Proposiciones

Constanza, Maimón y Estero Hondo: primera manifestación de internacionalismo de la Cuba revolucionaria

6 nov 2018
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A Bertha Cáceres la asesinaron un 3 de marzo. Ese día me requerían urgente en la oficina para compartir esta triste noticia y unirnos de forma solidaria a la lucha por denunciar a sus asesinos y apoyar de humilde manera al pueblo lenca. Esa misma jornada debía ir preparando, «con tiempo», una entrevista en profundidad al Comandante Delio Gómez Ochoa que versara acera de la expedición, que él y un grupo de revolucionarios habían realizado en 1959 hacia República Dominicana con el fin de derrocar la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina.

Con aquella escasísima información me dispuse a buscar algo más para ir con mayor seguridad a por las preguntas. Descubrí, entre otras muchas cosas, un libro en el que Gómez Ochoa narra los hechos desde los preparativos hasta su regreso a Cuba un par de años más tarde. Luego de devorar las páginas de La victoria de los caídos, nombre de dicho ejemplar, comencé el proceso para llegar al Comandante.

La historia es en extremo atractiva a la par que novedosa, al menos para la juventud cubana, pues no se nos cuenta en las clases y hemos de saber lo influyente que fue para el posterior derrocamiento de Trujillo y la liberación del pueblo quisqueyano. Con preguntas que ahondarían en detalles, describirían mejor los hechos y nos regalarían una versión renovada del libro llamé por teléfono a su casa.

Cuando por fin obtuve respuesta me dijeron que se encontraba en República Dominicana, su segunda Patria, y que regresaría en el mes de agosto. La revista solicitaba la historia, una historia necesaria y muy poco conocida en nuestro país.

Con este artículo se pretende realizar un resumen de los hechos y prometiéndole a nuestro lector esa entrevista para un número ulterior, le ofrecemos una reseña de las acciones de Constanza, Maimón y Estero Hondo: la primera manifestación de internacionalismo de la Cuba revolucionaria.

La dictadura de Trujillo y los antecedentes de la expedición

La dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina fue probablemente una de las dictaduras más cruentas y largas que sufrió el continente latinoamericano. El temor sembrado por aquel hombre en el pueblo dominicano llegó al extremo de dominar las mentes de los ciudadanos implantando el terror en las calles. La tiranía se apoyó elementalmente en el Ejército del país y se encargó de reprimir a cualquier ciudadano que él considerara tuviese algún vestigio de oposición al régimen, a través de la violencia, la tortura y el asesinato.  

La manipulación de la dictadura y el inherente culto a la personalidad de Trujillo llegaron a tal punto que durante 25 años, Santo Domingo se llamó de manera oficial «Ciudad Trujillo».

Con el concurso de la iglesia católica, el dictador creó el mito necesario alrededor de su persona para influir en la conciencia de las grandes masas semianalfabetas, ante quienes se erigió como representante en la tierra de un poder supremo e infalible. No es secreto que en numerosos hogares dominicanos de entonces se vieran carteles que rezaban: «en esta casa mandan Dios y Trujillo» (Gómez, 2010).

A raíz de esta situación que sufría el pueblo dominicano, en otros países, exiliados quisqueyanos antitrujillistas con multiplicidad de tendencias ideológicas fraguaron numerosas expediciones hacia República Dominicana para intentar emprender la lucha que liberaría a su país de las manos sangrientas del dictador.

A mediados de 1947, comenzaron los preparativos en Cuba de una expedición a la que contribuyeron los presidentes de este país, Venezuela y Guatemala —Ramón Grau San Martín, Rómulo Betancourt y Juan José Arévalo, respectivamente—; y cuyo jefe militar era el ex general dominicano Juan Rodríguez. En el contingente, de alrededor de un millar y medio de hombres, trescientos eran dominicanos, los demás, internacionalistas. Esta es la expedición conocida como Cayo Confites, que lleva el nombre del lugar por el que salieron las tropas hacia suelo quisqueyano. Esta acción no llegó a su fin debido a una delación y en aguas cubanas fueron intersectados por una fragata que los obligó a rendirse. En esta expedición iba Fidel Castro, quien decidió lanzarse al mar para evitar caer prisionero en manos del ejército del país (Gómez, 2010).

