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Estados Unidos: La interminable batalla electoral

9 nov 2020
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Como era previsible, el presidente electo de Estados Unidos fue proclamado después de cuatro largos días de un intenso y agotador conteo de boletas. Aunque la tensión y la incertidumbre capitalizaron el escenario electoral estadounidense a partir del 3 de noviembre, uno de los elementos más significativos fue que ambos candidatos se autoproclamaron como ganadores. En la historia de los comicios presidenciales en esa nación no había ocurrido algo similar. Tal parecía que la denominada democracia americana estaba desplomándose.  

En la madrugada del día 4, Biden tomó la iniciativa y realizó una intervención enfatizando que estaban en el camino hacia la victoria, aunque dejó claro que los resultados definitivos demorarían. El objetivo del candidato demócrata fue evitar que su contrincante se proclamara como ganador de las elecciones. Donald Trump reaccionando a esa intervención y totalmente a la defensiva enfatizó: “Nos preparamos para ganar estas elecciones y de hecho las tenemos ganadas. Ganaremos esto. En mi opinión, ya hemos ganado”. Las palabras del mandatario indicaban con claridad que bajo ningún concepto reconocería la derrota y ante cualquier señal de desventaja en el conteo acudiría al argumento del fraude en las boletas por correo.

Cuando en horas del mediodía del día 7 de noviembre, varios medios de prensa estadounidense comenzaron a divulgar que Biden había ganado en Pensilvania y se convertía en presidente electo, Trump se encontraba en uno de sus lugares preferidos: un campo de golf. Su reacción fue desconocer el resultado y continuar con la presentación de litigios legales para exigir el reconteo de los votos. De esta manera, se estaban concretando los estimados de muchos expertos estadounidenses que anticiparon una batalla en las cortes estadounidenses y la negación total por parte del presidente a respaldar una transición ordenada del poder.

Después de perder en la Florida, Biden tenía que imponerse en el denominado “muro azul” que comprende los estados de Michigan, Wisconsin y Pensilvania en la región de los grandes lagos. En su camino hacia la Casa Blanca le era imprescindible alcanzar la victoria en varios de ellos para lograr una combinación de votos electorales que superara la cifra de 270. La mayoría de los especialistas consideraba de antemano que Pensilvania sería la pieza clave, pero había que esperar por el conteo de las boletas por correo. Después de una prolongada demora, se validaron los estimados de las encuestas que proyectaban una victoria del candidato demócrata en una de las elecciones con mayor participación de la historia.

Según datos preliminares, hasta el día de ayer se habían contabilizados alrededor de 148 millones de votos: Biden había obtenido cerca de 76 millones y Trump estaba próximo a los 71 millones. Ambos han sido los candidatos más votados de todos los tiempos. Se calcula que la participación fue de un 66.4% superando ampliamente a las elecciones del 2016 que fue de 60.1%. El candidato demócrata aventajaba a su rival en el voto popular 50.5% por 47.7%, lo que representa una ventaja de más de 4 millones de votos. Estas cifras evidencian que el electorado estadounidense consideró que estos comicios marcarían el futuro de la nación en un momento de profunda crisis sistémica.

En este sentido, una interrogante esencial es: ¿cómo se comportaron los diferentes segmentos del electorado estadounidense? De acuerdo a sondeos a boca de urna realizados por CBS, dentro del importante sector de los votantes independientes que representan el 34% de los electores, Biden se impuso 54% a 40%. Ese resultado fue determinante y significó un gran viraje debido a que Trump en el 2016 lo había ganado con 4% más que Hillary. Por lo tanto, el aspirante demócrata logró marcar la diferencia obteniendo el mejor desempeño entre los independientes desde la reelección de Bill Clinton en 1996.

Dentro de los votantes jóvenes menores de 30 años que constituyen cerca del 17% del electorado, Biden tuvo un apoyo del 62% que representa 7% más del respaldo que tuvo Hillary Clinton en el 2016. Este dato indica que este segmento más inclinado por las ideas y concepciones progresistas promovidas por Bernie Sanders decidió votar por Biden como una manera de ejercer su voto de castigo contra Donald Trump y evitar que continuara en la Casa Blanca. En el estado decisivo de Wisconsin, el aspirante demócrata le sacó +20 puntos de ventaja a su contrincante. Como elemento ilustrativo de este avance, en ese propio territorio Hillary Clinton en el 2016 solo pudo obtener un margen de victoria de +3 puntos entre estos jóvenes.    

