Proposiciones

Internacionalismo: Cuba y África (II)

28 nov 2018
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Cuando Dos Santos estuvo en La Habana, poco después de la firma del Acuerdo de Lusaka, Fidel hizo explícita, de forma muy respetuosa, sus consideraciones acerca del procedimiento inconsulto por parte de Angola, que había firmado importantes acuerdos de naturaleza militar con el gobierno cubano, que chocaban con la esencia de lo pactado en Lusaka entre angolanos y sudafricanos. Fidel, sin presionar mucho más, comenzó a abordar otras problemáticas relacionadas con la situación de los servicios médicos de los cubanos. En importantes zonas de Angola existía una total carencia de muchos medicamentos; entonces, fue planteada la alternativa de producir un paquete de algunas de estas medicinas necesarias. Esta modesta contribución de Cuba era parte de la misión civil de nuestro país en tierras angolanas, cuyos integrantes también estuvieron expuestos al conflicto armado y desempeñaron un papel relevante.

Para el mes de septiembre de 1986, se realizó en Harare, Zimbabwe, la octava Cumbre del Movimiento de Países No Alineados. Este era un país que unos años antes todavía sufría las consecuencias de un régimen de minoría blanca, el más parecido al Apartheid. La actitud de nuestra Revolución y de Fidel, en particular, fue utilizar el contexto para mostrar al mundo la necesidad de presionar para poner fin al régimen en Sudáfrica, ya que, sin esta premisa, los gobiernos de la región no tendrían sosiego. De esta forma, la Revolución cubana refrendó su apoyo irrestricto a Angola y la voluntad de mantener las tropas cubanas hasta que se pusiera fin al Apartheid, que se encontraba en una situación crítica por el aislamiento internacional, las consecuencias económicas, la opinión pública y, sobre todo, el estado de desestabilización interna que levantaba las esperanzas de todos los que creían en el fin de aquel engendro.

Durante varias etapas del conflicto en Angola se reflejaron las contradicciones entre el mando soviético y el cubano; con el proceso de Cangamba, la dirección cubana había logrado que triunfara el principio, expuesto tantas veces por Fidel, de que las Fuerzas Armadas angolanas debían concentrar todos sus esfuerzo en la lucha contra la UNITA. Después, permanecieron desacuerdos de otra naturaleza entre ambos mandos. Mientras, la estrategia de Cuba iba enfocada al desarrollo de una guerra de guerrillas —tal como lo requerían las condiciones de Angola, similar a la situación de Cuba en la lucha contra la dictadura de Batista—, el marco de referencia soviético iba encaminado a la reproducción de los escenarios de la Segunda Guerra Mundial, que era la principal experiencia bélica de los soviéticos. Esto entrañaba la creación de un ejército clásico, convencional en el desarrollo de las diferentes operaciones, que privaba de recursos a las brigadas que debían combatir a la UNITA.

Fidel había manejado la posibilidad de un ataque contra Sudáfrica en el sur de Angola, que hiciera cambiar la situación inexpugnable que mantuvieron los sudafricanos en esa región y en la frontera con Namibia. Dentro del contexto de crisis del Apartheid, Fidel buscaba una salida que pudiera acelerar el fin del odiado sistema. Se realizaron conversaciones con los soviéticos, para que estos suministraran el armamento aéreo necesario, con el objetivo de equilibrar la superioridad de Sudáfrica en este aspecto y poder maniobrar con mejor situación en la franja sureña de Angola, ocupada por Sudáfrica. Fidel sostuvo conversaciones con Gorbachov en el marco de las celebraciones por el XXII Congreso del Partido Comunista de la URSS, en febrero de 1986, también en visita a tierras angolanas, tuvo un intercambio con Konstatin Kurochkin, jefe de la misión soviética en Angola.[5] En estas conversaciones, Fidel reflejaba su estado de inquietud respecto a la situación en el sur de Angola, que no cambiaba después de varios años. La máxima dirección de nuestro país, y de nuestra misión en Angola, empezó a decantarse por una contraofensiva en esa zona meridional del estado angolano, aprovechando el desprestigio y la situación crítica del Apartheid a mediados de la década de los años ochenta.

