Contrapunteo

Fidel y la economía mundial

25 nov 2019
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La personalidad y la ejecutoria de Fidel Castro se componen de muchas facetas. Aquí intento reflejar una de ellas: el manejo técnico-político de los temas de economía mundial.
Ellos son una parcela de su pensamiento expresado en discursos, conferencias de prensa, notas periodísticas, entrevistas e incluso en un libro sobre las relaciones económicas internacionales. Fue probablemente el líder político que con mayor frecuencia y extensión utilizó el análisis de la economía mundial en la segunda mitad del siglo xx y en el arranque del siglo xxi, y no fue superado por ninguno en cuanto a combinar el manejo técnico de complejos temas con las formulaciones políticas extraídas de ellos, en la estructuración de un discurso coherente y movilizador.
Sería absurdo abordar su pensamiento con los juicios de valor aplicables a un economista académico. El medidor apropiado para esta personalidad es como líder político de talla universal. El líder que con mayor brillantez, originalidad y profundidad supo hacer alta política con los temas de economía mundial, con respeto estricto del rigor académico.
En ese terreno de la economía mundial, el líder político hizo al menos seis contribuciones importantes, que serán tema de investigación futura para esclarecer su hondura y significado, su relación con los problemas que en su momento ocuparon su atención así como la vigencia actual de planteos que aluden a asuntos no resueltos o en proceso de evolución.
Sin que el orden en que las menciono sea cronológico o de importancia, creo que esas contribuciones son:

•    Entregó al conjunto de países entonces llamados Tercer Mundo, la base argumental para sus demandas económicas, tanto para el Movimiento de Países No Alineados como para el Grupo de los 77.
•    Planteó una propuesta de base técnica y filosófico-política, sobre la deuda externa de América Latina que no encontró eco en los timoratos gobiernos latinoamericanos de entonces.
•    Tan temprano como en 1983 pronosticó el futuro estallido de una gran crisis económica capitalista, en términos diferentes a los que repetían los manuales de Economía Política —llamados marxistas por esos años—. Desechó la vaga noción de una crisis de «superproducción» y planteó la gran crisis por ocurrir, como resultado de una nueva imbricación de factores financiero-monetarios con papel relevante de la especulación financiera y de la peculiar actuación de la economía de Estados Unidos. El pronóstico comenzó a cumplirse a fines de los años noventa con la crisis en los «tigres» del sudeste asiático y otros países, se hizo más certera en la crisis en la economía norteamericana en 2001 y fue corroborada por la realidad en la gran crisis sistémica de 2008.
•    Hizo la crítica más aguda y sistemática a la teoría y la política neoliberal en los años de apogeo del «pensamiento único», cuando su voz se alzó solitaria contra el nutrido coro neoliberal.
•    Concibió y organizó la batalla latinoamericana victoriosa contra el ALCA por medio de dos instrumentos: los Encuentros hemisféricos de lucha contra el ALCA y la campaña continental contra aquel proyecto imperialista, el más ambicioso propuesto por Estados Unidos hacia América Latina.
•    Planteó y organizó, en estrecha interacción con Hugo Chávez, una nueva concepción y práctica de la integración latinoamericana y caribeña (ALBA), con ingredientes de solidaridad y verdadera cooperación, que trascendió la habitual visión comercialista de la integración.

El pensamiento de Fidel sobre economía mundial no puede tomarse como un tema de Historia Antigua reservado para estudiosos de temas perdidos en el pasado. Una buena parte de los temas que abordó siguen vigentes o incluso se han tornado más apremiantes. Y aún más, la economía mundial sigue siendo explotadora y excluyente, el neoliberalismo avanza en contraofensiva, la izquierda acumula derrotas y no hay líderes con la autoridad moral y el arte político que Fidel desplegó.
Para penetrar en la compleja trama de las relaciones económicas internacionales, Fidel tuvo que enfrentar al menos tres fuertes obstáculos: el pensamiento académico de Occidente que, salvo valiosas excepciones, hace de la dominación una aparente ciencia; el pensamiento académico del otrora campo socialista, que nunca entendió el subdesarrollo, y el pensamiento de los organismos de Bretton Woods —Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial (BM), Organización Mundial de Comercio (OMC)—. A esos obstáculos intelectuales se añadía la agenda diaria cargada de apremiantes urgencias que iban desde la resistencia a las agresiones y la asfixia económica hasta las complicadas decisiones para intentar el acceso al desarrollo.
