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Historias de espías en La Habana

24 jul 2019
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Investigaciones recientes sobre particularidades de la guerra secreta de la CIA contra Cuba en los primeros años posterior al 1ro. de enero de 1959 han aportado informaciones, poco conocidas y nunca antes publicadas en nuestro país, que revelan que los tres estadounidenses detenidos en 1960 en el edificio del Retiro Médico, cuando intentaban espiar a la Agencia de Prensa Xinhua de la República Popular China, eran en realidad importantes oficiales de la Agencia Central de Inteligencia. También fueron revelados sus verdaderas identidades, detalles de su juicio y las gestiones de la CIA  para promover su evasión de la prisión.

Probablemente aquella fue la primera instalación clandestina de micrófonos y transmisores en inmuebles cubanos, realizada por parte de la CIA en 1960. Fue el momento en que Estados Unidos condenó a muerte a la Revolución y a su máximo líder, al poner en ejecución el Programa Subversivo aprobado por el presidente Eisenhower el 17 de marzo, cuyo principal gestor y conductor sería la CIA.

El incremento de la presencia en Cuba de misiones diplomáticas y otras instituciones soviéticas y chinas básicamente, motivó el interés del gobierno de Estados Unidos que pronto convirtió a nuestro país en escenario para sus actividades de espionaje y subversión contra países del campo socialista.

En 1960 la actividad de la CIA en La Habana se había incrementado significativamente. El 18 de enero habían creado la primera estructura formal para enfrentar a la Revolución cubana. Se trataba de la Rama WH-4 insertada en la División del Hemisferio Occidental del Directorio de Planes.

Contaba con una plantilla de 40 oficiales, de los cuales 20 estarían actuando desde la Embajada de Estados Unidos en La Habana, 2 desde el consulado en Santiago de Cuba y el resto radicado en la sede principal de Washington DC.

Los oficiales de la CIA en unión de otros profesionales de los servicios de inteligencia militar y del FBI, representados también en la embajada yanqui, bajo el amparo de una diversidad de cargos diplomáticos, desarrollaban disímiles actividades de espionaje y subversión contra Revolución.

La campaña anticomunista contra Cuba se extendió también al terreno diplomático. En el mes de agosto de 1960, durante la Séptima Reunión de Cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA, por sus siglas en español) el gobierno de Estados Unidos logró que se condenara  a Cuba por aceptar la ayuda solidaria de la Unión Soviética y otros países socialistas. El 4 de mayo de 1960 Cuba había restablecido las relaciones diplomáticas con la Unión Soviética y a pesar de la presión estadounidense a través de la OEA, el 24 de septiembre del mismo año lo hizo con la República Popular  China.

Para la CIA,Cuba sería a partir de ese momento una de las denominadas«áreas vedadas», categoría que incluía también a la URSS y China, por lo difícil que resultaba ejecutar en su territorio la actividad encubierta de espionaje y subversión.  El seguimiento de la presencia soviética y china en nuestro país, se constituyó en misión permanente para sus oficiales y agentes.

Un turista de la CIA en Cuba

En octubre de 1959 Melvin Beck, un estadounidense de mediana edad, apariencia benigna y cámara fotográfica en mano, había arribado al aeropuerto José Martí de La Habana. Sus documentos de viaje estaban en perfecta correspondencia con su condición de turista, uno más entre los cientos que ingresaban diariamente al país por vía aérea o marítima.

En realidad se trataba de un profesional del espionaje yanqui, especialista en temas soviéticos, jefe del Staff de América Latina en la División de la Unión Soviética del Directorio de Planes de la CIA, y posiblemente el primero de esa estructura en visitar Cuba después del triunfo de la Revolución.

Alojado en el Hotel Vedado, su principal misión en ese momento fue explorar la presencia soviética en Cuba y familiarizarse con el país. Permaneció en la Isla durante una semana. La Agencia tenía información sobre el arribo a Cuba del primer buque carguero soviético y Beck se encargó de verificar in situ y documentar fotográficamente el arribo del navío al puerto de Cárdenas en la provincia de Matanzas. El oficial de inteligencia norteamericano pudo informar a la CIA que el buque se encontraba cargando azúcar cubana con destino a la URSS.

