Proposiciones

Dossier: El triunfo de lo imposible (II)

4 ene 2019
Por

Amar el tiempo de los intentos

Claudia Korol

La Revolución Cubana fue el hecho fundante en nuestro continente; de ruptura con el colonialismo, el capitalismo y el imperialismo. A partir de un proyecto que unió casi desde el comienzo liberación nacional y socialismo. Fue una Revolución del pueblo y para el pueblo: los guajiros/as haciendo la Reforma Agraria en la Sierra Maestra a medida que avanzaba el Ejército Rebelde, derrocando las cercas del latifundio y al analfabetismo; los trabajadores y trabajadoras organizando la insurrección y la Huelga General en las ciudades; las mujeres organizando las tareas clandestinas; las Marianas —el pelotón integrado por mujeres que llevó el nombre de la heroína cubana Mariana Grajales— participando en la lucha guerrillera; los estudiantes rebeldes; jóvenes martianos/as que echaron su suerte «con los pobres de la tierra».

En 1961 la Revolución Cubana produjo tres hechos que marcaron el rumbo de modo decisivo: derrotó a los mercenarios apoyados por el imperialismo yanqui en la invasión a Playa Girón, terminó con el analfabetismo recurriendo a la gigantesca gesta popular de la Campaña de Alfabetización y proclamó su carácter socialista.

Al hacerlo, rompió las doctrinas cimentadas en el dogmatismo y abrió el cauce a un marxismo nuestroamericano, profundamente antiimperialista que teorizó la experiencia de que es posible derrotar al imperialismo en sus propias fronteras, hacer la revolución en sus narices. Demostró que es posible forjar una cultura de masas en la que interactúen el saber popular y el saber acumulado por la humanidad; así como que también es posible inventar el socialismo cada día, aun sabiendo que no se logrará este objetivo si no se construye a nivel mundial. Es posible, en definitiva, dejar de ser títeres y ser actores y actoras de la vida, no como drama ni como comedia, sino como proyecto nacido de las raíces y de los cuerpos deseantes, emancipados en y por la Revolución.

Este proceso nos enseñó y enseña hasta hoy que la conciencia de un pueblo puede desafiar las correlaciones de fuerzas más adversas. Lo demostró en el momento del triunfo revolucionario a través de la relación de los miembros del Movimiento 26 de Julio con el pueblo cubano, la cual logró derrotar y desarticular al Ejército Batistiano y al poder político, económico y social que lo sostenía. Lo volvió a demostrar cuando se produjo el derrumbe de las experiencias del llamado Socialismo Real en el Este europeo.

Nunca brilló más alto su estrella que cuando el heroísmo del pueblo cubano en el llamado Período Especial demostró que todo faltaba menos la dignidad. Ese ejemplo nos da abrigo a quienes creemos en el lugar central de la Educación Popular para la creación de proyectos revolucionarios sostenidos en el Poder Popular.

Quienes pronosticaban el derrumbe inmediato de los sueños después de la partida de Fidel, ahora tendrán que aprender que en las revoluciones verdaderas el pueblo todo es el jinete. Que el liderazgo más firme, es el del que lidera educando y dejándose educar por el pueblo.

Para quienes entendemos a la Educación Popular como pedagogía de las revoluciones, Cuba nos enseñó que el poder, la conciencia, la organización y el amor del pueblo convierten en milagro el barro. Así lo canta Silvio, quien con su trova rebelde historizó y relató —con belleza cubanísima— los desafíos a los que se enfrentaron en estos 60 años, en «el tiempo de los intentos». Porque eso son las revoluciones: intentos creativos, sin recetas, sin una hoja de ruta inamovible, sin un devenir inexorable; intentos de cambiarlo todo, desde la vida cotidiana y los modos de producción y reproducción de la vida, hasta la cultura insular.

