Proposiciones

Aventura y misticismo en dos lagos

3 ago 2020
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Quien aún posea espíritu aventurero lo cual no es directamente proporcional a la edad biológica puede incorporar en su lista de destinos turísticos al lago Izabal (de casi 600 kilómetros cuadrados), perteneciente al caribeño departamento guatemalteco de igual nombre.

Bajo sus aguas crece el manatí, mamífero en peligro de extinción, mientras pueden observarse monos aulladores negros colgados de los árboles que crecen en la orilla o garzas en pleno vuelo. El amante de la naturaleza y las fotos se sentirá cuando menos afortunado de atravesar en lancha el lago, de 45 kilómetros de largo por 20 de ancho.

Durante la travesía un viento sur sacudió la embarcación. En ese instante el porcentaje de adrenalina en sangre se nos disparó a todos. No por gusto nos miramos con cara de «¿y ahora qué?».

La nave rompía con saña las olas bajo el cielo borrascoso. Pero el aliento nos volvió a todos cuando el viejo pescador Emilio Quinich y el guía turístico Benjamín Castillo nos convencieron de que nos daba tiempo cruzar el lago antes de que se desatara el aguacero.

Ellos conocen con tanta o más precisión que los meteorólogos cuándo esa masa de agua anuncia turbulencias o paz. Por cierto, llama la atención que esta palabra permanezca inscrita en letras mayúsculas en la sierra de Santa Cruz, próxima al núcleo urbano de El Estor, municipio ubicado en una franja de la orilla norte del lago.

Precisamente paz superlativa halla el viajero cuando llega a la desembocadura del río Oscuro o la ensenada Lagartos, que abrazan a una laguna, donde habitan diferentes clases de peces como róbalo, tilapia y sábalo.

Otra cosa, algo místico, es lo que se respira frente al lago Atitlán, que según nos contaron es un cráter muerto que se llenó de agua con el tiempo. La calidad pictórica del entorno aumenta con el contraste de tonalidades del Cerro de Oro y los volcanes Atitlán, Tolimán, San Pedro; montañas que amurallan la laguna de 18 kilómetros de longitud y más de 350 metros de profundidad.

Alguien podría pensar que este paisaje guarda alguna semejanza con el Paraíso, del cual se ha hablado tanto por los siglos de los siglos.

El misticismo crece cuando uno descubre que alrededor de ese accidente hidrográfico, del suroccidental departamento de Sololá, existen pueblos bautizados con nombres bíblicos como San Lucas, Santiago, San Pedro, San Juan, San Antonio, San Pablo, San Marcos y Santa Cruz.

De boca en boca corre la voz de que es preferible surcar el lago antes del mediodía para evitar las sorpresas del denominado Xocomil, un fuerte viento generado por el choque de corrientes cálidas del sur con las masas de aire más frías provenientes del altiplano.

En esas circunstancias, la intensidad de las olas y remolinos pudieran hacer naufragar a las embarcaciones que crucen el lago Atitlán, considerado por no pocas personas como el más bello del mundo.  

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