Diálogos marxistas

Diálogos sobre el poder (segunda parte)

13 feb 2018
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Michel Foucault es probablemente uno de los pensadores más controvertidos del último cuarto de siglo, y sus ideales filosóficos están entre los más discutidos actualmente. Muchas han sido las críticas a sus preceptos (sobre todo relacionadas con la capacidad englobadora y el efecto homogeneizador de las estructuras de poder que propone Foucault), algunas no tan fundamentadas, pero sin lugar a dudas su pensamiento (que según él mismo debía entenderse como un punto de partida y no una teoría sólida e inamovible), dejó para la ciencia filosófica más beneficios que sinsabores. Especialmente en todo lo concerniente al estudio del poder, dónde sus aportes  no pueden ser negados.

Primeramente, hay que entender la visión que tenía Foucault del poder. ¿Qué es? Y ¿cómo se representa este poder en la sociedad?, así como el impacto que ello ocasiona, siempre aceptando la base marxista del pensador (aún cuando el mismo era bastante controvertido para definirse como filósofo), por lo que sus concepciones se nos revelan como una forma de crítica al capitalismo.

En sus inicios como intelectual Foucault también entendía el poder como soberanía, como superestructura (legado de la filosofía de los siglos XVI y XVII), como mecanismo esencialmente jurídico, perteneciente al Estado. Era una forma de dominación de los individuos y nada más, que se valía de las leyes para lograr la exclusión, el rechazo, y la negación al sujeto de su capacidad de autodeterminación. Pero más adelante su percepción del poder cambió, o al menos, se amplió:

En mi opinión, hay que desconfiar de un modo de representar el poder que durante mucho tiempo ha dificultado su análisis; me refiero a la idea de que las voluntades individuales son el reflejo de una voluntad más general. Se dice constantemente que el padre, el marido, el jefe, el adulto o el profesor representan el poder del Estado, y que el Estado, a  su vez, representa los intereses de una clase social. Pero esto no explica la complejidad de los mecanismos que entran en juego.

 En lo adelante su visión del poder no abarcaba solamente al derecho y al «aparato judicial», sino que se constituyó como forma social, representada en términos de tecnología, de táctica y estrategia. El poder no puede ser localizado en una institución, o en el Estado, ya no es la potestad de los soberanos, sino una relación de fuerzas, una situación estratégica en una sociedad determinada.

Por tanto el poder se encuentra en cada rincón de la sociedad como parte intrínseca de ella, como elemento que la nutre y la condiciona, es consustancial a las fuerzas productivas, y se transforma continuamente con estas fuerzas. Es la relación de fuerzas que surge en el momento en que se  estructura el todo social. Pero no es una camisa de fuerza que se le impone a la sociedad para regular lo que esta produce, sino que desde el principio sociedad y poder interactúan, produciéndose uno al otro.

 El poder es otra forma de relación entre las partes que componen la sociedad, sean cuales sean estas partes (una de las tan llevadas y traídas relaciones sociales que por primera vez describe Hegel y que luego reconocen Marx y algunos filósofos posteriores), es inherente a toda estructura social, e involucra a los sujetos, los arrastra de forma incondicional en sus relaciones de poder.

 Como el mismo señalaba:

El poder no es una institución ni una estructura, o cierta fuerza con la que están investidas determinadas personas; es el nombre dado a una compleja relación estratégica en una sociedad dada.

El poder en el sentido substantivo no existe ... La idea de que hay algo situado en —o emanado de— un punto dado, y que ese algo es un «poder», me parece que se basa en un análisis equivocado ... En realidad el poder significa relaciones, una red más o menos organizada, jerarquizada, coordinada.