Así mismo, en 1949 hubo otra expedición que saldría de México, pero también fracasó. Luego de 9 años, exiliados radicados en Nueva York organizaron otra empresa, que debió partir de Miami el 29 de julio de 1958 en un avión y aterrizar en Constanza, en cuya zona y sus alrededores contaba con grupos de apoyo. Ese mismo día, cuando subían los últimos pertrechos a la nave, fueron detenidos en el aeropuerto a causa de una denuncia.

El sentimiento antitrujillista tenía apoyo en todo el continente. Por aquellos años, el gobierno había tomado una serie de medidas económicas y militares sumamente impopulares. El pueblo comenzaba a sentir su peso y esto contribuyó al malestar general. Se involucraron en esa lucha personas amantes de la libertad y la justicia de diferentes partes del mundo, en particular de América Latina, región en la que el repudio a las tiranías se había generalizado.

El ambiente internacional —ya a finales de los años 50— era favorable a la lucha contra Trujillo y encontró, luego del triunfo revolucionario cubano en enero de 1959, el amparo incondicional de la Isla.

¿Por qué buscar apoyo en Cuba?

Recordemos que al finalizar la Guerra de los Diez Años, los cubanos encontraron en la Dominicana del general Gregorio Luperón,[1] presidente de la República, apoyo para la lucha contra el colonialismo español. Este militar albergó en su casa al general Antonio Maceo, rechazó las presiones españolas para que lo entregara y ordenó la detención del cónsul ibérico que había fraguado el asesinato del Titán de Bronce. La causa cubana encontró eco en los diversos sectores de la sociedad dominicana. Familias enteras se sumaron a ella y se fundaron numerosos clubes patrióticos (Gómez, 2010).

El más grande de los dominicanos vinculados a Cuba fue Máximo Gómez, quien por su amor a la Isla y gracias a su genio militar demostrados en las guerras cubanas del siglo xix llegó a ser el Jefe del Ejército Libertador.

Este sentimiento de solidaridad logró abrirse paso en la historia y se evidenció en la lucha por la liberación nacional en la guerrilla de la Sierra Maestra. Cuba tenía un fuerte compromiso revolucionario con el pueblo dominicano.

Por otro lado, es conocido que fue Trujillo quien proveyó refugio a Batista cuando huyó de Cuba y no sólo a él sino a numerosos secuaces del régimen, reclamados por la justicia revolucionaria, quienes viajaron a La Española en cuatro aviones robados con un vasto equipaje y maletas abarrotadas de dinero; aviones que Trujillo nunca devolvió a Cuba. Asimismo, por aquel entonces en suelo dominicano hubo provocaciones a nuestro país. Agredieron a dos funcionarios de la embajada y sus instalaciones fueron perpetradas por grupos de batistianos exiliados en Dominicana. Por tanto, se convertía la expedición, además, en una acción de legítima defensa del pueblo cubano.

Los preparativos

Enrique Jiménez Moya, líder revolucionario dominicano exiliado en Venezuela, llegó a Cuba en noviembre de 1958 para solicitar a Fidel Castro, a nombre de la Unión Patriótica Dominicana, que un grupo de jóvenes de la nación caribeña fuera a la Sierra Maestra a foguearse en la lucha guerrillera con la idea de que estuvieran listos militarmente para combatir a la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.

Tras su incorporación, la guerra duró apenas unos días, por lo tanto fue el único dominicano en lograr participar en la guerrilla en la Sierra.

Al alcanzar la victoria en 1959, se le designa, al comandante del Ejército Rebelde, Delio Gómez Ochoa, la tarea de organizar la expedición dándole apoyo a los exiliados dominicanos y a todo aquel internacionalista que deseara participar en la acción.

