Contrapunteo

A veces la verdad si tiene precio… el de la vida

7 jul 2020
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«Dark Waters» me ha dejado en shock. Para quienes no sepan de lo que hablo, o el por qué de mi perplejidad, es la nueva película del director estadounidense Todd Haynes, la cual cuenta con las actuaciones estelares de Mark Ruffalo, Anne Hathaway y Tim Robbins y se basa en un artículo publicado en el 2016 por el The New York Times Magazine titulado «The Lawyer Who Became Dupont’s Worst Nightmare».

Mi comentario no es una reseña o crítica sobre este filme norteamericano, sino un llamado de atención acerca de las empresas multimillonarias que perjudican a un sinfín de personas con tal de lograr sus objetivos.

De acuerdo con The New York Times Magazine, todo comenzó cuando el granjero Wilbur Tennant  se comunicó con el abogado Rob Bilott por la muerte de sus vacas, las cuales, a su entender, habían fallecido por culpa de la compañía química DuPont.

A partir de ese entonces comenzaría una larga y difícil batalla legal entre un simple campesino de Parkersburg,  y una multinacional de gran presencia en el mercado nacional e internacional.

Sin embargo, Bilott y Tennant  tenían la razón de su parte. Rob pudo descubrir que el agua potable de Virginia Occidental estaba altamente contaminada por los desechos industriales que emanaban de las fábricas de DuPont, ubicadas en esa ciudad estadounidense.

Estos ciudadanos y sus animales estaban consumiendo PFOA o C8, un componente que es parte de una familia de miles de sustancias llamadas PFAS, conocidas también como «químicos eternos», ya que no se degradan, y, una vez ingeridos, pueden permanecer dentro del cuerpo por largos períodos de tiempo.

Según un estudio realizado en el 2005 existe un «vínculo probable» entre el C8 y seis enfermedades: cáncer de riñón, cáncer testicular, colitis ulcerosa, enfermedad tiroidea, hipertensión y colesterol alto.

A pesar de que se demostró la fatalidad de este compuesto, Dupont ha utilizado el PFOA durante décadas para fabricar productos como el teflón. También está presente en artículos de limpieza, ceras, pinturas, telas, envolturas de comida rápida, cajas de pizzas, bolsas de palomitas de maíz de microondas, plásticos, espuma para apagar incendios, superficies resistentes a las manchas, entre otros.

El resultado final de esta confronta entre David y Goliat tuvo que esperar 20 años para que la verdad triunfara sobre el dinero, pero fue solo una pequeña victoria para algunos afectados, ya que como mismo pudo comprender el incasable abogado Rob Bilott, luego de dos décadas de lucha: «Estamos viendo estos químicos en países alrededor del mundo. Desafortunadamente estas sustancias viajan por el aire y el agua. Los animales la absorben, los humanos la absorben. Esto es algo que necesita enfrentarse de manera global».

Una historia que se repite

Tristemente, no es la primera vez que grandes franquicias producen sus archiconocidas creaciones en detrimento de la vida humana. Otro ejemplo de esto lo constituye la célebre marca de insumos infantiles Johnson& Johnson.

J&J añade a sus productos, amianto o asbesto,  uno de los componentes del fibrocemento, un material de construcción que se encuentra mezclado por fibras microscópicas, las cuales pueden permanecer en el aire el tiempo suficiente para provocar enfermedades del aparato respiratorio como cáncer de pulmón y mesotelioma maligno, entre otros.

A pesar de tener pleno conocimiento de estos hechos, los directivos de los «talcos de bebé» decidieron no compartirlo con sus consumidores trayendo trágicas consecuencias a miles de seres humanos.

 

 

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