Contrapunteo

El candidato de Biden para secretario de Defensa: general Lloyd Austin

11 dic 2020
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A inicios de esta semana, el presidente electo estadounidense anunció que su candidato para Secretario de Defensa será el general de cuatro estrellas retirado, Lloyd Austin. Lo más llamativo de la decisión de Biden es que este militar de carrera es afroamericano y, por lo tanto, de concretarse esta nominación sería la primera vez en la historia de Estados Unidos que una persona perteneciente a una minoría dirija el Pentágono.

Esa posibilidad real rompería con uno de los pilares en que se ha sustentado la dinámica de funcionamiento de la élite militar estadounidense: solo hombres blancos pueden ocupar esa responsabilidad al frente del Departamento de Defensa. De hecho, el alto mando de las Fuerzas Armadas estadounidenses está compuesto de manera abrumadora por los denominados blancos, anglosajones y protestantes.

Los miembros de las minorías tienen una representación mínima en los principales cargos de los diferentes componentes del poder militar en ese país. De hecho, en algunas personas todavía persiste el estigma reflejado en una circular del Ejército estadounidense de 1925 que refería: «los negros son de mentalidad inferior e inherentemente débiles de carácter. Entre ellos, no podemos esperar que surjan líderes».

No obstante, los cambios estructurales que están ocurriendo en esa sociedad y los recientes acontecimientos vinculados al racismo sistémico que ha llegado a niveles sin precedentes, han determinado que en estos momentos sea viable que un afroamericano pueda convertirse en el Secretario de Defensa del ejército más poderoso del mundo.

Pero a pesar de este contexto y la presión sobre Biden de conformar un gabinete diverso desde el punto de vista de género y racial, el general Lloyd Austin no era el candidato principal para ocupar este cargo. Por lo tanto, es necesario entender las circunstancias que condicionaron esta decisión.

A partir del triunfo de Biden y el inicio del proceso de selección de los miembros del gabinete, existía un consenso en el entorno más próximo del presidente electo y en algunos sectores de la élite militar que el Pentágono sería dirigido por primera vez en la historia por una mujer: Michele Flournoy. Ella había sido subsecretaria de Defensa para política durante el gobierno de Obama y es considerada una experta en temas militares con más de 30 años de experiencia en la planeación estratégica. Esta propuesta cumplía con el criterio de diversidad de género para conformar el gabinete de Biden.

A medida que se fue posicionando su nombre en los medios de difusión como la opción con mayor fuerza, determinados grupos progresistas del Partido Demócrata y activistas contra la guerra comenzaron a plantear su rechazo a esta nominación. En esencia, acudían a tres argumentos fundamentales: consideraban a Flournoy una «halcona» por sus posiciones militaristas en especial su inclinación al empleo de la fuerza en los casos de Libia y Siria; criticaban sus propuestas para incrementar el presupuesto de defensa y denunciaban sus fuertes vínculos con influyentes compañías del complejo militar industrial. Sobre este último aspecto, debe tenerse en cuenta que Michele es miembro de la junta de Booz Allen Hamilton, una de las principales contratistas del Pentágono.

Es en este escenario tan complejo que emerge la figura de Lloyd Austin como la variante de consenso dentro de los diversos grupos que han influido en esta importante decisión. Austin es oriundo de Mobile en el estado de Alabama, pero creció en Georgia. Tiene 67 años y más de 40 años de experiencia en las fuerzas armadas. En 1975, se graduó en la Academia militar de West Point en Nueva York que es considerada la élite dentro de la formación castrense en Estados Unidos.

El ascenso de su carrera militar se inicia en el 2003 en la guerra en Iraq cuando es designado como jefe de la tercera división de infantería durante la denominada «toma de Bagdad».  Posteriormente, se desempeña como comandante general de la 10ma. División de Montaña en Fuerte Drum y dirige la fuerza de tarea 180 durante la operación «Libertad Duradera» en Afganistán. Entre 2005 y 2009 ocupó varias responsabilidades vinculadas a las operaciones en Medio Oriente.

En septiembre del 2010 fue asignado para dirigir las fuerzas de Estados Unidos desplegadas en Iraq como parte de la operación «Nuevo Amanecer» que culminó en diciembre del 2011. Es en esta etapa que el general Lloyd comienza a sostener intercambios frecuentes con Biden, quien participó personalmente en la ceremonia de asunción de este cargo. Atendiendo a que el entonces vicepresidente estadounidense dentro de sus responsabilidades atendía directamente lo concerniente al tema iraquí, sus vínculos con Lloyd se fortalecieron como parte de la dinámica de trabajo y el proceso de toma de decisiones.

Posteriormente, se convierte en el primer militar afroamericano que se desempeña como vice jefe del Estado Mayor del Ejército, lo que ocurre entre el 2012 e inicios del 2013. A partir de marzo de este último año y hasta el 2016, fue promovido a jefe del Comando Central responsabilizado con las operaciones militares en la estratégica región del Medio Oriente que incluye los territorios priorizados de Afganistán, Irak, Yemen y Siria. Se le atribuye haber sido el artífice del diseño operacional para enfrentar al Estado Islámico durante ese período.

También era la primera vez que un afroamericano ostentaba este cargo. En el momento de su designación, el entonces Secretario de Defensa, Chuck Hagel, destacó entre las características más sobresalientes de Lloyd «su actitud calmada, visión estratégica, experiencia, conocimiento regional y capacidad de decisión probada». A diferencia de otros jefes de comandos militares en Estados Unidos que frecuentemente ofrecían entrevistas e impartían conferencias, Austin mantuvo un bajo perfil público y evitaba este tipo de intercambios con los medios de prensa. Por ese comportamiento, en un artículo de The New York Times sobre su rol en el ejército lo catalogaron como el «general invisible».

Después de su retiro del servicio activo, en 2016, se vinculó al sector privado. Entre sus responsabilidades de mayor impacto sobresalen dos: como miembro de la junta directiva de la compañía Raytheon que es una de las mayores contratistas del Pentágono y también como directivo de Nucor, que es la empresa más importante de Estados Unidos en la producción de acero. Además, fundó su propio negocio de consultoría estratégica a través de la firma Austin Strategy Group con sede en Virginia.   

El proceso de confirmación de Lloyd Austin tiene elementos de complejidad debido a que el primer paso sería que el Congreso otorgue una excepción especial para que pueda aspirar a convertirse en Secretario de Defensa. Las leyes estadounidenses exigen que si un militar de carrera es propuesto para dirigir el Pentágono tienen que pasar 7 años desde su retiro. En el caso de Austin solo han transcurrido 4 años y resulta imprescindible someterse a una votación en ambas cámaras para su autorización. Por lo tanto, el caso del primer afroamericano nominado para dirigir el Departamento de Defensa se convertirá de antemano en un tema de amplio debate político.

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