De cualquier forma no podríamos decir que el análisis de Foucault sobre el poder no tiene predicados, que es todo a nivel de esencias y conceptos, en sociedades ideales. No, Foucault hace un estudio del poder en la sociedad capitalista contemporánea, una crítica a sus mecanismos de dominación, al liberalismo y al sistema de relaciones sociales que se establecen en él.  Plantea que no se puede comprender el desarrollo de las fuerzas productivas propias del capitalismo, ni imaginar su desarrollo tecnológico, si no se conocen al mismo tiempo los aparatos de poder, y que estas técnicas de poder responden a exigencias de la producción en un amplio sentido.

El poder en estas sociedades capitalistas no se da tanto a través del engaño, sino que se ejerce a través de la producción del saber, de la verdad, como formas de articulación de la sociedad.

Lo que hace que el poder se sostenga, que sea aceptado, es sencillamente que no pesa sólo como potencia que dice no, sino que cala de hecho, produce cosas, induce placer, forma saber, produce discursos; hay que considerarlo como una red productiva que pasa a través de todo el cuerpo social en lugar de como una instancia negativa que tiene por función reprimir.

La palabra de orden no es impedir, ni obstaculizar, sino regir, gobernar a los otros. Lo que se hace es inducir, encauzar las conductas hacia una «conciencia asimilada» de lo que se debe hacer, pero sin que las relaciones de poder obliguen a los individuos (en forma aparente, aún cuando en realidad lo que hacen no es otra cosa que eso).

El poder, para Foucault, no sólo reprime, sino que también produce: produce efectos de verdad, produce saber, y alcanza no solo a la superestructura de la sociedad, sino que, como toda relación social se involucra, se inmiscuye entre sus partes y penetra hasta sus bases, alcanza todos los aspectos de la vida de los individuos y toda representación social que ellos generan (Foucault dedica estudios a aspectos muy interesantes como la sexualidad humana, la arquitectura y la historia como exponentes de estas representaciones humanas portadoras de relaciones de poder). De cualquier forma el capitalismo se perpetúa gracias al desempeño de poderes que se ejercen por todo el cuerpo social.

Ahora bien, pudiera pensarse que la filosofía de Foucault tiene como finalidad mostrar la omnipotencia de los mecanismos de poder. Todo lo contrario, Foucault no presenta los mecanismos de poder como infalibles, sino que señala las posiciones y los modos de acción de cada uno, las posibilidades de resistencia y de contra-ataque de unos y otros.

El pensador francés propone acabar con las formas de represión, con las estructuras que condicionan la subjetividad humana y todo el régimen de producción de verdad existente en el capitalismo.

Michel Foucault, sin proponérselo, trazó de esta forma el camino a recorrer por la intelectualidad como movimiento y vanguardia de las masas frente al régimen capitalista. El periodismo como parte fundamental de esta avanzada intelectual no se queda atrás, y aún cuando Foucault con una visión un poco pesimista dice que este forma parte de las relaciones de poder y revela un carácter utópico de la objetiva construcción y reproducción de la realidad, los periodistas deben investigar, buscar soluciones para la construcción de una nueva política de la verdad, en un régimen que no puede ser el capitalismo que arrastra a los individuos en sus negativas relaciones de poder. Foucault retoma el camino para el cambio social, la vía de acabar no con las relaciones de poder y sus verdades, pues esto es imposible, sino acabar con las  formas de producción de estas verdades en los sistemas capitalistas, y llevarlas (a las relaciones de poder y a sus verdades) a un terreno más justo para la humanidad.

Recepción y valoración de Marx y el marxismo

La filosofía foucaultiana no podría ser nunca calificada como una relectura, corrección o criptografía del marxismo, por el contrario, Foucault siempre se cuidó de ser etiquetado como marxista. Pero indiscutiblemente, como toda la filosofía francesa de esa época, la obra de Foucault recibió fuertes influencias de esa gran doctrina filosófica adorada por muchos y aborrecida no por pocos: el marxismo. 

