Contrapunteo

Breves ideas sobre la Historia

24 jul 2018
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Hace par de años asistí a un debate sobre Cuba, su historia más reciente y el poco estudiado proceso del periodo conocido como Revolución en el poder. En aquel momento cubrí el debate para el medio de prensa por el cual había ido acreditado, pero guardé gran parte de aquellas intervenciones en mi blog de notas.

Ahora que la Revolución Cubana arribará en pocos meses a su sesenta aniversario, deseo compartir algunas de las reflexiones que aquel día compartieron estudiantes y profesores universitarios en La Habana.

Luis Emilio Aybar Toledo: Creo que hay caminos recorridos en lo que puede considerarse la historia intelectual de Cuba, muy vinculado quizás al ámbito del pensamiento artístico cultural. Sobre esto se ha escrito, no historiadores, pero se ha escrito, hay reflexiones desde Ambrosio Fornet hasta Arturo Arango, quienes tienen ensayos que abordan esos procesos vinculados al «Quinquenio Gris», por ejemplo. Hoy por hoy el gran problema para estudiar la historia de la Revolución son las fuentes y la inexistencia en el país de un mecanismo que funcione para abrir esas fuentes a la posibilidad de trabajo por parte de los historiadores. A veces pareciera que hay desconfianza, yo soy capaz de abrir un archivo que ha sido confidencial una pila de años a un extranjero y estoy desconfiando de un gremio de historiadores que vive aquí en Cuba y que es revolucionario.

Hay que romper los miedos sobre ciertas cosas oscuras de la información y son las instituciones las que tienen que tomar la vanguardia. Las informaciones clasificadas lo que nos dan es la dinámica multicolor de la vida, e incluso yo tengo la confianza de que en muchas oportunidades la Revolución cubana saldría fortalecida de hechos que no han sido ventilados públicamente.

Sobre el tema de la enseñanza, creo que lo fundamental es tener claridad de los diferentes niveles y de la información que se pase en cada uno de esos niveles. La educación primaria es en todas partes del mundo básicamente para generar valores, afianzar presupuestos patrióticos y yo creo que en esa educación lo que está por hacer siempre es más limitado. Cuando el estudiante llega al nivel preuniversitario es cuando verdaderamente puede plantearse desde la enseñanza general un acercamiento reflexivo más contundente. Ahora el gran problema es que la historia de la evolución que no se cuenta bien es expresión de una historia más amplia que tampoco se cuenta bien. Todavía a veces hay una visión del mambisado que resulta esquemática.

Fabio Fernández: Uno de los problemas que enfrenta nuestro país es la divulgación mecánica y esquemática del conocimiento histórico. Sin negar la validez de las historias oficiales, presentes en todo tiempo y lugar, la nuestra se ha tornado en extremo plana y carente de matices. Hemos construido un discurso histórico que se aleja de la complejidad del decurso real de la sociedad. Una perspectiva teleológica presenta la evolución insular como un camino ya prefigurado. Semejante manera de entender la historia nos aleja de un público inmerso en un escenario vital convulso y que, por tanto, no se conforma con esa visión del pasado donde todo parece estar tan claro.

Las manquedades de nuestro relato sobre el acontecer de la Isla y su gente en el tiempo se tornan más agudos cuando se habla de las décadas de Revolución. Las medidas del gobierno revolucionario, el apoyo popular a estas, las acciones de la contrarrevolución y el antagonismo del imperialismo yanqui emergen como las únicas variables a valorar. La complejidad inherente a la transición socialista es pasada por alto.

Ante estas circunstancias queda mucho por hacer. Hay dos frentes fundamentales: la escuela y los medios de difusión masiva. A través de ambos debemos promover la construcción de una narración del pasado más plural, que no implica, en lo más mínimo, un menor compromiso con los valores revolucionarios. El empeño histórico del pueblo cubano en pos de la justicia merece un análisis de mayor calibre, capaz de aprehender el complejo entramado de lo social. Una historia crítica será siempre imprescindible en la formación de los ciudadanos, es decir, de los actores capaces de definir con su praxis los destinos de la nación.

Laura Granados Samper: Recuerdo hace algún tiempo que estando ya en la carrera de Historia entré en contacto con unas imágenes de los planes de obras públicas que había tenido Machado y me llamó la atención porque eran imágenes que nunca había visto. Hablé con mis compañeros y uno me dijo que esas imágenes empezaron a salir para crear choque o deslegitimar el proceso revolucionario cubano, para mostrar lo «bien» que estábamos antes de la Revolución, pues se hacían fuentes bonitas, grandes escalinatas. Esto me generó ciertos conflictos porque es ver, como decía Roque, que la historia tiene siempre sentido político y para eso sirve: para legitimar y deslegitimar. Por eso los vacíos que nosotros dejemos cotidianamente en la construcción de nuestra historia van a ser llenados por otras personas, a veces de mala fe. Hay que comenzar una constante búsqueda para llenar esos espacios que nosotros no hemos sido capaces de llenar.

Ena María: Anteriormente se hablaba de que la enseñanza de la historia crea y fomenta la ideología de un país, pero acaso los recién graduados, los recién y futuros profesores están conscientes de que en sus manos está la posibilidad de crear una ideología.

Hay que tener claro que si tenemos el valor para criticar a los graduados de Historia que enseñan en las escuelas, criticar sus métodos y sacar a la luz las lagunas que como profesores de Historia muchos de ellos poseen, es necesario reconocer también que nosotros somos quienes podemos ayudarlos con nuestros conocimientos e influir en ellos de forma positiva en cuanto a sus métodos académicos y no lo estamos haciendo por la mera comodidad que nos brinda el dedicarnos solamente a investigar.

Rubén Padrón Garriga: He escuchado a la mayoría de los que están aquí hablando sobre la manera dogmática en que se imparte a veces la historia en las enseñanzas precedentes a la Universidad. Pienso que este es un problema que tiene repercusión no solo para la historia, sino para el resto de las asignaturas. La dogmatización a veces no responde a una política intencionada, sino a la falta de preparación de las personas que están frente a un aula. La mayoría de los profesores que dan clases no soportan dos preguntas malintencionadas de los alumnos. Un estudiante les remueve el piso tranquilamente haciéndoles una pegunta que no se hayan aprendido y entonces lo que hacen normalmente es atacar al estudiante, eso no forma ideologías. Y así pasa en todas las enseñanzas, porque los profesores muchas veces se conforman con lo que recibieron ellos en la escuela, no enriquecen sus conocimientos con estudios propios posteriores a su etapa de estudiantes, se aprenden una serie de preguntas o ítems y cuando tú los obligas con preguntas a salirse de estos ítems, se pierden, pierden el hilo de la clase y son incapaces de responder.

El problema no es solo con la historia, habría que ver cómo estamos formando a esos estudiantes que están sucediendo a los maestros. Porque muchas veces cuando llegan a la universidad tratan de reproducir ese sistema que les fue efectivo durante toda una enseñanza. Se dicen que llegaron estudiantes reproductivos a la universidad, pero es que esos estudiantes estuvieron aplicando esa estrategia durante toda una enseñanza y les funcionaba, de hecho gracias a ella llegaron a la universidad. Entonces ahora les piden que cambien bruscamente este método de aprendizaje y es algo que resulta realmente complicado para el estudiante.

A punto de cumplir seis décadas, estas reflexiones pueden servir de punto de partida para suplir ciertas necesidades en la historiografía actual. Voces jóvenes que defienden su historia, algo muy valioso, en un mundo globalizado que cada vez pierde más sus raíces.

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