El grupo de hombres que emprenderían viaje a República Dominicana fue enviado al campamento de Mil Cumbres en las montañas de Pinar del Río. Para camuflar su identidad ante los pobladores, se informó que era un grupo del Ejército Rebelde en rutina de entrenamiento.

La dirección de la Revolución propició las primeras reuniones entre los dirigentes dominicanos que irían al frente de la expedición. Como parte de estas conversaciones se crea el Movimiento de Liberación Dominicano (MLD). Al finalizar la asamblea, que sesionó del 27 al 29 de marzo de 1959, emitieron un documento que titularon «Declaración de la Habana» y ratificaron el nombramiento de Enrique Jiménez Moya como comandante en jefe del Ejército de Liberación Dominicana. El comité ejecutivo electo allí fue encargado de redactar el Programa Mínimo de la Revolución Dominicana y el Manifiesto del MLD (Gómez, 2010).

Las principales entidades que conformaron el MLD fueron: La Unión Patriótica Dominicana de Venezuela (UPD); El Frente Unido Dominicano de Cuba; El Frente Unido Dominicano de Puerto Rico; El Frente Unido Dominicano de Nueva York; el Partido Socialista Popular (PSP) y la Unión Patriótica Dominicana de Estados Unidos (Valerio, 2008).

El entonces presidente de Venezuela, Rómulo Betancourt, prometió medio millón de dólares para apoyar la causa; pero por temor a represalias del dictador contra su país solo suministró 150 mil. Este dinero fue enviado a Cuba por vía diplomática. Fidel quería devolverlo pero al fin decide quedárselo para mantener al mandatario de alguna manera comprometido con la causa dominicana.

De aquel dinero, 90 mil dólares fueron destinados a la compra de un avión, al que posteriormente se le pintaron las insignias que lo identificaban como una nave de la aviación militar dominicana para desorientar al ejército trujillista. Debía salir de Venezuela pero Betancourt no lo permitió, por lo mismo que le impidió ofrecer más dinero, y además por presiones norteamericanas.

Según los dominicanos enrolados en la expedición, al llegar a la tierra caribeña, los guerrilleros encontrarían condiciones favorables para llevar a cabo la revolución antitrujillista, pero la historia les quitó la razón. El miedo y las presiones del gobierno reinaban en suelo quisqueyano.

Durante la preparación de Mil Cumbre se les impartió a los expedicionarios clases teóricas y prácticas acerca de la guerra de guerrillas, pues ninguno tenía experiencias en este tipo de lucha armada. Es necesario enfatizar la diversidad de posturas políticas que reinaba en el grupo. De hecho, algunos de los expedicionarios eran profundamente anticomunistas y con tendencias de derecha, y existía además un insondable antimilitarismo, pero el amor a su país los hacia mantenerse firmes en la empresa de derrocar al dictador más grande que engendró la Patria Dominicana.

De acuerdo con el plan iría un avión y dos embarcaciones. En la aeronave irían Jiménez Moya como comandante y Gómez Ochoa como segundo al mando.

Se discuten algunas cuestiones de por qué Cuba no declaró abiertamente la ayuda a la causa dominicana, de por qué no decir que cubanos participarían en la acción. Debemos tener en cuenta el contexto histórico de nuestro país, apenas cinco meses de triunfada la Revolución, existía un clima hostil con la naciente Cuba revolucionaria, debía mantenerse al margen públicamente la ayuda por cuestiones de seguridad nacional y razones de seguridad del estado. La visión anticubana de la OEA y las amenazas constantes de los Estados Unidos y en especial de la propia República Dominicana influyeron mucho en la toma de esta decisión por parte del Comandante en Jefe.

No obstante, previendo que Trujillo arremetiera contra el pueblo cubano, Fidel Castro orientó a Raúl Castro que se encargara de asegurar la ciudad de Santiago de Cuba, pues se tenía la sospecha de un posible ataque aéreo por parte del Ejército dominicano.

