Diálogos marxistas

Diálogos sobre el poder (primera parte)

6 feb 2018
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Michel Foucault. Cuántas veces podremos pronunciar este nombre y apreciar que nadie a nuestro alrededor se da por entendido. Sí, es una lástima que una persona tan importante en lo que a pensamiento filosófico y político se refiere sea prácticamente desconocida, al igual que su obra, para los jóvenes de hoy en día.

Tal vez, la causa del desconocimiento de su obra en nuestra generación radique en que Foucault se opuso a no pocos aspectos del marxismo y del socialismo soviético, causas que no debieron ni deben llevar, bajo ningún concepto, al destierro de su obra, sino todo lo contrario, deben revivirla y estudiarla. Sobre todo hoy en día, que constantemente se habla de que el capitalismo está en su fase agonizante y se clama por la búsqueda de alternativas que alivien de una vez y por todas la desigualdad social en la que ha vivido el hombre, la filosofía foucaultiana y su pilar principal, la teoría crítica del poder, deben resurgir cuál ave fénix para ser analizada y extrapolar de ella los elementos que nos ayuden en la construcción de la sociedad nueva, la sociedad que ha de ser verdaderamente justa, con igualdad de derechos para todos y sin distinciones de «poder». 

Síntesis de su vida y obra

Paul Michel Foucault nació en 1926, en la ciudad de Poitiers, Francia. Su padre, del mismo nombre, fue un importante cirujano y esperaba que su hijo también entrase en el mundo de la medicina. La educación de Foucault fue, desde temprano, una mezcla de éxitos y mediocridad hasta que ingresó en el colegio jesuita Saint-Stanislaus, en el que se convirtió en un alumno de importantes resultados. Culminada la II Guerra Mundial, Foucault logró matricular en la prestigiosa Escuela Normal Superior de París, la principal vía de entrada a una carrera académica en Francia.

La vida personal de Foucault en esta escuela fue muy dura, padeció de agudas depresiones, e incluso intentó quitarse la vida, por lo que comenzó a ser atendido por siquiatras. Muchas personas aseguran que probablemente de aquí venga su admiración por la psicología. Luego de conseguir la licenciatura en Filosofía, Foucault cursó estudios de psicología, lo cual ayuda a comprender notablemente el objeto de estudio de la filosofía foucaultiana.

Ingresó en las filas del Partido Comunista Francés en 1950. Abandonó la militancia de este en 1953 debido fundamentalmente a sus preocupaciones sobre lo que pasaba en la Unión Soviética bajo el gobierno de Stalin. Publica su primer libro en 1954, Maladie mentale et personnalité, trabajo del cual renegaría más adelante. En ese mismo año fungiría como delegado cultural de Francia en la Universidad de Uppsala, Suecia, puesto que abandonaría en 1958 para ocupar posiciones en Varsovia y en la Universidad de Hamburgo.

El gran pensador francés regresó a Francia en 1960 para terminar su doctorado y asumir un cargo en filosofía de la Universidad de Clermont-Ferrand. En 1961 ganó su doctorado mediante dos tesis: La primera, que fue muy bien recibida, Folie et déraison: Histoire de la folie à l'âge classique y la secundaria que consistía en la traducción y comentarios de Antropología desde un punto de vista pragmático de Kant. En 1963 publicó Naissance de la Clinique, Raymond Roussel y volvió a publicar su libro de 1954, pero esta vez bajo otro título: Maladie mentale et psychologie, del que volvería a renegar más tarde.

Foucault consiguió un puesto en la Universidad de Túnez en 1965. En 1966 publicó Les Mots et les choses, libro que gozó de gran popularidad y que marcaría su más alto interés en el estructuralismo. Por esta fecha, se juntaría con académicos como Jacques Lacan, Claude Lévi-Strauss y Roland Barthes para conformar la nueva ola de filósofos que destronaría a los existencialistas de Jean-Paul Sartre. Regresó a Francia en el otoño de 1968 y publicó L'archéologie du savoir.

En 1970 fue electo para el grupo académico más prestigioso de Francia, el Collège de France, específicamente para la cátedra de Historia de los sistemas de pensamiento. Gracias a esto el eminente pensador se involucró aún más en la política. Un acto que demuestra su quehacer político por aquellos días es la fundación del Grupo de Información de prisión (Groupe d'Information sur les Prisons-GIP), el cual fue concebido para hacer públicos los reclamos de los prisioneros. Su politización alcanzaría su máximo esplendor con Surveiller et Punir, donde se narran las micro-estructuras de poder formadas en las sociedades industrializadas a partir del siglo XVIII, especialmente en las escuelas y las prisiones.

La vida política de Michel seguiría teniendo un carácter activo, tal es así que en 1977, cuando una Comisión del Parlamento Francés discutía una reforma del Código Penal, firmó una petición junto a otros notables pensadores, pidiendo la anulación de algunos de los artículos de la ley para despenalizar todas las relaciones consentidas entre los adultos y los menores de quince años (la edad de consentimiento en Francia).

Para finales de los setenta Foucault iniciaba su obra monumental sobre La historia de la sexualidad, la cual no pudo terminar nunca. Su primer volumen, La voluntad de saber, fue publicado en 1976, y tiene muchos puntos de contacto con Vigilar y castigar. El segundo volumen, así como el tercero, aparecieron ocho años después, y sorprendieron a sus lectores por su objeto de estudio (textos clásicos griegos y latinos), su estilo relativamente tradicional y por la concentración de Foucault en el sujeto, un concepto que había denigrado previamente.  Foucault muere en París víctima del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) en 1984.