La experiencia latinoamericana de la Educación Popular (como pedagogía de los oprimidos y oprimidas, como acción cultural para la libertad) recupera de la Revolución Cubana el mensaje central: los oprimidos y oprimidas pueden y deben terminar con las opresiones, revolucionando los sistemas de dominación que en nuestro continente han sido —desde la conquista y la colonización— un ensamble de explotación capitalista, opresión patriarcal y dominación colonial.

«Las revoluciones son posibles», nos dice la Revolución Cubana y también afirma que es posible revolucionar a las revoluciones. Es en esa perspectiva, un gigantesco hecho pedagógico realizado no por un grupo de iluminados sino por un pueblo educado en el diálogo con el liderazgo revolucionario —Fidel, Che, Celia, Camilo, Raúl, Vilma, Haydée— entre otros y otras que han puesto cada día de sus vidas los máximos esfuerzos para guevariar no solo su territorio, sino el mundo entero.

La Revolución nos enseñó a desmontar las fronteras impuestas por el colonialismo y a sentir como propios los dolores y las esperanzas de cada pueblo. Nos educó en el internacionalismo que tanto puede llevarnos a compartir la lucha con otro pueblo en el terreno de la guerra de liberación, como a compartir una campaña de alfabetización o de salud. Internacionalismo y Educación Popular son parte de nuestro horizonte. La creación del hombre nuevo y de la nueva mujer ha sido y sigue siendo un horizonte utópico de la Revolución, que se enfrenta a numerosas complejidades pero que nos sigue ayudando a caminar.

Para las feministas populares, la Revolución Cubana también es una experiencia de dignificación de la mujer a partir de la creación de oportunidades para garantizar su autonomía. Aún sin nombrarse feministas —salvo en algunos colectivos— las mujeres cubanas tuvieron logros de igualdad social fantásticos: el acceso al estudio en todos los niveles, el acceso al trabajo, a la salud, a la posibilidad material y subjetiva de una vida sin violencias, los muchos modos de aliviar la maternidad a partir de las políticas sociales, el derecho al aborto, al divorcio y muchas otras más formas de «igualdad» en las diferencias.

En este momento, las mujeres cubanas están viviendo un encuentro entre esas experiencias y los feminismos populares de Abya Yala que se ubican en el mundo como parte y aporte a las revoluciones necesarias. Son tareas inacabadas —como sucede en todas las revueltas culturales— las luchas contra el patriarcado, el racismo, la heteronorma, el eurocentrismo, el dogmatismo, las exigencias de reformular la economía sin rendirse a las imposiciones del mercado capitalista mundial.

Estos y tantos otros desafíos son asumidos desde sus propias raíces, necesidades y deseos, y no así por imposiciones externas. La dignidad de la autodeterminación del pueblo cubano se expresa en todas las dimensiones de la vida. Un pueblo que reúne valores profundos, que nacen del pensamiento martiano y del ejemplo guevariano, a los que le son fidelísimos/as.

En un momento en el que crece la derecha en todo el continente y en el mundo, el papel de la Revolución Cubana vuelve a ser el de un faro que ilumina y compromete. Ilumina, porque en sus 60 años de vida tuvo el valor de la estrella a la que miran los y las caminantes para no perder el rumbo. Compromete, porque ese faro está amenazado por el guerrerismo y el fascismo, que odian visceralmente la pedagogía del ejemplo que emana de esa Revolución.

Proyectar esa luz, multiplicar las estrellas, arreciar la lucha revolucionaria, desplegar las alas de la imaginación para derrotar a los imposibles que nos cercan, unir cada lucha y cada sueño al proyecto de revolucionar el mundo; sigue siendo un desafío para las feministas populares y para quienes desde la Educación Popular no queremos pasarnos el día lamiéndonos las heridas, sino amasar el dolor y la esperanza en una perspectiva socialista y feminista, con la que le devolvamos a Cuba algo de la luz que nos dio, aún en tiempos de apagones.

