía que presionara al máximo a la Isla, provocando una corrosión progresiva que lle­vara al régimen, o bien a su derrocamiento, o a negociar con los Estados Unidos en función de sus intereses.

El investigador Fabián Escalante, quien ha investigado durante décadas la política de la administración Kennedy hacia Cuba, hizo la siguiente valoración sobre los tenues acerca­mientos de los Estados Unidos hacia Cuba en 1963, en un evento celebrado en Nassau, Bahamas:

Según nuestro análisis, lo que ocurrió fue lo siguiente. Los halcones nunca apoyaron, ellos no entendían esta estrategia; no estaban de acuerdo. Ellos no estaban de acuerdo con nada que no fuera una invasión contra Cuba. Noso­tros pensamos que los halcones se sintieron traicionados. Según nuestro análisis, existían dos estrategias que iban a ser aplicadas por los Estados Unidos. Una, la del gobierno. La otra, la de la CIA, los exiliados cubanos y la mafia, e incluso ellos tenían sus propios objetivos inde­pendientes con respecto a este tema. En este último grupo se creó la necesidad de asesinar a Kennedy. A ellos les parecía que Kennedy no estaba de acuerdo con una nueva invasión. Ésa es nuestra hipótesis.[44]

Finalmente salta una pregunta recurrente en los estudiosos de este período: ¿se hubiera alcanzado algún tipo de entendimiento entre los Estados Unidos y Cuba de no haberse producido el asesinato de Kennedy? Eso es imposible saberlo en la actualidad y signifi­caría adentrarnos en la historia contrafactual, pero sí podemos hacer una valoración sobre el momento en que ocurre el asesinato del presi­dente estadounidense y las perspectivas que se abrían en la política hacia Cuba. El investi­gador estadounidense Peter Kornbluh, quien ha estudiado profundamente esta etapa, nos ofreció en entrevista su juicio:

Kennedy iba a llegar al mismo punto que Kis­singer y Carter. Fidel probablemente no iba a tener la confianza de cortar su relación con la Unión Soviética para obtener una ligera coe­xistencia con los Estados Unidos. Pero, al mis­mo tiempo, Kennedy y Khruschev, y yo creo Fidel también, tenían una lección de la Crisis de Octubre. Una lección de que el peligro de la hostilidad podía llevar a la hecatombe mundial. La Unión Soviética estaba apoyando la idea de un acercamiento entre Estados Unidos y Cuba. Los Estados Unidos estaban más abiertos a esto también. Kennedy había dicho que quería una flexibilidad, que no debía fijarse para con­versar la precondición de echar a un lado a los soviéticos de Cuba. Él había tomado el asunto en sus propias manos. Fidel mismo estaba muy interesado y aún después de la muerte de Kennedy él estaba aún más interesado en seguir este proceso.[45]

Todo lo expresado por Kornbluh es cierto, pero también el hecho que algunos de los principales asesores de Kennedy, al tanto de la iniciativa, continuaban insistiendo en exigir a la Isla que rompiera sus vínculos con la URSS y abandonara el apoyo a los movimientos revolucionarios en América Latina, antes de poder sentarse a la mesa de negociaciones. Desde esta posición de fuerza, era práctica­mente imposible que pudiera llegarse a un modus vivendi con Cuba. La dirección cuba­na había reiterado que la soberanía de Cuba, tanto en el plano externo como en el interno, no podía ser objeto de negociación. Por otro lado, los planes de la CIA de asesinar a Fidel seguían su curso; al igual que las acciones de sabotaje contra la Isla, el bloqueo económico y el aislamiento diplomático. Al mismo tiempo, algunos de los documentos desclasificados de la administración Kennedy reflejan con toda claridad que la estrategia del acerca­miento discreto a Cuba planteaba explorar si la dirección cubana aceptaría negociar en los términos que satisfacían los intereses de Washington y, paralelamente, ir desarrollando el más amplio espectro de políticas agresivas que la obligaran a hacerlo. ¿Se podía tener algún tipo de esperanza de un entendimiento entre los Estados Unidos y Cuba bajo este en­foque de política? Como hemos visto, algunos autores consi­deran que el asesinato de Kennedy tuvo que ver con una conspiración de la CIA y la ma­fia anticubana que, entre otras cosas, no le perdonaban a Kennedy haber prohibido que tropas estadounidenses invadieran la Isla; la reducción del control de la CIA sobre las accio­nes anticubanas; el compromiso con la URSS de no invadir la Isla luego de zanjada la crisis de octubre de 1962; y que, por si fuera poco, estuviera practicando una diplomacia secreta de acercamiento con los cubanos. De ser cier­ta esta hipótesis: ¿hubieran permitido la CIA y la mafia anticubana que Kennedy diera pasos más serios para llegar a una normalización de las relaciones con la Isla? ¿Se hubieran que­dado de manos cruzadas?

Tampoco se puede desconocer que la relación de Cuba con la Unión Soviética y su apoyo a los movimientos revolucionarios en América Latina eran en ese momento los elementos de mayor preocupación en Was­hington, pero que en ellos no estribaba, como muchos han pensado y divulgado durante años, la esencia del conflicto. La voluntad soberana de Cuba y las ansias hegemónicas de los Estados Unidos continuaba siendo la esencia del conflicto bilateral. Los objetivos inmediatos de Estados Unidos con Cuba se concentraban en quebrar su voluntad sobera­na en materia de política exterior, pero ello no significaba una abdicación a lograr lo mismo en política interna. Al mismo tiempo, Cuba no iba a ceder ante las presiones de los Estados Unidos en ningún aspecto que tuviera que ver con su derecho a la libre autodeterminación, aunque se le ofreciera a cambio una «norma­lización» de las relaciones. Este es otro argu­mento de importancia a la hora de sustentar un criterio menos optimista en relación con la posibilidad de un entendimiento entre los Estados Unidos y Cuba durante la adminis­tración Kennedy.

