Proposiciones

El valor sin límites

20 nov 2018
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Llegó a Santiago de Cuba un día de 1925. La fecha exacta todavía es desconocida. A pesar de su juventud era un combatiente guerrillero con experiencia, pues se alzó contra el dictador Juan Vicente Gómez en 1921, bajo las órdenes del general Marcial Azuaje. Había estado diez meses en prisión. El destierro fue su salvación de una muerte segura en manos de los esbirros.

Pero al venezolano Carlos Aponte Hernández[1] aún le quedaba mucho por hacer. Comenzaba su accionar internacionalista. Luego de breves estancias en el indómito oriente cubano y en la ciudad de Camagüey, se trasladó hacia La Habana, donde residían coterráneos suyos, exiliados también. Citemos algunos nombres: Salvador de la Plaza, los hermanos Gustavo y Eduardo Machado Morales, Francisco Laguado Jayme, los generales Bartolomé Ferrer y Nicolás Hernández. Ocurrió entonces una transformación en su conciencia.

Los debates ideológicos —en los cuales también participan los cubanos Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Leonardo Fernández, Gustavo Aldereguía y Juan Marinello; los peruanos Luis F. Bustamante, Esteban Pavletich y Jacobo Hurwitz, y los venezolanos Francisco Laguado Jayme, entre otros— contribuyeron a la radicalización de su pensamiento. Algunos, claro está, influyeron más.

[…]Aquí conocí y traté a hombres que nunca podré olvidar y que ejercieron una influencia de temperamento anárquico, pero, a lo largo de ellas, la realidad del verdadero horizonte de los males de nuestra América Latina se me hizo más clara, y desde entonces, en dondequiera que he estado no he sido otra cosa que un denunciador constante, infatigable, de los manejos torpes del imperialismo yanqui en nuestras tierras, en donde con tanta frecuencia los gringos odiados han dispuesto de colaboradores nativos […][2]

Las tertulias se efectuaban en La Covacha Roja, instalada en el taller del pintor venezolano Luis López Méndez, en la calle Teniente Rey n° 22. Allí vivía Aponte. Otras veces se reunían en una fonda llamada La Milagrosa.

El «Asno con Garras»

Gerardo Machado fue elegido presidente del país el 20 de mayo de 1925. A partir de entonces cambió la situación de los emigrados. Las colaboraciones de temas políticos que publicaban en la prensa dejaron de ser sistemáticas porque «el lápiz rojo» se impuso en las redacciones. Rafael Ángel Araiz, embajador de Venezuela en Cuba, con su cabildeo fomentó un ambiente adverso para los exiliados. A ello se suma la represión desatada por las fuerzas policiacas contra cualquier vestigio de oposición. El asesinato del dirigente obrero Enrique Varona y del periodista Armando André, entre otros casos, ilustran la nueva etapa de terror que se vivía en la Isla.

Mella detenido, acusado injustamente de haber colocado un petardo en un cine. Aponte —que sobrevive como cobrador de la Federación Médica, gracias a la recomendación de Gustavo Aldereguía, cuando el líder se declara en huelga de hambre— integra el Comité Pro-liberación. Su labor propagandística resultó encomiable.

Castigo a un mercenario

Viajó en 1926 a México, allí convivió con Mella. Regresa pronto a La Habana. Pero tendrá que salir precipitadamente. El 25 de mayo de 1927, atacó a cintazos, frente al hotel Sevilla, a Laureano Vallenilla Lanz, autor de la obra Cesarismo democrático, coterráneo suyo que había vendido su pluma para defender al dictador Juan Vicente Gómez. Villena intercedió con las autoridades y, otra vez, embarcó Aponte hacia la patria de Benito Juárez. Ingresó al Partido Revolucionario Venezolano, fundado en 1926. Perteneció a su Comité Ejecutivo Central.

No se sabe si vino clandestinamente a La Habana con el propósito de sabotear la Conferencia Panamericana, celebrada en enero y febrero de 1928. En esta reunión, a la cual asistió como invitado especial Calvin Coolidge, presidente de Estados Unidos, el Imperio continuó consolidando su hegemonía en el continente.

Cuando Aponte conoció que en el cabaret Montmartre se hallaba uno de los secretarios de la delegación estadounidense a la Conferencia, a silletazos, expulsó al yanqui del local. Esta acción era una afrenta para Machado y su política de paz nacional a cualquier costo, y su lacayismo sin freno a Washington. Si capturaban a Aponte nadie dudaba que sería asesinado o enviado de inmediato a Caracas. La amistad del tirano cubano con Juan Vicente era proverbial: el 16 de febrero Machado recibía el Gran Collar de la Orden del Libertador de manos de Rafael Ángel Arraiz.

