Proposiciones

Fernando Martínez Heredia: La otra mitad del camino

15 mar 2019
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Potencialmente subversivas frente a la dominación cultural capitalista, las propuestas del marxismo rivalizan por la búsqueda de alternativas. Recurso subjetivo y hondamente ético; reclaman una suerte de profundización crítica ante métodos y categorías disminuidas por el tiempo.

Abarcadores y necesarios, es substancial que ahora examinemos esos propósitos que se adosan al «lado constructivo de la revolución». Desde Mariátegui y Mella, una sorprendente lista de nombres infligió abolladuras a los intelectuales meditadores que luego Fanon, en Los Condenados de la Tierra bautizara como «colonizados». Adyacente, este lado del mundo acuñó formas muy originales que evitando la yuxtaposición forzosa fundieron las conjeturas de Marx al contenido de lo nacional.

Teorizar sobre lo hecho resulta importantísimo. Examinadas a la luz de esas presunciones, política y economía  revelaron para Nuestra América su condición subdesarrollada. Frente a la dominación imperialista norteamericana, el marxismo asistió en la fugacidad del siglo XX la amplificación del esfuerzo de los pensadores de la independencia. Para entonces, derramado sobre el esfuerzo de Marx y las aportaciones de Lenin la doctrina stalinista ya se revelaba hegemónica.

Inserto en el contradictorio universo de la década de los cincuenta, el triunfo del movimiento cubano de liberación nacional supuso la crisis de las preconcebidas  «etapas» para la toma del poder. Ante el retroceso evidente de la tendencia comunista revolucionaria, confirmó la lucha armada como procedimiento. A la vez, abría una brecha instigadora para la discusión sobre la revolución social y el período de transición.

Consustancial a las apetencias que buscaban transmutar el orden de cosas en el país, pocas veces se colige el influjo de ese contexto en la trama que delimitó los primeros años de aprendizaje. No es mi intención penetrar aquella atmósfera, sin embargo tengo la certeza, que sin ella no podemos entender la cepa agitadora a la que inequívocamente se encuentra ligado Fernando Martínez Heredia.  

Hijo de las definiciones que estampan su época, la Revolución emerge cargando de sentido a su obra. Aproximaciones, duelos y descubrimientos, que en lenguaje común apuntan los inconvenientes que estamos forzados a afrontar. Problemas centrales que favorecen o limitan la realización práctica del socialismo, y que a su juicio solicitan ser discurridos a partir de un pensamiento siempre superior a sus circunstancias, crítico y creador; que para servir bien no puede ser súbdito de nadie.

Convexo admirador del visionario de Tréveris, perfila el rostro colectivo de lozanía intelectual que tuvo su bautismo en los sesenta. Son esas las décadas que lo atan al sello de rebeldía que vivifica hasta su muerte. Tozudo alentador de juventudes, conjuga los constituyentes de la feliz amistad que nos vincula. Sinceras miradas y prolongadas conversaciones -que junto a Esther-reanimaron en mí la complejidad con la que hoy examino el mundo. 

Graduado de Derecho, orgulloso de su militancia en el Movimiento 26 de Julio y de su formación como profesor de Filosofía en la Escuela Raúl Cepero Bonilla; siente el impulso temprano de adquirir la comprensión del distante y a la vez próximo universo que constriñó al autor de El Capital. Profundiza en ese espacio teórico, registra el empalme de la experiencia que nace en Cuba con el atrayente mensaje.

Comprometido con el subjetivismo marxista, se aleja de las reproducciones miméticas. Indaga en las claves y los rezagos de la economía política. Articula la dimensión sociológica de su propuesta. Razona una apropiación consistente del método y pasando por el propio Marx, Engels, Lenin, Rosa, Gramsci, el Che y Fidel; termina al fin estrechando un modo peculiar de sentir y proyectar el Tercer Mundo del que se sabe representante.

Violento en el fondo y moderado en la forma; ataca los lugares comunes que simplifican la praxis de la Revolución. Cuestiona el leguaje vacío de agregado ideológico. Hace de la categoría poder un argumento central de todos sus axiomas.  

Inventariar los asuntos a los que dedicó energías es ciertamente complejo. Sujetos por generalidad a los conflictos de la arquitectura socialista, a la búsqueda de originalidad en la experiencia cubana y a la pasión por los movimientos de izquierda en América Latina; suscitan todos una disputa contra el inmovilismo. Cientos de horas dedicadas al despliegue de ideas y un abultado número de publicaciones, sirven a esa finalidad.