Para realizar nuestras revoluciones pendientes. Para agilizar nuestro cabalgar de pueblos insurrectos. Para sembrar nuestra dignidad y nuestra rebeldía, no como estrellas fugaces sino como corazón del cielo y como raíz en la tierra regada por todas nuestras Bertas.[5]

El referente del Sí, es posible

Verónica del Cid[6]

La Revolución Cubana ha sido un faro que ilumina el caminar de los pueblos en Nuestra América. Un parteaguas que ha sido capaz de alimentar la esperanza de construir sociedades basadas en la justicia social, la inclusión, la democracia, la solidaridad y la equidad.

Con el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 se fortalecieron los procesos políticos de liberación a nivel del continente americano y en otras latitudes del mundo. Vimos en el proceso de la Revolución el surgimiento de un movimiento latinoamericano que cambió la correlación de fuerzas, haciéndola favorable a los cambios estructurales para los pueblos oprimidos y explotados. Dio la posibilidad de soñar con la instauración de un socialismo latinoamericano, pese al ataque del imperialismo gringo a Cuba y el tratado que permitió la sobrevivencia de la Revolución aunque fuera cercada por el bloqueo y el constante acoso contrarrevolucionario.

Desde esa perspectiva, la Revolución Cubana se convirtió en un referente que inspiró los cambios revolucionarios en la región mesoamericana, donde la mayoría de las organizaciones revolucionarias la hemos tenido como nuestro referente principal. Son muchos los aprendizajes que han nutrido nuestras experiencias: el creer posible y cercano realizar una revolución, transformar expresiones de luchas en un movimiento popular masivo que incentive a todo el pueblo a levantarse por su liberación, que la formación revolucionaria estricta pero no dogmática puede forjar una organización de hombres y mujeres capaces de transformarse en un instrumento que lleve a cabo esta revolución con un sentido profundamente popular. Ha impulsado un proyecto político que se inspira en la propia historia latinoamericana y, más específicamente, en las luchas contra el colonialismo y por la independencia y en el antiimperialismo cubano y latinoamericano.

Esta experiencia nos amplía el concepto de clase proletaria hacia el de pueblo, que incluye como trabajadores a todos los sectores organizados dispuestos a luchar contra una clase dominante minoritaria. Rompe con los dogmatismos de la Internacional Socialista y da inicio a un concepto revolucionario de inspiración latinoamericanista que, además, es capaz de poner en práctica. Fundamentalmente en el liderazgo de Fidel Castro se concreta una concepción dialéctica para el análisis y transformación de la realidad auténtica que rompe con todos los dogmas, esto lo convierte en un marxista auténtico aun cuando incluso, todavía, no se reconocía como tal. Demostró que con la voluntad de todo un pueblo y estrategias acertadas es posible mantener a raya a todo un imperio como Estados Unidos.

La lucha cubana ha sido una fuente de inspiración para la Red Alforja en cuanto ha sido capaz de mantener los cambios realizados por 60 años. Es una experiencia que nos ha interpelado durante todo nuestro desarrollo no solo como ejemplo a seguir, sino también con sus contradicciones, dificultades y desafíos; los cuales hicimos nuestros al tratar de transformar los autoritarismos entre revolucionarios mediante nuestra propuesta de Educación Popular con las organizaciones de izquierda y en diálogo con otros equipos de Educación Popular como el Centro Martin Luther King y el Centro Graciela Bustillo, en Cuba.

La Isla sigue siendo un referente que no se rinde, que logra mantener sus principios y ética a pesar de las múltiples dificultades que enfrenta y que no son ajenas tampoco a las dificultades que enfrentamos todas las organizaciones y gobiernos de izquierda en este momento. Es símbolo de esta terquedad en su resistencia al imperialismo y, a la vez, de un socialismo que ha sabido desarrollar su centralidad en lo humano, que ha buscado siempre cómo mejorarse y superar sus contradicciones para construirse. Es una fuente inagotable de aprendizajes para las organizaciones de izquierdas y movimientos en lucha por el cambio de nuestras sociedades. Cuba sigue siendo el referente del SÍ, ES POSIBLE, a pesar de todas las dificultades que nos significan, a todos y todas, la hegemonía capitalista actual que no deja de tentar también el imaginario de nuestras militancias.