La acción

El avión en que viajaban los expedicionarios aterrizó en República Dominicana el 14 de junio de 1959. Decidieron sobrevolar y descender en Constanza donde se entrenaba la Legión Anticomunista del Caribe, pero por ser domingo supusieron que la mayoría de los soldados estarían liberados de sus tareas en la guarnición. Aterrizaron satisfactoriamente y ya en suelo dominicano comenzó la acción.

Todo empezó con un fuerte tiroteo que sorprendió a los soldados y pretendía cubrir el avión para que emprendiera su marcha de regreso a Cuba.  

La travesía que acompañaría a partir de entonces a los expedicionarios sería muy dolorosa, pero muy rápida. Pasaron muchas contingencias imprevisibles. En el enfrentamiento de Constanza un compañero perdió sus provisiones y con ellas el mapa donde se especificaban los puntos más claros de futuras acciones. Mapa que el enemigo encontró y halló de esa manera a los expedicionarios extraviados, los apresó y a la mayoría los torturó hasta la muerte.

A este incidente, lo acompañaron toda una serie de otros hechos más graves que conllevaron a que las acciones no fueran más allá de un mes desde el desembarco.

No obstante, para apoyar la lucha en suelo dominicano el periódico Revolución[2] publicó un titular en primera plana que versaba: «Reportan rebelión en Santo Domingo». En breves declaraciones, Fidel refutaba la afirmación de un diario dominicano, según el cual, el líder cubano había admitido que Cuba ayudaba al movimiento guerrillero. «Esto es falso, tales afirmaciones comprometen la seguridad de Cuba. Yo no he hablado de eso y ni siquiera lo he insinuado» (Revolución, 2010, p.16). Esta fue la primera reacción oficial cubana.

Por otro lado, en la propia República Dominicana, Trujillo se había encargado de ocultar cualquier indicio que hiciera al pueblo sospechar de su estabilidad política. Los días que siguieron al aterrizaje de expedicionarios fueron turbulentos y en el afán de crear una buena opinión pública la prensa cubana se mantenía optimista respecto al tema.

Para apoyar el hecho y con informaciones de grupos antitrujillistas que vivían en el exilio, a finales de junio, Cuba denuncia ante la OEA las violaciones de los derechos humanos del régimen de Trujillo, el asesinato a prisioneros y el ametrallamiento en masa a la población civil. Por este motivo, en Cuba se daba a conocer el rompimiento de relaciones con República Dominicana.

Ya en ese punto, Trujillo tuvo que aceptar la revolución armada que había llegado a su país, no sin antes informar, a través de La voz dominicana, muertes falsas y prisioneros que formaban parte de la expedición, dando a conocer la superioridad en estrategia de su Ejército.

En el caso de las expediciones marítimas desembarcaron por Maimón y Estero Hondo, luego de roturas y avatares complicados de la propia travesía. Por desgracia, la mayoría de estos combatientes fueron hechos prisioneros y torturados o ejecutados directamente.

El 3 de julio de 1959, el delegado de Trujillo ante la OEA, Virgilio Díaz Ordoñez, solicitó que se convocara con urgencia al consejo permanente de esa organización. Acusó formalmente a Cuba y Venezuela de dos supuestas invasiones y pidió que se invocara el tratado internacional de asistencia recíproca, conocido como el Tratado de Río de Janeiro. Los gobiernos de Haití, Nicaragua y República Dominicana solicitaron la creación de una comisión que investigara los lamentables sucesos del Caribe (Gómez, 2010).

Asimismo el canciller cubano, Raúl Roa, desmintió esa acusación del régimen de Trujillo alegando que «la denuncia contra Cuba y Venezuela se esperaba, pero es falsa y tenemos pruebas de que Dominicana prepara bombardeos contra las ciudades de Santiago de Cuba y Maracaibo». Incluso, manifestó la posible ausencia de Cuba en la Reunión de Cancilleres de la OEA, que sesionaría en agosto del propio 1959, en caso de que no se llevaran a la mesa el tema del subdesarrollo económico de América Latina y su incidencia en la inestabilidad política de la región, «gérmenes de las dictaduras en el continente» (Paz, 1997).

