Contrapunteo

El fracaso del imperio: cambio de régimen fallido contra Venezuela

15 jul 2019
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Estados Unidos ha empleado sistemáticamente la denominada política del cambio de régimen contra decenas de países en el mundo. Desde el siglo XIX hasta la actualidad, los diferentes gobiernos estadounidenses han promovido golpes de Estados, guerras no convencionales e invasiones militares de gran escala para imponer sus intereses a nivel global. La evidencia histórica ha demostrado que han tenido éxitos, pero también han fracasado rotundamente. A partir del posicionamiento internacional de Estados Unidos como superpotencia mundial y su proyección imperialista, intenta sistemáticamente consolidar y construir en las áreas de influencia estratégica su sistema de dominación. En la actualidad, su capacidad para imponer abiertamente sus objetivos está debilitada a partir de que transita desde hace varios años por un proceso de declive relativo de su hegemonía condicionado por problemáticas internas y de índole internacional.

Este escenario ha provocado que Washington tenga que lidiar con un contexto mundial plegado de retos y desafíos a sus ambiciones imperiales que, indiscutiblemente, le han impuesto límites a sus posibilidades reales de cumplir sus objetivos. En ese sentido, cuando implementan la «política de cambio de régimen» contra un gobierno se encuentran con una fuerte resistencia que culmina en evidentes fracasos. Aunque cuentan con los recursos para destruir naciones, han demostrado que no tienen la capacidad de estabilizarlas y el resultado final es la guerra civil, el caos y la desestabilización con serias implicaciones para la seguridad regional e internacional. Por lo tanto, resulta útil analizar el caso específico de Venezuela teniendo en cuenta estos aspectos, lo que contribuiría a un mejor entendimiento de la estrategia y la táctica que ha implementado Washington contra Caracas.                

Los objetivos: entre la retórica y la realidad

El gobierno estadounidense ha presentado históricamente su interés de derrocar un gobierno a partir de varios argumentos: restaurar la democracia, defender los derechos humanos, evitar una crisis humanitaria, preservar la seguridad nacional o eliminar armas de destrucción masiva. Algunos de esos pretextos se han empleado después del 11 de septiembre en los casos de Afganistán, Iraq y Libia. El resultado ha sido la destrucción y una situación de permanente inestabilidad.

Con relación a Venezuela, los objetivos son múltiples y tienen una dimensión económica, política, geopolítica y militar. El propósito más ambicioso es apoderarse de sus inmensas riquezas naturales que incluyen el petróleo, gas natural, diamante, oro, coltán, recursos hídricos y una vasta biodiversidad. Este objetivo es defendido con gran intensidad por los grupos de poder económico estadounidenses que requieren, de manera acelerada, la expansión de su capital.

Desde el punto de vista político, el mayor interés es derrocar el gobierno de Nicolás Maduro e imponer una figura de la oposición subordinada a los intereses de Washington, lo que constituye una condición necesaria para comenzar un proceso de dominación sobre los recursos e instituciones de esa nación. En términos geopolíticos, en la nación suramericana están presentes potencias extrahemisféricas como son los casos de China y Rusia que con considerados por el gobierno venezolano como socios estratégicos. Washington percibe como una amenaza a su seguridad nacional este tipo de «intromisión en su traspatio». En su lógica un cambio de régimen en Venezuela debilita la capacidad de estas potencias y le otorga una ventaja en esta pugna geopolítica.

Aunque Estados Unidos cuenta con capacidad operacional en el área para desplegar medios y fuerzas militares con inmediatez, así como preserva posibilidades de monitoreo y vigilancia tecnológica en la región, la ubicación privilegiada de Venezuela constituye un atractivo para los mandos militares en términos de mayor control del sistema de seguridad hemisférico.         

Las premisas: El cálculo político

La decisión política de iniciar un cambio de régimen constituye el proceso final de una evaluación sobre los objetivos, los instrumentos y, en especial, un estimado sobre lo que podría pasar y la capacidad para lograr esos resultados en un período de tiempo limitado. Existe un cálculo político anticipado de lo que sucedería. No obstante, solamente es posible constatar si las premisas son fallidas o no cuando se implementan las acciones. En el caso de Venezuela, el gobierno estadounidense partió de los siguientes supuestos:

-     El gobierno de Nicolás Maduro no podrá resistir un régimen de sanciones de alto impacto que pondrá al país al borde del colapso. Maduro no tendrá otra opción que renunciar a la presidencia.

-     El pueblo venezolano no está en condiciones de resistir un deterioro sustancial de la economía y su calidad de vida. No tendrá otra alternativa que exigir un cambio político y apoyar un proceso de transición. 

-     Una figura de la oposición política tendrá la capacidad de movilizar a los sectores populares descontentos y contará con un fuerte apoyo a nivel social, e incluso, será respaldado por determinados representantes del gobierno. La comunidad internacional también lo legitimaría.

