Proposiciones

Chiapas

8 ago 2019
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Al regresar de tierra mexicana no me llevo más que los recuerdos y un par de regalos del amor. Me llevo la certeza de lo visto y lo vivido. Me llevo miles de países en uno: DF, Ayotzinapa, San Cristóbal de las Casas, las montañas de Chiapas, los caracoles zapatistas. Me llevo la alegría de encontrarme en todas partes; en la lucha por un sueño todavía no alcanzado. Me llevo en el corazón amores por lo intangible y lo tangible que se encuentra en el caminar.

Caminemos la palabra —dicen los zapatistas—

y la palabra es un susurro.

La lluvia la entierra para que nazca nuevamente.

Las palabras se producen, son semillas.

 

Horizonte,

nosotros,

lucha,

alegría,

compartir,

esperanza:

todas se entrelazan en el susurro de la voz.

 

Afuera la lluvia se apura en caer,

sistemáticamente sobre el techo,

donde la espiral crece y se presiente

el nacimiento de lo nuevo.

Al regresar de tierra mexicana traigo un nuevo reto encontrado: llevar conmigo el mar, mi mar. Lo cotidiano de mi vida. Tengo que ser yo misma. Solo así, en la plena honestidad de quién soy y de dónde vengo, puedo encontrarme con los otros y otras.

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