Contrapunteo

Cuando el dinero lo es todo

2 sep 2019
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De pequeña siempre escuché hablar de la franquicia Johnson & Johnson (J&J) como la meta de lujo total en cuanto a insumos para bebés. Luego, con el paso de los años, pude comprobar los slogans de publicidad que catalogaban sus productos como maravillosos. Sin embargo, no creo que hubiese opinado lo mismo de saber que sus talcos contenían amianto.

Para quienes no conocen este compuesto, según la agencia 20 minutos, el amianto o asbesto es uno de los componentes del fibrocemento, un material de construcción. Está mezclado por fibras microscópicas que pueden permanecer en el aire el tiempo suficiente para provocar enfermedades del aparato respiratorio como cáncer de pulmón y mesotelioma maligno, entre otros.

Los directivos de J&J, como indica una información ofrecida por Reuters, conocían de la presencia de esta sustancia en sus archiconocidos talcos desde hace décadas, a pesar de esto no detuvieron la venta y comercialización de ese producto para bebés que es, hasta el día de hoy, el de mayor presencia en ese mercado.

Sin embargo, a esta noticia que fue titular a finales del año pasado se le suma la más reciente —26 de agosto del 2019—, cuando el estado de Oklahoma, en un fallo histórico, multó con 572 millones de dólares a la franquicia por causar la crisis de opiáceos en este territorio estadounidense.

Este problema, catalogada como la peor epidemia de drogas en la historia de ese país, según dictaminó un juez de Oklahoma en el primer fallo de su clase contra la industria farmacéutica y publicó la agencia Russia Today, fue impulsada a través de la compra de los famosos productos, capaces de llegar a la población a través de espectaculares campañas publicitarias.

Sin embargo, a los «del talco» les faltó advertir que sus creaciones influyeron en el aumento de los índices de adicción, muertes por sobredosis y síndrome de abstinencia neonatal, como bien precisó  el juez Thad Balkman.

Maestros el engaño y la omisión

J&J ha sabido siempre jugar las cartas a su favor, por lo que, el encubrimiento de las reacciones nocivas de sus productos no son «errores nuevos».

Sobre el uso del el amianto o asbesto y sus consecuencias, informó el diario español El País el 22 de agosto del 2017, haciendo alusión a una condena de un tribunal de Los Ángeles (California) el cual ordenó a la franquicia pagar 417 millones de dólares a una mujer que desarrolló un cáncer de ovarios después de usar durante años el polvo de talco de la empresa.

Los problemas del gigante de los productos de higiene y de farmacia con más de 100 años en la industria comenzaron en el año 1999 cuando, según la fuente citada con anterioridad, «Darlene Coker, una profesora de masaje de Texas, denunció a la multinacional porque, los polvos de talco de esta firma le habían provocado un cáncer de pulmón y aunque Coker finalmente retiró la demanda, sirvió de base para otras investigaciones».

Sin embargo, lo más alarmante sobre este asunto, es que la agencia Reuters encontró información sobre la existencia de esta nociva sustancia en los talcos desde 1957 y 1958.

Años más tardes, cuando se hiciera en 1976, una investigación en busca de amianto, J&J dijo no haber encontrado rastros de este producto en pruebas realizadas en 1972 y 1973, pero ocultó que tres análisis de tres sitios diferentes habían dado positivo para amianto entre 1972 y 1975.

Lo cierto es que la suerte final de este gigante comercial no está decidida. Pese a que el 14 de diciembre de 2018 sus acciones habían caído un 10 por ciento en Wall Street y este año lleva nuevamente la firma del escándalo, aún queda por saber si la falta de ética y conciencia por la salud de millones de seres humanos les cuesta más que algunos millones.

Para algunos, el lucro es más importante que la vida. Los escrúpulos se maquillan y los favores se cobran a favor de los más ricos. Por lo pronto no me cabe la menor duda de que Johnson & Johnson seguirá vendiendo sus famosos sets para bebés, con hermosas familias en las publicidades y relevantes campañas para ganar adeptos.

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