Pero la expedición no contó con el éxito esperado y a ello contribuyó la no existencia de apoyo por parte de la población de Dominicana. Reinaban el terror y convenientemente Trujillo dictó, luego de su denuncia en la OEA, nuevas medidas aparentemente favorables a la población del país. Además, en la ciudad no estaba articulado ningún movimiento de resistencia al régimen, sólo había algunos grupos aislados que habían obtenido conciencia de la necesidad de lucha. Además de que Trujillo tenía intervenidos los canales de transmisión radial internacionales que alertaban y favorecían el optimismo en favor de la guerrilla revolucionaria. El pueblo seguía ajeno al hecho, únicamente funcionaba La voz dominicana y como ya se ha dicho para dar partes falsos de la acción.

Ya entrados en el mes de julio, algunos combatientes habían muerto, los habían hecho prisioneros o habían desaparecido entre las montañas quisqueyanas. De ellos quedaban solamente tres cubanos alzados todavía; pero al analizar la situación el comandante Gómez Ochoa propone abandonar el territorio por mar. Ninguno de los compañeros de Jiménez Moya, quienes habían quedado separados desde el día del aterrizaje por Constanza, ni de las expediciones marítimas, habían llegado con vida al punto de encuentro planificado. Por el momento, la lucha armada contra Trujillo había terminado.

Todos los miembros del grupo de Jiménez Moya habían caído el día 28 de junio, luego de una resistencia heroica contra el hambre, el cansancio, las enfermedades y las tropas gubernamentales. Sólo siete de los integrantes de la expedición aérea sobrevivieron: tres cubanos y cuatro dominicanos. En Constanza muy pocos expedicionarios murieron en combate. Los más fueron hechos prisioneros, algunos heridos. Los vencieron más bien el hambre y el agotamiento. Alrededor de unos veinte fueron fusilados allá mismo, el resto fue enviado a la base militar de San Isidro, donde sufrieron sádicas torturas y el que no sucumbió durante los suplicios, fue fusilado (Gómez, 2010).

El presidio

Al final los planes de huida del país no pudieron llevarse a cabo. Los cubanos Gómez Ochoa y Pablito Mirabal fueron capturados el 10 de julio de 1959. Pero ellos no murieron tan deprisa. Eran los últimos expedicionarios apresados y a Trujillo le convenía mantenerlos vivos como trofeo de guerra. Él había ganado, «necesitaba una prueba viviente de los acontecimientos» (Gómez, 2010).

Los combatientes cubanos estuvieron prisioneros alrededor de dos años en pésimas condiciones de vida, aunque la maquinaria trujillista se encargó de convencer a la opinión pública de que permanecían en libertad condicional. Incluso, el joven Mirabal fue recluido en una clínica mental a causa de los trastornos que le provocaron las torturas.

En ningún momento, Gómez Ochoa dio indicios de que el gobierno cubano apoyó la expedición directamente, a pesar de recibir amenazas y, por supuesto, ser obligado a firmar papeles en blanco que luego el dictador mandaba a llenar con falsas declaraciones del combatiente.

Trujillo acostumbraba a manipular muy bien la información y mientras «el enemigo» era torturado se encargaba de imponerle galardones y condecoraciones propias del Ejército Dominicano para hacer creer a la prensa internacional que eran soldados que peleaban a favor del régimen. La mayoría moría siendo «héroe del ejército trujillista» cuando en realidad eran revolucionarios que defendían la causa más justa de la humanidad: el derecho a la libertad social.

Estuvieron en las peores cárceles del régimen, las tristemente célebres «Cuarenta», «El nueve», «San Isidro» y aunque los cubanos no estuvieron allí, otros sobrevivientes si sufrieron torturas en «La Victoria». En estos recintos, los prisioneros no tenían permitido usar ropa; las celdas no poseían ventanas; comían solo en dos ocasiones; incluso a veces había días en que no se les daba alimento alguno y sólo tenían derecho a salir de las celdas para ser vilmente torturados.