Militantes del Partido Comunista organizaron su salida clandestina del país. Ya él había decidido incorporarse a las tropas sandinistas que combatían a los invasores del ejército estadounidense: «Resolví prestar mi concurso a Nicaragua, porque allí se estaba luchando con las armas en la mano no solo por el pueblo de Nicaragua sino por Venezuela y todo el continente».[3]

Coronel sandinista

Rubén Martínez Villena, miembro del Comité Central del Partido, le entregó una carta como recomendación para Froilán Turcios en Honduras, director de la revista Ariel y representante en el extranjero del general Augusto César Sandino. Por su conducto pasaban las comunicaciones del Héroe de Las Segovias, además facilitaba los contactos a los voluntarios que deseaban incorporarse a las guerrillas nicaragüenses. En el mes de marzo ya se hallaba en las selvas.

Sandino reconoció el grado de capitán que había ganado Aponte en las montañas venezolanas y lo designó Ayudante. Participó en los combates de Murra, Luz, Los Ángeles, Jinotega, Liliwas y Telpaneca, entre otros. Por su actitud destacada fue ascendido a coronel, después del enfrentamiento ocurrido en el Río Coco, el 10 de agosto de 1928.

Fungió, además, como médico y corresponsal de guerra. El País y Libertad publicaron sus reportes. Su pensamiento internacionalista, demostrado en la praxis, lo resume en estas palabras:

Yo sé que existen venezolanos miopes o imbéciles que nos critican la visión de conjunto que tenemos sobre el problema de la América Latina […] En Nicaragua se ve claramente la trayectoria que seguirán nuestros pueblos en su doloroso camino hacia la emancipación definitiva […] La guerra de guerrillas y emboscadas es posible practicarla en todos nuestros países con el mismo éxito que en Nicaragua […] No es sino un solo campo de batalla con muchos frentes distintos contra el enemigo común[4].

Veinte meses estuvo en la campaña heroica. Gustavo Machado, uno de sus compañeros en la contienda, refería:

Carlos Aponte está adquiriendo una experiencia inapreciable. Todos lo estiman. Sus cualidades personales le han merecido toda la confianza del general Sandino, quien le ha nombrado Segundo Ayudante del Estado Mayor. El día 4 de los corrientes se celebró el primer aniversario de lucha contra los invasores. Aponte habló en nombre del Partido Revolucionario Venezolano y de la Liga Antiimperialista de las Américas.[5]

La opinión que tenía Sandino, sobre aquel período de la vida de Aponte, es muy positiva:

Debido a que nuestra causa es continental, el coronel Aponte Hernández desarrollará su actividad en otros sectores de lucha por la libertad de nuestra América Latina y salió de nuestro Ejército recientemente con el propósito de llegar a México. Nuestro Ejército conserva del coronel Aponte Hernández los mejores recuerdos porque supo dar los mejores ejemplos de abnegación y de valor contra las fuerzas invasoras yankees.[6]

Con el fin de organizar un movimiento armado para liberar a Venezuela, Aponte solicitó su licenciamiento de las tropas sandinistas. La operación militar en Curazao, destinada a obtener armas, fracasó. Pero esto no amilanó al coronel. Viajó a Colombia. Planificó asaltar el cuartel de Arauca, en la frontera, sin éxito debido a una delación. Guardó prisión casi dos años. Gestiones de un grupo de amigos revolucionarios de Bogotá, encabezados por Eduardo Santos, impidieron que las autoridades lo enviaran a Venezuela. De allí, por participar en actividades contra Olaya Hernández,[7] fue expulsado.

Ecuador y Perú son escalas en su peregrinar, también protagoniza escaramuzas políticas. En Lima permaneció en cautiverio ocho meses. Pasó a Chile. Desde que conoció el derrocamiento de Machado pensó regresar a la isla. En una carta consultó su propósito con su entrañable amigo el doctor Gustavo Aldereguía. Dijo en su peculiar lenguaje: «Hermano, quiero volver a Cuba a echar las diez de últimas». Y regresó, en fecha que no se ha podido precisar, a principios de 1934.