Es el símbolo de que un pueblo puede decidir por su soberanía, a pesar del costo que esto implica en su lucha cotidiana por la sobrevivencia. Desde el principio del internacionalismo, es ejemplo de solidaridad y amor hacia los pueblos, haciéndose presente en los momentos de mayor emergencia de nuestros países.

La Revolución Cubana nos sigue animando para la batalla ideológica frente al imperialismo norteamericano y frente a todas las cadenas de dominación y explotación que sustenta un sistema de muerte. Cuba nos sigue comprometiendo a los procesos de formación política a fortalecer la organización popular, a buscar la unidad y la solidaridad entre los pueblos y a no rendirnos jamás.


Se vive con dignidad o se muere por conquistarla

Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación[7]

Al asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes —el 26 de julio de 1953— le antecede una amplia lucha revolucionaria; en muchos casos traicionada pero nunca derrotada. Como dijeran Otto Raúl González[8] y Leopoldo Ayala:[9] «Podrán darle golpes al pueblo, el pueblo siempre se levantará».

Después del Moncada tendrían que pasar seis años de defensa, autodefensa y lucha revolucionaria para que en enero de 1959 los barbudos revolucionarios entraran triunfantes a La Habana. Sesenta y cinco años después de la gesta heroica del Moncada y a 60 años del triunfo de su revolución, Cuba no deja de sorprender al mundo porque se crea y recrea constantemente. Y esto, a unos pocos kilómetros de la mayor potencia bélica y depredadora del planeta: Estados Unidos.

El pueblo cubano ha mostrado al mundo que es posible vivir en una sociedad donde se puede construir con hechos el mayor bienestar posible para la mayoría. Sin duda, alcanzar y mantener este objetivo no es una tarea sencilla que cuente con los caminos pavimentados y los problemas sociales, políticos y económicos resueltos. Al contrario, los cubanos llevan más de seis décadas empeñados en este esfuerzo. Por esta razón, muchos de los trabajadores de la Educación participantes en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) nos congratulamos y hacemos propia la satisfacción de los avances e incluso contratiempos de este proceso. Las aspiraciones por construir un mundo mejor nos hermanan.

Sabemos que para el pueblo cubano no ha sido sencillo llegar al momento histórico en el que se encuentran. Pero las maestras y maestros de México también aspiramos a una patria donde no se asesinen a los jóvenes y a los luchadores sociales. Una patria donde la riqueza que produce el trabajo del pueblo sea un bien común que dé como resultado mejores hospitales y servicios médicos, escuelas bien equipadas, donde todos podamos acceder al bienestar social y cultural.  Que los niños y niñas, las y los jóvenes sean nuestra mayor riqueza humana e impulso para luchar por alcanzar el momento histórico que vive el pueblo cubano. Precisamente, porque como dijera Fidel «un mundo mejor es posible», también aspiramos a construir una sociedad sin explotados y explotadores.

Reconocemos que toda moneda tiene dos caras y que lo que se construye política, cultural,  social y económicamente en Cuba de ninguna manera se puede exportar como manual a seguir. Sin embargo, los aportes del pueblo cubano en diversas áreas de la actividad humana son innegables: en la música, la danza, la medicina, la educación, la pintura, la ciencia,  el deporte, etc. Todo este espíritu transformador y revolucionario nos nutre y da esperanza para continuar luchando.

El grito de PATRIA O MUERTE sintetiza una mística secular que alienta la lucha contra la opresión en todas las latitudes. Ese grito extenso y profundo es una invocación al cambio radical porque no admite términos medios. Nos inyecta vigor, fuerza y convicción de no abdicar en la lucha contra el neoliberalismo. Se vive con dignidad o se muere por conquistarla.