Mientras tanto el dictador planificaba una invasión a Cuba que desembarcaría por la región de Trinidad en la que enrolaría a Gómez Ochoa para poner en práctica su estrategia favorita, hacer morir como héroe trujillista a quien más contrario al régimen sería. Pero, gracias a la actividad clandestina de la Seguridad del Estado cubana, los planes de Trujillo fueron truncados.

Mientras, Raúl Roa rechazaba la petición de Washington de nombrar una comisión para que investigara los sucesos del Caribe y defendió el derecho de los exiliados a luchar por sus patrias sojuzgadas con la consiguiente obligación de los gobiernos democráticos de ampararles en su propósito. De esta manera, Cuba asumía su participación en las expediciones patrióticas de junio (Gómez, 2010).

El 25 de noviembre de 1959, reunieron ante un tribunal a los únicos seis sobrevivientes de los 196 que se enrolaron en las expediciones de Constanza, Maimón y Estero Hondo: Delio Gómez Ochoa, Pablito Mirabal, Gonzalo Almonte Pacheco, Francisco Medardo, Mayobanex Vargas y Poncio Pou Saleta.

Hasta entonces el gobierno dominicano no tenía justificación para mantener presos a los combatientes, pues no se les había hecho juicio. Con aquella pantomima la dictadura justificaba sus acciones ante la vista de la política internacional. A pesar de que en el país no existía la pena de muerte la mayoría de los prisioneros en todos los periodos de la dictadura resultaban muertos a causa de las torturas propinadas por los sicarios del régimen.

Además del juicio a estos combatientes fueron juzgados en ausencia por propiciar la expedición Fidel y Raúl Castro Ruz, Ernesto Che Guevara, Celia y Acacia Sánchez Manduley; los miembros del MLD Juan Isidro Jiménez Grullón y Francisco Castellanos Ortega; y otros revolucionarios venezolanos y puertorriqueños que no pudieron participar en la acción.

A todos se les acusó de atentar contra la seguridad del estado dominicano, ser autores intelectuales y materiales de la expedición e incitar a los ciudadanos a armarse contra las autoridades (Gómez, 2010). Fueron condenados a treinta años de privación de libertad los sobrevivientes y a los ausentes les impusieron ridículas multas millonarias.

Influencia revolucionaria en el pueblo dominicano

En definitiva, Trujillo tenía razón, los expedicionarios habían alentado al pueblo y al exilio a levantarse en su contra, el fervor revolucionario crecía en los corazones de Dominicana y Latinoamérica. El clima se había hecho adverso para el tirano. Se había instaurado el 12 de agosto de 1959 como Día Continental de Repudio a Trujillo y se gestó en el seno de los grupos revolucionarios dominicanos el movimiento 14 de junio.

Luego de la expedición y bajo la influencia de las ideas de la revolución cubana se reunieron en Dominicana los principales representantes de los grupos antitrujillistas que germinaban en la nación caribeña. Los días 10 y 11 de enero de 1960, la agenda de la reunión contenía como puntos centrales la estructura de la organización y su plataforma política. El movimiento 14 de junio resultó la organización política más fuerte surgida a lo largo de la era Trujillo, reivindicando el programa de lucha por el que los héroes de 1959 habían caído (Gómez, 2010).

Dentro del propio Ejército Dominicano también hubo revueltas contra Trujillo. En julio de 1959 alrededor de veintidós sargentos de la aviación militar de República Dominicana vertieron azúcar dentro de los tanques de combustible de las aeronaves, protagonizando así lo que se conoció como «La conspiración de los sargentos». No es menos cierto que fueron delatados y llevados a la «Cuarenta», donde murieron fusilados luego de ser sometidos a las acostumbradas torturas, pero fue una acción que decía mucho acerca de las inconformidades con los procedimientos militares de la dictadura.

El viraje de la opinión pública internacional contra Trujillo había sido tal, que, hasta la iglesia católica, quien tanto lo había protegido por velar por sus intereses, vio en su dictadura una debilidad política y dejó de ofrecerle su apoyo.

