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América Latina: no es tiempo de lamentos

10 jul 2019
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Esos, los que saben más, advierten sobre los lobos vestidos de corderos. Lo saben por experiencia, por creer en promesas vacías de campañas electorales que permanecen en el olvido en el mismo momento que el ganador cierra la puerta de su nuevo y lujoso despacho.

Esos, los más viejos, los que escucharon discursos de odio y racismo allá por la época de las dictaduras militares en Latinoamérica, no pueden creer que ese lenguaje que prometieron enterrar reine en un país como Brasil, donde su presidente, investido en enero del 2019, arremete contra las mujeres, la comunidad LGBTIQ y hasta contra grupos indígenas de su propia nación.

Pero la suerte no está echada, como pueden pensar muchos. América Latina tiene que aprender del pasado y sobre todo de este año, el cual acoge seis elecciones presidenciales que están redibujando el mapa político por los próximos cinco años.

En los últimos días del mes de mayo, El Salvador convocó a sus ciudadanos a las urnas, poniendo al frente del gobierno de esa nación al denominado millennial por diferentes medios de prensa, Nayib Bukele.

Según los datos ofrecidos por el Tribunal Supremo Electoral (TSE) de la nación centroamericana este joven de 37 años obtuvo el 53,78% de los votos (1 254 207) con el 87,67 de las actas escrutadas.

Bukele, representante de la  Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), supo obtener adeptos arremetiendo contra las carencias de sus oponentes y utilizando un lenguaje más cercano a los jóvenes.

Sobre este tema, el diario español El País, comentaba que «sería un error, por ejemplo, considerar como una frivolidad que su primer acto en la noche electoral fuera sacar un móvil y hacerse un selfie con sus seguidores. Forma parte de una planificada estrategia que ha dado óptimos resultados y que abren otra forma de entender la política».

Y es que el uso de los nuevos medios de comunicación ha sido un punto clave para llegar a los electores, estrategia utilizada a cabalidad por la derecha, poseedora, en la mayoría de los casos, de los grandes medios de comunicación, como es el caso de O Globo en Brasil o Clarín en Argentina.   

Por otro lado, también en mayo, fue el turno de Panamá. El día escogido fue el cinco y según reportó ABC fue luego de una campaña de solo 60 días cuyas nuevas reglas intentaron reducir el impacto del financiamiento privado en el proceso electoral.

La balanza se inclinó hacia Laurentino Cortizo, quien con el 33 por ciento de los votos válidos trajo de nuevo la victoria para el Partido Revolucionario Democrático, luego de una década de ausencia.

Sobre los principales retos que deberá enfrentar el nuevo jefe de Estado, el cual asumió la presidencia el 1ro. de julio, se encuentran la desaceleración económica, el déficit de las finanzas y la imagen de paraíso fiscal que impera en el exterior sobre la nación istmeña.

Por otra parte, es importante recordar que aunque nos encontramos frente a un país con un crecimiento económico significativo, los indicadores sociales no corresponden con los mismos. Según el Banco Mundial, Panamá figura como el quinto más desigual de la región, precedido por Honduras, Colombia, Brasil y Guatemala.

De junio a octubre el continente estuvo envuelto además en cuatro elecciones por el mayor cargo del Estado. Guatemala, Uruguay, Argentina y Bolivia fueron los encargados de concluir el mapa de una región que despedía el 2018 en un escenario convulso e incierto.

En el caso de Bolivia, Evo Morales competía por su cuarta candidatura. Su propuesta de reelección estuvo fuertemente apoyada por el pueblo y por los resultados alcanzados en esta nación luego de que este líder indio alcanzara la presidencia.

En Guatemala, el panorama de violencia y deterioro social hizo que, durante el año que culminó, miles de guatemaltecos abandonaran sus vidas en un peregrinaje hacia Estados Unidos en busca de una vida mejor. Sin duda alguna, el nuevo jefe de Estado tendrá como misión ineludible crear las condiciones de vida necesarias para sus ciudadanos.

Por su parte, en Argentina, amén del resultado de las elecciones, vive una ola de descontento y manifestaciones sociales consecuencia directa de la política social de Mauricio Macri, y la entrega del país a las riendas del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Uruguay, con el gobierno de Tabaré Vázquez, ha seguido la línea de la estabilidad. Considerada «la Suiza de América» sus tasas de crecimiento siguen en aumento pero no en números sorprendentes, con el 1,5% en 2016 y 2,7% en 2017, de acuerdo a El País.

Ahora más que nunca, ha salido a relucir la heterogeneidad de la zona geográfica de la que somos partes y donde un país como Venezuela enfrenta el asedio mediático y la interferencia extranjera, en un elaborado plan de Estados Unidos para robar sus múltiples recursos naturales.