El 5 de febrero de 1960,  se produce la segunda visita como turista de Beck a La Habana donde permaneció una semana y media, alojándose nuevamente en el Hotel Vedado. Sus misiones eran continuar explorando la presencia soviética en Cuba y en particular la visita del Viceprimer Ministro Anastasias Mikoyán a la Isla, así como la organización de la Primera Exposición Soviética de Ciencia, Técnica y Cultura.

La tercera visita a La Habana, Beck la efectuó el 24 de mayo de 1960, tres semanas después del restablecimiento de las relaciones diplomáticas de Cuba con la URSS. En esta ocasión actuaría con la inmunidad e impunidad conferida por su designación oficial como  diplomático, simulando ser un funcionario en tránsito del Departamento de Estado que realizaba trabajo interno en la embajada de Estados Unidos en Cuba.

El incremento de las relaciones amistosas y solidarias entre ambos países, motivó que la CIA decidiera insertar un especialista en temas soviéticos que bajo el amparo de la embajada pudiera permanecer en Cuba un período más prolongado de tiempo, procedimiento que solo era aceptado en esa época a las Divisiones Soviética y China de su estructura clandestina. Su actividad sería apoyada por otros oficiales de la CIA que operaban permanentemente desde la embajada y que eran conocedores de las particularidades de  Cuba, especialmente en la capital.

Beck tendría también que apoyar otras operaciones subversivas contra la Revolución y las principales instituciones del Gobierno Revolucionario, asignadas al enclave permanente de la CIA en nuestro país.

Robert D. Wiecha fue uno de los oficiales de la CIA más activos en la actividad de espionaje y subversión contra Cuba.Su labor de espionaje bajo el manto diplomático fue intensa, tanto en Santiago de Cuba, donde monitoreó la actividad revolucionaria de las fuerzas del Movimiento 26 de Julio en la ciudad y en las montañas, como en La Habana, donde mantuvo una activa labor incrementada después del triunfo de la Revolución. Reclutó como agentes de la CIA a diversos ciudadanos cubanos y extranjeros y los dirigió contra las instituciones del Gobierno Revolucionario y sus principales líderes.

Otros, como el agregado naval auxiliar Phillip H. Klepak, también asistirían a Beck en el cumplimiento de sus tareas contra los soviéticos en Cuba.

En realidad, la actividad de Beck en Cuba estuvo dirigida a verificar en el terreno las informaciones que poseían en el cuartel general de la CIA en  Washington DC., en relación con la presencia de funcionarios y especialistas de la Unión Soviética, fundamentalmente los vinculados con la actividad diplomática, militar y de seguridad.

Dedicó una parte significativa de su tiempo a merodear por lugares donde se presumía existiera presencia de esa categoría de personas. Se alojó inicialmente en el Hotel Capri, aunque serían los Hoteles Habana Libre y el entonces Havana Riviera los lugares más visitados.

Entre julio y agosto Beck organizó la que quizás fuera su tarea más compleja: la instalación clandestina de micrófonos  en el penthouse del entonces Hotel Rosita.La CIA presumía que en esa instalación turística serían emplazadas las oficinas de la embajada soviética en Cuba, y que en el penthouse podía ser ubicado el despacho del embajador, o al menos una sala de reuniones.

En esta misión, lo asistió de manera activa Robert D. Wiecha, quien le facilitó a uno de sus principales espías reclutados en Cuba: el contrarrevolucionario Alfredo Izaguirre de la Riva, que era sobrino nieto de Alfredo Hornedo, ex propietario del Hotel Rosita y había entrado en contacto con funcionarios de la embajada estadounidenses a principio de 1959.

Izaguirre, al que Beck identifica en su libro «Contendientes Secretos» como «Armando» era el hombre ideal para apoyar la acción, pues conocía bien el hotel y en particular el área del penthouse, que en tiempos recientes había sido ocupada de manera permanente como lugar de residencia por su tío abuelo.   