Durante el año 1987, Cuba se distanciaba un poco de la Unión Soviética por su creciente acercamiento a los Estados Unidos, cuyo gobierno mantuvo una línea dura respecto a los asuntos de Cuba y, en particular, al tema de Angola. Los soviéticos no apoyaron con el armamento que Cuba necesitaba para expulsar a los sudafricanos del sur de Angola. Ese año los cubanos se enfrentaron ante la situación de la escalada sudafricana alrededor del poblado de Cuito Cuanavale. A partir del deterioro de los acontecimientos en el terreno, la decisión de nuestros líderes fue la de reforzar las tropas con el mejor armamento disponible; noviembre fue un mes de grandes retos, en este sentido. A partir de los reclamos del alto mando angolano, Fidel y la dirección cubana decidieron el envío de más tropas y bien armadas para proteger el poblado de Cuito, pero sin utilizarlo como trampolín para una ofensiva, ya que esto representaba luchar en el terreno escogido por el enemigo. Una de las ideas esenciales era el fortalecimiento de la aviación cubana para contrarrestar la superioridad aérea del enemigo.

En este momento crucial, Fidel identificó que los mayores peligros se encontraban en Angola, por tanto los refuerzos debían ser inmediatos y sin reservas. Sudáfrica transitaba por un momento de extrema agresividad; mientras, los Estados Unidos habían disminuido sus posiciones más extremistas, dentro del ejecutivo, debido a sus escándalos, específicamente el «Irán-contras».[6] Los cubanos tomaron la iniciativa, sin esperar por la decisión del apoyo soviético, planteado en anteriores ocasiones. Tales propósitos se materializaron en la operación XXXI aniversario del desembarco del Granma.

A partir de la decisión de la dirección cubana, Fidel les comunica a los angolanos de la necesidad de establecer una estrecha colaboración entre las partes, sin permitir cauce a ninguna contradicción que pudiera hacer peligrar el curso de las operaciones que se estaban llevando a cabo en aquellos instantes. Aquí los desacuerdos fundamentales se daban entre los cubanos y los soviéticos, que quedaron explícitos en los intercambios de misivas entre Fidel y Gorbachov a finales de 1987. También estaba el hecho de la Operación cubana que no fue consultada sino posteriormente informada, ya que, como expresaba Fidel, era un asunto relacionado con la seguridad de miles de vidas que lo estaban arriesgando todo en Angola, y Cuba no podía correr la suerte de un descalabro, debido al envalentonamiento de las tropas sudafricanas y por no haber actuado con la rapidez que los acontecimientos ameritaba.

Bajo esta nueva atmósfera, los soviéticos tuvieron que aceptar, otra vez, el rumbo que habían tomado los acontecimientos y apoyar a los cubanos con el refuerzo que necesitaban, a medida que nuestras tropas fueron avanzando en el terreno, obteniendo las victorias esperadas en el suroeste de África. Fidel se preocupó, además, por tranquilizar la ansiedad de los soviéticos sobre las intenciones de Cuba con esta nueva ofensiva. En sus comunicaciones con Gorbachov, le expresaba la necesidad de buscar una nueva correlación de fuerzas en el terreno para poder sentarse a negociar con los sudafricanos en condiciones más ventajosas, que no fueran lacerantes para la soberanía de Angola y que pudiera negociarse la independencia de Namibia, a partir de la aplicación de la resolución 435 de la ONU, que demandaba tal propósito. Al mismo tiempo, enfatizaba Fidel en el envío, por parte de la URSS, de los armamentos, municiones y los sistemas antiaéreos que necesitaban los cubanos para seguir avanzando. Mientras tanto, Cuba fue reforzando a las tropas en Angola con sus propias armas. La esperada respuesta de los soviéticos llegó en enero de 1988, la operación la había aprobado Cuba desde noviembre del año anterior.

Cuando llegaron los refuerzos en 1988, como resultado de la nueva maniobra, las tropas cubanas en el país austral crecieron exponencialmente, hasta una cifra de más de 50000. Además, se movilizó el más avanzado armamento de Cuba, sobre todo aéreo y antiaéreo. La visión estratégica del líder de la Revolución cubana era pasar de la línea defensiva de Cuito Cuanavale hacia una nueva ofensiva en dirección del suroeste, donde los cubanos se encontraban en mejores condiciones. Fidel fue muy estricto con todos los detalles de la campaña que se desarrolló durante aquellos meses. Al hacer un balance, más de quince años después, el líder histórico de la Revolución cubana expresó: «La contundente victoria en Cuito Cuanavale, y sobre todo el avance fulminante de la potente agrupación de tropas cubanas por el suroeste de Angola, pusieron punto final a la agresión militar extranjera. El enemigo tuvo que tragarse su habitual prepotencia y sentarse a la mesa de conversaciones.»[7]

