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¿Cuál es el plan de Bolsonaro para la «restauración» de Brasil?

7 ene 2019
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El pasado 1ro. de enero con la toma de posesión de Jair Bolsonaro como presidente de Brasil comenzó una nueva etapa en la historia de esa nación. Durante el discurso de investidura, el mandatario en apenas diez minutos describió cuál es su visión sobre la situación actual del país y cómo llevará a cabo lo que definió como su misión política fundamental: el proceso de restauración de la nación suramericana. Más allá de la retórica empleada, en su intervención están delineadas las directrices fundamentales que guiarán la gestión de su gobierno en materia de política interna y exterior.

Bolsonaro en su discurso proyectó la imagen de un país que está prácticamente al borde del colapso, lo que sintetizó al afirmar que Brasil transita por la mayor crisis ética, moral y económica de su historia. A partir de este enfoque, se considera que la nación requiere ser «restaurada y liberada» de aquellas amenazas y enemigos que han provocado esta situación. El mandatario identificó que la sumisión ideológica, el deterioro de los valores tradicionales, la irresponsabilidad económica, la corrupción, la criminalidad y el socialismo constituyen las fuentes de todos los males. Por lo tanto, se impone eliminarlos de manera enérgica y definitiva.   

Esta visión apocalíptica de la realidad, sustentada en una concepción del mundo profundamente extremista y radical, se presenta como el pretexto necesario para desplegar una fuerte ofensiva conservadora que con total certeza generará implicaciones impredecibles hacia lo interno de Brasil en el plano económico, político y social.

Se retoma una vez más la vieja fórmula de dibujar un escenario político dantesco para justificar la «cruzada» que encabezará Bolsonaro, quien se ha erigido como el «líder de la salvación». Este mensaje ha encontrado respaldo en los feligreses de las iglesias evangélica y católica brasileñas que se han convertido en una base política fundamental para el actual gobierno que promovió como lema de campaña «Brasil por encima de todo, Dios por encima de todo».

El mandatario brasileño apelando a una retórica cargada de simbolismo estableció los ejes fundamentales de su plan de «restauración» que comprende: el rescate de los valores tradicionales; la eliminación de las denominadas «amarras ideológicas»; las reformas económicas estructurales; el restablecimiento de la seguridad pública y una política exterior sin subordinación ideológica. ¿Cómo el actual mandatario concibe la implementación de este plan?

Bolsonaro afirmó que el rescate de los valores comprendería la valorización de la familia, el respeto a las religiones enfatizando las tradiciones judeo-cristianas, combatir la ideología de género y eliminar las «ideologías nefastas», lo que en términos prácticos se refiere a cualquier idea que sea calificada como marxista o socialista. El mandatario precisó que «las escuelas brasileñas deben preparar a los jóvenes para el mercado de trabajo y no para la militancia política», destacó que a partir de su asunción los brasileños se están liberando del socialismo, lo que simbolizó cuando dirigiéndose a los presentes en las afueras del Palacio de Planalto planteó: «esta es nuestra bandera que jamás será roja».

La implementación de estos preceptos conllevaría a una especie de «moralización de la sociedad» que se traduciría en la aplicación de políticas discriminatorias contra determinados sectores, lo que estaría respaldado por la promoción de la intolerancia a nivel gubernamental. Este enfoque solo contribuye a enaltecer la violencia desenfrenada, los conflictos sociales, la persecución política y la segregación sin límites. Bolsonaro es un ideólogo de la represión y el castigo, lo que esbozó con claridad durante su época de congresista cuando afirmó: «estoy a favor de la tortura (…) desafortunadamente, las cosas solo cambiarán cuando se inicie una guerra civil y los militares hagamos el trabajo. Si un par de inocentes muere, eso está bien».

El restablecimiento de la seguridad pública se enfoca en mantener la ley y el orden, lo que en la visión de Bolsonaro comprende dos dimensiones fundamentales: el derecho de los ciudadanos a defenderse y el «respaldo jurídico a los policías para realizar su trabajo». El primer aspecto se concreta en que cualquier individuo pueda portar armas de fuego y el segundo se materializa otorgándole amplias facultades a los efectivos policiales para que «abran fuego» inspirados en la célebre afirmación del actual mandatario: «un policía que no mate no es un policía». Esta visión solo puede conducir a políticas de criminalización y securitización que reproducirán la violencia provocando una grave amenaza a la seguridad pública. 

Con relación a la política exterior, Bolsonaro señaló que retomará su papel en la defensa de la soberanía, en la construcción de la grandeza y en el fomento al desarrollo de Brasil. Enfatizó que su proyección externa no tendrá una orientación ideológica, lo que constituye una contradicción esencial que fue desenmascarada por el mandatario estadounidense minutos después al publicar en las redes sociales que le había encantado el discurso de Bolsonaro y sentenció: «Estados Unidos está contigo». 

El plan de Bolsonaro para la restauración de Brasil refleja una concepción del mundo que rinde culto a la violencia, el racismo, la xenofobia, la homofobia y las dictaduras. El mayor peligro constituye su manifiesta voluntad de convertir esta estridencia en acciones políticas. Por lo tanto, hará todo lo posible por implementar su agenda e intentará el retorno forzado de Brasil a un ambiente político que evoque los «mejores años» de lo que ha calificado como el «período glorioso», es decir, la dictadura militar.

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