El reto que aceptó y logró vencer con voluntad de acero y tenacidad impar fue lograr dominio técnico suficiente de intrincados temas, para expresar en lenguaje político capaz de ser entendido y movilizar fuerzas sociales heterogéneas, la actuación de los mecanismos de explotación y dominio insertados en las políticas y prácticas comerciales, financieras, tecnológicas, monetarias del sistema capitalista de economía mundial. Para hacerlo tenía que articular lo abstracto y lo concreto, combinar enunciados teóricos con ilustración cuantitativa, y lo más complejo, hacer la síntesis de todo en un discurso político entendible para campesinos, indígenas y otros muchos integrantes del vasto «pobretariado», un discurso que llegara a sus mentes y a sus sentimientos.
Nadie preguntó nunca a Fidel cuáles eran sus objetivos al estudiar y promover con ahínco el debate sobre temas de economía mundial, porque hubiera sido una pregunta ociosa, pero creo no alejarme de la verdad si adelanto que esos objetivos eran dos: conocer el escenario en que la abierta economía cubana libraba su batalla por salir del subdesarrollo y dominar lo esencial del entramado de contradicciones y desequilibrios del orden económico mundial capitalista para integrarlo en un discurso político de denuncia y lucha con decidida vocación internacionalista por la defensa de los pobres y explotados de la tierra.
El pensamiento de Fidel sobre la economía mundial siguió un curso ascendente en estrecho contrapunteo con sus luchas. Una posible forma de exponer su ascenso es tomarlo como lo hago, por décadas de su incansable bregar, aunque otros estudiosos podrían adoptar otros métodos válidos, como seleccionar temas relevantes o líneas temáticas específicas y estudiarlas en su evolución. Hay una copiosa documentación en forma de discursos y otros medios de expresión, en espera de su análisis minucioso, pues no creo que otro líder político coetáneo haya utilizado con tal frecuencia y extensión estos temas.
La década del sesenta del pasado siglo es la de menor presencia de los temas de economía mundial en el pensamiento de Fidel. Es fácil advertir que para la joven Revolución Cubana esa década intensa estuvo marcada por urgencias extremas de supervivencia, resistencia a invasiones, aplicación de bloqueo; y que aquellos temas no pudieron ocupar mucho espacio. Un chispazo de penetración precoz ocurrió en 1959 cuando Fidel asistió en Buenos Aires a la llamada Conferencia de los 21 y allí el joven Comandante recién llegado de la Sierra Maestra planteó las necesidades financieras de América Latina para empezar a hablar en serio del desarrollo regional.
Los años setenta señalan el despegue de su pensamiento en el terreno que hemos delimitado.
Fue esa una década en que el debate sobre economía mundial se animó con sucesos como la imperial decisión norteamericana de liquidar el respaldo oro del dólar, el alza de precios del petróleo decretada por la Organización de Países Exportadoras de Petróleo (OPEP) y el despliegue de petrodólares, el lanzamiento por el Grupo de los 77 y los No Alineados de la demanda por un Nuevo Orden Económico Internacional, el «milagro» japonés, y otros. Ese acumulado de sucesos tuvo su reflejo en la Sexta Cumbre de los No Alineados celebrada en La Habana y en el discurso de Fidel ante la Asamblea General de Naciones Unidas en octubre de 1979 como Presidente del Movimiento.
Ante un salón colmado hasta los pasillos e interrumpido en 27 ocasiones por los aplausos que estremecían aquel diplomático recinto, Fidel pronunció un electrizante discurso que representó el primer planteo de un programa integrador de varias dimensiones: la denuncia e impugnación del orden económico mundial como totalidad, la convocatoria a la lucha unida del Tercer Mundo para transformarlo y la identificación de los países capitalistas desarrollados como los responsables no solo del colonialismo, sino de los nuevos métodos neocoloniales, reproductores de la pobreza y el hambre.
