Contrapunteo

El comienzo de una nueva época

7 may 2020
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Las políticas gubernamentales muchas veces son engañosas. Los reyes de los antiguos imperios adjudicaban a la divinidad la voluntad y aprobación de su reinado. Hitler engañó a buena parte del pueblo alemán con la idea de la superioridad racial. Los gobernantes de Estados Unidos a lo largo de su historia imperial han intentado hacer valer el ideal del sueño americano, así como su protagonismo y preponderancia en el mundo. Hoy sabemos que todas esas fanfarrias son instrumentos de políticas que no se sustentan en una realidad sostenible, y que la humanidad en cada momento alcanza un estado más elevado de conciencia que le permite desentrañar todo enmascaramiento ideológico y distinguir lo que es verdad y lo que es falsedad y oprobio en este mundo de pretensiones unipolares, hegemónicas e imperiales.

   Hoy, ante una pandemia que ya cobra la vida de más de un cuarto de millón de seres humanos, se ha hecho visible la ineficacia de la política de algunos gobiernos, entre ellos el de Estados Unidos de Norteamérica y sus más fieles subordinados. No se trata de sistemas sociales ni de ideologías, es un fenómeno que va más allá de cualquier diferencia en el terreno político. Desde hace algún tiempo se ha demostrado la posible convivencia de sistemas políticos y económicos diferentes y posibles alianzas a favor del desarrollo y la preservación de la especie humana. Evidentes ejemplos se registran en las actitudes de potencias como China y Rusia, en las relaciones de colaboración entre países con diferentes sistemas sociales y en muchos otros aspectos, como la salud, la alimentación, las alianzas estratégicas, los convenios bilaterales a favor del desarrollo industrial, mercantil y agrícola.

   No estamos en el mundo de la guerra fría ni del macartismo, aunque el gobierno de Donal Trump intente revivir los cadáveres de esas políticas obsoletas. Las tretas imperiales dejan de tener sentido ante una pandemia sin rostro, sin ideología, sin preferencias raciales ni credos. Para los estadounidenses y para muchas personas en el mundo está muy claro que a partir de ahora su visión será otra. ¿Para qué se necesita un sueño americano que no es capaz de preservar la salud ni garantizarle la vida de la población ante una pandemia? ¿Cuál es la superioridad de un país con un sistema de salud tan deficiente como el de Estados Unidos y un desprecio evidente hacia el ser humano?

   Algunos años después de la anterior pandemia, ocurrida en la primera década del siglo XX, triunfó la Gran Revolución de Octubre. Para el pueblo ruso estuvo muy claro que el feudalismo no era el sistema que debía permanecer y que el zarismo era ya un régimen obsoleto. Pese a todo el pataleteo del imperialismo norteamericano, los países a los que más ha agredido en la actualidad con ataques armados, medidas económicas coactivas y difamatorias, como son los casos de China, Rusia, Cuba, Venezuela, Nicaragua e Irán, entre otros, son, precisamente, los que demuestran una posición humanista y solidaria y un sistema de colaboración acorde con los nuevos tiempos.

   Evidentemente, no se trata de sistemas políticos, sino de modelos económicos. Cada día son más los presidentes y los pueblos que condenan al neoliberalismo y claman por la necesidad de una nueva propuesta. Sabemos que el capitalismo y el socialismo pueden convivir en armonía a nivel global. El tiempo de las guerras de conquistas se le está agotando al imperio más cínico y poderoso que haya existido sobre el planeta. Son tiempos de colaboración, de solidaridad, de búsqueda de soluciones razonables y equitativas. Las doctrinas y propuestas políticas serán reelaboradas a partir de estos momentos con mayor sensatez y sentido de justicia. La humanidad no permitirá que el egoísmo y la perfidia sigan trazando el rumbo de su destino.

   Si la actual pandemia ha cobrado tantas vidas y las seguirá cobrando por algún tiempo más, todos sabemos a qué se ha debido su avasalladora y rápida expansión en ciudades y poblaciones que pudieron contar con mejor atención por parte de sus gobernantes, así como una mayor eficacia de sus sistemas sanitarios, si no fuera por la falta de voluntad política y el desdén ante el evidente peligro de muerte de miles y millones de sus conciudadanos.

   A la pandemia de inicios del siglo XX le siguió, pocos años después, el triunfo de la Gran Revolución de Octubre. Aquella pandemia tuvo su fin, como lo tendrá también la Covid-19. Veremos que nos traerá ahora, con el pasar del tiempo, el comienzo de una nueva época.  

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