Sin embargo, este pedazo de tierra rica en economía también posee un pueblo que cree en la decisión que tomaron al apoyar a Nicolás Maduro, y ese proyecto de nación creado por Hugo Chávez 20 años atrás.

Sin lugar a duda, los que quieren minar el camino de la izquierda en América Latina poseen fuertes armas y saben utilizarlas. Las campañas repletas de fake news, que invaden las redes sociales sembrando el caos, tienen detrás equipos especializados y algoritmos matemáticos creados para manipular a los participantes de los nuevos medios de comunicación. 

Igual de fuerte han hecho su trabajo contra Nicaragua y el gobierno de Daniel Ortega. Personajes nada éticos y respetuosos por la soberanía ajena, como es el caso del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, quien, a las órdenes de Estados Unidos y favorecido por los partidos opositores, ha tratado de minar los esfuerzos de Daniel Ortega por mejorar su país.

Y es que los hechos parecen indicar que Donald Trump y su sarta de políticos y halcones quieren reestructurar Latinoamérica a su antojo, a pesar de las repetidas declaraciones de que no tiene ningún interés en esta región geográfica.

Coincidimos con el  diario estadounidense The New York Times cuando decía: «Aunque Trump no es conocido por su coherencia, da la impresión de que considera que la región es un terreno fértil para imponer su voluntad a cualquier costo, como si fuera su prerrogativa estratégica y el patio trasero de Estados Unidos».

Es indudable que la mayor potencia del mundo vuelve a utilizar el principio de «América para los americanos». Recientemente, Trump volvió a recordarla en su discurso ante la ONU, como si en pleno silgo XXI se retomara para la región la Doctrina Monroe, alejada en el tiempo pero muy presente en las pretensiones imperiales.

Sin embargo, cuando pareciera que los lobos vestidos de cordero van a lograr su cometido encontramos a un Andrés Manuel López Obrador en México, centrado en mejorar la compleja situación de su país, que propone soluciones en vez de problemas.

El economista y profesor Miguel Ángel Ferrer, en un artículo publicado en Telesur, califica a este nuevo líder mexicano como «incansable». «También era conocida su enorme inteligencia política. Y lo mismo puede afirmarse de su proverbial honestidad, de su patriotismo y de sus evidentes y probadas convicciones antineoliberales. Estas características personales son garantía de una gestión gubernativa honesta, nacionalista y popular», reafirma.

En México se evidencia la presencia de un mandatario capaz de hacer una buena labor en el segundo mayor país de la región, y  traer una esperanza para los ciudadanos mexicanos, tan necesitados de una guía certera para luchar con los males que aquejan esta sociedad.

La mejor prueba  de esto es el plan diseñado por López Obrador con el objetivo de «impulsar las economías de los pueblos y las ciudades a lo largo del lado mexicano de la frontera. La esperanza es que las empresas crezcan y empleen a más personas, aumentando la prosperidad», resumió BBC Mundo.

Este panorama latinoamericano puede resumirse en ejemplos como el de la Argentina gobernada por Macri, una lección dolorosa para quienes creyeron en un tipo de mandato «diferente», impulsado por la campaña contra los líderes de izquierda latinoamericana, como el expresidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva, las expresidentas de Argentina Cristina Fernández de Kirchner, y de Brasil Dilma Rousseff y el expresidente ecuatoriano Rafael Correa.

Sobre ese tema reflexionaba Cristina Fernández en una entrevista realizada por Rafael Correa para el canal de Russia Today donde declaraba que la estrategia de la derecha latinoamericana es la de hacer creer a los pueblos que todos los gobiernos progresistas eran corruptos.

Argentina es el claro ejemplo de que la derecha no es la solución en las urnas electorales. Durante el mandato de Mauricio Macri el país ha vivido un declive económico. Según El Cronista, esta nación finalizó el año entre las cuatro naciones con mayor inflación del mundo. Además, su presidente incurrió en uno de los peores errores de un político: prometer y no cumplir. Una de sus afirmaciones durante la campaña electoral era que no aceptaría préstamos del FMI, sin embargo, intentó resolver los problemas financieros precisamente con un préstamo del FMI. Macri ha entregado el país a esa institución  y a sus exigencias neoliberales.

Durante la llamada «era kirchnerista», los parámetros económicos y sociales dieron un cambio radical para bien. Para ejemplificar esta afirmación tenemos el déficit fiscal, un indicador creado para medir la diferencia entre ingresos y gastos que tiene el Estado. «Los especialistas recomiendan medirlo según su relación con el Producto Interno Bruto (PIB) y, si se toman en cuenta los reportes de la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública, ese aspecto se ha deteriorado en el gobierno del actual presidente. Solo un ejemplo: de un 4,8 % del PIB en el 2015, al 5,3 en el 2016, el cual llegó a ser el peor de los últimos 12 años hasta ese momento».