Estas dos filosofías, el marxismo y la de Foucault, a pesar de que este último no se considerase un marxista, tienen varios puntos en común. Si leemos la obra de Foucault desde los principales aspectos de la concepción marxista, podremos entender mejor su obra e igualmente podremos entender mejor al autor de El Capital, si conocemos los aportes que realizara Foucault al marxismo. En otras palabras, podemos decir que los análisis foucaultianos no solo coinciden muchas veces con los de Marx, sino que los enriquecen en innumerables aspectos.

Muchas veces esto es pasado por alto y se comete el error de decir que la filosofía del francés Michel Foucault renegaba o rechazaba al marxismo, lo cual no es tan así. La concepción foucaultiana del marxismo estuvo condicionada por el entorno político y cultural bajo el cual se desarrolló el pensamiento de Foucault. Este entorno estuvo marcado por el fin del segundo holocausto mundial, por lo cual decimos que el eminente pensador vivió el esplendor y la decadencia de la segunda gran oleada revolucionaria, la cual estuvo caracterizada por el inmenso prestigio alcanzado en Europa por el marxismo como corriente cultural.

Debido a este auge del marxismo y al aumento de los partidos comunistas, en la sociedad francesa se desarrolló un proceso de derechización, el cual penetró hasta las filas del Partido Comunista Francés. Esto, unido a la expansión de los elementos burocráticos y represivos en la URSS y en las improvisadas repúblicas socialistas de Europa del Este, trajo como consecuencia la «momificación» del marxismo. Por todo esto es que Foucault se desentiende con el marxismo: él no aceptaba que ninguna institución o persona decidiera como el individuo tendría que usar a Marx para lograr ser declarado marxista.

Sin embargo, siempre diferenció su rechazo al marxismo vulgar o de los partidos, de su posición ante Karl Marx. El pensador francés nunca se adjuntó a las corrientes antimarxistas, liberalistas o neopopulistas características de la nueva filosofía francesa desarrollada desde el fin de la II Guerra Mundial.

Foucault definía a su filosofía como una especie de juego donde él ponía las reglas o normas y los demás decidían si participar o no. Afirmó en más de una ocasión que se cuidaba mucho de guardar distancia respecto a Marx, pero que en este aspecto también hacía una especie de juego; juego en el cual él citaba a menudo conceptos, textos y frases de Marx, pero sin sentirse obligado a añadir una etiqueta identificadora de una nota al pie de página con una frase o palabras elogiosas para acompañar esa cita. Para justificar esto, lo cual es considerado por muchos intelectuales como un irrespeto a las fuentes, el pensador francés sostenía la idea de que si él hacía eso (citar a Marx), las personas lo considerarían como alguien que conoce y reverencia a Marx, y, por tanto lo honrarían en las revistas y encuentros marxistas. Foucault citaba a Marx, sin poner comillas, y decía que como la gente es incapaz de reconocer los textos de Marx, él era considerado como alguien que no citaba a Marx.

A pesar de su desentrañamiento con el marxismo, reconocía notables méritos en la obra de Marx. Él decía que hoy por hoy era imposible escribir y hablar de historia sin utilizar un conjunto de conceptos vinculados de alguna forma u otra con el pensamiento y la obra del alemán, así como que también era muy difícil diferenciar entre ser un historiador y ser un marxista.

En muchas de sus reflexiones sobre el papel jugado por el poder en la conformación y expansión de lo social encontramos claras huellas de aspectos desarrollados implícitamente por Marx y estudiados por algunos de sus mejores seguidores. Algunos de estos aspectos son: 1-El enfoque relacional de la sociedad (En su análisis del poder, Foucault tiene que optar por la asunción de la sociedad como un conjunto de relaciones sociales, tal y como Marx lo proponía); 2-Interpretación del concepto producción en su sentido más amplio (No solo producción vinculada a la economía, sino también vinculada a las ideas, prácticas sexuales, etc. ); y 3-La comprensión de la revolución socialista no como la simple sustitución de los agentes conservadores del poder, sino como una profunda y total subversión cultural (Las reflexiones de Foucault enriquecen la tesis marxiana sobre la necesidad de la transformación del modo de apropiación capitalista).

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