En ese discurso hay también una precoz vinculación entre el funcionamiento del orden económico mundial y la destrucción del medio natural. Desde comienzos de la década el Club de Roma había llamado la atención sobre los «límites del crecimiento» dados por el impacto de la actividad económica sobre el medio natural, pero Fidel allí dio un importante paso más al plantear que era la explotación del medio natural en el contexto de la búsqueda del lucro del capital, la causa del deterioro ambiental que entonces apenas empezaba a mencionarse.
La década de los años 80 fue la del reaganomics en Estados Unidos y la del thatcherismo en el Reino Unido, la de la crisis de la deuda externa de América Latina, la del inicio del crecimiento de la economía china, la caída del Muro de Berlín, y el estancamiento de la economía soviética, entre otros sucesos. En el terreno que hemos delimitado, esta fue para Fidel la década en que se establece como líder tercermundista y en ella ocurren dos sucesos que darán sustancia a sus planteos: la crisis de la deuda externa de América Latina y la publicación bajo su autoría del libro La crisis económica y social del mundo (1983), cuyo contenido consiste en el análisis de la economía y las realidades sociales mundiales tal como eran en aquellos años de esa década, por cierto, no muy diferentes a las actuales. Este libro fue presentado como contribución del autor en su condición del Presidente de los No Alineados a la Cumbre del Movimiento efectuada en Nueva Delhi en 1983, en la que Cuba entregaba la Presidencia a la India.
Para prepararlo, Fidel pidió la colaboración de un pequeño grupo de académicos del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial y el Centro de Investigaciones de Economía Internacional de la Universidad de La Habana. Con ellos trabajó intensamente durante meses en el debate minucioso de cada página, con capacidad sorprendente para detectar errores, rechazar redacciones insuficientes y plantear a los jóvenes académicos que allí estábamos, las preguntas más filosas que obligaban a la teoría a aterrizar en la práctica y a esta a recurrir a la teoría.
Este libro incluyó un análisis y un pronóstico sobre las crisis económicas capitalistas que en aquellos años parecían lejanas e improbables. Fue pronosticado el estallido de una gran crisis capitalista y esto se hizo en términos diferentes a la explicación manualesca de apariencia marxista entonces en boga, que mencionaba una crisis de «superproducción», entendida como repetición de crisis del siglo anterior o de la ocurrida en 1929.
Aquel pronóstico planteó una crisis derivada de una nueva imbricación de factores financiero-monetarios y del papel inductor de la economía de Estados Unidos en un contexto de especulación financiera creciente y desordenada. El pronóstico comenzó a cumplirse a fines de los años noventa con la crisis de los «tigres» del sudeste asiático, avanzó más con la crisis llamada de las empresas punto com en 2001 en Estados Unidos y se cumplió con certeza en la fuerte crisis sistémica de 2008.
También incluyó aquel libro un análisis del comercio mundial que hoy ayudaría a entender la guerra comercial que Trump ha declarado contra el resto del mundo, y entre otros contenidos que el espacio no permite siquiera mencionar, merece no olvidar el permanente abordaje del deterioro ambiental.
Aunque no tiene un capítulo con el nombre de medio ambiente, este tema está presente por casi todo el texto, en especial, en los análisis sobre agricultura y alimentación, en la denuncia de las prácticas depredadoras del agronegocio transnacional, en las falsas promesas de un redespliegue industrial que fue moda en esos años, prometiendo un traslado de industrias hacia el Tercer Mundo que la realidad demostró no ser más que búsqueda de mano de obra barata y en ocasiones exportación de industrias contaminantes.
Este libro continuó la denuncia y la convocatoria a la lucha tercermundista unida que Fidel lanzó en el discurso en la ONU en 1979. Su carencia más significativa fue no incluir en el análisis a los entonces países socialistas, aunque el espacio ocupado por estos en la economía mundial era pequeño.
La deuda externa de América Latina estalló en 1985 por la economía mexicana y como cascada los países de la región se vieron obligados a declararse en situación de impago uno tras otro, como resultado directo de la acumulación de deudas en el ambiente de préstamos alegres de la época y de la acción unilateral del gobierno de Estados Unidos al provocar súbitamente un alza de las tasas de interés que multiplicó de un día a otro el servicio de las deudas.