Para la instalación de los micrófonos y los transmisores necesarios, vinieron dos especialistas de la División de Servicios Técnicos de la CIA. Una secretaria de la estación local de la CIA, bajo el pretexto de organizar una fiesta de la embajada, alquiló por un día una de las suites cercana a los elevadores del hotel. Los locales de esa habitación serían utilizados como puesto de mando, mientras los dos técnicos, auxiliados porIzaguirre ejecutaban la instalación de los micrófonos que concluyó pasada la medianoche. Después se unirían a Beck para trasladarse de manera inmediata al apartamento del espía cubano ubicado en el edificio colindante, desde donde se efectuaría el monitoreo de los micrófonos.

Al final la operación fue un fracaso, pues aunque los micrófonos fueron instalados y su funcionamiento comprobado la embajada de la URSS nunca fue ubicada en el Hotel Rosita. Las oficinas de la Cancillería y el Consulado fueron ubicadas inicialmente en el Vedado.

Paradójicamente en el mes de agosto del propio año 1960 el primer embajador soviético en Cuba después del restablecimiento de las relaciones diplomáticas establecería su residencia a escasos metros de la casa donde vivió su último mes en Cuba Melvin Beck, en el Country Club  ubicada en 19-A No 15016, y propiedad de Kenneth M Crosby, empresario estadounidense que había abandonado el país y entregado la casa en custodia al jefe de la estación local que la utilizó para alojar oficiales CIA en tránsito.

Las instituciones y funcionarios soviéticos no serían los únicos objetivos del trabajo de espionaje y subversión de la estación local de la CIA en La Habana contra países amigos de la Revolución.

El 24 de septiembre se establecieron de manera oficial las relaciones diplomáticas entre la República Popular China y Cuba. El entorpecimiento de estas relaciones sería una prioridad dentro de los planes de la CIA, que buscaba por todos los medios obtener información de inteligencia para el acoso a la colaboración económica, política y militar entre ambos países.

Al igual que hacía con la URSS, el gobierno estadounidense enfocaba la ofensiva subversiva contra China como una necesidad estratégica en el contexto de sus doctrinas de seguridad nacional y de contención del comunismo. Cada acción de espionaje y  sedición contra la presencia China en Cuba era justificada por los Servicios Especiales estadounidenses por la urgencia de prevenir la «penetración comunista» en el hemisferio occidental.

Nuevamente otra división priorizada de los servicios clandestinos de la Agencia, la del Lejano Oriente, optó por la fórmula de insertar uno de sus especialistas en un enclave local de la División del Hemisferio Occidental.

Nuevos turistas de la CIA en La Habana…

Así, el 14 de agosto de 1960 arribó a La Habana el oficial CIA Robert L. Neet que se acreditó en la embajada como funcionario en tránsito en funciones consulares, actividad profesional que jamás ejecutó, pues en el corto tiempo que permaneció en Cuba pudo únicamente dedicarse a la conducción de otra «operación de audio».

En este caso, el objetivo sería una dependencia de la República Popular China, la Agencia de Noticias Xinhua, ubicada en el apartamento 172 del Edificio del Retiro Médico en la zona de la Rampa en la capital cubana y que desde los primeros meses de 1960 había atraído la atención de la actividad del espionaje contra Cuba. 

Una vez más Robert D. Wiecha estaría involucrado directamente en una acción de espionaje contra un país amigo de la Revolución, al encargársele la observación clandestina de la entidad gubernamental china para acopiar la información de inteligencia necesaria que posteriormente facilitaría la  instalación de la técnica de escucha.

Con esos propósitos, la estación local de la CIA, auxiliándose del personal administrativo de su plantilla, alquiló dos apartamentos cercanos al que ocupaba la agencia de noticias china. Carolin O. Stacy, secretaria del área administrativa, ocuparía el apartamento 173, contiguo al de la Xinhua. Marjorie A. Lennox, también secretaria, pero del área económica lo haría en el 231.