En el terreno diplomático, a medida que cambiaron las condiciones en el terreno, Fidel hizo hincapié en la resolución del conflicto internacional. Los problemas internos de Angola, debían ser resueltos por los angolanos, mientras que con el tema de la presencia de las tropas cubanas en el país, debía tomarse en cuenta la participación del gobierno de la isla. Había que demarcar la línea divisoria de los aspectos que debían abordarse en la futura negociación.

Fidel y las negociaciones sobre el conflicto en Angola

Cuando ya la correlación de fuerzas había variado a favor de los cubanos, Fidel empezó a reunirse con Jorge Risquet, un hombre con larga experiencia en las misiones de Cuba en África, sobre todo en la de Angola. Risquet fue el encargado de dirigir la delegación cubana en este intenso proceso negociador. Cuba consolidó sus victorias militares en el sur, expulsando a Sudáfrica de ese territorio, por tanto en un proceso de negociación esta no sería una variable a favor de Sudáfrica. Cuba buscaba el cese del apoyo sudafricano a la UNITA y el otorgamiento de la independencia a Namibia. Los otros aspectos podían ser manejados con los angolanos, de forma flexible.

Durante todas las rondas de negociaciones entre las partes involucradas, Cuba tuvo la firmeza de hacer oír su voz, de acuerdo con el papel protagónico que había desempeñado en el campo de batalla. La inteligencia y suspicacia de Fidel se hicieron presentes a través de las delegaciones cubanas que acompañaron dicho proceso. Para el verano de 1988, Cuba había logrado una posición muy fuerte en el terreno que le permitió sostener una postura invariable sobre los principales asuntos a negociar, los cubanos habían logrado construir una base aérea en tiempo record en la zona de Cahama. Esto sirvió para mejorar la infraestructura de los cubanos, sobre todo para el manejo del armamento aéreo y antiaéreo, que viabilizó las condiciones que Cuba necesitaba para lanzar su ofensiva contra los sudafricanos en la región del suroeste de Angola.

En la diplomacia cubana se reflejaron los principios manejados por Fidel de no dar ninguna garantía al enemigo sobre el avance de las tropas de Cuba hacia la frontera con Namibia. Los cubanos debían tener su propia voz en el proceso diplomático, más allá de la coordinación de criterios entre nuestro país y los hermanos angolanos. Se proyectaba, sin embargo, por parte de Sudáfrica el estado agónico del régimen del Apartheid en el que convergían varios factores, además de la posición de fuerza de Cuba en el suroeste. El impacto de esta situación en la inestabilidad del territorio namibio, donde el protagonismo de la SWAPO contribuyó a catalizar los acontecimientos. Por supuesto, influyó la lucha que se estaba librando en el corazón del Apartheid, en la propia Sudáfrica, elementos que modificaron la postura, inicialmente arrogante, del régimen.

El año 1988 representó un cambio en el orden de las operaciones militares a favor de angolanos y cubanos, a partir del cual se pudo negociar en mejores condiciones, proceso de varios meses que condujo a la firma de los Acuerdos de Nueva York a finales de diciembre de 1988. Se pudo garantizar el fin del apoyo de las fuerzas armadas sudafricanas a la UNITA, la retirada definitiva del territorio angolano de las tropas del régimen del Apartheid y un cronograma razonable de veintisiete meses para el regreso de los cubanos a casa, como lo habían manejado la parte cubana y angolana. Al mismo tiempo, se cumplió con otro de los principales propósitos, sobre el cual Fidel había mostrado una postura invariable, que fue la aplicación de la resolución 435 de la ONU, que le otorgó la independencia a Namibia. Este procedimiento comenzó en abril de 1989, período de tránsito que serviría para elegir una Asamblea Constituyente, encargada de elaborar una constitución para dicha república y proclamar la independencia. El liderazgo de Fidel, junto al resto de la dirección de la misión cubana, se comportó a la altura de los acontecimientos y enfrentó todas las adversidades posibles durante todo el período en que se extendió la misión cubana en Angola.