Fidel planteó entonces su propuesta para quitar de encima de los pueblos el pago de una deuda ruinosa que apretaba el cepo de la pobreza. Proclamó la ruptura del sacrosanto principio de pagar toda deuda al afirmar y demostrar con cifras que la deuda era impagable. Propuso extinguir la deuda latinoamericana que ascendía a unos 300 000 millones de dólares, sin que por ello fueran a la quiebra los acreedores, que eran en lo grueso, los bancos privados transnacionales norteamericanos; mediante una reducción en monto igual al de la deuda, del enorme gasto militar anual de Estados Unidos (50% del gasto militar mundial).
De ese modo se liberaría a los pueblos y gobiernos de la región de un peso agobiante y se haría una contribución a la causa del desarme y la paz mundial, al reducir un amenazante gasto que alimentaba una peligrosa carrera armamentista. Era una vía para llevar a la realidad la ayuda al desarrollo de los países pobres mediante la reducción del peligro de una devastadora guerra nuclear.
Fidel desplegó un gran esfuerzo para explicar su propuesta, unir a los sectores sociales que quisieran hacerlo, incluyendo gobiernos, empresarios, mujeres, jóvenes, campesinos, intelectuales, religiosos, a los que invitó a La Habana y organizó con ellos encuentros de debate abierto. Con los gobiernos latinoamericanos de entonces trató de que se unieran para enfrentar la negociación con los acreedores, pero estos prefirieron seguir la vieja costumbre de obedecer y aceptaron la negociación caso a caso, las migajas que prometían los planes Baker y Brady y continuar cargando una deuda que esquilmaba a sus pueblos.
Este esfuerzo de Fidel por lograr una acción latinoamericana unida en el tema de la deuda externa, que los gobiernos no fueron capaces de adoptar, está pendiente de una investigación a fondo que identifique acciones y actores, pues la trascendencia del problema fue muy relevante.
Aceptar seguir cargando con la deuda, multiplicada por una unilateral decisión de política económica norteamericana, llevó a la entrada masiva del FMI en la región, a sus «condicionalidades» para cobrar las deudas, y todo lo anterior fue la puerta por la que el neoliberalismo penetró en toda la línea a los países de la región. Quizás la última línea defensiva latinoamericana frente a esa política fue entregada sin combatir en los años ochenta por la acción timorata de los gobiernos en la crisis de la deuda externa.
La década del noventa y los años de este siglo en los que Fidel actuó como gobernante o aquellos en los que publicaba sus Reflexiones en la prensa cubana, fueron los de mayor intensidad en la utilización de los temas de economía mundial y en los que con mayor vigor promovió debates, eventos y estudió a fondo a autores, intercambió con ellos y organizó desde grandes reuniones internacionales hasta frecuentes e intensas sesiones de debate en formato de pequeño grupo, en las que profundizaba en los conteni- dos y se movía con su insaciable interés por la información actualizada y su asombrosa capacidad de cálculo numérico mental.
Fueron los años del derrumbe de la Unión Soviética, los del apogeo del pensamiento único, los del «fin de la Historia», los del avance acelerado de la globalización neoliberal y las confusiones que introdujo en el mundo, que de pronto se tornó unipolar. En esos años de aparente catástrofe, de adversidades gigantescas capaces de desanimar a cualquiera que no fuera Fidel, tomó con más fuerza que nunca antes los temas de economía mundial como instrumento de lucha y advirtió que ellos serían un campo de batalla política muy importante, donde la denuncia de las inequidades y la explotación servirían como armas frente al presuntuoso discurso del neoliberalismo en el poder.
En estos años su manejo de esos temas superó al de cualquier otro líder político en asuntos técnicamente complejos como las políticas monetarias, las modalidades de especulación financiera con variados instrumentos, las maniobras para derrumbar tasas de cambio de monedas, el funcionamiento de las Bolsas, los fondos de cobertura, los paraísos fiscales y otros.
Lo más relevante en su talento de comunicador político fue la articulación de esa madeja técnica en un discurso político de crítica y denuncia, y la capacidad para ponerlo en sintonía con variados auditorios.
