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Fermín Revueltas: entre lo popular y la vanguardia

30 oct 2018
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En 1893, Rubén Darío publicó uno de sus libros más famosos titulado Los raros, en él escribía biografías de personajes a quienes él admiraba. Escritores como  Lautreamont, Verlaine, Leconte de Lisle e incluso José Martí aparecen en sus notas. La importancia de ese libro radica no sólo en hacer apología de dichos autores, sino en acercarse a la obra de cada uno de ellos con el fin de resignificarla. En pleno siglo xxi, la necesidad de emular el trabajo de Darío se hace cada vez más apremiante  puesto  que con el paso del tiempo algunos nombres se van borrando hasta ser sólo sombra en la historia; personajes que, por no encajar del todo en las clasificaciones muchas veces arbitrarias que se le dan a ciertos capítulos en la vida cultural, política y social de un pueblo, pasan a segundo plano, e incluso muchas veces son olvidados. Es por ello que el objetivo del presente artículo es traer a la memoria la obra de un pintor poco conocido a quien la muerte sorprendió tempranamente, Fermín Revueltas.

 

Nacido en Santiago Papasquiaro, el 7 de julio de 1901, Fermín ocupa el segundo lugar entre diez hermanos. Su infancia transcurre en diversos estados de la república como Durango, Jalisco y Colima, hasta que en 1917, cuando la Revolución Mexicana aún estaba en efervescencia, sus padres deciden enviarlo junto con su hermano Silvestre al Colegio Saint Edwards en Austin Texas con el fin de que ambos no se mezclaran en la lucha armada, sin embargo, ellos no permanecen ajenos a los ideales de la revolución, aspecto que se evidencia una vez que vuelven a México a mediados de 1920.

Fermín manifiesta su interés en la pintura desde temprana edad pero no es hasta su regreso a México que su labor artística florece al inscribirse en la Escuela de Pintura al Aire Libre (EPAL)[i] en Chimalistac. Allí comparte su interés por la acuarela con otros pintores como Emilio García Cahero, Fernando Leal y José Fernández Urbina, compañeros con los que coincidirá en otros proyectos a lo largo de su vida.

En 1921, José Vasconcelos, quien recientemente había sido nombrado ministro de Educación, entra en contacto con los jóvenes de la EPAL y con Diego Rivera. Dentro de sus proyectos educativos estaba el de realizar la difusión de la cultura aún en los estratos sociales más pobres, también poseía una visión integral y humanista de la educación, donde el arte, específicamente la pintura, debía perder su carácter burgués, refiriéndose a la pintura de salón que en ese momento se realizaba. Volver a la pintura monumental  que diera fe de la lucha y la grandeza de un pueblo como se observaba en los muros de los templos sagrados es uno de los intereses compartidos con los jóvenes pintores de la EPAL, es por ello que Vasconcelos no duda en ofrecerles los muros de la Escuela Nacional Preparatoria, actualmente Antiguo Colegio de San Ildefonso.

Importantes pintores colaboran con Vasconcelos para cristalizar su proyecto de renovación cultural, entre los que figuran Diego Rivera y  José Clemente Orozco, el primero de ellos dueño de una cultura pictórica muy basta adquirida en sus constantes viajes a Europa, mientras que el segundo destaca por ser un gran litógrafo de sátira política y religiosa. Sin embargo, pese a las cualidades de los ya citados pintores, son Fermín y Fernando Leal los primeros quienes a través de su obra plasman el espíritu de lo nacional que Vasconcelos deseaba mostrar. Así, mientras Rivera trabaja en su pintura La creación, con algunos simbolismos de la cultura grecolatina, Fermín, pese a su ateísmo, sorprende al grupo de pintores con su mural Alegoría de la Virgen de Guadalupe.  El mito  guadalupano refleja esa doble naturaleza del mexicano, la sincretización de la cultura española con la indígena.

La mayoría de los muralistas mostraban simpatía por las ideas revolucionarias de aquella época y tenían la firme idea de que el arte debía ser instrumento ideologizante, y los muros, por tanto, los nuevos altares a los que el pueblo debía concurrir. Las escenas que aparecen en los murales poco a poco se cargan de contenido político, se observa la lucha de clases, campesinos y obreros labrando la tierra y adueñándose de los medios de producción. Ese fantasma que Marx y Engels vieron atravesar Europa había llegado a México para plasmarse en sus muros.