Pero si la nación austral con Macri a la cabeza, no fuera prueba contundente de la  ineficacia de los modelos neoliberales, enfocados en enriquecer a los ya ricos de por sí, hablemos de Bolivia, la otra cara de la moneda, cuyo gobierno, de Evo Morales, es la mejor muestra de todo lo que se puede hacer bajo un liderazgo certero.

Este país, de acuerdo a la CEPAL, se ubica este año liderando el ranking de crecimiento económico con un porcentaje del 4%. En su última versión del informe denominado Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe 2017, destacando además el bajo nivel de endeudamiento y la estabilidad de política cambiaria del país. Sin duda, Evo Morales, en el poder durante 12 años, ha sabido guiar a su patria.

Los retos de la izquierda

«Quien gana la batalla de las mentes, gana la batalla del poder». Con esta sentencia del economista y sociólogo español, Manuel Castells,  el escritor Ignacio Ramonet nos alerta en su conferencia La información en la era de las fake news sobre un fenómeno que ha llegado junto a los clics frenéticos de los cibernautas, esos que somos todos, pendientes de nuestros dispositivos móviles, movidos por sentimientos «manipulables».

No en vano advierte: «Cuando Facebook nos conoce mejor que nosotros mismos y sabe, antes que nosotros, hasta por quién vamos a votar, ¿qué significado puede tener la democracia? Si ya consiguen hackear nuestro propio cerebro, ¿cómo podremos resistir a los imprevistos peligros de las nuevas tecnologías?».

Pero ante esto: ¿Qué podemos hacer? ¿Qué puede hacer la izquierda? ¿Cómo vencer?

Y la verdad es que la derecha ha sido más coherente en su programa. Implacable. Ha avanzado con los años, mientras que la izquierda ha cometido dos pecados: el primero no utilizar también las redes a su favor y la segunda, no trabajar a fondo con las bases. El intelectual brasileño Frei Betto, señala que ha sido un pecado de la izquierda no alfabetizar a sus bases, no concientizar a su militancia y con ello al pueblo.  

Es el momento de tomar cartas en el asunto. Está en juego el futuro de América Latina. En los procesos electorales que aún quedan por venir, los movimientos populares y de izquierda deben interiorizar en los errores y ser optimistas en el nuevo escenario político de cada país. Las masas están ahí y sus dirigentes deben ser capaces de guiarlas para poner freno al proceso neoliberal que atraviesan muchos países de la región.

Despertar las mentes

No podemos ser ingenuos. Hay que abrir los ojos ante el avance de la derecha política y la escalada de grupos que evocan discursos de odio e intolerancia. Los femenicidos, los ataques contra periodistas que buscan decir la verdad, las campañas creadas para desestabilizar países como Venezuela y Nicaragua no tienen como objetivo defender supuestamente «la democracia de los pueblos».

A los ricos les interesa ser más ricos, da lo mismo con cualquier método. Si es la guerra bienvenida sea, sus hijos no son los que morirían. Es un escenario convulso para América Latina, pero la única vía de escape es la que, muchos años atrás, hizo de este pedazo de mundo, una región unida por avanzar, sin metrópolis  de antaño que nos convirtieron en colonias.

No seamos ingenuos y comprendamos que como bien dice el periodista  e investigador argentino,  Javier Tolcachier: «el sello que lleva esta ofensiva contra los gobiernos de izquierda de la región, es el interés estadounidense de desterrar a la competencia china de América Latina y el Caribe, de barrer con todo bloque de integración regional e internacional que se oponga a su irracional apetencia imperial, además de disponer a sus anchas de una enorme riqueza de recursos, que le permita recuperar terreno en la esfera económica y geopolítica».

A Estados Unidos y sus fieles seguidores no les interesa nada más que lograr sus objetivos. El cinismo mayor es declarar que buscan el bienestar de las regiones en que se entrometen con mentiras y manipulaciones. Como buenos discípulos de Maquiavelo creen que el fin justifica los medios, ya sea manipulando, persiguiendo con la certeza de que ellos tienen la razón, ¿cómo no tenerla los amos del mundo?

Pero la verdad es que el futuro no está escrito ni por la información, ni las máquinas ni el dinero. Hubo una vez una islita que desafió al mundo a los lobos vestidos de corderos, y que sigue ahí, inexorable al paso del tiempo y América estará junto a ella, unida.

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