Con relación a los votantes mayores de 65 años, en los estados decisivos de Michigan    (54%-46%) y Pensilvania (51%-48%) se inclinaron a votar por el demócrata debido a que su tema de mayor preocupación era el impacto del coronavirus en su salud. En estos territorios en las elecciones del 2016, este segmento votó mayoritariamente por Trump. Por lo tanto, se experimentó un cambió en el patrón de votación como resultado directo de la pandemia. En el estado competitivo de Arizona que fue ganado por el mandatario en el 2016 imponiéndose en este grupo con +13 puntos, en esta ocasión terminó empatado con Biden. Estos ejemplos constituyen evidencias de cómo el coronavirus tuvo una incidencia directa en la derrota de Trump, quien a nivel nacional se impuso en este sector por solo un 3% de diferencia.     

Dentro de las mujeres que constituyen un bastión predominantemente demócrata desde 1992, Biden se impuso 56% por 43%. Esta ventaja de 13% iguala el desempeño de Hillary Clinton. En el estado de Michigan el apoyo de las féminas fue clave al ganar cómodamente con una brecha del 20%. Entre los hombres blancos, aunque Trump se impuso, Biden mostró buenos resultados y fue capaz de reducir la ventaja que exhibió su contrincante en el 2016. El aspirante republicano que en esos comicios aventajó a su rival por +31 puntos, en esta ocasión solo pudo mostrar un +18%. En el caso de los hombres sin estudios universitarios que constituyen una base política sólida de Trump y que tienen una fuerte presencia en los estados del denominado “muro azul”, Biden obtuvo un 10% de más votos que Hillary Clinton. Esto último evidencia que tuvo la capacidad de persuadir a una parte de este segmento, lo que resulta un elemento significativo.   

En las minorías, el 87% de los afroamericanos favorecieron a Biden y el 12% a Trump. En este segmento, Biden no pudo lograr el 89% de apoyo que tuvo Hillary en el 2016. Dentro del electorado latino, el 66% respaldó a Biden y el 32% al actual mandatario. El estado que tuvo mayor contraste en el voto latino con relación al 2016 fue Florida. En estas elecciones, Biden se impuso con una ventaja de +5 puntos a Trump, pero en los últimos comicios la brecha de Hillary fue +27 puntos. Como dato de interés, el 13% de los votantes declararon que nunca habían votado en unas elecciones. El 66% de estos nuevos electores votaron por Biden y un 32% por Trump. En este grupo sobresale que cerca del 50% son menores de 30 años y son más diversos desde el punto de vista étnico y racial.  

Una de las lecciones que han dejado los resultados de estas elecciones es que a pesar de la crisis sistémica por la que atraviesa Estados Unidos y la desastrosa gestión de Trump en múltiples frentes, en especial, lo relativo a la pandemia, 71 millones de estadounidenses decidieron votar por él. Por lo tanto, fue capaz de movilizar y cautivar a amplios sectores de esa sociedad que por diversas razones defienden la visión de país que trataba de construir Donald Trump.

Es decir, la xenofobia, el racismo, la violencia, el odio y el supremacismo tienen tan fuerte arraigo en la sociedad estadounidense que hacia el futuro podría considerarse que es sostenible un trumpismo sin Trump. Aunque el candidato republicano fue derrotado, estas tendencias permanecerán e indican que un aspirante republicano con ideas y concepciones similares puede ser competitivo de cara al 2024. No obstante, las posibilidades reales dependerán en gran medida de la capacidad del nuevo gobierno demócrata de imponerse a los grandes desafíos que tienen por delante.

Los litigios presentados por el equipo de abogados republicanos; la persistencia de Trump en no conceder la victoria a Biden y las maniobras dilatorias desde la Casa Blanca para evitar una transición pacífica del poder, constituyen factores que están condicionando que todavía persista una interminable batalla electoral que en definitiva solo la está librando el candidato perdedor porque la mayoría de los sectores y grupos de la sociedad estadounidense, así como la comunidad internacional ya han reconocido al presidente electo de Estados Unidos. Trump aunque está llevando a cabo su propia guerra, ya está aislado y derrotado.

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