-      La Fuerza Armada Nacional Bolivariana ante la situación de desestabilización interna que se creará y el descontento popular reaccionará retirándole su apoyo al mandatario venezolano, así como respaldará un proceso de transición.

-     La comunidad internacional aislará y sancionará al gobierno de Nicolás Maduro, lo que disminuirá la capacidad de apoyo que le brindará Rusia y China.

La evolución de los acontecimientos en Venezuela ha demostrado que el gobierno estadounidense partió de premisas fallidas, lo que ha provocado que los artífices de esta estrategia hayan transitado del entusiasmo inicial a la frustración actual.    

La combinación de los instrumentos y su despliegue táctico

La promoción de un «cambio de régimen» requiere el empleo de múltiples instrumentos del poderío nacional con un determinado nivel de intensidad y una gradualidad en el tiempo. Estados Unidos ha utilizado las herramientas económicas, diplomáticas, informacionales y militares. En este tipo de ofensivas estos instrumentos se utilizan con un enfoque de marcada agresividad que se expresan en un régimen de sanciones económicas, medidas de aislamiento internacional, operaciones de desinformación y uso de la propaganda, así como agresión militar o amenaza con el uso de la fuerza.  En el caso de Venezuela, se realiza un intenso despliegue de estos recursos a partir de enero del 2019, lo que se ha manifestado de la siguiente forma:

-     Etapa del aislamiento internacional:  

Se empleó con mayor intensidad el instrumento diplomático con el objetivo de aislar internacionalmente a Venezuela a partir del no reconocimiento al gobierno de Nicolás Maduro. Estados Unidos trató de conformar una coalición internacional y empleó con prioridad el Grupo de Lima y la OEA para crear las condiciones necesarias que le permitieran imponer un presidente autoproclamado en Venezuela el 23 de enero. Simultáneamente, se recrudeció el régimen de sanciones económicas contra Caracas al decidir que Washington no le compraría más petróleo.

-     Etapa de la amenaza con el uso de la fuerza militar:

Se produjo una ofensiva empleando el instrumento militar con el propósito de proyectar como creíble la posibilidad de que Estados Unidos realizaría una agresión militar contra Venezuela. El objetivo estratégico era quebrar la moral de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en función de que apoyara el intento de entrar de manera forzada «ayuda humanitaria» a Venezuela el 23 de febrero. En los cálculos de Washington, esta situación contribuiría a que los militares venezolanos comenzaran a dividirse internamente.

-     Etapa de la promoción del colapso interno:

Se intensificaron las acciones dirigidas a provocar el caos del país a través de la guerra cibernética y el terrorismo, lo que ocasionó fuertes daños en la infraestructura crítica de la nación al afectar el sistema eléctrico, el transporte público, las comunicaciones y generó una situación muy compleja en la población civil venezolana. Paralelamente, se incrementaron las sanciones económicas unilaterales contra la compañía minera venezolana y el banco de desarrollo económico-social.

-     Etapa del golpe de estado fallido:

El propósito fundamental era crear las condiciones para el golpe fallido que se realizó el 30 de abril. El fracaso de esta acción constituyó un punto de inflexión en la estrategia contra la nación bolivariana debido a que generó las siguientes implicaciones: Guaidó como figura de la oposición se debilitó considerablemente, la coalición internacional comenzó a fracturarse internamente con relación a los métodos para resolver la situación en Venezuela y destapó públicamente las profundas contradicciones entre el Pentágono y los asesores políticos de la Casa Blanca con relación al empleo de la fuerza militar. El gobierno de Nicolás Maduro salió fortalecido tras esta maniobra golpista y comenzó a partir de mediados de mayo la exploración de opciones de diálogo entre la oposición y el gobierno venezolano. No obstante, Estados Unidos continuó insistiendo en las sanciones económicas, la guerra mediáticas y las presiones internacionales.         

El modelo de cambio de régimen aplicado contra Venezuela ha empleado todos los instrumentos con alto nivel de intensidad. Las premisas fallidas de las que partió el gobierno estadounidense provocaron graves errores de cálculo político en la implementación de su estrategia, lo que ha impactado de manera considerable en el fracaso que están experimentando. Los principales obstáculos que han enfrentado han sido: la capacidad de resistencia del pueblo venezolano; el liderazgo del presidente Maduro y su equipo de gobierno, la lealtad y compromiso de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y el apoyo de importantes países de la comunidad internacional en especial de Rusia y China. Por lo tanto, Estados Unidos no tiene otra opción que mantener un cambio de régimen prolongado contra Caracas sin posibilidad de establecer fechas límites. Este mismo modelo se lo han aplicado a la Revolución Cubana y ha estado invencible durante 60 años.

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