Hemos participado en el compartir de las experiencias pedagógicas de estos años de Revolución: en los Encuentros de Educadores Latinoamericanos y del Caribe «Pedagogía», en visitas a diversos centros educativos en la Isla y en la construcción del Frente Continental de Organizaciones Comunales.

Asimismo, la Revolución Cubana ha llegado a nuestras tierras a través del apoyo de médicos cubanos en Michoacán y Oaxaca, las campañas de alfabetización en varias comunidades del país, campañas de víveres. Talleres, conferencias y ciclos de cine debate han logrado un intercambio basto y de acuerdo a nuestras mutuas posibilidades. Con esos mismos objetivos, propiciamos el vínculo entre la niñez mexicana y la cubana con intercambio de cuadernos y lápices para los niños cubanos y de correspondencia. También organizamos la Maestría en Ciencias Pedagógicas, en coordinación con el Ministerio de Educación de Cuba.

Vivimos en un mundo en el que los parámetros en torno a lo que se ha llamado «bienestar social y cultural» se han vuelto laxos y flexibles; donde se acepta la pobreza y la miseria humana como algo común y corriente, resultado colateral de vivir en un sistema de explotación y opresión. Nosotros no aceptamos esta idea.

Como el Che y Fidel somos necios. Para nosotros el socialismo no muere y hemos aprendido del pueblo cubano que no se decreta, sino que se construye a lo largo de varias generaciones reconociendo los aciertos y errores. A cada país, comunidad o grupo humano le corresponde su propia experiencia social. En el contacto con la Revolución Cubana hemos aprendido que aún falta mucho por hacer para el bienestar de la humanidad, que hay que construir un sistema donde hombres y mujeres sean el centro. Nos reconocemos guevaristas porque consideramos al socialismo, no como un fin en sí mismo, sino como una forma de ser y hacer. Ser socialista es ser humanista.

Hoy luchamos contra las reformas estructurales en México. En particular, contra la mal llamada Reforma Educativa porque privatiza y encarece la educación, ve al educando, al educador y al padre o madre de familia como un simple objeto o mercancía sometido a la permanente competencia. En la CNTE no aceptaremos, bajo ninguna condición o imposición, que el ser humano sea una mercancía. Por eso reconocemos al Marxismo-Leninismo como la herramienta teórica que nos aporta y en la que aportamos para reconocernos como seres capaces de trascender las miserias, desigualdades e injusticias del capitalismo.

Mario Benedetti,[10] gran poeta latinoamericano dijo que los capitalistas «todavía nos deben como un siglo de insomnios y garrote, como tres mil kilómetros de injurias, como 20 medallas a Somoza, como una sola Guatemala muerta» y «quizás mi única noción de patria sea esta urgencia de decir Nosotros».

Desde la fundación de nuestra organización, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación manifiesta y reitera que junto al pueblo de Martí, camina el pueblo de Zapata.

Reflexiones compartidas por presos políticos en el Pabellón de Alta Seguridad ERON, de la Cárcel La Picota

Julián Andrés Gil, Preso Político del Congreso de los Pueblos 

Bogotá, 16 de julio de 2018.

 

Un 1ro. de Enero la toma del poder no se hizo esperar, bajando de la montaña, saliendo a las calles, ocupando las plazas y el poder político; Batista ya no era aquel crisol que brillaba con la represión.

Mujeres y hombres conscientes, decididos a tomar las riendas de su historia, ya no eran más los cuerpos que generaban riqueza, ahora vestidos de verde olivo y dignidad, forjaban nueva historia, encendidos como faro para guiar pueblos enteros, que se decidieron también por la lucha popular.

Son 60 años de resistencia y propuestas de nueva humanidad, tomando de las resistencias anticoloniales y el ejemplo de Martí.

Los procesos revolucionarios en toda Latinoamérica vieron en Cuba una posibilidad de construcción de socialismo, en medio del avance y profundización de un modelo de despojo, muchos decidieron también forjar una nueva historia aprendiendo de los comuneros, sumado a los campesinos, obreros y estudiantes, dando vía a la posibilidad de florecer la Revolución en otros territorios nuestroamericanos.

