Proposiciones

Aprendiendo de Galich en su balcón habanero*

21 dic 2020
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Mucho aprendió de la vida e Historia, el actual profesor de Mérito de la Universidad de La Habana, Alberto Prieto, quien recordó aquellos sustanciosos debates en el balcón de la casa del intelectual orgánico Manuel Galich.

«Siempre me decía: amigo Prieto, lamento decirle que no es así… y lo que venía detrás, me enseñaba más que siete meses en la Universidad de la Habana», confesó orgulloso el presidente de la cátedra Manuel Galich de esa academia habanera.

Con la mirada chispeante, el profesor titular evocó que cuando él era universitario recibía una fuerte carga político-ideológica, y Galich venía de la vida, de haber participado activamente en la década democrática de Guatemala (1944-1954).

«Fue ministro de los presidentes Juan José Arévalo y Jacobo Árbenz. En esa época tuvo un rol protagónico, discutía con los mandatarios qué hacer, y más con este último, a quien le delegó su candidatura presidencial para que ganara, y ganó», abundó.

En su opinión, Galich era una persona muy madura, con una enorme experiencia nacional y como ministro de Relaciones Exteriores.

Sin tapujos ni complejos se autodefinió como un joven muy doctrinario, lleno de recetas y fórmulas, que al principio chocaba mucho con Galich pero, «como éramos vecinos y amigos, aprendí mucho de él».

Al preguntarle sobre la diferencia entre ideología y doctrina, el presidente del Tribunal Permanente de Ciencias Políticas, explicó que la primera es una concepción del mundo para cambiarlo, y la segunda está relacionada con los dogmas.

«Cuando uno tiene una ideología, estudia los múltiples caminos para comprender cuál es el mundo existente, para luego transformarlo. Esa es una concepción ideológica revolucionaria», advirtió el Doctor en Ciencias.

«Doctrinario —anotó— es quien tiene enseñanzas de una corriente filosófica, económica u otra, que parte del credo de que hay que hacer tales medidas o transformaciones a priori, con lo cual la revolución cubana tuvo que enfrentarse».

«Galich no era doctrinario, aunque era profundamente revolucionario en su concepción ideológica, porque quería un mundo mejor, por eso cuando llega a la Revolución Cubana en 1962 dice: esto es lo que yo quería para Guatemala».

Con relación al pasado revolucionario del país centroamericano y sus principales figuras, comentó que esa época ha sido muy olvidada por los años de represión, dictadura, y la guerra civil de 1960 a 1996.

Tal situación, explicó, ha creado un vacío en la memoria de ciertos sectores de la población, en especial de los universitarios y jóvenes.

A su juicio, los guatemaltecos han tenido medio siglo de desgracias, y en ese lapso se han tratado de borrar los años gloriosos de su historia.

Al respecto, aplaudió el hecho de que ahora se haya propiciado la coyuntura para que la tricentenaria Universidad de San Carlos (USAC) recupere el nombre de Manuel Galich, al crear una cátedra con su nombre en la academia donde estudió Derecho.

También calificó de muy importante, la creación del Centro de Estudios Latinoamericanos Manuel Galich en la USAC.

«Ambas cátedras nos proponemos trabajar conjuntamente y de una manera muy estrecha, incluso con otras instancias de la Universidad de La Habana, dedicadas a estudiar la realidad latinoamericana», prometió.

«Le decían el Verbo de la Revolución del 44, y fue quien estimuló al estudiantado a salir a las calles a enfrentar a la dictadura», aseguró el también miembro de honor del Tribunal Permanente de Historia.

Aseguró que los cubanos no podemos olvidar las enseñanzas positivas y negativas de la Revolución Guatemalteca porque sobrevivimos en parte, gracias a ese aprendizaje.

«Por tanto, lo menos que podemos hacer es contribuir con ellos, brindándoles lo que hemos acumulado en medio siglo de revolución de enseñanza, solidaridad, para tratar que los guatemaltecos encuentren su camino hacia un futuro mejor», subrayó Prieto.

Galich fue ministro y desempeñó un rol importante en la región del Caribe ante la convocatoria hecha por Fidel Castro para protestar contra la creación de la Organización de Estados Americanos en Bogotá, capital de Colombia, en 1948.

Para el investigador Jaime Gómez Triana el latinoamericanismo en Cuba tiene mucho de la raíz de Galich, un profundo conocedor de los pueblos indígenas.

«Fue una figura capital para Casa de las Américas y la Universidad de La Habana, quien nos abrió el mapa de la América Latina», opinó el director del Programa de Estudios sobre Culturas Originarias de América en la primera de las instituciones mencionadas.

La teatróloga cubana Vivian Martínez Tabares todavía se pregunta cómo a Galich le quedó tiempo para entregarse al teatro, si estuvo tan ocupado en disímiles proyectos políticos, universitarios y sociales.

«Galich fue teatrista o teatrero porque no solo fue dramaturgo, también fue investigador y muy serio», comentó la directora de la revista Conjunto, fundada en 1964 en Casa de las Américas.

El director general de Casa de las Américas, Roberto Fernández Retamar, rememoró en un hermoso texto cómo Roque Dalton, Galich, él y otros intelectuales vieron muchos amaneceres en el malecón habanero.    

«Saber eso humaniza mucho la figura, era un hombre grueso, bonachón, hay que recordarlo siempre con una sonrisa, él trasmitía siempre simpatía y generosidad», valoró Martínez Tabares.

 

*Tomado del libro: Guatemala a segunda vista. Esencias culturales (Ocean Sur, 2020).

**En la foto Galich junto a Benedetti en Casa de las Américas.

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