Un tercer apartamento, el 182, sería alquilado por el propio Wiecha, pero a nombre de una tercera persona: Mario Nordio, ciudadano norteamericano de origen italiano, propietario de una academia de baile en La Habana, quien oportunamente había sido reclutado por el oficial CIA para dar cobertura y apoyo a la operación de espionaje.

Robert Neet, quien desde el día de su arribo a Cuba se encontraba compartiendo la misma residencia de Melvin Beck en el Country Club, se encargó de dirigir la operación, auxiliado por Wiecha, Carolyn, Marjorie y Nordio.

En la operación la Agencia involucró también de manera directa a David Lemar Christ, un experto técnico de alto nivel y experiencia secundado por un equipo de especialistas de la División de Servicios Técnicos de la CIA.

David Lemar había sido fundador de la Rama de Física Aplicada en la División de Servicios Técnicos, se le consideraba un innovador, promotor de la fabricación para uso operativo en la Agencia de equipamientos electrónicos transitorizados de última generación. En 1956 realizó trabajos en Japón, Formosa y Corea. En 1957, estuvo en Berlín, Uruguay, Argentina, Chile y Panamá. Para principio de 1957 Christ era el jefe de la Rama de Operaciones de Audio de la División de Servicios Técnicos de la CIA. En 1958 efectuó labores en Turquía, Pakistán, Grecia, Alemania y Bélgica. En 1959 estuvo en Inglaterra y Alemania. A principios de 1960 lo hizo en México y en marzo del propio año laboró en Marruecos, Grecia y Alemania.

En aquellos momentos Christ fue introducido en Cuba bajo la identidad falsa de Daniel Lester Carswell y cobertura de turista. Portaba además documentación falsa que corroboraba su fachada que incluía licencia de conducción de la ciudad de Nueva York,  certificado de nacimiento de Pensilvania, así como carnés que lo acreditaban como miembro de la Sociedad de Ingenieros de los Estados Unidos y de la Asociación de Oficiales de la Reserva de la Fuerza Aérea de esa nación.

A sus colegas también les fueron asignadas identidades ficticias y fachada de turistas, solo reveladas por la propia Agencia después de diez años.

Christ viajó primero solo y posteriormente regresó a Estados Unidos para recoger a los demás especialistas y reingresar a territorio cubano en el momento oportuno, según el plan establecido y ejecutado para el completamiento de la operación.

Para la instalación de los dispositivos de escucha, los técnicos perforaron el piso del apartamento 182 en dirección a la cubierta del que ocupaba la agencia Xinhua en el piso inferior.

Los trabajos fueron concluidos el 30 de agosto, fecha en que Wiecha entregó las llaves del apartamento 182 a Mario Nordio, para que lo ocupara y se encargara además de entregar las grabaciones de audio a los oficiales de la estación local.

La Operación Xinhua aparentemente estaba funcionando, pero había un detalle importante que resolver. El plazo de alquiler del apartamento 182 ocupado por Nordio vencía en un mes, sin garantía de un nuevo periodo para su ocupación, por lo que la CIA decidió traer equipos transmisores de radio que serían enmascarados en un closet del propio apartamento. La idea era que la información obtenida se transmitiera a otro punto intermedio ubicado en un apartamento ocupado por la CIA en un edificio cercano al del Retiro Médico.

El mismo día 30 de agosto Carswell/Christ salió hacia Estados Unidos a buscar los equipos necesarios para la segunda parte de la operación, regresando el 8 de septiembre en compañía de los especialistas técnicos Eustace H. Danbrunt y Edmund Konrad Taransky. En la década de los 70 la Agencia reveló que los verdaderos nombres de estos especialistas eran Thortón J. Anderson y Walter Szumisnky. Al igual que  Carswell, estos dos agentes de la División de Servicios Técnicos de la CIA, poseían documentación falsa adicional para su fachada de ingenieros.

El propio día 8 de septiembre los tres técnicos de la CIA en unión de Mario Nordio introdujeron en el apartamento 182 seis maletas con los equipos adicionales para las transmisiones.

Carolyn Stacy observaba los movimientos de personas en los pasillos de los pisos cercanos al de la instalación, en búsqueda de indicios de posible vigilancia por parte de los Órganos de la Seguridad del Estado de Cuba.