En enero del año 1989, Fidel había tenido un intercambio con estudiantes namibios en Cuba, donde abordó los asuntos relativos a los retos que le deparaba la nueva etapa que venía en camino. En esta dirección expresó:

Por eso, a partir del primero de abril, en que se inicia, o se debe iniciar, la aplicación de la Resolución 435, comienza una etapa en la historia de Namibia de gran importancia. Ya no se podrá impedir la independencia, pero la independencia sola no basta, a veces hay países independientes donde existe un gobierno títere, o un gobierno antipopular, o un gobierno reaccionario. ¡Hace falta la independencia y un gobierno popular! En dos palabras: ¡Hace falta la independencia y un gobierno de la SWAPO! Así, con esas palabras. Por eso nosotros no tenemos ninguna duda de lo que va a hacer el pueblo namibio en unas elecciones absolutamente libres y limpias: la inmensa mayoría del pueblo de Namibia va a votar contra los opresores, contra los racistas y sus títeres. Por eso es tan importante, en esta etapa, organizar al pueblo y orientar al pueblo. Pienso que la SWAPO tendrá que comprometerse a fondo en esa tarea política.[8]

Bibliografía:

Cantón Navarro, José; Arnaldo Silva León: Historia de Cuba (1959-1999), Ed. Pueblo y Educación, La Habana, 2011.

Castro Ruz, Fidel; Ignacio Ramonet: Cien Horas con Fidel. Conversaciones con Ignacio Ramonet. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2006.

______________: Discursos (tomo III) Ed. Ciencias Sociales, Ciudad de La Habana, 1979.

Céspedes Carrillo, Alicia: Angola: tortuoso camino hacia la independencia. Ed. Félix Varela, La Habana, 2013.

Entralgo, Armando: ÁFRICA. Ed. Félix Varela, La Habana, 2004.

Gleijeses, Piero: Misiones en Conflicto. La Habana, Washington y África. 1959-1976, Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 2002.

_____________: Visiones de libertad. La Habana, Washington, Pretoria y la lucha por el sur de África (1976- 1991). (2 tomos) Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 2015.

Jiménez Gómez, Rubén G: En el sur de Angola, Ed. Verde Olivo, La Habana, 2015.

Neto, Agostinho: Sobre la liberación nacional,Ediciones Mecenas, Cienfuegos, 2012.

Sánchez Porro, Reinaldo: África: luces, mitos y sombras de la descolonización. (En proceso de edición).

[1] Para una visión sobre el pensamiento y el proyecto de nación de Neto ver: Antonio Agostinho Neto: Sobre la liberación nacional, Ediciones Mecenas, Cienfuegos, 2012.

[2] Acuerdos firmados en el centro turístico de la costa atlántica de Portugal, con dicho nombre. En estos tomaron parte el nuevo gobierno portugués, el MPLA, el FNLA y la UNITA, en los que se plasmaba la formación de un gobierno provisional con participación de las tres organizaciones y un alto comisionado lusitano, hasta la entrega del poder por parte de Lisboa, acordada para noviembre de 1975.

[3] Kissinger, Henry: Years of Renewal, Simon and Schuster, New York, 1999, p. 816.

[4] Para más información sobre este asunto consultar: Gleijeses, Piero: Visiones de libertad, La Habana, Washington, Pretoria y la lucha por el sur de África. (1976-1991). Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 2015.

[5] Para una información detallada sobre estos acontecimientos: Gleijeses, Piero: Ob. cit.

[6] Escándalo ocurrido en el gobierno norteamericano de Ronald Reagan debido a la venta de armas a Irán, lo cual estaba prohibido por las leyes norteamericanas. Un fondo proveniente de dichas ventas fue donado a la oposición en Nicaragua cometiendo, de esta forma, otro acto de ilegalidad. Esta situación desembocó en una crisis que condujo a la expulsión de varios de los elementos más recalcitrantes de la administración Reagan y debilitó las posiciones más beligerantes en relación a Cuba.

[7] Cien Horas con Fidel. Conversaciones con Ignacio Ramonet. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2006, p. 374.

[8] Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz en la escuela en el campo Hendrick Witbooi, de jóvenes namibios, durante su recorrido con Desmond Hoyte, presidente de la República Cooperativa de Guyana, por la Isla de la Juventud, el 29 de enero de 1989. Versiones taquigráficas del Consejo de Estado.

 

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