Negado a delimitarse frente a la multiplicidad de áreas en las que incursiona,  vigila mantenerse  apartado de las teorías de salón, los retoricismos académicos y la persistente asechanza que para el ejercicio del pensar representa el dogmatismo. Son las voces y vidas de la gente común las que legitiman y nutren su discurso.

Fernando bosqueja la trama de su emancipación, explora el conjunto de significaciones que aportan los complejos culturales y que arrastran los constantes e indispensables rompimientos ideológicos a los que en su crecimiento se ven expuestos los pueblos.

Asomado con profundidad al torbellino que desata el ciclo de transición, reclama la urgencia de oxigenar el patriotismo popular de justicia social. Una inspiración que busca superar de un tirón la estrechés de la transformación económica y reforzar una elaboración colectiva más eficiente de la hegemonía socialista. Al combinar el ejercicio político, las formas distributivas de la autoridad, las síntesis culturales; no aspira a otra cosa que a pulsar las claves para que juntos violentemos la reproducción esperable de la vida social.

Para la Cuba actual, obligada a ser próspera sin dejar de ser; ello condiciona la prisa por vigorizar imaginarios colectivos, capaces de entusiasmar a la mayoría de las personas, encausar sus esperanzas y restablecer consensos entre ellos y la institucionalidad que los conduce. Todavía irresuelto, hemos de apurar la identificación de fuerzas internas que se adhieren a las simulaciones revolucionarias, convienen la incomunicación con las bases y extienden el apoliticismo y la conservatización de la vida nacional con el único fin de precipitar la sedimentación de los valores del capitalismo.

Fernando señaló bastante el nivel de subdesarrollo inducido que a partir de los setenta definió a las ciencias sociales cubanas y sus perniciosas implicaciones. Alertó sobre la ausencia de un pensamiento estructurado que opere como fundamentación del socialismo en el país. Visto en el plano de la actividad revolucionaria, insistía en la importancia de trasgredir el solo reflejo de la práctica y apuntalar su enriquecimiento.

En esa dirección una parte de sus trabajos corren la cortina ante la enhiesta presencia del economicismo y las expresiones de un pragmatismo descarnado sujetas a él. En 2014 reconociendo el estado de abandono de la economía política alegaba:

Mientras lo que se juega es cómo será en el futuro el socialismo en Cuba, o incluso si continuará o no, (…) esa actitud es una incitación a no pensar ni investigar, a esperar resultados positivos desde la ideología de que la economía es la locomotora y la guía, o a consumir los pares burgueses de ricos y pobres y de éxito o fracaso individuales y familiares.[i]

En el mismo trabajo exhortaba a intervenir la formación de los más jóvenes, a enseñar a pensar y a ser culturalmente adultos. Una idea fuerza que en esos días discutiera con los miembros del Consejo Nacional de la Federación Estudiantil Universitaria que entonces tenía yo la responsabilidad de liderar.

Coincidiremos seguramente en que el llamamiento que hace a científicos y funcionarios, a instituciones académicas y entidades de gobierno, exige la superación de un esquema disoluto que amenaza con profundizar la dispersión. Por otra parte demanda transdiciplinariedad en los enfoques, veracidad en las indagaciones, componentes mejores dispuestos para la generalización de conclusiones.

Lacerar el contenido humanista de la Revolución no solo empequeñecería su alcance. Adicionalmente, la afectación a su arquitectura ideológica haría probablemente imposible recuperar la credibilidad de las masas en su propuesta. Imprescindible, la participación efectiva en términos no capitalistas, abre el camino a la radicación de representaciones y consensos realmente socialistas. Todo ello adquiere su fuerza —como observa Fernando— en los sentidos populares, el patriotismo nacionalista y la estrecha correspondencia entre justicia social y libertad que precisa el modelo cubano.  

Cuando la prosperidad emula con el señero fin de hacerse hegemónica es preciso recordar. Considerar y debatir críticamente la Historia se hace un tema cardinal en la obra de Fernando. Al colocar en un primer plano creaciones simbólicas notables, presenta la coexistencia de culturas múltiples que tejen las redes e involucran en sí mismas una cultura dominante que no nos pertenece por antonomasia. Trabajos escritos con motivaciones y en fechas diferentes, triangulan esa revisión crítica a las dominaciones, las resistencias y las rebeldías. 

Combinación de saltos hacia adelante, las revoluciones para continuar siéndolo impiden fragmentar alianzas con las mayorías. Son ellas las que entablan los combates que en lo más íntimo de la conciencia configuran las metas y las utopías. Hacer del socialismo cubano un concepto de avanzada, entendible y deseable, implica ir más allá de las abiertas discusiones que enfocan la enunciación de sus categorías. Lógicamente eso resulta importantísimo, pero no es suficiente.