El énfasis que la administración Kennedy puso en la política exterior de Cuba no fue más que la expresión coyuntural y la dimensión su­perficial de los motivos de fondo del conflicto. La historia demostró más tarde, que cuando desaparecieron estos argumentos que presen­taban a Cuba como una amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos, especialmente luego de derrumbarse el campo socialista y en momentos en que la Isla no tenía ni un soldado en el exterior, el conflicto se mantuvo vivo y el gobierno estadounidense no hizo ni el menor intento por llegar a un entendimiento con la Isla. Por el contrario, se agudizó la agresividad hacia Cuba, revelándose nuevamente la verdadera esencia de corte bilateral del conflicto –aunque atravesada por lo multilateral en numerosos períodos históricos- y concentrando entonces el foco de su política en la realidad interna de la Isla. Ello constituye muestra fehaciente de que el objetivo de la política de los Estados Unidos hacia la Cuba revolucionaria siempre ha sido el mismo: «el cambio de régimen», el derrocamiento de un sistema que en sus pro­pias narices ha practicado y aún hoy practica una política interna y externa absolutamente soberana.

NOTAS:

[25] Entrevista realizada a Carlos Lechuga el 3 de octubre del 2008.

[26] Memorándum de William Attwood a Gordon Chase, 8 de noviembre de 1963, www.gwu. edu/~nsarchiv/, (Internet), (Traducción del ESTI).

[27] «Del Informe de nuestro representante en la ONU», Ministro de Relaciones Exteriores, Raúl Roa, al Presidente de la República, Osvaldo Dorticós, La Habana, 25 y 26 de septiembre de 1963. (Archivo Central del Minrex).

[28] Declaraciones de William Atwood ante el Sena­do de los Estados Unidos. Comisión de Investi­gación sobre las operaciones gubernamentales relacionadas con actividades de Inteligencia. Washington DC. Jueves 10 de julio de 1975, www.gwu.edu/~nsarchiv/, (Internet), (Traduc­ción del ESTI).

[29] Ibídem.

[30]Memorándum de William Attwood a Gordon Chase, 8 de noviembre de 1963, www.gwu.edu/~nsarchiv/ (Internet), (Traducción del ESTI).

[31] Ibídem.

[32] Peter Kornbluh: ob.cit.

[33] Declaraciones de William Atwood ante el Sena­do de los Estados Unidos. Comisión de Investi­gación sobre las operaciones gubernamentales relacionadas con actividades de Inteligencia. Washington DC. Jueves 10 de julio de 1975, www.gwu.edu/~nsarchiv/, (Internet), (Traduc­ción del ESTI).

[34] Memorándum para dejar constancia de Mc­George Bundy, 12 de noviembre de 1963, www. gwu.edu/~nsarchiv/, (Internet), (Traducción del ESTI).

[35] Citado por Peter Kornbluh: ob. cit.

[36] Memorándum de William Attwood a Gordon Chase, 22 de noviembre de 1963, www.gwu. edu/~nsarchiv/, (Internet) (Traducción del ESTI).

[37] Memorándum de Gordon Chase a Bundy, 12 de noviembre de 1963, www.gwu.edu/~nsarchiv/ (Internet) (Traducción del ESTI).

[38] Ibídem.

[39] Ibídem.

[40] Citado por Tomás Diez Acosta: ob. cit., p.187.               

[41] Carlos Lechuga: En el ojo de la Tormenta, SI-Mar SA, Cuba y Ocean Press, Australia, 1995, p.304.

[42] Ibídem, pp.305-306.

[43] El 22 de enero de 1963, durante una reunión del Consejo de Seguridad Nacional, Kennedy había declarado: «Probablemente llegará el momento en que tengamos que actuar nuevamente con­tra Cuba. Ese país puede que sea nuestra res­puesta en alguna situación futura –en la misma forma en que los rusos han usado Berlín-. No­sotros podemos decidir que Cuba pudiera ser una respuesta más satisfactoria que la respues­ta nuclear. Debemos estar preparados aunque esto no ocurra. Debemos estar preparados para dar pasos contra Cuba si eso fuera por nuestro interés nacional. Los planes de Estados Unidos y el ejército, en la dirección de nuestro esfuerzo, deben estar adelantados en los meses venide­ros teniendo siempre a Cuba en la mente, para estar listos y maniobrar con toda la rapidez po­sible. Podemos utilizar a Cuba para limitar las acciones de los rusos, lo mismo que ellos han hecho con Berlín para limitar las nuestras». Ci­tado por Tomás Diez Acosta en: ob. cit., p.24.

[44] Trascripción de las reuniones entre los funcio­narios cubanos y los historiadores de JFK, cinta 2 de 8, Hotel Nassau Beach, 7/9 de diciembre de 1995, http://cuban-exile.com/doc_026-050/ doc0027.html, (Internet) (Traducción del ESTI).

[45] Entrevista realizada a Peter Kornbluh, 30 de no­viembre de 2012.

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