El momento más álgido del movimiento se da cuando David Alfaro Siqueiros se integra al grupo de muralistas y redacta el manifiesto del recién conformado Sindicato de Obreros, Técnicos, Pintores y Escultores (SOTPE), el 9 de diciembre de  1923. En él quedan claros tanto su postura política como su interés en hacer de la pintura un instrumento para dar continuidad a las ideas de la Revolución. Sin embargo, la creación del SOTPE y algunas discrepancias políticas provocan el quiebre con el ministro de Educación, José Vasconcelos, quien para 1924 renuncia a su cargo. Con su salida la mayoría de los pintores cesan sus labores en la Escuela Nacional Preparatoria, entre ellos Fermín, quien decide trabajar de manera independiente.

Durante esta época, Revueltas da rienda a sus propias inclinaciones,  gusta de los paisajes provinciales y escenas de la vida cotidiana, pero también se observan ciertos aspectos discordantes con la tradición, las líneas de sus paisajes  tienden a enmarcar volúmenes al estilo del futurismo italiano entremezclado con el precisionismo que había observado en las galerías de arte estadounidense. Ese interés por la modernidad y los oropeles de la tecnología  lo hermanan en con el grupo de los estridentistas cuyo representante más importante es el poeta Manuel Maples Arce.

El estridentismo se conoce como un movimiento meramente literario pero lo cierto es que funcionó como un grupo de artistas integrado por poetas (Arqueles Vela, Germán List Arzubide, Armando Zegrí),  pintores  (Jean Charlot, German Cueto),  y fotógrafos (Tina Modotti, Edward Weston); estos artistas, al igual que los muralistas, sabían que se vivía una época de definición. Sin embargo, para ellos lo nacional y sus paisajes con campesinos no era lo que se quería proyectar al resto del mundo,[ii] al contrario, para los estridentistas la urbanización e industrialización son temas centrales, prueba de la transformación y el resurgimiento después de la convulsión revolucionaria. Esto no implica que los estridentistas no tuvieran una postura política, al igual que los muralistas también comulgaban con muchos ideales de la revolución pero su principal diferencia fue que ellos buscaban la proyección de México al exterior, insertándolo en el ambiente de vanguardia y renovación cultural sin tintes nacionalistas.

Durante su incursión en el estridentismo Fermín realizó acuarelas con colores vivos, de gran dinamismo, en sus paisajes aparecen con recurrencia enormes torres de luz coronando cerros, así como otros símbolos de industrialización.  

Esta es quizás una de las etapas más importantes en la obra de Revueltas, puesto que su labor no se limita a la acuarela ni la encáustica, sino que también destaca como ilustrador de revistas como Irradiador, portavoz del movimiento estridentista —aunque solamente contó con tres números fue una de  las publicaciones más ambiciosas de aquel tiempo en cuanto a diseño y propuesta estética. Irradiador, dirigida por Fermin Revueltas y Manuel Maples Arce, se destaca por su irreverencia y  anticonservadurismo hacia los cánones artísticos y literarios.

Si bien en los murales y acuarelas de Fermín no se observan motivos que aluden a la revolución, no pasa lo mismo en sus ilustraciones y grabados donde  con recurrencia aparecen carabinas, hoces y martillos que evocan al Partido Comunista, del cual fue simpatizante y posteriormente miembro, al igual que sus hermanos Silvestre y José.

 Esta misma filiación con el partido hace que en 1928, durante el interinato de Emilio Portes Gil, sea enviado a Villahermosa, Tabasco, como parte de las llamadas Misiones Culturales[iii] que se realizaban en diferentes Estados del país, esto con el fin de alejarlo del hostigamiento y persecución que se ejercía sobre los comunistas. Crea entonces, para las escuelas donde imparte clases, enormes biombos con motivos revolucionarios y pinturas que funcionaban como escenografía en representaciones teatrales con tintes políticos, para jóvenes de escasos recursos, en su mayoría, hijos de campesinos y obreros.

El espíritu rebelde de Fermin Revueltas le provoca varios enfrentamientos a lo largo de su vida con las diversas autoridades culturales con las que estaba ligado. Cuando el director la Escuela Nacional de Bellas Artes pretendía el cierre de las EPAL —argumentando la baja calidad en los trabajos realizados por los jóvenes estudiantes así como la carencia de una técnica pictórica innovadora—, Revueltas responde organizando una exposición donde se incluían los trabajos de los jóvenes pintores con el fin de defender la enseñanza libre y popular de las artes.