Aspectos fundamentales de su propuesta filosófica

Para profundizar en los aspectos fundamentales de su propuesta filosófica, debemos señalar, entre los más importantes, que Foucault critica el humanismo retórico y elabora sus estudios sobre la política sin centrarlos en el Estado. Analiza también la idea de reconstruir y rediseñar la historia descartando el papel de conflictos bélicos o revoluciones armadas.

Él fue uno de los que defendió la idea futura de una sociedad donde fuésemos capaces de tomar nuestras propias decisiones. Por ello, tal vez partió de estudios tan aparentemente diversos como los realizados a la época clásica, la sociedad a finales del siglo XVIII y la sexualidad en la antigua Grecia y en la Roma imperial; para luego concluir probablemente en una reconstrucción de la historia occidental.

Foucault no elabora conceptos sobre la libertad o la justicia. En su lugar prefiere hablar de la permanencia de las luchas y las resistencias. Planteó problemáticas acerca de la naturaleza humana y la democracia, como elementos cotidianos en la vida del hombre y que aparecen como resultado de las normas impuestas por determinada cultura, en este caso la sociedad burguesa. En este punto fue muy fiel a su obra: encabezó diversas manifestaciones y asambleas a favor de los inmigrantes, los trabajadores, los presos, los estudiantes etc. Su vida revolucionaria manifestó en todo momento una posición anticapitalista muy radical.

Fue uno de los pocos pensadores que fue capaz de no sólo discutir, polemizar o defender postulados teóricos, sino que logró hacer en pos de esas ideas que vio materializadas en diversos aspectos de la sociedad en que vivió. Aunque criticó fuertemente el dogmatismo, fue poco dogmático con su obra.

Siendo escéptico y crítico con los proyectos ilustrados humanistas, no propuso un modelo ideal de funcionamiento social y alertó sobre el riesgo de definir términos como la  naturaleza humana o la justicia usando los términos asumidos por nuestra sociedad.

Con su narrativa característica logró tener casi siempre al público de su parte. En su obra se aprecia la influencia de Nietzsche y es uno de los pensadores post-modernistas que más la manifiesta. Constantemente insistía en lo poco responsable que un hombre es de su propia naturaleza. Para él, como lo fue para Nietzsche, el sujeto está formado por el peso de la tradición moral; por eso no es verdaderamente soberano ni original y le es muy difícil enfrentar la moralidad de la época.

Para él, el pensamiento filosófico moderno reflexiona sobre su propio presente en tres formas esenciales: entender el presente como parte de una época que será diferente a otras porque manifiesta diferentes características socio-históricas, identificar en él elementos que anuncien un próximo acontecimiento y, entenderlo como  un punto de transición hacia un nuevo mundo.

En los postulados anteriores se puede observar cierta relación con lo planteado anteriormente por Kant y que también se manifiesta cuando refirió que la reflexión sobre el presente como diferencia en la historia y como motivo para una tarea filosófica particular le parecía que era la novedad y reconocía en él un punto de partida: el esbozo de lo que se podría llamar la actitud de la modernidad.

En cuanto a la influencia que recibe de la Ilustración, el filósofo francés plantea que este fenómeno está destinado a una interrogación filosófica que problematiza nuestra relación con el presente y nuestro modo de ser histórico y también le concierne cierta autonomía al sujeto, algo que entra en contradicción con los postulados que explicamos anteriormente.

Michel Foucault nos propone una filosofía histórica de nosotros mismos en términos de un linaje del poder. Muchos lo critican, sobretodo el aspecto en que, aunque denuncia la existencia de una sociedad disciplinaria no propone salidas políticas que contengan la posible solución.

Teoría crítica del poder

A partir del siglo XVII Europa sufrió una renovación, un giro estructural marcado sobre todo por una revolución de tipo industrial (aunque no en un sentido unitario, sino a través de focos aislados), que trajo consecuencias en las esferas de la política, la economía y la sociedad en general de las naciones que integran el Viejo Continente (esto lo afirmamos sin pretender ser demasiado absolutistas, para no violar procesos históricos). Desde entonces vieron la luz corrientes importantes de pensamiento que proponían toda una filosofía de vida marcada por un fuerte humanismo. La Ilustración y la emancipación humana se convirtieron en el centro de toda perspectiva de la época. Poco a poco fueron cediendo y trasformándose los mecanismos de represión de los individuos que se sustentaban en la fortaleza de la presencia monárquica y eclesiástica del medioevo, para evolucionar hacia otras formas de represión.

Es así que la filosofía como ciencia del pensamiento humano desplaza su objeto de estudio, para convertirse en una ciencia crítica, cuestionadora de modos de vida, de estructuras sociales, y sitúa, dentro de su análisis, todo lo referente al poder como forma de dominación. Se consolida como la ciencia por excelencia que estudia las formas de poder manifiestas en las estructuras sociales.

Desde entonces y hasta la actualidad, la filosofía ha desandado diversos caminos que en mayor o menor medida analizan las fórmulas de condicionamiento social, y buscan en los propios fenómenos sociales las claves para comprender las  formas que adopta el poder, poder que se ha visto reducido al concepto de soberanía.

Continuará…

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