El 25 de enero de 1960 en las iglesias del país se leyó, de forma simultánea, una carta pastoral firmada por todos los obispos de la República Dominicana, en la que se reclamaba el cese de la represión; una segunda, leída el 6 de marzo, pedía la libertad de todos los presos políticos antes de la Pascua. Trujillo se consideró traicionado y desató una campaña de hostigamiento y descrédito contra los firmantes y el clero en general (Gómez, 2010).

Los días del dictador estaban contados. El 30 de mayo de 1961, fue asesinado por un grupo de revolucionarios dominicanos que planificaban su muerte desde hacía algunos años. En realidad, la muerte de Rafael Leónidas Trujillo Molina no resolvió ningún problema político, ni de la democracia representativa, ni de las fuerzas de izquierda que comenzaron a surgir después de su desaparición. Sus discípulos continuaban su legado más allá de su desaparición física, la persecución insaciable a los asesinos se hacía cada vez más despiadada.

«Porque de la misma forma que una enfermedad deja secuelas, un régimen de este tipo, invasor de la conciencia de un país, deja secuelas igual de nocivas» (Gómez, 2010).

A pesar de que República Dominicana no llegó a ser, inmediatamente después de la expedición y la muerte de Trujillo, un país totalmente libre, recordemos la invasión yanqui de 1964, las acciones de Constanza, Maimón y Estero Hondo resultaron un fuerte motor impulsor para los grupos revolucionarios en el país, para fomentar la lucha antitrujillista y defender el derecho a la libertad del pueblo dominicano.

Las causas por las que aquellos combatientes desembarcaron en tierra quisqueyana respondían a establecer mejoras en la redistribución de la riqueza, en la defensa de los derechos de los sectores más pobres de la sociedad y sobre todo en la lucha contra la dictadura que por más de treinta años había azotado vilmente el país.

Lamentablemente, al llegar a suelo dominicano no existía el apoyo total de la población por miedo o por desconocimiento, pero el sentimiento antitrujillita sembró en el pueblo una conciencia que llevó a grupos aislados a conformarse de manera organizada contra el dictador.

La expedición del 14 de junio resultó el inicio del largo camino a recorrer para despertar el instinto independentista dominicano luego de la dictadura trujillista, fue un movimiento revolucionario heterogéneo, pero movido por un solo ideal: el de derrocar a la tiranía y liberar de las cadenas al hermano pueblo de República Dominicana.

Bibliografía

Gómez, D. : La victoria de los caídos, La Habana, Ed. Verde Olivo, 2010.

Guzmán, R.: Biografía General Gregorio Luperón. Centro Cultural Perelló, 2013.

Paz, M. d.: Zona rebelde: la diplomacia española ante la revolución cubana 1957-1960, Canarias: Centro de la Cultura Popular Canaria, 1997.

«Reportan rebelión en Santo Domingo». Revolución, 16 de junio de 1959, p. 16.

Tineo, H.: «La expedición del 14 de junio de 1959 dio lugar a la mayor derrota que sufriría el dictador Trujillo». Diario Dominicano, 14 de junio de 2011.

Valerio, L.: Programa Movimiento Liberación Dominicana. Bono Comarrón,2008.

Veloz, E.: «La expedición del 14 de junio de 1959», Hoy, 14 de junio de 2007.

 

[1]El general Gregorio Luperón nació en Puerto Plata en 1839. Fue un militar y político dominicano, que participó de forma determinante en la gesta independentista de 1844 y ocupó la presidencia de la República, de forma provisional, entre el 1879 y el 1880 (Guzmán, 2013).

[2] Órgano oficial del M-26-7, que tenía el objetivo de organizar, orientar y divulgar la ideología revolucionaria para el pueblo cubano. Después del triunfo revolucionario se editó por primera vez el 2 de enero de 1959 en la ciudad de Santiago de Cuba y posteriormente pasó a editarse en La Habana (Tomado de Ecured).

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