De esa lucha antiacademicista surge el Movimiento ¡30-30!,[iv] integrado por artistas, alumnos de las EPAL y representantes de varios proyectos culturales que se manifiestan en  contra del sistema de enseñanza caduco y aburguesado. Sus ideas se difunden a través de varios manifiestos y de la revista ¡30-30! Órgano de pintores de México. Si bien el movimiento no es de gran alcance, sí cumple algunos objetivos como incorporar las escuelas al aire libre y los centros populares de pintura  al departamento de Bellas Artes de la Universidad Nacional.

La experiencia de Fermín Revueltas con  Irradiador  y  con la revista ¡30-30! se ve condensada en 1929 en el portavoz del Bloque de Obreros e Intelectuales (BOI), Crisol.[v] En dicha revista se observa la versatilidad en cuanto a temas y estilos artísticos pues sus dibujos van del art decó al cubismo, de lo urbano a lo rural, demostrando su habilidad no sólo como dibujante, sino también como diseñador. Muchas de las portadas fueron realizadas por Fermín, quien incluso jugaba con la disposición de una tipografía diseñada completamente por él, por lo cual se le considera como uno de los precursores del diseño editorial moderno.

Cabe mencionar que desde 1928 hasta 1935, año en que infortunadamente muere debido a su alcoholismo, Fermín realiza para la revista Crisol un gran número de ilustraciones que, incluso años después de su muerte, siguen apareciendo en  portadas e interiores de la revista. De igual manera muchos de sus trabajos para vitral —que para el siglo xx se realizaba de manera incipiente— quedaron inconclusos.[vi]

            ¿Por qué la obra de Fermín Revueltas, a pesar de ser tan fecunda, es poco conocida aún dentro de México? Quizás por su muerte tan temprana con apenas 34 años o por los pocos trabajos que se conservan de él,  pues muchos de sus vitrales y murales fueron destruidos. Sin embargo, puede ser que como su obra es tan diversa, en el momento de tratar de encasillarlo como un estridentista o como un muralista, no se valore el resto de su obra en una justa dimensión.

La obra de Fermín requiere un capítulo aparte dentro del arte y la cultura en México que permita describir su trayectoria, no como la de un agregado más de la pintura postrevolucionaria ni como participante de los movimientos de vanguardia, sino como un personaje política y socialmente comprometido, cuya obra sui generis enarbola los temas de la tradición nacional y al mismo tiempo muestra su entusiasmo por la modernidad.

 



[i] Las EPAL tenían como objetivo la enseñanza de la pintura sin una postura academicista y democratizar al acceso a la misma, abrazando así uno de los proyectos más importantes de la Revolución.

[ii] A excepción de Tina Modotti cuyos modelos de sus fotografías son mayormente campesinos y obreros, así como escenas de la vida popular en México.

[iii] Las Misiones Culturales surgieron con la Secretaría de Educación Pública (SEP), como una de las estrategias educativas instauradas por José Vasconcelos, con el fin de llegar a las zonas rurales más pobres y alfabetizar a los indígenas y campesinos que no tenían acceso a la educación y así incluirlos como parte importante en el desarrollo del país.

[iv] Nombre tomado de la carabina utilizada durante la Revolución Mexicana.

[v] La revista Crisol tenía como objetivo la discusión de temas políticos,  principalmente de la ideología revolucionaria, pero también se abrió a los artículos literarios y científicos.

[vi] Fermin ganó el concurso para decorar el mausoleo dedicado a Álvaro Obregón, sin embargo ya no pudo realizar dicha obra, conservándose solo los bocetos.

 

BIBLIOGRAFIA

 

TIBOL, RAQUEL: Historia general del arte mexicano. Época moderna y contemporánea, Hermes, Buenos Aires, 1969.

ZURIÁN, CARLA: Fermín Revueltas, constructor de espacios, Instituto Nacional de Bellas Artes, RM, México, 2002.

VEGA, MERCEDES: México y la invención del arte latinoamericano 1910-1950, Secretaría de Relaciones Exteriores, México, 2011.

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