La década registró en la Cumbre de la Tierra en 1992 (Río de Janeiro), el más importante evento hasta entonces realizado para debatir sobre el deterioro del medio ambiente. Allí Fidel pronunció en el tiempo límite de 7 minutos concedido a cada orador, el discurso más denso en argumentación, más contundente en contenido y más claro en mensaje que allí se escuchara. No creo que haya sido superado desde entonces como síntesis magistral del tema ambiental desde la posición de los que sufren y exigen detener la carrera hacia la extinción de nuestra especie. Todavía suenan en mis oídos los aplausos inusuales en una Conferencia Cumbre, que arrancó su discurso en aquel salón lleno de Jefes de Estado.
Si la batalla sobre la deuda externa de América Latina no terminó en victoria, no ocurrió así en la mayor batalla que libró en esta década en el terreno de la economía mundial: la lucha contra el ALCA, el proyecto imperialista más ambicioso planteado a los latinoamericanos y caribeños.
Su pretensión era agrupar en un área de libre comercio a todo el continente con la excepción de Cuba, lo que significaba encerrar a todos los países bajo iguales disciplinas neoliberales, las que harían de esa política un compromiso jurídico de los estados. Después de adoptado el ALCA, para abandonar la política neoliberal, habría que violentar la obligación jurídica contraída por los estados. Era el remache final con que se cerraría la cadena neoliberal para los latinoamericanos.
Frente a esa amenaza, Fidel concibió apoyarse en los movimientos sociales populares para organizar en interacción con ellos, una Campaña Continental contra el ALCA que desarrolló variadas formas de lucha incluyendo plebiscitos populares en varios países, e invitó a celebrar en La Habana los Encuentros Hemisféricos de Lucha contra el ALCA para debatir, unir esfuerzos e impulsar la Campaña contra el proyecto norteamericano que se negociaba entre los gobiernos.
Durante varios años esos Encuentros Hemisféricos se efectuaron en el Palacio de las Convenciones con la asistencia de los movimientos sociales más combativos, de intelectuales comprometidos en la lucha y de líderes como Evo Morales y Hugo Chávez. Cada Encuentro contó con la participación, a tiempo completo, de Fidel; sus discursos de clausura y su atención minuciosa a cada detalle organizativo para asegurar condiciones favorables a los participantes.
La batalla del ALCA fue ganada con el rechazo a ese proyecto en la reunión de Presidentes de Mar del Plata en 2005. La victoria fue el resultado de la confluencia entre la acción de los movimientos sociales que coordinaban sus resistencias en La Habana, y la posición de varios gobiernos, en especial, de Hugo Chávez con una postura de rechazo frontal, y también de Néstor Kirchner y Lula Da Silva.
En los Encuentros Hemisféricos, Fidel manejaba con facilidad los entresijos de los Tratados de Libre Comercio como plasmación directa de la política neoliberal. Sus frecuentes intervenciones en los debates, la atención cuidadosa a todo el que hablara y su autoridad moral, contribuyeron a la unidad y la concertación en aquella campaña que culminó en victoria.
Los años noventa fueron los del gran debate sobre el significado y las implicaciones de la globalización. El derrumbe del socialismo en Europa y la oleada neoliberal crearon un ambiente propicio para presentar la globalización como símbolo de una nueva era de capitalismo indisputado. A la globalización se le integró con el neoliberalismo como si fueran un todo indivisible, y se le adjudicaron capacidades por encima de la soberanía nacional. Para intervenir en ese debate que tenía a los economistas como participantes destacados, Fidel invitó a la Asociación de Economistas y Contadores de Cuba (ANEC) para organizar un evento anual sobre Globalización y Problemas del Desarrollo en el Palacio de las Convenciones.
Concibió estos eventos como lugar de debate entre economistas representantes de corrientes de pensamiento antagónicas en un clima de respeto y libre exposición de ideas, los únicos en los que economistas neoliberales de diversas variantes, y marxistas o representantes de pensamiento anticapitalista, se encontraron para debatir con altura sus ideas colocadas en las antípodas.