El marxismo y el leninismo como piezas base para derrotar el capitalismo y el imperialismo, la perspectiva internacional de la lucha para estrechar los brazos de los oprimidos, la disciplina permanente y la conciencia viva y activa.

Una sociedad en paz, como resultado de la justicia social y la construcción de poder popular que persiste en la historia como proyecto realizable, opuesto a la barbarie que impone la guerra.

En las tierras donde María Cano y Camilo Torres lucharon, se entiende claramente que la guerra solo produce guerra y cuando el Estado arremete contra el pueblo que se organiza es porque sabe del poder contenido en las mayorías que se expresa en las movilizaciones, en las luchas diarias de campesinos, mujeres, estudiantes, amas de casa, desempleados y obreros. Ni la muerte, la cárcel o persecución pueden derrotar la creciente conciencia que busca construir otros mundos.

En las veredas, barrios, pueblos y ciudades una nueva humanidad quiere nacer, aunque los amos de la guerra se impongan en el poder, la esperanza de la organización consciente persiste y resurge. Opuestos a los proyectos de alienación y deshumanización, leyendo los nuevos tiempos en que se tejen nuevas formas de empoderamiento.

El ejemplo del pueblo cubano representado en Cienfuegos, Castro y Guevara sirvió para que nuestros pueblos vieran que sí era posible dar la pelea y ganarla, hoy siguen siendo ejemplo para comprender que, aunque los azotes del imperio quieran castigar la rebeldía y la soberanía, vale la pena persistir, no callar y organizarse para defender la vida y el territorio.


NOTAS


[1] Castro, Fidel: La historia me absolverá.

[2] Según indica la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL) de la Organización de Naciones Unidas.

[3] Hace referencia a una serie de levantamientos cívico-militares como el de la madrugada del 26 de junio de 1961, bajo el mando del mayor Luís Vivas Ramírez, los capitanes Rubén Massó Perdomo y Tesalio Murillo. Asaltaron el Cuartel Pedro María Freites de la ciudad de Barcelona y el Batallón de Fusileros Mariño. Este hecho generó otra serie de intentonas como la señalada de la Guaria.

[4] La revista Bohemia fue fundada en 1908. Aborda la actualidad de Cuba y el mundo en temas como política, deportes, cultura, salud, historia, opinión y entretenimientos.

[5] Berta Cáceres fue una líder indígena lenca, feminista y defensora del medio ambiente a quien el 2 de marzo de 2016 asesinaron mientras dormía. Coordinadora y una de las fundadoras del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras. Hoy es símbolo de lucha nuestroamericana.

[6] Las reflexiones a continuación son vertidas en el diálogo con compañeros y compañeras que han hecho camino desde este espacio de nuestra vivencia en la Red Mesoamericana de Educación Popular-Alforja y en los procesos de emancipación de nuestros propios países en la región.

[7] La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) es una organización de masas independiente al Estado de México. Un frente de clase en el que participan trabajadores de la educación que aceptan el principio universal de lucha de clases, independientemente del color, sexo, credo religioso e ideología política.

[8] Poeta y escritor guatemalteco. En su juventud fue líder estudiantil en la lucha contra la dictadura de Jorge Ubico y Castañeda.

[9] Poeta y profesor mexicano. Autor de manuales sobre lectura, redacción y ortografía.

[10] Escritor, poeta, dramaturgo y periodista uruguayo. Su prolífica producción literaria incluyó más de 80 libros, algunos de los cuales fueron traducidos a más de 20 idiomas. Considerado como una de las figuras más relevantes de la literatura uruguaya y latinoamericana del siglo XX, sus obras se hicieron eco de la angustia y la esperanza de amplios sectores sociales por encontrar salidas socialistas a una América Latina subyugada por represiones militares. Durante más de 10 años vivió en Cuba, Perú y España como consecuencia de esta represión.

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