Fin de una aventura: Los espías capturados in fraganti

El 15 de septiembre Carswell/Christ, Danbrunt/Anderson y Taransky/Szumisnky fueron arrestados en el apartamento 182 en plena faena de espionaje. A Marjorie Lennox también la detuvieron dentro del edificio.

Robert Neet y Mario Nordio fueron interceptados en los alrededores del lugar de los hechos, cuando evidentemente se dirigían a la embajada.

Las excusas eran ridículas, Neet dijo que era turista al igual que Carswell/Christ quien planteó que hacía un favor a un amigo de la embajada norteamericana que le había pedido la reparación de equipos electrónicos en su apartamento.

Robert Neet y Marjorie Lennox fueron liberados a escasas horas de su detención, tomando su condición de diplomáticos acreditados.

Entre los días 16 y 17 de septiembre, se produjo lo que pudiera calificarse como una estampida en la estación CIA de la Habana. El escándalo ya había trascendido a la prensa. Robert Neet, Marjorie Lennox y Carolyn Stacy abandonaron el país el día 16, pero no serían los únicos. A ellos se incorporarían Robert Wiecha y Melvin Beck.

Los técnicos Carswell/Christ,  Danbrunt/Anderson y Taransky/Szumisnky, sin inmunidad diplomática, fueron juzgados ante un tribunal militar sin que las autoridades cubanas llegaran a conocer sus verdaderas identidades. Su condición de operativos en la plantilla de la División de Servicios Técnicos de la CIA, aunque era indudable, tampoco pudo ser confirmada en ese momento.

Siendo este hecho evidente, el peligro que preveía la CIA antes del juicio, era que los soviéticos se ocuparan del caso tomando en consideración que Christ, desde 1957 hasta el momento de su detención, conocía en detalle todas las investigaciones desarrolladas por la División de Servicios Técnicos de la CIA en relación con medios de escucha secreta y estaba informado sobre determinados equipos y operaciones de la CIA en países extranjeros. Tenía certificación de confiabilidad de “Secreto Máximo para Inteligencia Especial” y sabía la ubicación a nivel mundial de todos los técnicos de audio de la CIA.

El juicio fue celebrado el 18 de diciembre de 1960 en la fortaleza de La Cabaña donde los implicados fueron acusados por un fiscal militar de crímenes contra los poderes del estado.

El abogado de la defensa escogido por Estados Unidos, Fernando Colomar, viajó a ese país con antelación al juicio donde fue instruido por John Mertz, oficial de la CIA especialista en contrainteligencia el cual,    actuando bajo la cobertura de abogado de la familia de los acusados,  esbozó una estrategia dirigida, en primer lugar, a salvar a los acusados de una posible condena a pena de muerte y en segundo lograr, de ser posible, lograr su absolución.

Aprovechando el desconocimiento de la parte cubana sobre la verdadera identidad de los acusados, el abogado Colomar, siguiendo las instrucciones de Mertz, basó su defensa en hacer recaer la culpa sobre Robert Neet, del que dijo que no siendo ni funcionario consular ni diplomático había sido expulsado de Cuba por las autoridades cubanas en vez de hacerlo comparecer a juicio.

Alegó que los acusados eran solo ingenieros (mecánico, eléctrico y electrónico), que fueron instigados e inducidos por Neet a viajar a La Habana durante sus vacaciones de septiembre para reordenar y adaptar diversos equipos de audio y sonido, que antes de su llegada como turistas estaban ya conectados a micrófonos previamente instalados. El alegato de la defensa, sugería que el verdadero culpable había sido expulsado del país y que se habían llevado ante los tribunales a tres inocentes.

El 11 de enero de 1961, Christ y sus dos colegas técnicos fueron encontrados culpables y condenados a 10 años de privación de libertad por el delito de espionaje. Mario Nordio fue expulsado del país. Los tres condenados fueron trasladados a la prisión de la entonces Isla de Pinos donde debían extinguir sus sentencias.