Fidel asistió a todos los eventos, intervino como siempre lo hacía, con frecuencia y con respeto hacia cualquier expositor, e incluso presentó en uno de ellos una ponencia breve cargada de sutil ironía respecto al horizonte de crisis de la economía mundial capitalista.
Participaron en esos eventos representantes de las instituciones más identificadas con el pensamiento neoliberal (FMI, BM, OMC), y también asistieron varios premios Nobel de Economía, entre ellos Joseph Stiglitz, así como destacados economistas latinoamericanos como Rafael Correa y otros de la CEPAL, la OIT y otras instituciones internacionales y de centros académicos.
Al ocurrir el rechazo al ALCA, Fidel no dedicó mucho tiempo a festejar, porque estaba enfrascado en llevar a la realidad un proyecto de construcción de una nueva forma de concebir y modelar la anhelada integración latinoamericana. De su profunda identificación con Hugo Chávez y con los aportes de ambos, surgió la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América; con una visión bien diferente a la visión comercialista, arancelaria de los esquemas tradicionales de integración que con magros resultados trataban de avanzar desde la década de los años sesenta.
Por encima de la reducción de aranceles y de las «ventajas comparativas» de la teoría liberal, colocaron Fidel y Chávez los principios de solidaridad, equidad y respeto a las diferencias en los niveles de desarrollo. En vez de hacer competir a los países por ofrecer mayores concesiones para atraer capital extranjero, colocaron la colaboración para resolver viejas carencias sociales acumuladas en salud, educación, analfabetismo, impulsaron un esquema energético (PETROCARIBE) para ayudar a las más pequeñas economías y elaboraron proyectos de apoyo financiero y de un esquema para el comercio a través de un nuevo instrumento monetario común (SUCRE), que apuntaba a crear autonomía regional en esos terrenos que actúan como bastiones del dominio del capital transnacional.
La historia más reciente de estos proyectos de una diferente y solidaria integración regional, ha sido adversa con la embestida derechista a partir de 2015 y el estrechamiento de las posibilidades financieras venezolanas, pero el terreno desbrozado por Fidel y Chávez permanece como modelo de lo posible para hacer avanzar a la integración regional de la retórica patriotera a la solidaria integración de pueblos.
La última etapa de la actuación de Fidel a propósito de la economía mundial y sus problemas, ocurrió a partir de 2006, cuando la enfermedad recortó sus fuerzas y lo obligó a abandonar las tareas de gobierno después de muchos años de intenso trabajo, en los que se exigió demasiado a sí mismo. Ni aún entonces dejó Fidel de combatir y los temas de economía mundial fueron otra vez uno de los más frecuentes en las Reflexiones que con tenacidad escribía y publicaba en medios cubanos.
Esas Reflexiones en forma de breves notas dieron cuenta de su sistemático trabajo intelectual. En ellas condensó muchos enfoques sobre economía mundial en temas como la aplicación y significado de los biocombustibles, los avatares destructivos de la crisis sistémica que estalló en 2008 y los intentos del gobierno norteamericano y algunos europeos por domesticarla con planes de rescate que echaron más combustible a la especulación financiera.
Otro tema recurrente en las Reflexiones fue el de los privilegios del dólar de Estados Unidos en el actual sistema monetario internacional, y de igual modo la denuncia reiterada de la destrucción del medio natural y de las condiciones para la vida en el planeta, debido a la subordinación del medio ambiente a la valorización incesante del capital.
Si intentara extraer una conclusión de esta faceta de la vida de Fidel, en tanto estudioso de la economía mundial, y en especial, como líder político que se apoyó en su crítica para construir un discurso en favor de los pobres de la tierra que trascendió las fronteras cubanas, afirmo que es un modelo de coherencia y firmeza de principios.
La utilización de las relaciones económicas internacionales con rigor técnico e información al día, integrada en un arsenal de cultura encaminado a sustentar un sólido discurso político para el mejoramiento humano, es un modelo a seguir por los economistas cubanos y por los que trabajan las relaciones internacionales. Un modelo que, para orgullo de cubanas y cubanos, nos pertenece, y con su luz ilumina la penumbra de este mundo donde sobran los falsos valores y escasean los buenos políticos.
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