Hay que enfocar peligros más hondos que se establecen en la pugna entre dos maneras de vivir y razonar la realidad. Coloco, con intención total primeramente    «vivir». O nos volcamos todos a superar el cáncer del practicismo o los retrocesos podrían llegar a ser permanentes. Es inherente ensanchar la cultura política del pueblo, que antes fue mayúscula. Hecho que solo será posible a partir de simetrías en el poder que no solo lo hagan parte, sino que como condición primera apelen a su protagonismo.

Premio Extraordinario Casa de las Américas en 1989 con la publicación Che, el socialismo y el comunismo, esta figura ocupa parte sustancial en el conjunto de temas que aborda Fernando. Aparece la referencia al análisis cubano en íntima relación con las realidades del mundo. La creación de ligaduras solidarias contra los vínculos mercantiles, el individualismo y el egoísmo.

«El socialismo que no logra pensar de manera totalmente diferente al capitalismo se ve demasiado reducido a aceptar valores de este en cuestiones cruciales».  Recuerdo su voz descubriendo casi pedagógicamente esa sentencia. Luego la página señalada en su libro, donde el Che prescribe que:

Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo luchamos contra la alienación (…) Si el comunismo descuida los hechos de conciencia puede ser un método de repartición, pero deja de ser una moral revolucionaria.[ii]

Máximamente el Che y también Fernando representan esa corriente que encabezada por Fidel intenta hacer viable que Cuba siga siendo socialista. Partido, Estado, clases,  economía, sistema de dirección, estímulos al internacionalismo proletario, etc. son conceptos —nos recuerda— que tienen alcances y una articulación específica en su medio teórico. Razonamientos que apelan a no olvidar las consecuencias devenidas de utilizar en la lucha contra el capitalismo, sus propias y deterioradas armas.

En medio de la vigente batalla por la espiritualidad Fernando instiga la iniciativa popular. Reaparece con los más humildes. Con ellos cimenta nuevas construcciones y pretende demoler las que atan a un pasado alienante. Esa es su aproximación y no otra. La salida que despliega ante la encrucijada en la que se halla distendida la Revolución.

Cuba ha significado un ejemplo principalmente en América Latina y aún posee una gran influencia en amplias regiones del mundo. Al propósito recolonizador de la derecha imperial no le somos ajenos. Por nuestra capacidad de resistencia servimos de diana a colosales esfuerzos destinados a desmembrar el nervio de ese paradigma.

Conocer las funciones de dominación que cumplen los atractivos que en realidad posee el capitalismo es elemental. Hay que superar un entendimiento colonizado de la realidad que nos incita a mirar el mundo desde el prisma de los subyugados. Lo que está en curso —nos indica Fernando— es un atetado por etapas a la soberanía nacional y la autodeterminación que en el último medio siglo ha formado parte de las plataformas cívicas de millones de seres humanos en el planeta. No basta con conocer la naturaleza actual del capitalismo:

En realidad los sentimientos que concentran energías y fomentan motivaciones, y que desatan actitudes y actuaciones, son tan importantes como las ideas y los conocimientos.[iii]

Por vía espontánea la conciencia revolucionaria no consigue ser adquirida. Los mecanismos de contagio asisten, pero su radicación surge y se desarrolla en la práctica tomando para sí misma toda la autoridad que deriva de la participación. Sin lucha no existen condiciones subjetivas, tampoco líderes que entusiasmen, ni puntos de vista suficientemente provocadores para que otros deserten de la comodidad del sillón y sacrifiquen su inactividad.

La lucha a la que me refiero no resume un empeño lineal. Por el contrario desnuda los conflictos, excita la impaciencia en multitud, arroya las esperas y coloca en primer lugar a la rebeldía espiritual que resguarda energizada la maquinaria que en el núcleo vapulea agitando a la Isla.

Ante todo depende de la militancia cultural. Hay que disputar sentidos, remover lo ocioso, recargar semánticamente las palabras; sacar del borde del abismo «la batalla por el socialismo» que en algunos sectores manifiestamente conservadores ya se libra en franca retirada. 

Estamos obligados a no omitir. Vivimos momentos disyuntivos que seguramente desembocarán en decisiones. Si nos alejamos de propósitos teológicos, el pensamiento de Fernando será un importante consejero. Volver sobre sus opiniones alumbra escenarios, posibilidades para la acción y creativas ideas que resanan los tejidos.