Clandestino en Cuba

El 14 de enero de 1934, Fulgencio Batista, cumpliendo el mandato del embajador yanqui, derrocó al denominado Gobierno de los Cien Días, durante el cual las medidas de beneficio popular adoptadas e impulsadas por Antonio Guiteras, Secretario de Gobernación y luchador antiimperialista, lastimaron el orgullo y, sobre todo, los intereses de los norteamericanos.

En apariencia, los destinos del país eran regidos por Carlos Mendieta, viejo caudillo político, que desde hacía tiempo había olvidado los ideales que lo llevaron a la manigua para combatir al colonialismo español. En realidad, Batista y Jefferson Caffery, el ministro yanqui en La Habana, tenían en sus manos los hilos del poder.

Guiteras no claudicó y se sumergió en la clandestinidad, fundó la TNT, antecesora de Joven Cuba, organizaciones que pretendían derrocar el régimen mediante la lucha armada.

En tanto el Partido Comunista efectuó, a fines del mes de abril, su II Congreso que también aprobó como línea de acción la vía armada. A partir de entonces el Frente Rojo, fuerza de choque de la Comisión Militar de esta organización, desempeñaría un papel de vanguardia en el enfrentamiento violento al gobierno títere.

Aponte participó en acciones que organizaron el Frente Rojo y la Joven Cuba. Para él no había sectarismo. La confiscación de armas, de dinero, el abastecimiento de pertrechos a Lino Álvarez, y sus hombres sublevados en el Realengo 18, la defensa del Instituto de La Habana, cuando fue agredido durante la Huelga de Marzo, fueron algunas de estas actividades. Sin olvidar su desempeño como instructor militar de las fuerzas de choque del Partido. De su vida austera se ha dicho:

Aquel hombre que tantas veces confiscó miles de pesos, de los que entregara a Nicolau[8] hasta el último centavo, pasaba hambre. Sus pantalones se sostenían por medio de un cordel a guisa de cinturón porque no tenía dinero ni para comprar el más modesto de ellos, pero nada de aquello le preocupaba, solo la preparación y el éxito de la revolución […] Dormía donde podía y en muchas ocasiones encasa de Guillermo Salgado.

Sus compañeros del Partido lo rescataron de una clínica donde se restablecía de la herida recibida en un duelo a tiros con el general venezolano Rafael Simón Urbina, aventurero que contribuyó al fracaso del movimiento armado en 1929, en Curazao. Este hecho tuvo repercusión en la prensa. Aponte pasó a la clandestinidad. En unos de sus escondites coincidió con Antonio Guiteras, quien ya conocía de sus hazañas.

Es sabido que el jefe de Joven Cuba trazó un plan insurreccional. A México marcharía con un grupode combatientes para traer una expedición que desembarcaría en el oriente cubano, con el objetivo de iniciar la guerra de guerrillas. Alcanzar la soberanía nacional, la independencia política y económica y la estructuración de un régimen estatal, que beneficiara las grandes mayorías populares constituían las esencias del ideario guiterista, con el que coincidía Aponte, quien por su experiencia, sería el responsable militar del proyecto.

En El Morrillo, Matanzas, el 8 de mayo de 1935, junto a Guiteras, víctimas de la traición de Carmelo González, oficial de la Marina de Guerra, fueron cercados por el Ejército. Pelearon con temeridad hasta caer acribillados en desigual combate.

[1]Nació en La Pastora, Caracas, en 1900. Algunas fuentes afirman que el 4 de noviembre, otras que fue el 12 de diciembre.
[2]Pablo de la Torriente Brau: «Frente a yanquis y traidores. Episodios de la vida de un ayudante de Sandino»Ahora, 8 de abril de 1934, pp.1 y 4. Sobre todo Mella, Villena, Aldereguía y Eduardo Machado influyeron en él.

[3] Carta a Salvador de la Plaza, citada por Luis Vitale en Salvador de la Plaza, sus trabajos y sus días ,http://mazinger.sisib.uchile.cl/repositorio/lb/filosofia_y_humanidades/vitale/obras/sys/aaml/m.pdf p. 23.
[4] Ídem.
[5] Ídem.
[6]Mario Kuchilán Sol: «Carlos Aponte: Hijo de la temeridad y del coraje», Bohemia, 9 de mayo de 1975, p. 91.
[7]Enrique Olaya Herrera (1880-1973). Político, periodista y abogado colombiano, presidente de Colombia en el período 1930-1934.
[8] Se refiere a Ramón Nicolau, jefe de la Comisión Militar del Partido Comunista. Arquímedes Poveda Godínez: Un hombre de leyenda, Ed. Oriente, Santiago de Cuba, 1991, p. 127.

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