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Estados Unidos: presupuesto para la guerra y COVID-19

22 jul 2020
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El gobierno federal de Estados Unidos está inmerso en el proceso de presentación del presupuesto al Congreso para el año fiscal 2021. Dentro de todas las propuestas sobresale el monto significativo de asignación que están solicitando para lo que denominan defensa nacional que, en esencia, es el dinero destinado para el Pentágono. En esta ocasión, la cifra asciende a 740 mil millones de dólares, lo que es superior a la sumatoria del presupuesto de los 11 países que le siguen a Washington en gastos de defensa.

Teniendo en cuenta la compleja situación que vive esa nación a partir del impacto de la COVID – 19, un grupo de 29 congresistas estadounidenses le enviaron una carta al Comité de Servicios Armados de la Cámara Baja pidiéndole que redujera ese presupuesto en un 10%. Esa disminución que parece muy limitada significaría 74 mil millones de dólares. Siguiendo esta lógica, la pregunta clave sería: ¿cuál es el objetivo de esta acción?

Un acercamiento a la respuesta puede encontrarse en el artículo divulgado recientemente por la congresista demócrata Bárbara Lee en la revista Newsweek. En la publicación se resalta que Estados Unidos está enfrentando una pandemia que ha matado más norteamericanos que los caídos en las guerras de Corea, Vietnam, Golfo Pérsico, Afganistán, Iraq, así como en los atentados del 11 de septiembre del 2001. Hasta el momento, el nuevo coronavirus ha causado más de 130 mil víctimas mortales en suelo estadounidense y constituye un enemigo muy poderoso que ha develado la incapacidad de un sistema sanitario que está colapsado.

Por lo tanto, la esencia es que en la actualidad el pueblo norteamericano considera que su principal amenaza es la COVID – 19. Por esa razón, el artículo argumenta que un desafío de tal magnitud a la integridad física debe ser enfrentado con prioridad y esfuerzo conjunto. En ese sentido, se afirma que no es posible un combate efectivo contra la pandemia cuando el presupuesto para la defensa es 90 veces superior al de los Centros para la Prevención y Control de Enfermedades que tienen una responsabilidad vital en el manejo a este tipo de situaciones.

Además, se demanda que es imprescindible que el gobierno replantee sus prioridades debido a que es necesario invertir con intencionalidad en la creación de empleos, la educación, la vivienda, reducir la pobreza y paliar los efectos del cambio climático. Se defiende que debe modificarse el contexto socioeconómico por el que transita la nación estadounidense a partir de la promoción de políticas progresistas.

Como parte de este esfuerzo, se establece como línea de mensaje fundamental que estos tiempos requieren poner al pueblo por encima de las ganancias de los contratistas del Pentágono. Es decir, este concepto ataca uno de los componentes esenciales del llamado Complejo Militar Industrial y se pronuncia claramente contra el negocio de la guerra, lo que constituye un asunto fundamental y evidencia cómo determinados sectores progresistas han escalado en la presentación de demandas y exigencias que no tienen precedentes.

En el artículo se ilustra con datos concretos lo que podría adquirirse con ese 10% para enfrentar el nuevo coronavirus y propiciar el mejoramiento de determinadas condiciones socioeconómicas. Entre las cifras más relevantes destacan: podrían comprarse 680 millones de test; 720 millones de máscaras especiales N95; se garantizaría cobertura médica para 10 millones de niños pertenecientes a familias de bajos ingresos, se crearían 450 mil puestos de trabajo para maestros de escuelas primarias y se generarían alrededor de         1 millón de puestos de trabajo vinculados a programas de energía limpia.

La publicación culmina reflexionando sobre la necesidad de detener las astronómicas cifras en materia de gastos militares en tiempos de pandemia y realiza un llamado a poner la vida de los estadounidenses en primer lugar. Si bien este esfuerzo político promovido por los grupos más progresistas dentro de la Cámara de Representantes constituye un paso importante y genera un debate en un contexto de alta sensibilidad, los llamados señores de la guerra desarrollan su contraofensiva para impedir por cualquier medio recortes a un presupuesto que está destinado a promover la muerte, el odio y los conflictos internacionales. Lamentablemente todavía esa nación no está preparada para ubicar la vida de los seres humanos por encima del dinero. Ese es el origen de todos lo males en un sistema enfermo e incapaz de enfrentar sus múltiples pandemias.

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