Por su naturaleza, la cultura está más cerca de ponerse a la altura de las revoluciones sucesivas (…) Puede modificar a nuestro favor las ideas que tenemos acerca de lo que es valioso y de lo que es hermoso, instigarnos a trabajar más y mejor para la sociedad y para el bienestar de todos, resolver carencias y deseos de un modo muy diferente a las soluciones que propone el capitalismo, proporcionar goces y revelar horizontes.[iv]

«Se sirve al imperialismo o se sirve al pueblo», advirtió alguna vez Guiteras. Es imprescindible conocer y manejar conceptualmente las nociones, desarrollar una reflexión propia, ser selectivo y a la vez totalizadores en los análisis ante el diluvio informacional en que tiene lugar la presente búsqueda de referentes.

La América que no es nuestra se mueve aceleradamente. Aun en crisis permanente, no deja de impresionar su capacidad de camuflaje, su adaptabilidad a las circunstancias. Tenemos que reencantar las utopías, ampliar los programas, posibilitar saltos que esquiven las discontinuidades  a las que pretenden someternos. Hemos de encontrar dimensiones más universales, darle permanencia a los logros, comprender como determinantes las radicalizaciones en el contexto en que interactuamos de las elaboraciones políticas. Confiarse a las prácticas y limitarnos solo a la repetición de verdades escogidas enferma de espejismos continuados. No tenemos, para ser francos, mucho tiempo.

El siglo XX comienza a marcharse. La vocación pensante de la nación sufre la orfandad en que nos dejan los que sellaron la herejía oficial y que ahora ya no están. Otros para suerte aún nos escoltan. No podemos conformarnos en el lamento.

Necesitamos trabajar con la gente joven, involucrarla en los problemas que solo con sus energías se pueden resolver. Repitió una y otra vez Fernando a los amigos y colaboradores que acudíamos a él para hacer más inteligibles los deberes revolucionarios. Hay que generar oportunidades que trasladen la vitalidad de un debate juvenil en el país, nos coloquen en el foco de la polémica revolucionaria y posibiliten el reconocimiento de otras voces comprometidas con auxiliar el empeño común.

Ello no podrá hacerse formal ni por reglamentarios nombramientos. Es decisivo socavar las bases del quietismo y acortar las distancias para que la cultura juegue su papel como prolongación fundamental de la política que está por hacerse. Larga y complicada, ahora nos queda la opción de recorrer esa otra mitad del camino, que Fernando deja para nosotros.

Solo podrá ser transitable si partimos de las realidades y de sus crecientes complejidades y no como él mismo nos advierte; de cegueras, suaves mentiras y simplificaciones. Solo en la ambición de cultivar los imposibles podrá afincarse el pensamiento independiente que debe colaborarnos.

Hace algunos meses, en un texto a propósito de una conferencia de Fernando, afirmé que la praxis socialista cubana ha de reflejar ahora más que nunca capacidad de autogeneración, autenticidad y respuestas constantes a las crecientes necesidades de la gente. Unas semanas después de su publicación conversé dilatadamente con él sobre el alcance de aquella tesis.

Hoy, cuando siento la ausencia de su lucidez ante los crecidos desafíos y las polémicas que se abren; no puedo dejar de estudiarle e invitar a mi generación a que lo haga. Tampoco de extrañar el cálido resguardo que solía provocar su abrazo compañero. 

Como dije en aquella ocasión en que escribí sobre mi amigo: él agiganta el concepto del intelectual de la Revolución. Convoca al tiempo de cuidar lo que invisible sigue siendo vital para que salvemos y alimentemos la raíz, lo simple y lo cierto. Tiende una mano hecha vida para que no nos marchemos. Para que no haya hambre de patriotismo ni anemia social que genere agotamiento. Para que no olvidemos la ruta y el costo de la resistencia.



[ii] Entrevista concedida por el Che a Jean Daniel, publicada en L ? Express, 5 de julio de 1963, con el título  «La profecía del Che», Citado en Fernando Martínez Heredia, Las idas y la batalla del Che, (2010), La Habana: Editorial Ciencias Sociales y Ruth Casa Editorial.

[iii] Siete retos para los jóvenes de América Latina. Intervención en la presentación de la Red en Defensa de la Humanidad, durante el 18º Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, Quito, Ecuador, 12 de diciembre de 2013. Publicada en el blog Dialogar, Dialogar el 27diciembre de 2013.

[iv] No permitan que llegue a haber dos Cubas en la cultura. Palabras a nombre de los premiados en el acto para entregar el Premio Maestro de Juventudes, de la Asociación Hermanos Saíz, en La Habana, 18 de octubre de 2011. Véase  en Fernando Martínez Heredia, A la mitad del Camino (2015), La Habana: Editorial Ciencias Sociales.

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