El periodista estadounidense Jack Anderson reportó en el Washington Post del 4 de enero de 1978 que la CIA estaba determinada a sacar a Christ de Cuba y para lograrlo John Mertz, por recomendación de Jim Angleton, jefe de Contrainteligencia de la CIA, contactó al ex subordinado de Angleton en la Oficina de Servicios Estratégicos durante la Segunda Guerra Mundial, Charles Siragusa que le dijo a Anderson en 1978 que se había reunido con un oficial de la CIA en Washington DC., en 1960 que le informó:

·         Tres operativos de la CIA que hablaban español habían sido arrestados mientras realizaban una operación clandestina –similar a la de Watergate, contra una agencia de noticias de la República Popular China en La Habana.

·         La policía cubana pensaba que habían capturado a tres delincuentes de poca monta y los habían encerrado en una isla cercana a Cuba.

·         La CIA estaba desesperada por sacarlos de Cuba antes de que las autoridades cubanas descubrieran sus identidades reales.

·         Uno de ellos conocía los nombres de numerosos contactos de la CIA en Cuba.

La CIA quería que Siragusa organizara a sus contactos en la mafia para una operación de rescate lo que no resultó ser práctico y finalmente lo que hizo fue comenzar a negociar con el abogado de Chicago Constantine N. Kangle.

La CIA autorizó a Siragusa a gastar hasta un millón de dólares para lograr la evasión  de los agentes prisioneros. El abogado de Chicago recibió diez mil dólares de los fondos de la CIA, pero sus esfuerzos no fructificaron.

Según lo que le dijo Siragusa a Anderson, finalmente los tres fueron liberados mediante gestiones legales de un abogado de La Habana pagado por la CIA al margen del conocimiento del Gobierno Revolucionario.

Por otra parte, John Mertz planteó que en 1960, Richard Helms Subdirector de la CIA para Planes, le asignó la tarea de desarrollar un proyecto para liberar a Christ y a sus dos colegas lo cual trató de instrumentar a través de Siragusa, que habiendo fracasado en gestiones que hizo con Santo Trafficante puso en contacto con Mertz al chofer de Batista y a su esposa que dijeron que los harían escapar fácilmente porque conocían a más de uno de los custodios de la prisión de la entonces Isla de Pinos.

A cambio de doscientos mil dólares que debía recibir por adelantado, el chofer de Batista planteó que haría que los custodios sacaran a los detenidos de la prisión como si fueran a trabajar y entonces dejarlos escapar. Una vez liberados, debían caminar aproximadamente 16 kilómetros hacia el sur hasta la costa donde serían recogidos en una embarcación. Entonces la CIA, según relato del investigador norteamericano A. J. Weberman, conoció que entre la prisión y la costa sur de la entonces Isla de Pinos lo que había eran 16 kilómetros de una ciénaga cubierta de mangle.

Los esfuerzos de Mertz de producir una evasión dramática nunca fructificaron.

La esposa de Christ, Wilma, solicitó audiencia con el Fiscal General y hasta con el Presidente en esta dirección. Fue recibida por Allen Dulles el Director de la CIA, que le dijo que todo dependía de la buena voluntad de la Revolución cubana. Finalmente, logró entrevistarse con William Donovan que estaba en las negociaciones para la liberación de los mercenarios de Girón, el cual le prometió que Christ y sus colegas serían liberados a cambio de mercaderías.

La Operación Xinhua, fue otro estruendoso fracaso de la CIA en Cuba.

Los jefes y oficiales de la CIA que concibieron y ejecutaron la operación una vez más habían subestimado la capacidad de las autoridades cubanas para descubrir y cortar oportunamente  acciones de esa índole. Este en realidad sería el principal y más grave error de la Agencia, repetido en innumerables ocasiones antes y después de ese hecho.

Al final, la Revolución fue magnánima con los principales implicados, incluso con los condenados, los cuales solamente cumplieron dos años y cinco meses de la condena, por un delito de graves implicaciones para la seguridad de un país, que afectaba incluso sus relaciones diplomáticas con otra nación amiga.

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